Hace 18 años, cuando la cerveza artesanal era casi un mito en el país, nació una apuesta independiente en Medellín. Hoy, en un mercado que se multiplicó por cincuenta en microcervecerías, los fundadores de 3 Cordilleras consolidan su modelo de negocio y abren un nuevo complejo cultural de $7.000 millones.
Cuando Juan David Vélez Abad decidió apostar por la cerveza de especialidad en Colombia en 2008, el panorama cervecero nacional estaba dominado casi en su totalidad por las recetas industriales de tipo lager. En aquel momento, en todo el territorio nacional apenas existían tres plantas artesanales tratando de abrirse paso en la cultura de consumo local.
La idea maduró tras su paso por Estados Unidos, donde descubrió que la cerveza podía tener matices, amargor, cuerpos complejos y colores diversos que iban mucho más allá de la bebida rubia y fría tradicional. Con la convicción de que el paladar local estaba listo para educarse y explorar nuevas experiencias, regresó al país para levantar una fábrica en Medellín en un momento en que las microcervecerías se contaban con los dedos de una mano.
Dieciocho años después, el ecosistema se ha transformado drásticamente: en Colombia operan hoy más de 150 microcervecerías, impulsadas por un consumidor más informado y exigente que busca variedad en estilos, cuerpos y aromas. En ese mapa en expansión, la propuesta nacida en la capital antioqueña ha logrado escalar sin perder su esencia original, alcanzando cerca del 48% de participación dentro del segmento artesanal nacional e incluso picos históricos del 50% de volumen de mercado.
La evolución de un mercado en formación
Los primeros años de la compañía estuvieron marcados por la pedagogía diaria. Explicar por qué una cerveza podía ser roja, negra o llevar un tono rosado supuso enfrentarse a la resistencia del consumidor habitual y a las barreras de distribución de un mercado altamente concentrado.
En aquellos inicios, mientras en el país apenas operaban tres proyectos artesanales tratando de sobrevivir, la marca empezó a ganar terreno barril a barril, educando a los dueños de bares y restaurantes sobre la maestría cervecera y la importancia de ofrecer alternativas de maridaje de alta calidad.
El reto de la democratización y la escala en distribución
A pesar del crecimiento de la oferta independiente en las últimas dos décadas, el margen de expansión para el segmento artesanal en Colombia sigue siendo amplio. Mientras que en mercados maduros como Estados Unidos o Europa la cerveza artesanal representa cerca del 19% del consumo total, y en países latinoamericanos como Brasil, Chile o Argentina oscila entre el 6% y el 7%, en Colombia el consumo artesanal representa actualmente solo el 0,5% del mercado general (equivalente a una de cada 200 cervezas consumidas).
Ese cuello de botella ha enfrentado a las microcervecerías a un desafío histórico: la red de distribución. De los aproximadamente 400.000 puntos de venta de cerveza que existen en el país entre tiendas, bares y restaurantes, la variedad insignia de 3 Cordilleras, su clásica cerveza “Rosada”, logra tener presencia en unos 15.000 puntos, mientras que su segunda referencia más vendida alcanza entre 3.000 y 4.000 establecimientos.
“Llegar a estos 18 años liderando el mercado demuestra que es posible escalar y consolidar el negocio sin comprometer la maestría técnica ni la calidad que nos caracterizan. Nuestro verdadero hito ha sido crecer fieles a nuestra esencia original”, destaca Vélez, fundador de la marca. El rigor técnico de sus recetas acumula además siete reconocimientos internacionales, incluyendo medallas de plata y bronce en la Copa Cervecera Internacional La Pola Dorada 2026.
De fábrica de cerveza a distrito experiencial
Para conmemorar la consolidación de este trayecto y dar un paso estratégico hacia la industria del entretenimiento y la gastronomía, los socios fundadores Juan David Vélez Abad y Juan José Piedrahita, en alianza con Central Cervecera de Colombia, ejecutaron una inversión superior a los $7.000 millones de pesos.
El proyecto consistió en la reconversión de la infraestructura de su planta original en el Distrito Creativo Perpetuo Socorro de Medellín para transformarla en Estación Central, un ecosistema cultural de varios ambientes que integra un restaurante de comida de autor, dos bares conceptuales (uno con música en vivo y otro formato high end para amantes de los vinilos) y un escenario para eventos en vivo.
La apuesta responde a la tendencia global donde las marcas de bebidas trascendieron el envasado para convertirse en destinos de experiencia y turismo urbano, dinamizando la oferta cultural de las ciudades y abriendo nuevos canales de relacionamiento directo con el consumidor.
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