El fotógrafo e ingeniero barranquillero Alex Visbal fue galardonado en el prestigioso certamen Wildlife Photographer of the Year (organizado por el Museo de Historia Natural de Londres) en la categoría Wetlands: The Bigger Picture con su obra "The Great Divide".
En un proyecto que exigió miles de capturas, más de 100 tomas aéreas a 180 km/h y una estrecha coordinación con los pilotos, el fotógrafo e ingeniero barranquillero logró el máximo galardón en el Wildlife Photographer of the Year. En conversación con Forbes Colombia, revela el proceso detrás de su obra, el peso inconsciente de sus raíces caribeñas y cómo la ingeniería impulsa su visión de conservación.
Para un fotógrafo de naturaleza, recibir un reconocimiento en el Wildlife Photographer of the Year, el certamen organizado por el Museo de Historia Natural de Londres, equivale a alcanzar la máxima cúspide de su carrera. Este año, el talento colombiano se posicionó en lo más alto de la escena internacional gracias a Alex Visbal, cuyo trabajo fue galardonado en la categoría Wetlands: The Bigger Picture con la impactante fotografía aérea “The Great Divide”.
Aunque para el mundo su nombre resuena hoy en las galerías de Londres y en grandes publicaciones, detrás de la lente hay una historia de rigor, dualidad profesional y una relación entrañable con el agua que comenzó en Barranquilla.
La anatomía de una toma a miles de metros
La imagen ganadora es una representación de la belleza y la fragilidad de los sistemas hídricos, una escena abstracta donde el agua dialoga con las intervenciones del entorno. Sin embargo, lograr la precisión visual que enamoró al jurado exigió un despliegue de paciencia, destreza técnica y trabajo en equipo fuera de lo común.
“Fue un reto enorme que todavía no termino de asimilar por completo”, confiesa Visbal. La fotografía no fue producto del azar, sino de un proceso minucioso de documentación que involucró volar en una pequeña avioneta a 180 kilómetros por hora sobre un cuerpo hídrico.
“Estuve días enteros investigando el lago, dando vueltas en la avioneta para entender cómo se comportaba la luz y la alineación. Para el proyecto del lago en general tomé miles de fotos, pero para lograr esta escena específica e impecablemente alineada fueron necesarias más de 100 tomas continuas en el aire. Hacer una toma aérea con la ventana abierta, sintiendo la turbulencia del viento a esa velocidad mientras mantienes la cámara firme, requiere una paciencia absoluta”.
Sin embargo, Visbal enfatiza que hay un héroe invisible en esta ecuación: la preparación con los pilotos. “Sin ese trabajo previo la foto simplemente no existe. Hay que explicarles detalladamente qué se busca, cómo lograrlo, las zonas exactas a investigar y el tipo de maniobras precisas que vamos a necesitar en el aire para lograr el encuadre”, destaca.
‘The Great Divide’: la radiografía visual de un ecosistema al límite

La imagen retrata la transformación drástica de un humedal dividido por una sola obra de ingeniería. A la izquierda de la toma destaca un intenso y característico tono rosado: una alteración biológica provocada por la proliferación masiva de microbios halófilos que emergen cuando las concentraciones de salinidad alcanzan niveles extremos debido a la pérdida drástica de agua dulce.
El valor de esta captura trasciende lo artístico y coincide con un momento decisivo para el territorio. Tras documentarse la acelerada degradación de este ecosistema en el estado de Utah (Estados Unidos), las autoridades locales y estatales pusieron la zona bajo un régimen especial de gestión para su conservación ambiental. Aunque la medida respondió a un proceso independiente, la imagen de Visbal se convirtió en el testimonio visual definitivo de un entorno que hoy lucha por recuperarse.
Ingeniería industrial: el motor metodológico y financiero
Nacido en Barranquilla, criado con la influencia del río Magdalena y el Mar Caribe, Visbal ostenta un perfil poco convencional en el arte: es ingeniero industrial graduado de la Universidad de los Andes.
A diferencia de lo que se podría pensar, el fotógrafo aclara que nunca ha abandonado la ingeniería, una disciplina que ejerce en paralelo y que se ha convertido en el pilar financiero para costear sus complejas expediciones fotográficas alrededor del globo.
“No he hecho una transición definitiva en la que deje de lado la ingeniería. Mi trabajo profesional es, en gran medida, lo que financia mis proyectos de fotografía, porque sostener expediciones de conservación y vuelo no sería fácil viviendo únicamente del lente”, explica.
Sin embargo, la estructura mental de la ingeniería se refleja en cada uno de sus encuadres:
“Me he dado cuenta de que me apasiona analizar sistemas a gran escala y entender cómo se organizan. La ingeniería me enseñó a ser sumamente metódico, ordenado y analítico. Esa planeación sistemática es exactamente lo que me permite estructurar logística, vuelos y estudios de terreno antes de apretar el disparador”.
Además, Visbal atribuye a su esposa el impulso determinante para haber convertido esa curiosidad por la imagen, que nació hace más de 15 años, en una carrera fotográfica de nivel mundial.
El cuestionamiento de las ideas preconcebidas sobre el agua
El vínculo de Alex Visbal con los ecosistemas acuáticos es una constante que atraviesa toda su producción. Para el barranquillero, la fotografía aérea de naturaleza no es simplemente un ejercicio paisajístico, sino una herramienta para evidenciar la intervención humana y redefinir nuestro vínculo con los recursos naturales.
“Busco cuestionar las ideas preconcebidas que tenemos sobre el agua, y para eso uso un punto de vista aéreo, donde se revelan la escala, las intervenciones, los patrones, el entorno, los colores y las relaciones que a simple vista no se aprecian. Con eso busco generar reacciones, curiosidad y preguntas en el espectador”, reflexiona.
La huella que nos deja el Caribe y la biodiversidad colombiana
Al preguntarle sobre la influencia de sus orígenes en su sensibilidad artística, Visbal conecta su mirada actual con su infancia en la Puerta de Oro de Colombia:
“Crecí en una ciudad definida por el agua: el río, el mar, las ciénagas. Ahí el agua no es un simple paisaje, es una fuerza viva que da forma a la ciudad. No lo tenía consciente, pero es difícil que eso no haya dejado una marca en mi trabajo. Y con la biodiversidad pasa algo parecido: en Colombia uno está expuesto a ella todo el tiempo, incluso dentro de las ciudades, y eso genera un aprecio natural y profundo que es más difícil de adquirir cuando no se ha vivido así”.
Tras recibir la noticia desde Londres y ver su obra exhibida junto a los fotógrafos que admiró desde sus inicios, Alex Visbal hace una pausa para reflexionar sobre el camino recorrido y el mensaje para los jóvenes creadores en Colombia.
“Lo primero es que sigan soñando, porque sí se puede. Pero no basta con soñar: hay que ser increíblemente consistente, disciplinado e investigar profundamente el sujeto que vas a fotografiar. Para hacer fotos increíbles hay que estar ahí afuera, tomando fotos todos los días, probando, siendo paciente y no rendirse ante los intentos fallidos”.
Lea también: La abogada colombiana que está triunfando en la élite del mercado del arte internacional
