La cadena antioqueña cerró 2025 con un crecimiento de ventas del 40 % y alcanza los 16 puntos de venta en el país, mientras fortalece su canal de exportaciones y prepara la apertura de nuevos locales bajo el modelo de franquicias.
En un mercado de bebidas marcado por la rápida evolución del consumo y la búsqueda de valor agregado, los cafés de especialidad se consolidan como un dinamizador de la industria gastronómica colombiana.
Pero lo que sorprende en el caso de Urbania Café, empresa nacida en Medellín hace una década, es que ya cuente con una certificación B Corp, que da cuenta de su sotenibilidad social, ambiental y financiera.
La firma está acelerando su escalamiento tras crecer 40 % en ventas al cierre de 2025 el alcanzar los $2.785 millones, según los registro de Cámara de Comercio. Su apuesta combina expansión en Bogotá, franquicias y una hoja de ruta para convertir el café de especialidad en un hábito cotidiano.
De una tienda en Medellín a 16 puntos de venta
Urbania nació en 2015 como una tienda de café de especialidad creada por un grupo de socios. Ricardo Mesa, hoy gerente general y a cargo de todos los puntos de venta, llegó después, como uno de los primeros inversionistas. Su relación con la marca empezó como cliente y por afición. “Me enamoré perdidamente del negocio”, recuerda.
Hoy la compañía cuenta con 16 puntos de venta activos en el país, incluidos tres en Bogotá, donde abrió su primera tienda en diciembre de 2025. Proyecta además dos aperturas adicionales en la capital, bajo la modalidad de franquicia, antes de que termine el año. La meta es abrir cinco locales anuales, con lo que ya completa tres en 2026. La estrategia busca integrar impacto económico, social y ambiental en el sector.

Abastecimiento: calidad y un sobreprecio que llega al campo
La compañía es una de las pocas del sector en Colombia con certificación B Corp. Su arquitectura de abastecimiento se basa en la compra directa a más de 300 pequeños caficultores. Sobre la estructura de comercialización y los canales de distribución, Mesa explicó:
“Nuestro modelo se basa en comprar café de la mejor calidad a pequeños caficultores y a un mejor precio que el resto del mercado; luego lo transformamos en nuestra planta de producción y lo vendemos en tres canales principales: tiendas propias, canal B2B y exportaciones”.
Ese sobreprecio tiene una cifra asociada. Según el directivo, la prima pagada por encima del mercado supera los $1.000 millones recibidos directamente por los caficultores en los años en que la empresa ha documentado el caso. La prima va atada a una exigencia de calidad que, a su vez, sostiene un precio en el segmento alto del mercado, a la par de sus competidores y no por encima de ellos.
La rentabilidad, admite, es un desafío. Los costos son más altos que los de algunos rivales, y la compañía apuesta a que una clientela consciente de toda la cadena de valor responda con alta fidelidad. Es una estrategia que presiona el flujo de caja en el corto plazo, pero que Mesa espera que rinda frutos a largo plazo.
B Corp: una decisión de vocación que abre puertas
La certificación, aclara el ejecutivo, no se buscó con fines comerciales, sino para asegurar que directivos, accionistas y proveedores se mantengan alineados en torno al impacto a medida que la empresa crece. Aun así, ha traído beneficios: atrajo inversionistas, abrió acceso a tasas de financiación preferenciales con la banca y facilitó alianzas con otras marcas B Corp, incluidas algunas ajenas al café. En el canal B2B, en cambio, no ha sido el motor que esperaban, aunque “abre conversaciones”.
El seguimiento del impacto recae en una gerencia especializada, a cargo de uno de los socios. Esta área monitorea indicadores por cada Objetivo de Desarrollo Sostenible, entre ellos ahorro de agua y hectáreas en conservación, mediante visitas periódicas a las fincas, con apoyo de asociaciones locales.
La empresa registró un aumento de 40 % en ventas al cierre de 2025 y estima sostener un crecimiento de al menos 30 % en 2026, a pesar de la coyuntura del sector gastronómico, golpeado por el incremento de los costos laborales y de operación.
En el frente internacional, Urbania exporta café en verde a mercados como Estados Unidos y Alemania, canal que aportó 10% de los ingresos totales el año pasado. No exporta café tostado por ahora. La razón es la frescura: en esta categoría, un grano tostado que sale del país debe venderse en menos de un mes, una ventana difícil para una cadena logística tan compleja.
De cara a 2027, Mesa aspira a abrir entre cinco y seis puntos de venta, con foco en Bogotá y Medellín, un ritmo que sostendría un crecimiento cercano a 30 % anual. La expansión se hará mediante franquicias, un modelo que la compañía desarrolla desde hace un par de años y que, según el directivo, ya es exitoso en varios de sus locales. Para el mediano plazo, la empresa evalúa llegar a otras ciudades del país y, más adelante, a otros países.
El reto de los costos
El sector gastronómico enfrenta presiones que Mesa describe sin rodeos. El costo laboral representa entre 20 % y 30 % de los ingresos de una compañía como Urbania, por lo que los incrementos del salario mínimo han tenido un efecto considerable. La empresa tuvo que hacer recortes de personal y encontró eficiencias en el back office con automatizaciones e inteligencia artificial.
La inflación en alimentos, arrendamientos y tasas de financiación mantiene la presión. “Es un reto que hoy todavía, la verdad, no tenemos resuelto”, reconoce Mesa, aunque espera que la situación se estabilice en los próximos meses.
Para convertir el café de especialidad en un producto cotidiano, y en un momento en que el consumidor compara precios con más cuidado, la estrategia de mercadeo se concentra en tres mensajes: impacto, calidad y experiencia en tienda. Urbania se posiciona además como un lugar de encuentro para emprendedores, con ferias, charlas, podcasts y entrevistas con empresarios. Respecto a los objetivos de posicionamiento a mediano plazo, el directivo afirmó:
“Estamos explorando las principales ciudades del país para mediano plazo, pero también queremos internacionalizar nuestra marca y ser reconocidos como la principal marca de cafés especiales del país a nivel local y externo”, con la meta de “posicionar el ‘café de especialidad’ como un producto cotidiano en la vida de los colombianos”.
En diez años, Mesa se ve con la compañía fuera de Colombia y entre las tres primeras marcas de café y cultura de especialidad del país, con presencia multicanal en tiendas, retail, plataformas digitales y B2B. Su ambición va más allá de las ventas:
“Queremos ser esa marca que inspira a otras marcas a que el impacto sí es posible”.
Una lección para quienes quieren emprender
Mesa cree que el país aún no dimensiona su potencial cafetero. “Somos un país que tiene todo para tener la mejor cafecultura del planeta”, afirma, y recuerda que en Medellín las tiendas de café de especialidad pasaron de tres o cuatro hace una década a más de 25.
Para quien quiera emprender, su fórmula tiene dos ingredientes: pasión, para resistir los momentos de duda, y disciplina, para sostener el proyecto en una sociedad que, dice, se volvió inmediatista. Su cierre fue un llamado a creer en lo propio: “emprender sí se puede y es necesario”.
Reportado por Juan Camilo Torres Alarcón
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