Del 2 al 7 de enero en Pasto se duerme poco y se pierde el miedo a ensuciarse. Es normal ver en las calles a las personas vestidas con gafas, pañoletas, gorras, ponchos coloridos de tela antifluidos, y una ‘carioca’ en la mano para tirarle espuma a cualquiera que camine cerca. El juego, como lo […]

Del 2 al 7 de enero en Pasto se duerme poco y se pierde el miedo a ensuciarse.

Es normal ver en las calles a las personas vestidas con gafas, pañoletas, gorras, ponchos coloridos de tela antifluidos, y una ‘carioca’ en la mano para tirarle espuma a cualquiera que camine cerca. El juego, como lo definen los locales, es el idioma que se habla durante el Carnaval de Negros y Blancos. Pero aunque todos los días son de fiesta y disfrute, uno en particular se lleva el protagonismo: el 6 de enero, cuando la ciudad vive el desfile magno en el que más de una decena de carrozas recorren la ciudad buscando el premio a la más bella.

Ese día inicia temprano. No importa madrugar para alcanzar un puesto privilegiado en la senda del carnaval, por las que transitan las carrozas. Desde las 8 de la mañana, vistiendo sus atuendos para el juego, las personas salen a esperar a los artesanos que van a mostrar el trabajo al que le dedicaron más de cuatro meses. Este año un total de 13 recorrieron la ciudad.

El día es especial porque la tradición y la fiesta confluyen de la mejor manera. Aunque estén jugando con espuma, los asistentes respetan el paso de las carrozas y se mantienen al margen para ver los detalles de cada carroza. Los artesanos y sus obras son literalmente los protagonistas. Cuando la jornada termina, casi a las 6 de la tarde, solo queda algo por hacer: esperar la decisión de los jueces para conocer a la ganadora.

Este año la que se llevó el premio fue ‘Indomable mujer guerrera’, una obra del maestro Óscar Fernando Ruano Luna, que obtuvo una calificación de 97.50 puntos sobre 100, y destacó, según el jurado, por su fuerza simbólica, estética y mensaje cultural.

Lorena Burbano, directora de comunicaciones de Corpocarnaval, además de hacer parte del detrás de escena de este evento, es hija de una familia de tradición artesana que ha hecho parte de los desfiles del 6 de enero por muchos años y destaca que las carrozas se han convertido en parte importante de la cultura pastusa. “Apenas se termina el carnaval, no pasa más de un mes cuando los artesanos ya están de nuevo haciendo lluvias de ideas, maqueteando y empezando a reunir todo lo necesario para la nueva carroza”, detalla.

“La misma tradición ha evolucionado con los años, pasamos de técnicas muy artesanales a desarrollos tecnológicos como los que vimos este año, sin dejar de lado los colores, los conceptos que honran siempre nuestra cultura y la creatividad que le imprime a su trabajo cada artesano”, agregó.

El ganador de la carroza más bella recibe un premio que supera los 40 millones de pesos. El carnaval premia tradicionalmente a las 15 mejores, en caso de que el número de inscritas supere esa cifra.

Al final, el 6 de enero se ha mantenido como un día que honra la tradición y del que los pastusos se sienten orgullosos. El 7 de enero, como si nada hubiera ocurrido el día anterior, las calles amanecen limpias y las ‘cariocas’ se guardan. Nadie lanza espuma, el juego se quedó en la última noche de fiesta y los pastusos dan ejemplo de lo que significa celebrar sin dejar de lado a su ciudad. Una experiencia que, sin duda, solo entiende quien logra vivirla.

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