La experta advierte que "el arte como parte central la economía y el cambio social de un país es algo que no se puede perder de vista".
El mercado del arte es muy distinto a cualquier otro, en este convergen factores únicos como la apreciación estética, la consolidación institucional y la especulación pura. Bajo la anterior premisa, Lourdes Ramos, directora del Museo de Arte Latinoamericano de Los Ángeles (MOLAA), expuso durante la feria ARTBO los perfiles clásicos de quienes están detrás de los activos culturales y cuestionó el rezago competitivo del arte colombiano derivado de la falta de políticas de Estado.
Para los líderes empresariales e inversionistas, la adquisición de una obra responde a motivaciones financieras y conductuales diversas. Ramos segmenta el perfil del comprador en tres categorías principales que dictan el movimiento del capital en este sector:
- El comprador por rentabilidad: Toma decisiones basadas estrictamente en “el criterio de la subida del artista en el mercado”, una tendencia dominante en los últimos 20 años.
- El coleccionista de nicho: Centra su capital en etapas históricas o estéticas muy puntuales dentro de su colección, buscando cohesión curatorial.
- El especulador: Desliga por completo la adquisición de su propósito original o valor estético para tratar la pieza estrictamente como un instrumento financiero, y utilizándola como un mecanismo para el “acaparamiento de bienes tangibles”.
La valoración financiera de este tipo de activos exige validación institucional. Mientras que para un museo el valor primario recae en “el talento del artista en sí”, para el capitalista enfocado en el arte como inversión, la rentabilidad está dictada por métricas externas. Según la directora del MOLAA, el retorno de inversión de una obra requiere un historial comprobado de “posicionamiento en galerías, museos y ferias de arte”. No obstante, Ramos advierte que esta validación del mercado es insostenible si el creador carece de un mensaje que soporte dichas estructuras.
Ramos también afirma que el comercio en esta área han evolucionado mucho, pues “la venta de arte en línea ha hecho una gran diferencia en términos de distribución y compra“, conectando un sector que demanda estrategias de distribución globales.
A pesar de que el talento local está sobradamente probado —con referentes de talla mundial como Fernando Botero, cuya última exhibición institucional se realizó precisamente en el MOLAA—, la rentabilidad macroeconómica del ecosistema se ve frenada por la ausencia de un engranaje gubernamental. Ramos es muy enfática al señalar esta falla: “Hay países que no tienen tanto talento, Colombia lo tiene, ¿por qué no se invierte en la marca del arte colombiano?”.
El arte como un motor de desarrollo económico requiere lo que Ramos denomina un “proceso de reingeniería cultural“. En el plano internacional, pocos artistas logran vivir exclusivamente de su producción debido a la falta de estímulos. La experta resalta que otras naciones apalancan a sus creadores mediante incentivos fiscales y operativos concretos, tales como “pago de contribuciones a través de su obra artística”, financiamiento de residencias y la difusión sostenida en foros internacionales.
Este déficit de política pública debilita la competitividad de Colombia en la región. Mientras Brasil y México operan como mercados maduros con un alto reconocimiento global, Colombia, al igual que Venezuela, todavía enfrenta el desafío de estructurar estrategias de mercadotecnia para impulsar a sus artistas de manera exponencial.
La entrevista completa en el canal de YouTube de Forbes Colombia.
Por: Juan Alejandro Quiroga Hernández
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