Una compañía colombiana certificó un balance de -39 kg de CO₂ por tonelada de aceite producida. Así logró esta firma emisiones negativas.
Producir aceite de palma y, al mismo tiempo, retirar de la atmósfera gases de efecto invernadero es una realidad para Gremca, una empresa palmicultora, con operaciones en El Copey (Cesar) y Algarrobo (Magdalena).
La firma registró una huella de carbono negativa de 39 kilogramos de CO₂ equivalente por cada tonelada de aceite de palma producido.
Este resultado sitúa a la compañía por debajo de cero, contrastando con un promedio nacional de 182 kg y cifras significativamente más altas en grandes productores de Asia. La medición fue ratificada en auditorías bajo los estándares internacionales RSPO (Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible, por sus siglas en inglés) e ISCC (Certificación Internacional de Sostenibilidad y Carbono).
¿Cómo se logra huella de carbono negativa?
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C, tal como se exige en el Acuerdo de París, es necesario que las emisiones se reduzcan alrededor del 45% para 2030 y que se alcance el cero neto hacia 2050. Es decir, de esta forma, esta compañía se ha adelantado más allá de las metas mundiales.
Así que en lo que ha logrado esta firma palmera hay una lección para el resto del mundo. Para comprender el alcance de este logro, hay que pensar el tema como un flujo continuo de entradas y salidas de gases efecto invernadero al mundo.
Las emisiones generadas por combustibles, fertilizantes y procesos operativos representan la entrada de CO₂ a la atmósfera. La salida de gases efecto invernaderos se da por la vía de la captura de carbono por cultivos y la evasión de emisiones. Cuando, en una actividad productiva, las salidas de CO₂ a la atmósfera son menores que la absorción, la huella resulta negativa, indicando que la operación remueve más carbono del que libera.
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Gremca pasó de emitir 1.243 kg CO₂/ton de aceite crudo en 2021 a −39 kg CO₂/ton en agosto de 2026. Este avance responde a una estrategia basada en varias acciones.
Primero, se han implementado técnicas de captura y uso de biogás. Esto se logra por la vía de reactores anaerobios para capturar el biogás de los residuos de la planta extractora y usarlo como combustible en la generación eléctrica. Así se evita la emisión de metano y se sustituye energía de origen fósil.
De otra parte, los procesos han sido diseñados para aprovechar los subproductos del cultivo. El proceso implica uso de biomasa (fibra, cuesco, tusa) dentro de una matriz de energía renovable que combina energía solar, biogás y biomasa, alcanzando una capacidad conjunta de 4,8 MW.
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Finalmente, los expertos del cultivo han implementado medidas para lograr mayor eficiencia productiva en la gestión del cultivo. Eso significa metas claras en optimización del rendimiento por hectárea, prácticas agronómicas responsables y conservación de áreas naturales que actúan como sumideros de carbono.
Emisiones negativas: borrando la huella
“Queremos compartir este logro con nuestros clientes, aliados y público en general, porque es una oportunidad para avanzar juntos hacia cadenas de suministro con menor impacto climático, mayor trazabilidad y mejores estándares de sostenibilidad. Seguiremos trabajando para que nuestros productos contribuyan cada vez más a una economía baja en carbono”, expuso Oscar Cifuentes Vargas, gerente general de la compañía.
El logro cobra especial relevancia ante las exigencias del Reglamento EUDR de la Unión Europea, que a partir de finales de 2026 exigirá demostrar que la materia prima no proviene de tierras deforestadas. Asimismo, contar con un insumo de huella negativa permite a las multinacionales compradoras reducir las emisiones de sus propias cadenas de suministro.
El modelo operativo de Gremca integra además una dimensión social particular: los trabajadores, a través del sindicato Sintraproaceites, son propietarios del 20 % de la empresa y cuentan con representación en la junta directiva.
