La CEO de Thales en Colombia explicó durante por qué los ciberataques convierten la seguridad digital en una prioridad empresarial.
Esta fue una de las principales reflexiones de la conversación ¿Es mejor la ciberseguridad que la policía?, realizada durante el Forbes Tech Summit 2026. Aldemar Moreno, editor general de Forbes Colombia, conversó con Carolina Navarrete, CEO de Thales en Colombia, sobre las amenazas digitales que enfrentan las empresas, los riesgos para la infraestructura crítica y las responsabilidades de los directivos frente a la protección de la información.
“El activo más valioso de cualquier organización hoy en día es la información: los datos”, afirmó Navarrete. La ejecutiva explicó que el crecimiento del trabajo remoto, las operaciones bancarias digitales y el almacenamiento en la nube han ampliado los puntos de acceso que pueden aprovechar los ciberdelincuentes.
La magnitud del desafío también aparece en las cifras oficiales. El Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) informó que Colombia registró cerca de 36.000 millones de intentos de afectación cibernética durante 2024. Según la entidad, el país concentró el 17 % de los intentos contabilizados en América Latina y ocupó el segundo lugar regional. Estas cifras corresponden a intentos de afectación, no a vulneraciones exitosas.
Cuando un ciberataque afecta la operación de una empresa
Las amenazas digitales ya no se limitan al robo de dinero o de bases de datos. También pueden alcanzar sistemas que controlan procesos físicos, desde equipos de refrigeración hasta instalaciones industriales.
Navarrete explicó que la conexión entre los sistemas informáticos y las tecnologías utilizadas para operar fábricas, redes de energía o instalaciones de salud ha ampliado las consecuencias potenciales de una intrusión.
Como ejemplo, mencionó los sistemas de control industrial que administran válvulas en oleoductos. Una intervención maliciosa sobre esos equipos podría ocasionar interrupciones operativas e incluso accidentes, dependiendo de las condiciones y los mecanismos de protección de cada instalación.
La ejecutiva también señaló los riesgos para hospitales, plantas de tratamiento de agua y redes eléctricas, donde una falla tecnológica puede afectar servicios esenciales.
Esta exposición modifica la manera en que las compañías deben evaluar la seguridad. Un incidente informático puede convertirse en un problema de continuidad operativa, con consecuencias para los ingresos, los clientes y la prestación de servicios.
La ciberseguridad llega a las juntas directivas
Otro de los asuntos abordados fue el lugar que ocupa la seguridad digital dentro de las decisiones empresariales.
Navarrete sostuvo que el responsable de seguridad de la información, conocido como CISO por sus siglas en inglés, ha adquirido mayor relevancia en las conversaciones de alta dirección.
“Los presidentes ejecutivos y los miembros de junta han entendido que la ciberseguridad no es un gasto en software o licencias; es una estrategia transversal de continuidad de negocio y de gestión del riesgo corporativo”, señaló.
La ejecutiva explicó que las deficiencias en protección digital pueden afectar la reputación de una organización, comprometer sus relaciones comerciales y dificultar el cumplimiento de requisitos exigidos por clientes, aseguradoras y contratantes.
El riesgo tampoco termina en los sistemas propios. Los proveedores y contratistas pueden convertirse en puntos de acceso para los atacantes cuando intercambian información o utilizan plataformas conectadas con las de sus clientes.
Esta preocupación encuentra respaldo en el informe Data Breach Investigations Report 2026, de Verizon, que identificó participación de terceros en el 48 % de las brechas de seguridad analizadas, frente al 30 % registrado en la edición anterior. Se trata de una medición internacional, no de una estadística específica de Colombia.
¿Es mejor la ciberseguridad que la policía?
La pregunta que dio nombre al panel permitió abordar las diferencias entre las amenazas que enfrentan los espacios físicos y aquellas que pueden originarse en el entorno digital.
Navarrete aclaró que la seguridad digital y la seguridad física no son sustitutas.
“No se trata de reemplazar a la policía física; ambos esquemas son complementarios”, afirmó.
La diferencia, explicó, está en el alcance de las amenazas. Mientras la vigilancia presencial protege espacios determinados, un ciberdelincuente puede intentar acceder simultáneamente a sistemas ubicados en diferentes países.
En ese escenario, la protección de los datos adquiere especial importancia. Navarrete destacó la necesidad de que las organizaciones controlen el acceso a su información y administren adecuadamente las claves utilizadas para cifrarla, incluso cuando utilizan servicios de almacenamiento en la nube.
También abordó los riesgos para los registros de identidad y las bases de datos estatales, cuya alteración podría comprometer trámites, derechos de los ciudadanos y servicios públicos.
¿Cómo pueden protegerse las empresas pequeñas?
Las pequeñas y medianas empresas también enfrentan amenazas digitales, aunque no siempre cuentan con presupuestos elevados para invertir en tecnología.
Navarrete señaló que existen soluciones de seguridad ofrecidas mediante suscripciones, lo que permite contratar determinados servicios sin adquirir toda la infraestructura tecnológica.
Sin embargo, insistió en que la protección no depende exclusivamente de las herramientas contratadas. La formación de los trabajadores y los hábitos de uso de la tecnología también forman parte de la prevención.
Entre los riesgos cotidianos mencionó los enlaces fraudulentos, las contraseñas débiles y la aceptación de permisos digitales sin revisar sus implicaciones.
La conversación dejó una pregunta para los empresarios: ¿están protegiendo únicamente sus instalaciones o también la información y los sistemas de los que depende su actividad?
La respuesta, según lo discutido en el Forbes Tech Summit 2026, exige considerar ambos frentes. La seguridad física sigue siendo necesaria, pero la continuidad de los negocios también depende de lo que ocurre detrás de las pantallas.
Redactado por Sebastián Tovar
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