Colombia necesita movilizar grandes volúmenes de capital para avanzar en la descarbonización, adaptación y cierre de brechas. La banca busca convertir ese desafío en nuevas oportunidades de financiación.

La transición hacia una economía más sostenible no depende únicamente de compromisos corporativos. También requiere movilizar capital, desarrollar proyectos financieramente viables y acompañar a empresas y sectores productivos en su transformación. Ese fue uno de los principales temas abordados en este panel de la Semana de la Sostenibilidad de Forbes Colombia, en el que participó Alejandra Díaz Agudelo, directora de Sostenibilidad de Davivienda y Seguros Bolívar.

El punto de partida es una brecha de financiación de grandes dimensiones. De acuerdo con Díaz, Colombia requiere alrededor de entre 1 % y 1,5 % de su PIB para cumplir sus metas de descarbonización, mientras que todavía existe el reto de estimar y financiar adecuadamente las necesidades asociadas con adaptación y resiliencia frente al cambio climático.

En ese escenario, el papel de la banca va más allá de entregar crédito. “El sector financiero es un gran apalancador y habilitador de esas transformaciones de nuestras economías”, señaló Díaz. Su capacidad de asignar capital también le permite influir en las decisiones productivas de empresas y consumidores.

Uno de los desafíos identificados durante la conversación es que los recursos disponibles lleguen efectivamente a proyectos capaces de ejecutarse. Para acceder a financiación, estos deben contar con viabilidad jurídica y técnica, mecanismos de pago y capacidad para asumir sus costos y obligaciones financieras.

Davivienda planteó una meta de movilizar $110 billones en negocios sostenibles entre 2020 y 2030. Según Díaz, el banco ya ha desembolsado cerca de 54 % de ese objetivo y alrededor de 20 % de su cartera corresponde actualmente a negocios considerados sostenibles. La meta es que esa participación llegue al 30 % en 2030.

Para definir qué actividades califican dentro de esta estrategia, la entidad desarrolló una taxonomía que contempla 122 actividades entre componentes verdes y sociales. La sostenibilidad, explicó Díaz, no se limita a la transición energética o la reducción de emisiones, sino que también incluye iniciativas de inclusión, acceso a servicios esenciales y cierre de brechas.

Actualmente, cerca de 70 % de los recursos sostenibles del banco están colocados en iniciativas como construcción y vivienda de interés social. También hacen parte de la estrategia sectores como agricultura sostenible, producción más limpia, bioeconomía, biodiversidad y financiación para pequeñas y medianas empresas.

El desafío de las pymes

Las pymes ocupan un lugar central en esta transición. Para Díaz, uno de los retos consiste en evitar que la sostenibilidad sea percibida como una agenda exclusiva de las grandes compañías.

La estrategia de Davivienda combina financiación con formación y asistencia técnica. A través de su ruta de pymes sostenibles, la entidad busca que estos negocios identifiquen oportunidades para mejorar su eficiencia, reducir costos, acceder a nuevos mercados y gestionar riesgos.

Además, la banca puede aprovechar las cadenas de valor para acelerar esa transformación. Las grandes empresas que trabajan con pequeños proveedores pueden convertirse en vehículos para trasladar mejores prácticas hacia esos negocios.

“Para una pyme como para una empresa grande y pequeña, la sostenibilidad es un buen negocio”, afirmó Díaz, al destacar que adoptar estas prácticas puede generar eficiencias, ahorros, oportunidades de ingreso a nuevos mercados y, en algunos casos, acceso a capital en mejores condiciones.

La estrategia también se ha aplicado a los proveedores del propio banco. Davivienda evalúa su madurez en sostenibilidad, diversidad e inclusión y, a partir de los resultados, desarrolla programas de formación y asistencia técnica.

Del agro a la resiliencia

La conversación también puso el foco en un desafío que complementa la descarbonización, cómo lograr la adaptación. Colombia está expuesta a fenómenos climáticos que pueden afectar la productividad, los ingresos y la capacidad de pago de sectores como el agro.

Para Díaz, la transición debe incorporar una combinación de mitigación, adaptación y resiliencia. En el sector energético, esto implica avanzar hacia fuentes de menores emisiones sin perder de vista la seguridad energética. En el sector agropecuario, significa preparar a los productores para enfrentar riesgos climáticos cada vez más relevantes.

Davivienda trabaja con asociaciones, cooperativas y empresas ancla para acompañar a pequeños y medianos productores. El modelo combina crédito, formación técnica y seguros, incluyendo seguros paramétricos, con el objetivo de gestionar tanto los riesgos productivos como los derivados del clima.

La entidad ha desarrollado experiencias con productores de café, leche, carne de cerdo y otros segmentos agrícolas. El objetivo es que prácticas como la agricultura regenerativa y de bajas emisiones se incorporen junto con instrumentos financieros que permitan recuperar rápidamente la actividad ante eventos climáticos.

Biodiversidad como frente de financiación

La biodiversidad representa otro espacio de desarrollo para el sector financiero. La emisión por parte de Davivienda de un bono de biodiversidad, el primero de este tipo en el mercado local y, según Díaz, uno de los primeros en el mundo, permitió a la entidad profundizar en la relación entre los sectores productivos y los servicios ecosistémicos.

El proceso también llevó al banco a fortalecer sus capacidades internas para identificar las dependencias y los impactos que actividades como agricultura, construcción, energía, salud y madera tienen frente a la naturaleza.

Así, el reto de financiar la sostenibilidad empieza a ampliarse, porque ya no se trata únicamente de reducir emisiones, sino de movilizar recursos para transformar modelos productivos, fortalecer la resiliencia y proteger los ecosistemas de los que depende buena parte de la economía.