Colombia ya tiene talento, galerías y un mercado que despierta interés internacional. El siguiente paso, según Beatriz Esguerra, es convertir ese capital artístico en una marca país capaz de competir en el mundo.

El mercado del arte colombiano ha cambiado al ritmo de sus compradores. Internet amplió el acceso a información y ventas, nuevas generaciones se incorporaron al coleccionismo y las galerías comenzaron a competir no solo entre ellas, sino también por la atención de un público expuesto a más estímulos que nunca. Para Beatriz Esguerra, galerista y fundadora de Beatriz Esguerra Arte, esa transformación ha redefinido la manera de comprar, vender y coleccionar arte en Colombia.

Con casi cuatro décadas de experiencia en el sector, Esguerra conversó con Forbes Colombia durante ARTBO 2026 sobre la evolución del mercado, el perfil de los nuevos coleccionistas y el reto de llevar el arte colombiano a más escenarios internacionales.

Uno de los cambios más evidentes llegó con internet. Esguerra recuerda que su galería fue una de las primeras en Colombia en contar con una página web. Hoy, los compradores pueden consultar información sobre artistas, obras y precios e incluso concretar adquisiciones en línea.

Aunque la galerista mantiene su convicción de que una obra debe apreciarse físicamente, reconoce que las herramientas digitales democratizaron el acceso al mercado y contribuyeron a educar a nuevos públicos.

Nuevos compradores y más competencia por la atención

La transformación también es generacional. Esguerra destaca la llegada de compradores jóvenes que comienzan sus propias colecciones y encuentran en artistas contemporáneos propuestas con precios más accesibles.

Pero el mercado no responde a un único perfil. También están los coleccionistas consolidados que buscan maestros y artistas de trayectoria, así como quienes construyen colecciones que recorren distintas etapas de la historia del arte colombiano. Para la galerista, esta diversidad demuestra que el interés por el arte sigue vigente entre las nuevas generaciones.

Al mismo tiempo, las galerías enfrentan una competencia distinta. Mientras Bogotá por ejemplo, tenía hace dos décadas una oferta cultural más reducida, hoy conciertos, teatro, gastronomía y entretenimiento disputan la atención del público. Por eso, Esguerra considera que las galerías deben comenzar a pensar en experiencias que complementen las exposiciones y conecten con otros sentidos. El consumidor, señala, es más sofisticado y recibe estímulos visuales, auditivos y digitales de manera permanente.

El arte colombiano como producto de exportación

La internacionalización es otro de los grandes desafíos. Esguerra destaca el trabajo de las galerías que participan en ferias internacionales con recursos propios y que, en la práctica, funcionan como embajadoras del arte colombiano.

A su juicio, Colombia tiene una ventaja: la diversidad de historias y contextos que pueden contar sus artistas. A esto se suma que muchos creadores de corta, mediana y larga trayectoria tienen precios competitivos frente a mercados más desarrollados.

“Es un producto maravilloso de exportación”, plantea Esguerra.

Sin embargo, llevar arte colombiano al exterior también implica encontrar los mercados y ferias adecuados para cada propuesta. A diferencia de otros productos, el arte no responde únicamente a variables racionales. “No estamos vendiendo carros azules o rojos”, explica. En una obra entran en juego emociones, ideas y experiencias que no siempre pueden medirse.

Una marca país para el arte

Para Esguerra, el siguiente paso debería ser construir una estrategia colectiva de internacionalización. Su propuesta parte de una comparación con productos que ya cuentan con reconocimiento global: el café y las flores.

La idea que pone sobre la mesa es crear una marca “Arte de Colombia” que funcione como una marca país para el sector y permita articular a galerías, artistas, coleccionistas e instituciones.

La idea que pone sobre la mesa es crear una marca “Arte de Colombia” que funcione como una marca país para el sector y permita articular a galerías, artistas, coleccionistas e instituciones.

El objetivo sería que varias galerías pudieran presentarse juntas en ferias internacionales bajo una identidad común, acompañadas de actividades que amplifiquen la visibilidad del arte colombiano.

Para convertir esa idea en una estrategia concreta, reconoce, se necesitarían instituciones, coordinación y presupuesto. Pero considera que una apuesta colectiva podría generar un impacto mayor que los esfuerzos individuales.

El planteamiento resume uno de los principales retos que identifica Esguerra: que el crecimiento del mercado del arte colombiano no dependa únicamente de los artistas y las galerías, sino de la capacidad del ecosistema para construir una estrategia común de internacionalización.

Vea la entrevista completa en el canal de YouTube de Forbes Colombia.

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