Con dos firmas y un portafolio contractual cercano al millón de dólares, María José Jiménez busca ampliar el mercado de la arquitectura campestre en Colombia.

Antes de convertirse en un plano, una casa es una forma de imaginar la vida. Cómo se reúne una familia, qué lugar ocupa la intimidad, cómo se recibe a los amigos o qué relación se quiere tener con el paisaje son preguntas que pueden definir un proyecto tanto como el terreno o el presupuesto.

Para María José Jiménez Ordóñez, la arquitectura comienza precisamente ahí: en entender a las personas antes de diseñar los espacios que van a habitar. Pero convertir esa mirada en un negocio ha supuesto otro ejercicio: aprender a leer el mercado, tomar decisiones de inversión y construir una estructura empresarial capaz de ir más allá de los proyectos individuales.

Desde 2017, Jiménez ha desarrollado dos compañías independientes, ZETA Arquitectura y Urbanismo y MJO Arquitectura, con las que ha explorado dos segmentos distintos del mercado inmobiliario. Hoy, ambas reportan un portafolio contractual de construcción cercano al millón de dólares y suman 120.000 metros cuadrados diseñados y 8.000 construidos.

Su siguiente apuesta es más ambiciosa: integrar sus capacidades bajo un holding empresarial que reúna arquitectura, construcción, gerencia de proyectos y desarrollo inmobiliario, con la mirada puesta en nuevos mercados y una eventual expansión internacional.

Dos empresas para entender dos mercados

La primera compañía que creó fue ZETA Arquitectura y Urbanismo. Su enfoque está en proyectos inmobiliarios y vivienda campestre concebida como una alternativa de inversión. La firma trabaja principalmente con clientes interesados en desarrollar propiedades que puedan generar ingresos por rentas y valorización.

Para Jiménez, esta línea de negocio implica entender la arquitectura más allá de su dimensión estética. La distribución, los materiales y las decisiones técnicas también deben responder al propósito económico del proyecto. Bajo esa lógica, ZETA ofrece un modelo de construcción llave en mano con dos líneas de especificaciones, cuyos valores parten de $2,8 millones y $3,6 millones por metro cuadrado.

La segunda compañía, MJO Arquitectura, nació de una motivación distinta. Su propuesta se concentra en residencias de autor, donde el diseño parte de la personalidad y las necesidades de quienes van a habitarlas. No tiene una tarifa estandarizada: cada presupuesto depende de la complejidad arquitectónica, los materiales y el nivel de personalización.

“No diseñamos para seguir tendencias, sino para interpretar personas y crear patrimonio”, sostiene Jiménez.

La decisión de mantener ambas firmas independientes responde a la intención de atender mercados distintos sin perder la identidad de cada propuesta. Mientras ZETA busca consolidarse en la gerencia y estructuración de proyectos inmobiliarios, MJO apunta a desarrollar una propuesta de arquitectura residencial que pueda encontrar reconocimiento más allá de Colombia.

Una trayectoria que busca escalar

Desde 2017, ZETA ha desarrollado aproximadamente 118.000 metros cuadrados diseñados y 6.000 construidos. MJO, por su parte, registra cerca de 2.000 metros cuadrados ejecutados. En conjunto, las dos compañías reportan 120.000 metros cuadrados diseñados y 8.000 construidos, además de 25 proyectos diseñados, 17 construidos, 120 procesos de legalización y dos desarrollos urbanísticos.

Su portafolio contractual de construcción se acerca actualmente al millón de dólares, respaldado por proyectos como Achiras del Huila, Casa Toscana 06 y Casa 21.

Esas cifras constituyen la base de una nueva etapa. Jiménez proyecta alcanzar un crecimiento del 50 % durante los próximos diez años y avanzar hacia una estructura empresarial que integre arquitectura, gerencia de proyectos, construcción y desarrollo inmobiliario.

La idea es que las compañías mantengan su independencia comercial, pero puedan participar conjuntamente en desarrollos de mayor escala. Para ZETA, el objetivo es fortalecer su capacidad de estructurar y gerenciar inversiones inmobiliarias; para MJO, ampliar su alcance en el diseño y la ejecución de residencias de alto valor arquitectónico.

“La buena arquitectura no debería ser un privilegio exclusivo de quienes pueden pagarla”, afirma.

La meta de los próximos diez años será convertir esa visión en una estructura empresarial capaz de crecer sin perder de vista el propósito que dio origen a su trabajo: entender la arquitectura no solo como la construcción de espacios, sino como una actividad que puede generar valor económico y transformar la manera en que las personas habitan.

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