Pocas fundaciones culturales en Bogotá han logrado mantener durante casi 40 años una operación que combine formación, circulación internacional y trabajo territorial. Tchyminigagua lo hizo desde Bosa, donde convirtió el teatro en escuela, en punto de encuentro y en labor social.
Antes de los reconocimientos internacionales y que el nombre de Tchyminigagua apareciera en festivales fuera de Colombia, lo que había era un grupo de jóvenes en Bosa Cundinamarca tratando de encontrar un lugar para su arte en una ciudad y en un tiempo que no resultaba amable para ellos. La historia, que entra en conversación con el cierre del FIAV (Festival Internacional de Artes Vivas de Bogotá) y con un nuevo reconocimiento internacional para la fundación, empezó con una idea de estudiantes en noveno grado del Colegio Claretiano.
“Nos propusimos desde el barrio sacar la cultura y llevarla por todo Bogotá”, declaró Venus Albeiro Silva, uno de sus fundadores.
El reconocimiento más reciente llegó en 2026, cuando la fundación recibió en España el XV Premio Fiestas y Cultura “Ciutat de Castelló”, otorgado por la asociación Moros d’Alqueria. El galardón reconoció sus cuatro décadas de trabajo en teatro y cultura para la transformación social en Colombia, así como su labor en la proyección de identidades culturales a escala internacional.
Tchyminigagua nació en 1985, cuando Venus Albeiro Silva y otros jóvenes, todavía estudiantes, encontraron en el teatro una manera de ocupar el tiempo y de marcar un rumbo: llevar el teatro a lugares donde había poca presencia cultural y trabajar desde allí con la comunidad. Según Silva, eran años marcados por la persecución a los jóvenes, por la pobreza en amplios sectores de Bogotá y por un contexto social que dejaba poco margen para la cultura en los barrios.
En esos primeros años, la fundación se acercó a barrios populares, zonas de invasión y espacios comunitarios donde la actividad artística no era frecuente. Sus integrantes se presentaban en medio de protestas, en las calles, reuniones culturales y en sectores donde el teatro aparecía como forma de convocar, acompañar y comunicar.
Fue en esa etapa cuando el grupo entendió que su lugar estaba ahí: con la cultura popular, con comunidades marcadas por la exclusión, la violencia, la pobreza y la drogadicción. Priorizando la labor social y dejando solo como una consecuencia posible los grandes teatros y el reconocimiento. “Ganamos los que decimos que no, los que decidimos quedarnos en los sectores populares haciendo un teatro con la gente: un trabajo de transformación social”, afirmó.
Desde allí, la fundación consolidó una base permanente para sus funciones, talleres y trabajo de formación en su propio teatro. Hoy, reúne cerca de 300 integrantes entre niños, jóvenes, adultos y adultos mayores en procesos de formación en teatro, música, acrobacia, zancos y danza.

“Una parte de la historia de Tchyminigagua no está solo en sus montajes, sino en quienes encontraron allí una forma de quedarse“, cuenta César Grande, director Artístico de Tchyminigagua.
Silva resume el propósito de Tchyminigagua en “recuperar uno a uno” a quienes todavía pueden encontrar en el arte una posibilidad de cambio y acompañarlos constantemente dentro de los espacios disponibles de la fundación. Para el director artístico, seguramente no todos los que entran seguirán una carrera artística después de pasar por la fundación, pero les dejará otra sensibilidad frente al arte, a la vida colectiva, y sobre todo, una forma de mantenerse lejos de “esos entornos”.
El grupo fue construyendo un repertorio propio entre las que destaca su obra más representativa: Sueños encantados, creada en 1990, con más de 35 años de circulación y superando las 5.000 funciones. Fue esta la que abrió la ruta para conectar posteriormente con España, Marruecos y otros escenarios internacionales.
Desde entonces, Tchyminigagua comenzó a construir vínculos con gestores, asociaciones y festivales que más adelante se tradujeron en nuevas temporadas, intercambios y reconocimientos. Actualmente, suma 16 giras internacionales. Además, una parte de su sostenimiento económico está ligada a esas funciones fuera del país, permitiendo consolidar una estructura de trabajo que ya supera la decena de personas y que ha logrado mantenerse activa con una base artística y organizativa más estable.
“Cada año nos ponemos un reto: intentamos que la cultura sirva para esa transformación social y de paz, y así nos reconocen“, sostiene Katherine Silva, actriz de Tchyminigagua.
A lo largo de su trayectoria, Tchyminigagua ha recibido reconocimientos en Colombia y en el exterior. Entre ellos aparecen el premio “Por una Bogotá Mejor” en 1988; la Orden de la Democracia Simón Bolívar en grado Cruz Comendador en 2003; la declaratoria de Interés Cultural y Patrimonio Local para el Festival Invasión Cultural a Bosa en 2004; una Medalla al Mérito Cultural en 2005; las llaves de la ciudad de Charleville-Mézières en 2006; además de la Medalla EMAR al trabajo artístico y cultural; el Pergamino del FIT de Cádiz por Sueños Encantados y la placa por sus 30 años de trayectoria.
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