Un artista que amaba las aves, columnas rescatadas de un convento y habitaciones que no se repiten hicieron de Casa Medina, diseñada en 1946 por Santiago Medina Mejía, uno de los edificios más singulares de Bogotá y que ya celebra diez años bajo el prestigioso sello de Four Seasons.
En 1946, el artista y arquitecto colombiano Santiago Medina Mejía diseñó en el corazón de la Zona G de Bogotá una emblemática residencia que, ocho décadas después, sigue en pie como Four Seasons Hotel Casa Medina Bogotá, reconocido como monumento de interés cultural y una de las referencias arquitectónicas más reconocibles de la ciudad. La casa celebra 80 años de historia, arquitectura y legado, y a la vez diez años bajo el sello de Four Seasons, un doble aniversario que reafirma el lugar que ocupa en el patrimonio y la memoria de Bogotá.
Medina Mejía concibió un proyecto residencial con influencias arquitectónicas españolas y francesas, y desde el comienzo le dio una personalidad muy marcada. Los techos con vigas macizas de madera, los muros de piedra, una escalera de caracol que hoy es icónica, la carpintería artesanal tallada a mano y las chimeneas originales componen un recorrido en el que cada rincón revela una capa distinta de la arquitectura bogotana. Buena parte de la carpintería original sigue en su lugar, junto con las vigas de madera, el hierro trabajado y los detalles ornamentales que el tiempo no ha borrado.
Varios de esos materiales tienen una historia anterior a la casa. Elementos provenientes de antiguos conventos de Bogotá fueron reutilizados en la construcción, entre ellos piedra y piezas arquitectónicas asociadas al convento de Santo Domingo, y algunas de las columnas del edificio provienen de ese mismo convento, hoy desaparecido, que las cedió a la casa como columnas recuperadas.
La sensibilidad artística de su creador también aparece en los detalles. La pasión por las aves, una de las grandes de Medina Mejía, se extiende por toda la propiedad a través de motivos ornamentales, aves y escudos heráldicos que él mismo encargó y que hoy se descubren entre los trabajos de madera y hierro como pequeños hallazgos para quien recorre la casa con atención, e incluso hay aves “escondidas” en los vitrales del edificio.

Fotografía: Felipe Mariño León
Ese carácter llega hasta las habitaciones, porque no hay dos iguales. A diferencia de un hotel tradicional concebido a partir de espacios idénticos, en Casa Medina cada espacio fue pensado de manera distinta y por eso cada habitación conserva una configuración y una personalidad propias, con techos de vigas, muebles de madera tallada a mano, los elementos decorativos y ornamentales, así como sus chimeneas perfectas para las noches bogotanas cambian la experiencia de un cuarto a otro. “Casa Medina es uno de esos lugares irrepetibles. Su historia está escrita en cada piedra, en cada viga y en cada detalle arquitectónico que ha sobrevivido durante ocho décadas”, comentan desde el hotel.
Una casa que estuvo a punto de desaparecer
Llegar a los 80 años tiene un significado especial porque la historia de la casa pudo ser otra. Tras funcionar inicialmente como edificio residencial, en la década de 1980 Casa Medina enfrentó una posible demolición. Gracias a su extraordinario valor arquitectónico e histórico, fue declarada patrimonio histórico y monumento de interés cultural durante la administración del presidente Belisario Betancur, una decisión que permitió preservar uno de los edificios más emblemáticos de Bogotá y abrió paso a un cuidadoso proceso de transformación para convertirlo en hotel, respetando por completo su identidad arquitectónica.
Ocho décadas después de su construcción, la casa muestra que el patrimonio se preserva permitiendo que su historia evolucione, que nuevas generaciones la habiten y que siga siendo relevante para la ciudad. “Lo más extraordinario de Casa Medina es que no quedó congelada en el tiempo. Supo evolucionar y adaptarse, conservando intacta su esencia”, explicó un vocero del hotel.
A ese recorrido se suma una década bajo el sello de Four Seasons, durante la cual el carácter histórico de la casa se encontró con la hospitalidad de la marca y consolidó una experiencia de lujo profundamente conectada con Bogotá y con la identidad de la propiedad. Hospedarse allí significa habitar una pieza de la historia de la ciudad, dormir entre elementos arquitectónicos que han atravesado generaciones y descubrir una casa donde el pasado sigue presente en los detalles. Ubicado en el corazón de la Zona G, el hotel es hoy un refugio urbano en el que conviven patrimonio, diseño, gastronomía y hospitalidad contemporánea.
Una noche para quienes también han escrito esta historia
Para conmemorar sus 80 años, Casa Medina abrió sus puertas a quienes han contribuido a escribir parte de su historia reciente. Empresarios, arquitectos, diseñadores, aliados, influenciadores, medios, agencias de viaje y amigos de la casa se reunieron para homenajear el legado de la propiedad y como agradecimiento a quienes han acompañado a Four Seasons Casa Medina durante los últimos diez años.
La celebración fue además el escenario para presentar el nuevo menú de Castanyoles, el restaurante insignia del hotel, cuya propuesta se inspira en el Mediterráneo con tapas, ingredientes frescos, cocina de influencia mediterránea, un patio interior tipo invernadero y un ambiente sofisticado y relajado. Los asistentes descubrieron esa renovada propuesta gastronómica a través de una selección de platos servidos especialmente durante la noche, acompañados por la coctelería de Boulevardier, el speakeasy del hotel, especializado en whisky y coctelería y considerado uno de los secretos mejor guardados de Bogotá.

Tras ocho décadas de historia, su arquitectura, servicio de nivel mundial, y una atención al detalle que pocos hoteles logran, Casa Medina sigue evolucionando y creando nuevas experiencias sin perder la esencia y el carácter que la han acompañado por generaciones. Este hito puso en valor lo que la mantiene vigente, que es una construcción que trasciende el tiempo, una historia profundamente ligada a Bogotá y una forma de entender la hospitalidad que honra el pasado mientras mira hacia el futuro.
A sus 80 años, Casa Medina se define como una casa viva, que ha visto transformarse a Bogotá a su alrededor, conserva las huellas de su pasado y recibe hoy a viajeros de Colombia y del mundo para acercarlos a una parte extraordinaria de la identidad de la ciudad.
Desde el hotel recuerdan que no es un lugar aislado de la ciudad, ni que solo los huéspedes pueden tener la experiencia Four Seasons, ya que tanto Castanyoles como Boulevardier están abiertos al público, lo que extiende la experiencia de Casa Medina más allá de quienes se hospedan ahí e invita a locales y visitantes a descubrir dos propuestas distintas de vivir Bogotá de una misma casa.
