Carlos Trujillo Valencia, de la Universidad de los Andes, explica cómo la eficiencia en los hogares, que consumen cerca de 38 % de la electricidad en Colombia, puede mitigar el riesgo de racionamiento ante un súper fenómeno de El Niño.

El sector residencial concentra cerca de 38 % del consumo de energía eléctrica en Colombia y más de 70 % del consumo de agua potable en los cascos urbanos, según cifras del Dane y XM citadas en esta reciente charla de Forbes Colombia con Carlos A. Trujillo, profesor titular y director del Área de Sostenibilidad de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes. Ante un posible súper fenómeno de El Niño, los ajustes de hábitos en los hogares pueden reducir hasta en 12 % el riesgo de racionamiento a nivel nacional, de acuerdo con los datos expuestos en la conversación.

Para el académico, el desafío no está únicamente en que las personas conozcan las medidas de eficiencia, sino en convertir ese conocimiento en decisiones cotidianas. “Las personas saben, en términos generales, qué tienen que hacer. El reto está en activar esos comportamientos cuando están en la soledad de su casa y nadie los está viendo”.

Priorizar pocas acciones según región y tipo de hogar

Trujillo Valencia advierte que entregar más información no necesariamente se traduce en mayores niveles de adopción. Una cantidad excesiva de recomendaciones puede terminar abrumando a los hogares y dificultar que conviertan el conocimiento en acciones concretas. “Solamente saber las cosas no dispara el comportamiento. Hay que tener cuidado con no abrumar a las personas con recomendaciones, porque pueden terminar sin hacer ninguna”.

Su propuesta pasa por identificar las medidas con mayor impacto según las características de cada hogar. La eficiencia, plantea, debería abordarse desde las diferencias regionales, socioeconómicas y de hábitos de consumo, de manera que cada familia pueda concentrarse inicialmente en pocas acciones de alto impacto. “Es clave entender, por regiones y por tipo de hogar, cuáles son las acciones que pueden tener mayor impacto, para que las personas elijan una o dos y empiecen desde ahí”, comenta.

En las zonas de calor, el aire acondicionado concentra parte del mayor potencial de ahorro. Según cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Ministerio de Minas y Energía citadas en la charla, subir dos grados el termostato puede reducir el consumo eléctrico en 20 % o más.

Para Bogotá, Trujillo Valencia ubicó el margen de mejora principalmente en el uso del agua. Reducir la duración de una ducha de 10 a 5 minutos puede representar un ahorro cercano a 3.500 litros mensuales por persona, según los datos expuestos durante la conversación. En hogares de mayor nivel socioeconómico o con facturas de energía elevadas, agregó, la instalación de paneles solares puede convertirse en otra alternativa para reducir el consumo de la red.

Para sostener estos cambios en el tiempo, el académico plantea establecer metas familiares y hacer seguimiento a través de las facturas de servicios públicos. También propone incorporar dinámicas de juego que hagan más visible el impacto de las decisiones de consumo. “Casi que uno podría gamificar estas cosas. Hacer que las personas se involucren de una manera mucho más interesante y que la familia pueda discutir alrededor de esto, sin abrumarla con datos”.

Eficiencia y sostenibilidad como fuente de ventaja competitiva

Trujillo Valencia plantea cambiar el enfoque tradicional de las campañas de ahorro asociadas con escenarios de escasez por una narrativa centrada en la eficiencia. McKinsey, citada en la conversación, estima que las mejoras en eficiencia energética pueden reducir el gasto operativo de hogares e industrias hasta 25 %, y en algunos casos más de 30 %, sin sacrificar productividad ni calidad de vida.

Desde esa perspectiva, el académico cuestiona el efecto de construir los mensajes alrededor de la culpa o el temor a una crisis. “Cuando activamos la culpa o hablamos de ahorro y escasez, podemos generar una reacción inicial, pero esa narrativa puede terminar siendo contraproducente para la toma de decisiones”.

En las empresas, esta visión lleva la sostenibilidad más allá del cumplimiento o de las inversiones asociadas con compromisos ambientales. Cuando la sostenibilidad se integra a la estrategia y al núcleo del negocio, sostiene Trujillo Valencia, puede convertirse en una fuente de generación de valor y de ventajas competitivas, al tiempo que contribuye al bienestar de largo plazo y al relacionamiento con el entorno.

“La sostenibilidad puede convertirse en una fuente de generación de valor y de ventajas competitivas cuando las empresas encuentran la manera de incorporarla a la estrategia del negocio y alinearla con la rentabilidad”.

Un estudio regional de su equipo, mencionado durante la charla, muestra que las personas se perciben igual de responsables que las empresas y el gobierno frente a la sostenibilidad. Para el académico, este resultado refuerza la necesidad de entender la sostenibilidad como una responsabilidad compartida, en la que hogares, compañías y entidades públicas deben asumir acciones desde sus respectivos ámbitos.

“Esto es un desafío colectivo. Mientras más promovamos una mentalidad de responsabilidad compartida, en la que cada quien hace su parte, podremos resolverlo de una forma más rápida y efectiva”.

Una encuesta de PwC a CEO, citada durante la charla, señala que 73 % considera la innovación sostenible determinante para la supervivencia de su negocio en los próximos 10 años, mientras que solo 22 % de las organizaciones vincula metas operativas de sostenibilidad con la compensación ejecutiva.