Hasta US$100.000 puede costar una feria internacional. Francisco Arévalo revela la inversión, el riesgo y las oportunidades detrás de la apuesta por llevar el arte colombiano a nuevos mercados.
Internacionalizar una galería de arte no solo implica seleccionar artistas y obras. También supone asumir costos de participación, transporte, aduanas, montaje y logística que pueden convertir cada feria en una apuesta financiera de hasta US$100.000. Para Francisco Arévalo, director del programa artístico de la galería Elvira Moreno, ese riesgo hace parte de la construcción de una escena colombiana con mayor presencia internacional.
Durante ARTBO 2026, Arévalo conversó con Forbes Colombia sobre el negocio detrás de las ferias, el comportamiento de los compradores internacionales y el momento que atraviesa el arte colombiano fuera del país.
“La galería es una galería de arte contemporáneo. El arte contemporáneo implica apuestas que tienen que definitivamente realizarse dentro del contexto financiero, que es el contexto de una feria de arte”, explicó.
Pero la ecuación no termina en vender obras. Para Arévalo, las galerías también cumplen una función dentro de un ecosistema cultural en el que artistas, coleccionistas e instituciones participan de la construcción de valor.
“En un espacio como es un espacio de una feria de arte, en donde cada uno de nosotros apuesta por artistas contemporáneos o artistas establecidos, tenemos la inherente necesidad de que cada uno de ellos tenga la atención suficiente como para que un coleccionismo, ya sea coleccionismo corporativo o coleccionismo privado adquieran las obras y entonces podamos nosotros continuar siendo parte del sistema”, señaló.
Salir al mundo exige asumir el riesgo financiero
Participar en una feria internacional requiere mucho más que pagar una inscripción. Arévalo explica que los costos varían según el destino y que el transporte se ha convertido en uno de los componentes que más ha presionado la operación.
“Los costos. Las ferias tienen costos que son particularmente regionales. Una feria en Colombia tiene un costo menor que una feria en Miami o una feria en Ciudad de México o una feria en Londres”, dijo.
A esto se suman transporte, aduanas, impuestos, montaje y el costo de cada feria. En conjunto, la participación puede representar entre US$20.000 y US$100.000.
La inversión, además, tiene una ventana de recuperación particularmente corta. “Son 5 días máximo que tenemos para un proceso de recuperación financiera de todo lo que hemos invertido y lo que invierten los artistas también”, explicó Arévalo.
Ahora bien, la apuesta tampoco depende únicamente de la galería. El galerista la describe como una inversión “simbiótica”, en la que participan artistas, coleccionistas e instituciones. Sin embargo, señala que buena parte del esfuerzo para llevar el arte colombiano al exterior recae directamente sobre las galerías.
“No hay una ayuda financiera burocrática gubernamental que nos ayude a establecer una identidad, en este caso colombiana, afuera”, afirmó.
La internacionalización empieza por encontrar nuevos compradores
Ese esfuerzo financiero tiene un objetivo que va más allá de la venta puntual en una feria: ampliar la base de compradores y conectar a los artistas con mercados donde existe una mayor capacidad de consumo de arte.
La galería Elvira Moreno no limita su estrategia al coleccionismo colombiano o latinoamericano. Arévalo explica que también busca llegar a compradores de Estados Unidos y Europa, para lo cual participa en ferias como ARCO, Art Basel, Frieze y Zona Maco.
En esa expansión, el tamaño y las características del mercado pueden modificar el valor económico de un artista. “Cuando ya tú comienzas a manifestar un lenguaje internacional, esas fronteras se borran y tiene sus oportunidades, en otras galerías, con otras demográficas de consumo que generan otros precios”, explicó.
Según su lectura, un artista que logra posicionarse en mercados internacionales puede alcanzar precios más sólidos, aunque ese proceso también puede alejarlo de los compradores de su mercado de origen, que cuentan con una capacidad de compra más limitada.
La internacionalización, entonces, no solo abre nuevos públicos: también transforma la economía alrededor de la obra y el lugar que ocupa el artista dentro del sistema.
Arévalo considera que Colombia atraviesa un momento de mayor visibilidad internacional. Menciona a Olga de Amaral, Beatriz González, Doris Salcedo, Delcy Morelos y Óscar Murillo como ejemplos de artistas colombianos con presencia en galerías, colecciones y museos internacionales.
“Hoy en día más que nunca hay más colombianos ubicados en galerías extraordinarias y en colecciones emblemáticas y en museos que en ningún otro momento en la historia del arte colombiano”, aseguró.
Para el director artístico, el país está cerca de lo que denomina una “masa crítica”: un punto en el que la acumulación de artistas, instituciones y reconocimiento internacional puede generar un mayor interés global por el arte colombiano.
Pero la oportunidad, según su lectura, no está únicamente en los nombres ya consolidados. También está en las nuevas generaciones.
“Existe en Colombia un semillero increíble de arte que está generando, al menos localmente, identidades y nuevas tendencias”, dijo.
El desafío ahora es conectar ese talento con el interés que ya existe fuera del país. Para Arévalo, lograr que esa atención internacional se traduzca en mayor circulación y reconocimiento dentro de Colombia podría contribuir a consolidar una identidad propia.
“Lo que necesitamos es que esa inteligencia y ese interés internacional llegue a Colombia y logre manifestar a través de este grupo de artistas jóvenes esa identidad que ya se está generando. Esa marca país”, concluyó.
La entrevista completa en el canal de YouTube de Forbes Colombia.
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