Cada día la Inteligencia Artificial (IA) se entromete más en nuestra vida. Cuando le hacemos una consulta por trabajo, estudio, diversión o investigación, o porque está en muchas de nuestras rutinas sin que seamos conscientes de ello, en las canciones o películas que nos recomiendan Spotify y Netflix, en la publicidad personalizada que aparece en las webs que visitamos, en la ruta que sugiere Waze o Google Maps, en los sistemas de reconocimiento facial para acceder a ciertos sitios o en los consejos que Siri o Alexa nos dan, entre otros.
Su penetración es tal que ya es difícil organizar un viaje, hacer un presupuesto, revisar o sintetizar un documento, crear tarjetas, validar una traducción o diseñar una presentación sin el soporte de la IA.
Ha sido tal la rapidez de su expansión que, estoy seguro, muchos de nosotros difícilmente nos hemos preguntado: ¿Cuál es nuestra posición frente a la IA?, ¿qué espera de ella?, ¿qué capacidades intelectuales suya está delegando a la máquina?,¿hasta dónde o no debe usarla? Y, sobre todo, si ¿Usted domina la IA o la IA lo domina a Usted?
Por cercana y afectuosa que parezcan sus respuestas, e incluso por humana que se presente y que nos lleva a “dialogar” con ella, no sobra recordar que la IA es una tecnología – máquina y nunca una persona. Trabaja con base en datos e información que halla en la red, suministrados por las personas, o que ella misma regenera. Y aunque sorprende por su velocidad, expresiones y creatividad, también es incompleta, sesgada y a veces miente.
También es innegable que es maravillosa y sorprendente, y que le ha brindado a la humanidad hallazgos difícilmente posibles sin ella. Históricamente ha representado un gigantesco salto de la inteligencia humana que la creó.
Pero también genera alertas preocupantes. De padres, educadores, y muchos empleadores, que han comenzado a identificar que, especialmente niños y jóvenes profesionales que recurren a la IA, pueden estar perdiendo o dejando de aprender habilidades básicas de pensamiento, comprensión, análisis y duda crítica. Para usar inteligentemente la IA se requiere criterio (inteligencia) para interactuar con ella y saber construir los “prompts”, instrucciones o preguntas. Pero muchos están confiando ciegamente en los resultados que les entrega la Inteligencia Artificial, sin analizarlos y solo copiándolos y presentándolos como propios. La situación es tal que es difícil que, sin la IA, muchas de estas personas ya no pueden demostrar competencias básicas de redacción, cálculo matemático, análisis filosófico y argumentación, por citar algunos que, hasta antes de esta tecnología, hacían parte indispensable del proceso de formación de cualquier bachiller o profesional.
Con estas personas no se puede hablar de IA como inteligencia artificial, sino de IA como Ignorancia Atrevida, que resulta de la ausencia o pérdida de criterio y de razonabilidad para dimensionar la naturaleza de la información recibida de la máquina. No es ignorancia por falta de conocimiento, sino por delegar el pensamiento en una máquina y no en el propio intelecto. Quien acepta la información de la tecnología, sin dudar, y la asume como propia y actúa con fe en lo recibido, está entregando decisiones esenciales de su vida a la mediocridad. Y, poco a poco, las propias respuestas que le dé su IA terminarán reflejando su nivel de pensamiento.
Pero también hay quienes van más allá de recurrir a la inteligencia artificial para crear emojis, consultar términos o averiguar dónde comprar más barato, y buscan, con criterio, crecer más en su actividad laboral y académica, aprender, elevar su criterio y hallar nuevos escenarios. Son quienes ven la inteligencia artificial como otra opción de IA: la IA de la Investigación e Innovación Aplicada. Gracias a ellos la universidad, la empresa, el estado y en general la sociedad, aceleran su velocidad hacia el mayor y mejor descubrimiento de las potencialidades del universo.
Finalmente, la más real IA, la que potencia a las personas, sus relaciones sociales, el conocimiento a favor de la verdad y la integridad en la información, sin conveniencias, intereses de terceros o sesgos de construcción ideológica, es la IA que refleja la Identidad Auténtica. Esta es la de quienes son conscientes que el conocimiento se construye como producto de la razón, la disciplina, la voluntad y la convicción y no las ideas que impone una máquina. Esta Identidad no se opone a la IA de máquina, pero la confronta y sabe que debe evaluar rigurosamente todo lo que recibe de ella. Porque mientras más desarrollada esté la inteligencia artificial más inteligencia humana se requiere para sacarle provecho. Y solo una inteligente identidad auténtica puede superar la limitada visión de que la inteligencia artificial resuelve todo (llamado tecnofetichismo) o, por el contrario, que la IA destruirá todo (tecnopesimismo).
Con estas realidades, ¿de qué IA hablamos? No pregunto por Copilot, Gemini, Chatgpt, Claude, Perplexity, DeepSeek o Grok, entre otras muchas comerciales y más conocidas. ¿Cuál es su IA: la que permite que la máquina se divierta con Usted, porque usa la Ignorancia Atrevida del usuario?, ¿la que, con criterio técnico usted identifica qué plataforma o sistema de inteligencia artificial le sirve, para qué, con qué beneficios y qué sesgos?, o la que, con o sin inteligencia artificial, actúa a partir de sus principios y criterio debidamente formado, argumentado y al servicio de los demás, por su Identidad Auténtica?
Por: Jaime Alberto Leal Afanador*
*El autor es rector de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD).
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