Anthropic presentó su plan de salida a bolsa con una estructura que prioriza su misión sobre los inversionistas.

Pocas empresas que cotizan en bolsa dicen que el futuro de la humanidad está en juego mientras toman decisiones triviales sobre la composición de su consejo de administración.

No es ‌el caso de Anthropic. Tras advertir de que ‌su inteligencia ⁠artificial podría, algún día, curar el cáncer o acabar con la vida de hasta 8,000 millones de personas, Anthropic ha elaborado un complejo plan para determinar quién puede dirigir la empresa a medida que su tecnología avanza rápidamente, según se desprende de la solicitud de salida a bolsa presentada el ​lunes.

Su valoración prevista ⁠de 1.5 billones de ⁠dólares convertiría a Anthropic en la corporación de beneficio público más valiosa del mundo, una figura jurídica prevista por la legislación de Delaware que implica que el laboratorio ​de IA debe equilibrar los intereses de los inversionistas con la promoción del bien común.

Más allá de la letra pequeña, la estructura de Anthropic puede tener importantes ‌implicaciones para los inversionistas y para un público que adopta cada vez más la IA de ​esta empresa con sede en San Francisco. Los detalles muestran cómo Anthropic se ​ha protegido de la presión de los inversionistas para poder perseguir lo que, afirma, es mejor para la humanidad.

Anthropic otorgó un 50.1% del poder de voto en determinados asuntos a sus siete cofundadores, quienes, según el documento presentado, están “especialmente capacitados para ser los guardianes de nuestra misión”, tal y como informó anteriormente Reuters.

Aunque un fideicomiso independiente controlará la mayoría de los puestos del consejo de administración, el poder de voto privilegiado de los cofundadores se extenderá a la elección de los restantes consejeros y, en general, a las propuestas de los accionistas.

La documentación presentada el lunes ​reveló aún más complejidades a la hora de supervisar una empresa que, según prevé Anthropic, sobrevivirá al estrecho grupo que la creó.

Una vez que la mayoría de sus cofundadores hayan dejado de formar parte de la empresa y sus acciones con derecho ⁠a voto privilegiado de “Clase F” hayan desaparecido, el consejo de administración de Anthropic se dividirá en tres grupos de tamaño similar, con mandatos de tres años.

Al escalonar la reelección de los consejeros, al igual que en el ‌Senado de Estados Unidos, Anthropic ha adoptado una estructura que en su día fue popular como forma de frenar las adquisiciones hostiles. La empresa lleva mucho tiempo expresando su preocupación por los riesgos de que la IA caiga en manos autoritarias o malintencionadas.

Esa estructura también va en contra de algunas tendencias en materia de gobierno corporativo. En este siglo, las principales empresas estadounidenses han optado en gran medida por elegir a todos los consejeros anualmente, lo que hace que las empresas respondan mejor a las demandas de los accionistas en ámbitos como la remuneración de los ejecutivos o la estrategia.

Anthropic se ha negado a hacer comentarios.

Más allá de su consejo de administración, Anthropic cuenta con otro órgano de gobierno con ‌su propio conjunto de normas: su fideicomiso de beneficios a largo plazo.

Presidido actualmente por el líder en salud global Neil “Buddy” Shah, el fideicomiso controla una clase especial de acciones ⁠denominada “Clase T” que le permitirá elegir a la mayoría de los miembros del consejo de administración de Anthropic. Anthropic también ha contemplado qué sucedería si esas acciones desaparecieran.

El ‌objetivo ante tales eventualidades es “preservar la flexibilidad a largo plazo si cambian las circunstancias”, según se indica en su documentación. Incluso si alguien que ⁠no esté sujeto a la misión de Anthropic de beneficiar a la humanidad se hiciera con sus acciones de Clase T, ⁠la estructura de Anthropic exigiría a los consejeros que cumplieran “las disposiciones relativas a nuestro propósito de beneficio público”.

En última instancia, el poder del fideicomiso sobre el consejo de administración convierte a Anthropic en una “empresa controlada” según las normas del Nasdaq, lo que la exime de cumplir algunos requisitos habituales, como contar con un comité independiente de nombramientos y gobierno corporativo. Anthropic está aprovechando esa exención para incorporar a Daniela Amodei, su presidenta y hermana del director ejecutivo Dario Amodei, a dicho comité.

Anthropic también ha creado un comité ‌de seguridad y riesgos en su consejo de administración, compuesto actualmente por el director ejecutivo ​de Novartis, Vas Narasimhan, y el exfuncionario de la Casa Blanca de Trump, Chris Liddell. El multimillonario cofundador de Netflix, Reed Hastings, es el actual consejero independiente principal de Anthropic.

Aun así, los siete cofundadores de Anthropic —entre los que se encuentran los hermanos Amodei— seguirán siendo el núcleo del gobierno corporativo en un futuro previsible. Esto se debe, en parte, a la existencia de una entidad denominada “Founder LLC”, que, tras el fideicomiso, tendrá la mayor influencia ‌en las elecciones al consejo de administración.

Con información de Reuters