En el corazón de Nihombashi, donde nació la gran urbe japonesa, el Mandarin Oriental propone una inmersión sensorial entre arte, tradición y una cocina galardonada.

No todos los viajes se quedan grabados en la memoria por su opulencia; algunos lo hacen por el alma de un lugar, por la manera en que conectan el presente con la historia o por los sabores que condensan la identidad de un país entero en un solo bocado.

Así es la experiencia en el Mandarin Oriental Tokio, un refugio elevado en el eje vital de Nihombashi (el barrio donde nació esta gran metrópolis nipona) que ofrece más que una estancia de lujo: una inmersión en la historia viva del País del Sol Naciente, en la esencia de su cultura y en una de las propuestas gastronómicas más refinadas de Japón.

Desde su apertura en 2005, este hotel se ha consolidado como un referente de sofisticación, alojado en la moderna Nihombashi Mitsui Tower, justo al lado del icónico edificio Mitsui, una joya arquitectónica del Japón moderno.

Tokio
Foto: Mandarin Oriental

Hospedarse aquí es descubrir la ciudad desde las alturas. Las vistas panorámicas de la bahía de Tokio, la Tokyo Skytree y, si la suerte acompaña, el monte Fuji en el horizonte, son apenas el inicio.

Las 157 habitaciones y 22 suites han sido concebidas con una estética contemporánea que rinde homenaje a la armonía japonesa entre la madera y el agua. La célebre diseñadora textil Reiko Sudo imprimió su sensibilidad en cada rincón, logrando un equilibrio entre sobriedad y calidez.

Pero si algo convierte al Mandarin Oriental Tokyo en un destino imperdible es su propuesta gastronómica. En el nivel más alto del hotel se encuentra Sushi Shin by Miyakawa, una extensión del restaurante con tres estrellas Michelin en Hokkaido. El chef Masaaki Miyakawa despliega su arte sobre una barra de ciprés de 350 años, mientras prepara sushi Edomae con ingredientes seleccionados cada mañana en el mercado de Toyosu.

Mandarin Oriental
Foto: Mandarin Oriental

El Mandarin Bar, diseñado por Ryu Kosaka, ofrece cocteles inspirados en la historia de Nihombashi y una atmósfera envolvente con jazz en vivo que marca el ritmo de las noches tokioítas.

Y, para los verdaderos amantes del vino, The Cellar es un secreto bien guardado: una cava oculta a la que se accede por una escalera en espiral, con etiquetas seleccionadas por el mejor sommelier de Japón, Akihiko Nosaka. En el Mandarin Oriental, Tokyo, la hospitalidad se vive con los cinco sentidos. Un santuario de lujo suspendido entre los rascacielos de una ciudad vibrante que nunca olvida su pasado. Ideal para quienes buscan lo mejor de la capital nipona sin renunciar al arte del buen vivir.

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