Luup lleva los pagos abiertos del transporte público de Cali a Rionegro, con resultados que apuntan a mayor inclusión financiera y eficiencia operativa.
La digitalización de los pagos está llegando a uno de los servicios que más utilizan los colombianos cada día. El transporte público, que todavía depende en buena medida del efectivo y de sistemas de recaudo cerrados, comienza a incorporar alternativas como las tarjetas débito y crédito para facilitar el acceso de los pasajeros y mejorar la gestión de los operadores.
En Colombia, esta transformación representa una oportunidad para empresas tecnológicas como Luup, que lleva más de 17 años desarrollando soluciones para el recaudo y la operación del transporte público. Su apuesta por los pagos abiertos ya tiene resultados en el sistema MIO de Cali y comienza a extenderse a otros territorios, como Rionegro, Antioquia.
Pablo Villarreal, CEO de Luup, explicó que la incorporación de nuevos medios de pago responde a una necesidad de inclusión financiera y modernización de los sistemas de movilidad. “El dolor más grande es limitar a los usuarios y obligarlos a pagar de una forma, con una tarjeta, con TuLlave o en efectivo. Lo que tratamos de resolver es empezar a habilitar la mayor cantidad de formas de pago para que los usuarios puedan acceder de la forma que ellos quieran”.
La propuesta permite que los pasajeros utilicen tarjetas bancarias y otros mecanismos digitales, mientras se mantienen los medios de pago existentes. Esta integración busca reducir las barreras de acceso, evitar desplazamientos para recargar tarjetas y disminuir las fricciones que todavía afectan la experiencia de los usuarios.
Cali y Rionegro muestran el potencial de los pagos abiertos
La experiencia del MIO de Cali es uno de los principales referentes de esta estrategia. La implementación permitió incorporar pagos con tarjetas bancarias en los buses y estaciones del sistema, sin retirar el mecanismo de recaudo que utilizaban previamente los pasajeros.
“Lo que nosotros hemos buscado es dos cosas. La primera es que sea lo más económico posible de implementar, porque no solo es un tema de lo difícil o de que me cambie el sistema, sino que sea realmente implementable. De nada nos sirve una solución ‘impagable’ de implementar. Lo otro es empezar a hacerlo gradualmente y construir sobre lo construido. Si ya existe un medio de pago, no lo quitemos, integremos la nueva solución”, señaló Villareal.
Según los resultados compartidos durante la conversación, Cali pasó de registrar alrededor de 22.000 transacciones diarias con pagos abiertos a alcanzar cerca de 25.000. El comportamiento también se mantuvo después de una caída general de la demanda del transporte público asociada al terremoto mencionado durante el panel.
Mientras tanto, las transacciones con el medio de pago propio del sistema todavía no habían recuperado sus niveles anteriores. Para Luup, este comportamiento evidencia que los usuarios que incorporan el pago con tarjetas bancarias desarrollan un hábito que puede mantenerse incluso cuando cambia la demanda general de movilidad.
El efecto también se ha extendido a los comercios cercanos a las estaciones. De acuerdo con Villarreal, el uso de tarjetas débito y crédito en esos establecimientos se multiplicó por siete, un indicador que apunta a que la adopción de pagos digitales en el transporte puede impulsar otros comportamientos de consumo.
La experiencia comienza a replicarse en Rionegro. Allí, donde los usuarios dependían del efectivo para pagar el transporte colectivo, la compañía implementó su solución en 35 buses. En el primer mes de operación, el sistema alcanzó cerca de 1.000 transacciones diarias.
La adopción de tarjetas débito y crédito llegó al 20% de los usuarios, frente al 10% registrado en Cali bajo la comparación presentada por el directivo. El resultado muestra el potencial de incorporar alternativas de pago en operaciones que históricamente han tenido una oferta limitada de recaudo.
Datos y eficiencia, el retorno de modernizar el recaudo
La oportunidad para los operadores y las administraciones locales va más allá de facilitar las transacciones. La digitalización permite obtener información sobre los desplazamientos, los horarios de mayor demanda y las preferencias de los pasajeros.
Villarreal identificó dos variables que deberían orientar la evaluación de estas inversiones. La primera es cuántos pasajeros pierde un sistema por no ofrecer suficientes alternativas de pago. La segunda es qué tan eficiente puede ser su operación cuando cuenta con información para planear rutas y frecuencias.
“Las operaciones son un poco ciegas. Yo no sé cuántos son mis usuarios, cómo se mueven, cuáles son sus preferencias o cómo debo planear las frecuencias si no tengo datos estimados, sobre todo en las operaciones que no tienen sistemas tecnológicos. Al tener esa información van a poder gestionar y tener una ruta mucho más efectiva”, afirmó.
Una mayor disponibilidad de medios de pago puede ampliar la base de usuarios, mejorar la recurrencia y reducir las barreras que llevan a los pasajeros a elegir otras alternativas de transporte. Al mismo tiempo, los datos permiten ajustar la oferta a la demanda y evitar ineficiencias en la asignación de recursos.
La tecnología también debe responder a las particularidades del transporte público. En este segmento, los procesos de autorización de una transacción deben ser suficientemente rápidos para no generar congestión en los accesos. Por eso, los estándares de pagos abiertos desarrollados por Visa y Mastercard para transporte contemplan mecanismos que permiten validar el acceso y completar posteriormente el proceso de cobro.
Para Villarreal, una parte importante del trabajo consiste en acercar estas soluciones al transporte colectivo, un segmento que todavía tiene oportunidades de modernización. “En Colombia y en el mundo, los sistemas que no tienen información para prestar el servicio están perdiendo demanda. Los colectivos están perdiendo demanda día a día, y no porque el servicio sea malo, sino por falta de herramientas para mejorarlo. No es un problema de cambiar los buses o la flota, es un problema de poder prestar el mejor servicio posible y no dejar a nadie por fuera”, sostuvo.
La experiencia de Cali y el avance de Rionegro muestran dos escenarios de adopción con características distintas, pero con una misma oportunidad de negocio y política pública. Para Luup, el siguiente paso será acelerar la incorporación de herramientas tecnológicas en más sistemas de transporte y demostrar que el recaudo digital puede contribuir tanto a la inclusión financiera como a la sostenibilidad operativa de la movilidad urbana.
