El CIO de Organización Corona explicó en el Forbes Tech Summit 2026 cómo las empresas pueden medir el retorno de sus inversiones, incorporar IA y preparar a sus trabajadores para el cambio.

Comprar tecnología es apenas una parte de la transformación digital. Para las grandes empresas, el desafío también consiste en determinar qué problemas necesitan resolver, cuánto valor pueden generar las nuevas herramientas y cómo conseguir que sus trabajadores las incorporen a las actividades cotidianas.

Estas fueron algunas de las cuestiones abordadas durante el panel Cómo están los grandes implementando tecnología, realizado en el Forbes Tech Summit 2026. Gabriel Pardo, CIO de Organización Corona, conversó con Aldemar Moreno, editor general de Forbes Colombia y moderador del encuentro, sobre las decisiones financieras, operativas y humanas que acompañan la modernización de una compañía.

“En Corona no hacemos tecnología por hacer tecnología, ni compramos juguetes tecnológicos para estar a la moda”, afirmó Pardo. El ejecutivo explicó que las inversiones deben responder a necesidades concretas del negocio y demostrar su contribución a los resultados.

La conversación permitió conocer cómo se aplican estos criterios en una organización con 145 años de historia, operaciones industriales en distintos mercados y actividades que abarcan manufactura, comercialización y logística. También puso sobre la mesa uno de los principales interrogantes de la transformación digital: cómo pasar de experimentar con nuevas tecnologías a obtener resultados que puedan medirse.

¿Cómo se mide el retorno de la tecnología?

Pardo explicó que las iniciativas tecnológicas de Corona deben contar con un caso de negocio proyectado a cinco años. La evaluación contempla los ingresos o ahorros esperados, los costos de implementación y mantenimiento, y los criterios de rentabilidad establecidos por la organización.

La compañía utiliza además una medición interna denominada “EBIT digital”, con la que busca determinar qué proporción de su resultado operativo antes de intereses e impuestos puede atribuirse a las iniciativas tecnológicas.

El ejecutivo no reveló el valor de esas inversiones ni la contribución monetaria calculada mediante ese indicador. Sin embargo, destacó que los proyectos deben justificar su importancia para la operación o para los resultados financieros.

Esta preocupación no es exclusiva de Corona. La encuesta global The State of AI 2025, de McKinsey, encontró que el 88 % de los participantes reportó que sus organizaciones utilizaban inteligencia artificial regularmente en al menos una función empresarial. Sin embargo, solo el 39 % atribuyó algún impacto de esa tecnología en el EBIT de su organización.

Los resultados, basados en respuestas de ejecutivos y profesionales de distintos países, muestran que la adopción de herramientas no necesariamente se traduce en beneficios financieros identificables para toda la compañía.

Pardo ilustró esta diferencia con dos experiencias. En los Centros Corona, la modernización de los sistemas de atención y facturación permitió, según explicó, reducir tiempos de espera y mejorar los resultados comerciales. En logística, la incorporación de tecnologías para optimizar rutas y administrar inventarios contribuyó a desarrollar servicios de transporte para terceros.

La inteligencia artificial sale de las oficinas

Otro de los temas del panel fue la aplicación de inteligencia artificial en procesos que van más allá de las tareas administrativas.

Pardo explicó que la estrategia de Corona contempla tres frentes: productividad de los colaboradores, operaciones industriales y análisis de información para apoyar decisiones empresariales.

En las plantas de manufactura, la compañía ha implementado modelos de visión computacional que permiten identificar situaciones de riesgo, como trabajadores sin los equipos de protección correspondientes o personas que ingresan a zonas restringidas de maquinaria.

También utiliza herramientas de visión artificial para contar piezas, inspeccionar superficies y apoyar determinados procesos robóticos.

En el ámbito administrativo, la empresa está incorporando sistemas que permiten consultar información mediante preguntas en lenguaje natural. Un directivo, por ejemplo, puede solicitar datos sobre el comportamiento de las ventas o las desviaciones de inventario sin depender exclusivamente de informes preparados con anterioridad.

El comercio digital también ha modificado las operaciones. Según Pardo, casi el 40 % de las ventas de Corona Industrial se originan o transaccionan mediante canales digitales, incluidos los dirigidos a distribuidores y consumidores finales.

Ese cambio plantea desafíos logísticos. La empresa, acostumbrada a transportar grandes volúmenes de materiales, también debe preparar pedidos individuales y entregar productos frágiles. Para atender estas necesidades ha incorporado sistemas de gestión de almacenes y herramientas de trazabilidad.

El desafío más difícil no es tecnológico

Aunque la conversación abordó inversiones, plataformas y automatización, Pardo identificó otro obstáculo que considera especialmente complejo.

“El verdadero desafío, el que quita el sueño y toma años resolver, es el cambio cultural, la gestión del cambio y vencer la inercia organizacional”, señaló.

El ejecutivo reconoció que la incorporación de nuevas herramientas puede generar incertidumbre entre los trabajadores, especialmente cuando aparecen dudas sobre la continuidad de sus funciones.

Para abordar esa transición, Corona ha capacitado a cerca de 1.000 empleados en el uso de inteligencia artificial generativa. También creó un programa que permite a colaboradores de áreas como contabilidad, compras y logística trabajar durante un año con el equipo de tecnología, mientras la organización cubre temporalmente sus responsabilidades habituales.

La intención es que, al regresar a sus áreas, puedan participar en la implementación de nuevas herramientas y acompañar a sus compañeros durante el proceso.

La formación es una preocupación compartida por otras organizaciones. Un informe de la OCDE publicado en junio de 2026 identificó que alrededor del 40 % de los empleadores consultados en manufactura y finanzas que aún no habían adoptado inteligencia artificial señalaban la falta de habilidades como su principal barrera.

Hacia los próximos años, Pardo mencionó entre las prioridades tecnológicas de Corona el fortalecimiento de las cadenas de suministro, la automatización industrial y la exploración de aplicaciones relacionadas con la computación cuántica.

La conversación dejó una distinción relevante para los directivos: incorporar tecnología y transformar una organización no son necesariamente lo mismo. Entre ambas decisiones están los resultados que se espera obtener, los cambios que requiere la operación y las personas que finalmente deben hacer funcionar las nuevas herramientas.

Redactado por Sebastián Tovar

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