¿Cómo está el panorama de este tipo de políticas en Colombia? ¿Qué hace falta para que la gestión responsable de residuos sea rentable para un negocio?

Para los tomadores de decisiones, la economía circular se ha convertido en un indicador de eficiencia y competitividad. Durante la semana de la sostenibilidad de Forbes Colombia, Mónica Villegas, directora de visión circular de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), habló acerca de la realidad que enfrenta la industria nacional al intentar implementar modelos de economías circulares: “los productos sostenibles todavía no han logrado competir en precio frente a la economía lineal”.

La brecha responde a que los productos circulares terminan absorbiendo todas las ineficiencias de la cadena de valor. Al comercializar un artículo con materia prima reciclada, la empresa debe integrar “los costos de recolección, los costos de transformación, los costos inclusive del diseño de ese producto”, frente a un consumidor que, si bien quiere contribuir con el ambiente, se termina decantando por el producto con el precio más económico.

La experta señala la importancia de estructurar “incentivos tributarios para que todo lo que tenga relación con la circularidad sea mucho más competitivo en el mercado“. Por el otro, las corporaciones deben optimizar su rentabilidad interna mediante el ecodiseño, una práctica orientada a simplificar el producto desde su concepción, ya sea en tamaño o materiales, reduciendo drásticamente los costos de recuperación una vez sale al mercado.

Sin embargo, las barreras para alcanzar la competitividad se evidencian por una falta de infraestructura que hoy se perfila como una de las mayores oportunidades de inversión y financiamiento en el país. Actualmente, la recolección en Colombia depende en muchos casos de modelos de tracción humana que encarecen el proceso y le restan calidad a los materiales recuperados. A esto se suma la alta centralización de la industria de transformación. Villegas ilustra esta fricción señalando que, “cuando tú vas a recoger un material en ciertas zonas, por ejemplo, en la costa Caribe, tienes que transportar ese residuo hasta Bogotá. Imagínate el costo que tiene esto más el costo de transformación“.

Para Villegas, resolver este cuello de botella demanda un agresivo despliegue de capital, la descentralización de la capacidad transformadora y la inyección de recursos en tecnologías de recolección en las regiones.

En 2030 finalizará la primera generación de metas impuestas al sector productivo, marcando el inicio de una nueva década de transformación. Para que las compañías mantengan su viabilidad económica en esa segunda fase, el ecosistema tendría que abandonar de forma definitiva la visión “filantrópica” del reciclaje y evaluar la gestión de materiales estrictamente desde los balances financieros, la productividad y el retorno sobre la inversión.

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Escrito por Juan Alejandro Quiroga Hernández.

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