En el primer Foro Forbes en Antioquia, tres emprendedores compartieron cómo están innovando en construcción, salud y consumo masivo con soluciones disruptivas que compiten globalmente.

Medellín, reconocida por sus grandes empresas, hoy se consolida como semillero de una nueva generación de emprendedores que están revolucionando sus industrias con ideas disruptivas. En el panel de empresas emergentes del Foro Forbes, Camilo Botero, cofundador y CEO de Glasst, Catalina Isaza, cofundadora y CEO de Imentec y Nicolás Mayorca, fundador y CEO de The Brant, demostraron que desde la capital paisa se pueden crear soluciones de talla mundial.

Juan Camilo Botero fundó Glasst en 2018 después de quebrar. “Me tocó darle la vuelta a mi vida de una manera un poquito creativa. Yo no soy ingeniero, soy financiero, soy marquetero y tengo una compañía de ingeniería y de química”, explicó.

Su apuesta era clara: desarrollar materiales avanzados para la construcción con huella de carbono negativa. Así, el producto estrella de Glass termino siendo la primera pintura arquitectónica removible del mundo. “Ninguna compañía en el mundo de pinturas tiene esta tecnología”, afirmó Botero. La pintura es biodegradable, compostable, y cada kilogramo vendido descarboniza menos 11 kilos de CO2. Pero lo más disruptivo está en el modelo de negocio: “Cobramos por la usabilidad, mientras que las pintureras cobran por color”.

De operar en un garaje, Glasst pasó a tener presencia en ocho países y hoy compite con grandes multinacionales. “Para mí, fundar Glass es la prueba de que uno puede salir de circunstancias muy adversas y llegar a un punto que nunca imaginó”, reflexionó. Su sueño es convertir a Glass en el próximo 3M y demostrar que ser colombiano puede significar lo mismo que ser americano o europeo en términos de capacidad de innovación global.

Por su parte, Catalina Isaza llegó al emprendimiento desde el mundo científico. Como investigadora trabajando con las universidades EAFIT y CES, desarrollaba tecnologías de cirugías e implantes personalizados. En 2020, lo que era un spin-off universitario se convirtió en Inmentec.

“Desarrollamos planeación quirúrgica digital, que es planear una cirugía con las imágenes de un paciente antes de llegar al plano quirúrgico”, explicó Isaza. La compañía crea implantes de hueso personalizados y reemplazos a la medida completa del paciente, devolviendo no solo funcionalidad sino también estética. El impacto es significativo: reducen entre 30% y 50% el tiempo quirúrgico.

Pero uno de sus mayores retos ha sido convencer al sector salud, un mercado regulado y tradicional. “Tener que convencer a los especialistas de que venían utilizando tecnologías importadas de Alemania y Estados Unidos, que las tecnologías que estamos produciendo acá son de alta calidad de punta y compiten a la par, fue uno de los grandes retos”, admitió.

Inmentec desarrolló un material que se integra con el hueso y no requiere reemplazos a medida que un niño crece. Su visión: “Nos soñamos tener esta materia prima por todo el mundo para que otras empresas puedan producir implantes con él y beneficiar a muchos más pacientes. Poder inspirar a otras personas acá en Colombia, en Medellín, de que nosotros desde acá podemos crear ciencia que llegue al mercado a cambiar vidas de talla mundial”.

Ahora bien, Nicolás Mayorca no es paisa, pero vive en Medellín y desde allí construyó The Brant, una compañía que se asocia con talentos para crear marcas de consumo masivo donde estos tienen equity real y no, solo un pago por ser imagen.

“Vemos que todos esos talentos (celebridades, influencers, actores, deportistas) vienen siendo imagen de muchísimas marcas pero tienen cero equity, están generándole mucho valor a marcas pero no tienen absolutamente nada diferente a un pago”, explicó Mayorga, quien viene del mundo de la música y trabajó tres años en Rappi.

El momento revelador llegó cuando vio a Messi, imagen global de Pepsi, siendo fotografiado en Formentera tomando Coca-Cola. “La gente cada vez puede ser menos tonta y acceder a la información. Ya buscan cuánto le pagaron a tal persona por ser imagen de una marca. Si no tienen ownership en el negocio, es difícil que sean leales”, reflexionó.

Entonces, The Brant decidió innovar desde su modelo de negocio: no hace inversiones CAPEX, no fabrica productos. “Nos asociamos con el talento, creamos marcas juntos y buscamos un maquilador. Lo que hacemos es ideación, creación, administración y ejecución de la marca en la que somos socios del talento”, explicó.

La ventaja competitiva es brutal: mientras una marca de CPG puede tomar meses en darse a conocer con millonarias inversiones en marketing, The Brand logra awareness en 30 días porque el talento tiene la audiencia. Entre sus inversionistas están Simón Borrero, el manager de Sofía Vergara, Ángela Zuluaga de Coca-Cola y el ex-CMO global de L’Oreal.

Innovación disruptiva vs incremental: el factor diferenciador

Los tres emprendedores coincidieron en que la innovación es su ventaja competitiva fundamental. Botero lo planteó claramente: “Hay dos tipos de innovación: incremental y disruptiva. La incremental es mejorar un producto existente. La disruptiva es reemplazar el imaginario del cliente con algo que cumple la misma función pero aplica toda la tecnología disponible”.

Para Glass, que compite sin el respaldo de grandes multinacionales, “el valor de la innovación es el pilar fundamental. Es lo que nos da combustible para competir en un mundo tan competido y competir sin plata”.

Isaza añadió: “Ponemos la innovación y la tecnología al servicio de la medicina personalizada. Estamos en constante investigación de cómo mejorar procesos, productos y servicios para ofrecer alta calidad y diferenciarnos de otras compañías”.

Mayorga enfatizó la innovación en el modelo: “No somos una compañía que se fondea con millones de dólares para tener hypergrowth. Innovamos desde el modelo de negocio hasta la ejecución. En vez de tener presupuestos enormes de marketing, ponemos al talento a comunicar su propia marca”.

Algo es seguro, el camino del emprendedor es una carrera de obstáculos constante. La diferencia está en la capacidad de levantarse después de cada tropiezo. Porque claro, innovar sin grandes fondos es difícil, pero el tener resiliencia, por más cliché que suene, es el resultado de aprender de la cantidad de errores cometidos.

Los tres emprendedores comparten una visión que trasciende fronteras. En Colombia se critica duramente el éxito local, se celebra ser exitoso en Bogotá o Medellín, pero falta atreverse a pensar en grande. Las nuevas generaciones deben creer que ser colombiano puede significar lo mismo que ser americano o europeo en términos de capacidad creativa y de ejecución global.

El panel de empresas emergentes en el Foro Forbes dejó un mensaje claro: Medellín no solo es distrito de ciencia, innovación y tecnología por decreto, sino por las historias reales de emprendedores que desde garajes, universidades y oficinas están construyendo soluciones que compiten globalmente. La nueva generación empresarial paisa no solo honra la tradición, la reinventa.

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