El científico suizo distingue la exploración espacial de las promesas de trasladar poblaciones a otros planetas y advierte sobre los intereses comerciales en el espacio.

Michel Mayor, premio Nobel de Física de 2019, cuestionó las promesas de trasladar grandes poblaciones a Marte y advirtió que la humanidad debe cuidar la Tierra en lugar de asumir que podrá encontrar otro hogar.

“Es pura fantasía”, afirmó el astrofísico suizo al referirse a la posibilidad de que un millón de personas vivan en el planeta rojo dentro de un siglo. Sus declaraciones fueron recogidas por EFE durante un encuentro con varios medios en Granada, España.

Mayor participó en el Congreso Severo Ochoa del Instituto de Astrofísica de Andalucía. Su crítica apunta a las condiciones necesarias para vivir fuera de la Tierra y al papel que están adquiriendo los intereses comerciales en la exploración espacial.

El científico comparte con Didier Queloz el reconocimiento del Nobel por descubrir un planeta que orbita una estrella similar al Sol. Ambos anunciaron en 1995 el hallazgo de 51 Pegasi b, un descubrimiento que abrió nuevas posibilidades para estudiar sistemas planetarios fuera del nuestro.

Llegar a Marte y establecer una población son desafíos distintos

La NASA mantiene programas de preparación para la exploración humana de Marte. Su documentación permite distinguir el desarrollo de una misión tripulada de la capacidad de sostener una población permanente.

La agencia identifica cinco grandes riesgos para los astronautas: radiación, aislamiento y confinamiento, distancia de la Tierra, cambios de gravedad y ambientes cerrados u hostiles. Estos factores pueden combinarse y agravar sus efectos sobre la salud.

La distancia también complica la operación. Recibir suministros, instrucciones o atención médica se vuelve más difícil a medida que una tripulación se aleja. Además, los equipos deben poder trabajar durante periodos prolongados en espacios reducidos.

A esos problemas se suman necesidades básicas que en la Tierra suelen darse por resueltas: aire respirable, agua, comida y energía.

La NASA ha probado tecnologías como MOXIE, un experimento que demostró la producción de oxígeno a partir de la atmósfera marciana. También investiga sistemas para reciclar agua y aire, conservar alimentos durante misiones largas y producir electricidad en la superficie.

Esos avances forman parte de la preparación para futuras expediciones. Por sí solos no demuestran que ya exista la capacidad de mantener ciudades en Marte.

La expansión comercial también cambia el cielo

Mayor expresó preocupación por el peso de los intereses privados y por el efecto que grandes constelaciones de satélites pueden tener sobre la observación astronómica.

Esa inquietud tiene respaldo en investigaciones específicas. El Observatorio Europeo Austral (ESO) ha estudiado cómo los satélites iluminados por el Sol dejan trazos brillantes en las imágenes de los telescopios y pueden dificultar la detección de objetos débiles.

El astrónomo Olivier Hainaut, investigador del ESO, explicó que esas interferencias pueden ocultar lo que los científicos intentan observar. Un estudio del organismo también examinó cómo grandes constelaciones propuestas podrían aumentar el brillo del cielo nocturno.

Se trata de impactos diferentes de los desafíos de vivir en Marte, pero ambos forman parte de la discusión sobre la expansión del negocio espacial: qué puede hacerse, con qué tecnología y qué consecuencias tendrá para otras actividades.

Mayor sigue considerando la búsqueda de vida fuera de la Tierra uno de los grandes retos de la astronomía. Su escepticismo se concentra en presentar otros planetas como una alternativa habitable para la humanidad. Explorar un mundo, encontrar señales de vida y convertirlo en un lugar donde puedan vivir poblaciones enteras son objetivos con exigencias muy distintas.

Registrado por Sebastián Tovar con información de EFE.

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