La ejecutiva deja la compañía tras liderarla durante la pandemia, una huelga laboral y un período de creciente presión sobre el carbón. Ahora reflexiona sobre el liderazgo, los desafíos de la transición energética y el futuro de la minería colombiana.

“Cuando ingresé como practicante, nunca imaginé que algún día sería presidenta de la compañía”. La frase resume buena parte de la historia de Claudia Bejarano, quien dejará la presidencia de Cerrejón el próximo 30 de junio después de 42 años de carrera en la empresa y casi siete al frente de una de las operaciones mineras más importantes de América Latina.

Bejarano ingresó a la compañía en 1984 y desarrolló una trayectoria en distintas áreas financieras y administrativas hasta convertirse en la primera mujer en liderar Cerrejón. “Mi historia demuestra que el talento, la disciplina y la perseverancia abren caminos”, afirma. También envía un mensaje a las nuevas generaciones de profesionales, especialmente a las mujeres: “Que confíen en sus capacidades, que se atrevan a asumir desafíos y que no permitan que los estereotipos definan hasta dónde pueden llegar”. Y reivindica el papel de la industria minera: “Somos una industria necesaria y debemos sentir orgullo de cómo hacemos nuestra minería”.

Su salida coincide con un momento de profundas transformaciones para una industria que enfrenta el desafío de adaptarse a la transición energética sin perder competitividad.

“Durante mi presidencia enfrentamos la pandemia, una huelga prolongada, la creciente presión sobre el sector carbonífero y un entorno de mercado altamente volátil”, afirma Bejarano, quien ha sido destacada por Forbes Colombia como una de las 100 Mujeres Poderosas. El principal reto, explica, fue mantener la operación segura, proteger a los trabajadores, cumplir los compromisos ambientales y sociales y garantizar la sostenibilidad de la compañía en medio de circunstancias extraordinarias.

Esa experiencia le dejó una convicción sobre el liderazgo empresarial. “En tiempos de incertidumbre, las personas necesitan claridad, cercanía y coherencia”, señala. A su juicio, la capacidad de adaptación y la confianza construida durante años fueron determinantes para que la organización pudiera superar las crisis sin perder de vista sus objetivos de largo plazo.

Durante su gestión, Cerrejón fortaleció programas sociales y ambientales que la compañía considera parte de su legado. Entre ellos se encuentran iniciativas desarrolladas junto con comunidades de La Guajira, programas de voluntariado, la rehabilitación de más de 5.300 hectáreas y la siembra de más de cuatro millones de árboles.

Para Bejarano, uno de los aprendizajes más importantes es que la sostenibilidad de una operación minera depende cada vez más de la confianza de las comunidades. “La licencia social no se obtiene una vez; se construye y se renueva todos los días. Se basa en la confianza, la transparencia y la capacidad de escuchar”, afirma. En su opinión, el éxito de una empresa minera está estrechamente ligado al bienestar de las comunidades y a la protección del entorno.

La ejecutiva también defiende el papel que seguirá desempeñando el carbón durante los próximos años. Aunque reconoce que el mundo avanza hacia una matriz energética más limpia, sostiene que la seguridad energética seguirá requiriendo fuentes confiables de generación. 

“El mundo sigue requiriendo fuentes de energía confiables para garantizar el acceso y la seguridad energética”, afirma, al destacar la calidad del carbón colombiano y los estándares bajo los cuales se produce.

De cara al futuro, considera que uno de los mayores desafíos para la minería colombiana será mantener las condiciones necesarias para atraer inversión de largo plazo. “La minería es una actividad que requiere reglas claras, seguridad jurídica y una visión de país que reconozca su aporte al desarrollo económico y social”, señala. Advierte además que la estabilidad regulatoria y la previsibilidad de las políticas públicas seguirán siendo factores determinantes para las decisiones de inversión en el sector.

Mientras prepara su salida de Cerrejón, Bejarano deja una compañía que seguirá operando en medio de un complejo equilibrio entre las necesidades energéticas del mundo, las exigencias ambientales y la demanda de mayores beneficios para las comunidades. Un escenario que, a su juicio, exigirá combinar sostenibilidad, competitividad y confianza para mantener a Colombia como un actor relevante en la minería global.

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