Abogada de formación y artista por vocación, María Mercado ha construido una propuesta que reivindica a las mujeres y las raíces del Caribe colombiano.
En el mercado mundial del arte, el talento de las mujeres todavía cotiza a la baja. Sus pinturas se venden, en promedio, con un descuento del 42,1% frente a las de sus pares hombres, mientras que sus ingresos equivalen a 80 centavos por cada dólar que ellos ganan. Ahora bien, en la cima del negocio, la brecha es aún más evidente: las mujeres representan apenas el 11% de los artistas presentes en las 200 subastas más importantes y concentran solo el 8% del valor de las ventas, según el estudio Gendered Prices, publicado en The Review of Financial Studies.

Con todo, en una industria donde el reconocimiento artístico no siempre se traduce en éxito comercial, una colombiana se está abriendo paso en los mercados más exclusivos del mundo con más de 380 obras en 17 países.
De Sincelejo a París, María Mercado
María Esther Panesso Mercado nació en Bogotá, pero sus raíces siempre estuvieron en el Caribe colombiano. Desde Sincelejo, Sucre —de donde proviene su familia materna—, comenzó a desarrollar su pasión por la pintura, los colores y la posibilidad de expresar con un lienzo aquello que las palabras no alcanzan a decir.
“Mi papá, Hernán Panesso, fue quien más impulsó esa pasión. Siempre creyó en mi talento. De hecho, mi sueño era irme a Nueva York a estudiar arte”, recuerda en entrevista con Forbes Colombia.
Sin embargo, ese sueño tomó otro rumbo tras la muerte de su padre. Su familia atravesó una etapa difícil y su madre tuvo que asumir sola el camino que seguía. Nueva York quedó lejos y el arte dejó de ser, al menos por un tiempo, el centro de sus planes.

Mercado terminó estudiando Administración de Negocios Internacionales, después Derecho y, más tarde, cursó un MBA en Madrid. Aunque su formación parecía alejarla de los lienzos, terminó aportándole una perspectiva que hoy atraviesa todo su trabajo artístico.
“El derecho ha humanizado mi arte, me enseñó a pensar con estructura, a desarrollar criterio, a comprender la complejidad de las relaciones humanas y, sobre todo, a mirar más allá de las apariencias”, afirma.
Durante varios años ejerció como abogada especializada en Derecho de Familia, acompañando a mujeres en situación de vulnerabilidad en procesos judiciales y audiencias privadas. Esa experiencia marcó su manera de observar las historias y realidades femeninas. Sin embargo, fue en 2020, durante la pandemia, cuando volvió a tomar los pinceles y comenzó a publicar sus obras en redes sociales.
La pintura retomó entonces un lugar central en su vida, esta vez con una mirada atravesada por su formación y su experiencia profesional. La mujer se convirtió en uno de los ejes de su producción artística, junto con la identidad, la memoria, la resiliencia, la transformación y las raíces culturales.

“Cuando pinto a una palenquera, no veo solamente sus vestidos coloridos o las frutas que lleva sobre su cabeza. Veo generaciones de mujeres que han preservado una historia de libertad y dignidad”, explica.
Hacer arte y ser mujer en el mercado del arte
“No basta con tener talento: hay que construir credibilidad”. Para María Esther Panesso Mercado, abrirse camino en el mercado internacional del arte ha significado mucho más que conseguir espacios para exhibir sus pinturas. También ha implicado entrar en una industria donde el reconocimiento artístico y el valor comercial de las obras no siempre avanzan al mismo ritmo para hombres y mujeres.
Según el Art Basel and UBS Art Market Report 2026, las mujeres representan el 45% de los artistas vinculados a galerías y marchantes, pero sus obras generan apenas el 37% del valor de las ventas.
Frente a ese panorama, Mercado apostó por la preparación y la disciplina. Su formación en negocios y Derecho le ha permitido abordar su carrera artística con una perspectiva estratégica, mientras construye una identidad propia alrededor de las historias de las mujeres y las raíces culturales colombianas.
Así, lo que comenzó como un reencuentro con una pasión de infancia pronto empezó a trascender fronteras. En 2023, presentó su obra en el Museo Beka del Rockefeller Center, en Nueva York, y una de sus piezas fue proyectada en las pantallas de Nasdaq, en Times Square. Desde entonces, su trabajo ha llegado a ciudades como Tokio, Miami, Roma, Ciudad de México y París. En 2025, su recorrido la llevó al Salon d’Automne de París, celebrado en la Place de la Concorde, donde presentó una obra bajo el concepto Dualidades del Alma.

“Mi mayor conquista no ha sido cruzar fronteras geográficas, sino demostrarme que podía construir un lugar en el mundo del arte sin renunciar a mis raíces, a mis convicciones ni a ninguna de las facetas que me definen”.
Este año, su obra volverá a París. Del 20 al 25 de octubre, Mercado participará en Art Shopping, en el Carrousel du Louvre, con una propuesta que recoge varios de los temas centrales de su producción: la mujer palenquera, las raíces del Caribe colombiano y la memoria afrodescendiente.
Sus planes apuntan a seguir llevando su trabajo a distintos rincones del mundo, en particular a consolidar su presencia en los circuitos artísticos de Estados Unidos y Europa. Pensando a largo plazo, incluso menciona una fundación que permita apoyar y acompañar a mujeres artistas emergentes, por supuesto, con el Derecho en su camino. Su mensaje para aquellas que la leen es claro: sí se puede.
“Si algo quiero dejar a través de mi obra es la convicción de que una mujer no debe ser definida por las adversidades que ha enfrentado, sino también por su capacidad de transformarlas en esperanza, libertad y nuevas posibilidades”.
En un mercado que, según el informe A Market for the Many: Gender and the Art Market, de Burns Halperin, no alcanzaría la paridad de género en las subastas hasta 2053, abrirse camino también es una forma de reivindicación.
Hoy, aquella niña que soñaba con estudiar arte en Nueva York lleva sus raíces del Caribe colombiano a escenarios internacionales. Firma sus obras con el apellido materno y construye una trayectoria en la que conviven la abogada, la mujer y la artista. En un mercado que todavía pone en evidencia las brechas de género, su apuesta también es una forma de afirmarse: llegar a la élite del arte sin tener que dejar atrás ninguna de las partes que la convirtieron en quien es.
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