La exclusividad, la falta de formación comercial y los prejuicios siguen marcando el mercado del arte en Colombia.

Históricamente, el acceso al arte en Colombia ha estado asociado a personas con cierto poder adquisitivo y a espacios exclusivos, como galerías y colecciones privadas. La llegada del internet, las redes sociales, la globalización y el fortalecimiento cultural mediante ferias y museos han contribuido a democratizar dicho acceso. Sin embargo, expertos señalan que todavía es necesario superar ciertos prejuicios para impulsar el desarrollo de este sector en el país.

Diego Garzón, codirector de la Feria del millón y gerente de No Ficción en Planeta, señala que, mientras los consumidores discuten abiertamente sobre industrias como el cine, la literatura o la música, con el arte ocurre algo distinto. “Si yo le pregunto ¿vio la nueva película? usted se puede sentir libre de opinar. Pero cuando uno habla de arte se crea una atmósfera de solemnidad. ‘No, yo no sé de eso'”.

Garzón explica que superar la percepción de que “el arte es cosa de expertos” es un paso fundamental para consolidar un mercado en el que la compra de una obra se entienda como una inversión accesible y personal, alejada de prejuicios.

En este contexto surgen iniciativas, museos, galerías y actividades que buscan democratizar el acceso al arte como la Feria del Millón. Este evento lleva más de 14 años conectando a artistas emergentes con nuevos coleccionistas, y ofreciendo obras de alta calidad a precios más accesibles para personas que, sin ser expertas, tienen interés en acercarse a este mundo.

De acuerdo con Garzón, estas iniciativas generan una relación de “gana y gana”: permiten que los artistas comercialicen su trabajo y vivan de su profesión, al tiempo que contribuyen a formar un público que, con los años, desarrolla criterio propio y conocimientos sobre el mercado. Para esta edición, la feria espera convocar hasta 10.000 asistentes y servir de vitrina para 140 artistas.

La descentralización

Garzón hace hincapié en que parte del valor diferencial del arte contemporáneo colombiano proviene de los territorios periféricos. “La diversidad de miradas de los creadores provenientes de los 32 departamentos le aportan al país una mezcla única”.

Departamentos como Vaupés, Amazonas, Guainía, Arauca y Putumayo, donde la infraestructura cultural y las galerías formales son limitadas, contribuyen al ecosistema con una producción inspirada en la observación del entorno, la fauna, la flora y la vida rural. Por su parte, las obras procedentes de ciudades como Bogotá, Medellín y Cali tienden a explorar temas relacionados con la memoria histórica y la crítica política.

La brecha entre crear y facturar

Según la décima edición del informe The Art Basel and UBS Art Market report, el mercado global del arte creció un 4% en 2025 y alcanzó los US 59.600 millones. Sin embargo, pese a dicha expansión, persisten desafíos en la formación profesional de los artistas.

Garzón advierte que los nuevos talentos enfrentan una desconexión entre su formación, la realidad comercial y el legado cultural del país. “Simplemente no los preparan para vivir del arte”.

La reconocida artista visual Gloria Herazo también abordó esta desconexión entre la academia y el mercado del arte durante una entrevista con Forbes Colombia. Herazo señaló que la formación artística no siempre proporciona las herramientas necesarias para comprender el funcionamiento del entorno profesional.

Desde sus respectivas experiencias, ambos coinciden en la necesidad de atender esta brecha mediante esfuerzos de los distintos actores del sector.

La tarea que deja la IA

Garzón también advierte sobre los riesgos que plantea la inteligencia artificial para la creación artística, particularmente la delegación de los procesos creativos y la homogeneización de las ideas. “La principal amenaza es esa, que el pensamiento cada vez se limite más o se vuelva más perezoso”, señala.

En este escenario, uno de los desafíos de la industria consiste en preservar la reflexión y el pensamiento humano frente a la automatización, de manera que las herramientas tecnológicas no sustituyan los procesos de análisis y creación que aportan valor a una obra de arte.

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