Un nuevo reporte de la Organización Mundial de la Salud señala que determinantes como el sexo, la capacidad adquisitiva y el lugar de residencia influyen de forma directa en la vulnerabilidad frente a patologías como el cáncer, la diabetes y las afecciones cardiovasculares, causantes del 75 % de las muertes en el mundo.

Las enfermedades no transmisibles, grupo que incluye el cáncer, la diabetes y las patologías cardiovasculares y respiratorias, concentran el 75 % de los fallecimientos registrados a nivel global. En este marco, una investigación técnica de la Organización Mundial de la Salud (OMS) evaluó la correlación entre variables demográficas y socioeconómicas —tales como el sexo, el nivel de ingresos y el entorno geográfico— y la exposición sistemática a los factores de riesgo que originan estas condiciones de salud.

El análisis estadístico del organismo multilateral evidencia variaciones sustanciales asociadas al género. El consumo de tabaco registra una prevalencia cercana a cinco veces superior en la población masculina, con un 32,5 % frente al 6,6 % reportado en mujeres, mientras que la ingesta de alcohol se sitúa en un 52,2 % en hombres en contraste con el 35,4 % femenino.

En una tendencia opuesta, las mujeres presentan indicadores más altos en materia de obesidad y regímenes alimentarios inadecuados (18,4 % frente a 13,8 % en los hombres), además de reportar mayores tasas de actividad física insuficiente, con un 33,8 % respecto al 28,7 % en el segmento masculino. En lo referente a la hipertensión arterial, la métrica es ligeramente superior en varones (34,5 % frente a 31,7 %), comportamiento atribuido a un mayor acceso a diagnósticos y tratamientos oportunos entre la población femenina.

En materia de capacidad económica y formación educativa dentro de economías en desarrollo, el estudio documenta comportamientos diferenciados según el poder adquisitivo: el consumo de alcohol es más elevado en los estratos con mayores recursos (26,3 % frente al 19,2 % en segmentos de menores ingresos), mientras que el tabaquismo exhibe una dinámica inversa, concentrando una tasa de 25,5 % en hombres de menores recursos en comparación con el 12,9 % en sectores de altos ingresos.

En el ámbito ambiental doméstico, el 99,9 % de los hogares en condición de vulnerabilidad económica está expuesto a emisiones contaminantes por el empleo de combustibles para cocinar, frente a un 21,4 % de la población con mayores ingresos. Paralelamente, los entornos urbanos en estas naciones registran una exposición más pronunciada a complicaciones cardiovasculares, con un 47,8 % de hipertensión arterial frente al 33,7 % en áreas rurales, acompañado de mayores tasas de sedentarismo, obesidad e ingesta de alcohol.

Frente a la brecha documentada en los factores de riesgo, la entidad multilateral concluyó:

“Los ingresos, la educación, el género, la edad y el lugar de residencia pueden influir en la exposición de las personas a los factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles y en su acceso a los servicios sanitarios”.

En la misma línea técnica, el organismo añadió:

“Estas desigualdades pueden producirse en todas las etapas, desde la prevención de las enfermedades y la menor exposición de factores de riesgo hasta el diagnóstico, la recepción del tratamiento y el control de una enfermedad”.

A partir de esta línea base, la OMS insta a los Estados miembros a rediseñar sus programas de salud pública, subsanar vacíos de cobertura y monitorear la distribución equitativa de los servicios sanitarios entre los distintos grupos poblacionales.

Con información de EFE

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