El estrés y el consumo de sustancias alteran severamente el eje cerebro-intestino. Ante la escasez de innovación farmacéutica, la neurogastroenterología se apoya en la inteligencia artificial para revolucionar el diagnóstico clínico.
Según estudios de la Fundación Roma, cuatro de cada diez adultos en el mundo padecen algún trastorno relacionado con la interacción entre el cerebro y el intestino. Para comprender esta relación, la medicina ha estudiado durante décadas la neurogastroenterología, una subespecialidad clínica que conecta la mente con el cuerpo mediante el estudio del sistema nervioso entérico.
La doctora Albis Hani, profesora titular de Medicina Interna de la Pontificia Universidad Javeriana y presidenta del Congreso Mundial de Neurogastroenterología, explica que este enfoque educativo parte de “la revelación de que el intestino actúa como un segundo cerebro debido a las millones de neuronas que contiene”. Esta red utiliza neurotransmisores, como la serotonina, para regular de manera autónoma funciones que van desde la digestión hasta las emociones.
Esta área ha ganado tanta importancia en la región que Bogotá fue seleccionada como sede del Sexto Congreso Mundial de la Federación de Neurogastroenterología y Motilidad. El encuentro reunirá a más de 600 especialistas de todo el mundo, quienes presentarán cerca de 150 resúmenes de investigación entre el 5 y el 7 de noviembre de 2026. Para Hani, el evento permite visibilizar “cómo Colombia y Suramérica también están a la vanguardia en el campo y así resarcir el histórico rezago de la región en el panorama médico internacional”.
El impacto del estrés y la salud mental
Las alteraciones psicológicas repercuten directamente en el funcionamiento del tracto digestivo. El doctor Max Schmulson, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro de la junta directiva de la Fundación Roma, estima que “un 60% de los pacientes con estos trastornos sufre de ansiedad y cerca de un 30% sufre de depresión”. Estas condiciones clínicas disminuyen el umbral de sensibilidad visceral; es decir, en situaciones de estrés, los pacientes “sienten dolor con menor volumen de distensión del tubo digestivo”.
Schmulson detalla que, en los pacientes con trastornos funcionales o síndromes irritables, “el cerebro está percibiendo de forma anormal cosas que vienen del intestino y entonces responde a su vez de otra forma anormal”, ya sea acelerando la motilidad gástrica o generando dolores crónicos sin que exista una lesión estructural o anatómica visible.
La calidad del sueño también es un factor determinante. Durante las noches de insomnio, la sensibilidad del individuo aumenta y “al día siguiente tiene más dolor o tiene más síntomas”.
El freno en la innovación farmacéutica
A pesar de que las enfermedades neurogastrointestinales encabezan los motivos de consulta, la industria farmacéutica atraviesa una parálisis en la creación de nuevos tratamientos. La barrera científica radica en que “son trastornos multifactoriales y cuando tú tienes un trastorno multifactorial es muy difícil dirigir un tratamiento”, explica Schmulson.
El proceso de investigación y desarrollo (I+D) exige inversiones multimillonarias en moléculas que, durante los ensayos clínicos, muestran un margen de eficacia bajo frente a la elevada respuesta al placebo. Esto termina traduciéndose en una pérdida financiera o wasted investment para los laboratorios.
Sustancias tóxicas
Ante la escasez de fármacos definitivos, la prevención mediante cambios de hábitos constituye un pilar médico. Hani advierte que factores como el consumo de alcohol, el tabaquismo, el exceso de sal y los alimentos ahumados están “directamente correlacionados” con patologías oncológicas graves.
La especialista subraya la toxicidad de los “fumigantes con nitritos”, un factor ambiental vinculado históricamente a la elevada prevalencia de cáncer gástrico en el altiplano cundiboyacense y Nariño.
Por otra parte, el abuso de sustancias psicoactivas desencadena cuadros clínicos agudos. Schmulson destaca la proliferación de la hiperemesis por cannabinoides, un “síndrome de vómito por utilizar cannabis” de forma recurrente.
Igualmente peligroso es el síndrome de intestino narcótico, derivado del abuso de opioides recetados para manejar el dolor crónico. En esta patología, el incremento de la dosis de narcóticos produce un “efecto paradójico y te aumenta el dolor”, además de inducir un estreñimiento crónico paralizante.
Inteligencia Artificial en el diagnóstico digestivo
La integración de algoritmos y aprendizaje automático (machine learning) está optimizando el diagnóstico y la comprensión de estos trastornos. Hani precisa que la inteligencia artificial (IA) ya asiste en la realización de endoscopias al “identificar lesiones que de pronto el ojo humano no puede detectar”. También acelera la interpretación técnica de estudios complejos, como la manometría esofágica y anorrectal de alta resolución.
En la investigación farmacológica, Schmulson resalta que el aprendizaje automático permite procesar múltiples variables moleculares para detectar “por qué estos pacientes mejoraban [y descubrir] que hay un receptor que es sensible a esto”. Se trata de un recurso tecnológico vital para reactivar la innovación terapéutica en el mercado de la salud.
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