La inteligencia artificial tiene un gran potencial para impulsar la economía de América Latina, con una posible contribución de hasta 1.7 bdd al año y un aumento significativo en la productividad.

La inteligencia artificial (IA) representa una oportunidad estratégica para transformar el modelo de crecimiento de América Latina, históricamente basado en la expansión de la fuerza laboral más que en aumentos de productividad. En este contexto, la región ha mostrado un desempeño rezagado: la productividad laboral creció apenas un 0.4% anual entre 2000 y 2024, e incluso registró una contracción promedio de -0.3% entre 2015 y 2024, muy por debajo del promedio global. Este modelo enfrenta, además, límites estructurales derivados del envejecimiento poblacional, ya que se proyecta que para 2053 más del 25% de la población tendrá 60 años o más. Estos datos son compartidos por el Foro Económico Mundial y McKinsey en su informe “Latin America in the Intelligent Age: A New Path for Growth” (2026).

En este escenario, la IA podría convertirse en un motor clave de crecimiento, con un impacto estimado de entre 1.1 y 1.7 billones de dólares anuales en la economía regional, de acuerdo al mencionado estudio, equivalente a aproximadamente el 6% del potencial global de esta tecnología. Asimismo, se proyecta que podría incrementar la productividad entre 1.9% y 2.3% anual hacia 2030, lo cual sería fundamental para compensar la desaceleración del crecimiento de la fuerza laboral. Sin embargo, pese a este potencial, el impacto real sigue siendo limitado: solo el 23% de las organizaciones en América Latina reporta generar algún valor económico a partir de la IA y apenas el 6% obtiene beneficios significativos.

Desde la perspectiva de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la IA es considerada una tecnología de propósito general, comparable a la electricidad o internet, con capacidad de transformar múltiples sectores y reactivar el crecimiento económico a largo plazo. Sus estimaciones indican que podría aumentar la productividad laboral entre 0.5 y 3.5 puntos porcentuales anuales en la próxima década, lo que se traduce directamente en crecimiento del Producto Interno Bruto. No obstante, su impacto en el PIB no es inmediato ni uniforme. En economías avanzadas como Estados Unidos, la IA ya contribuye parcialmente al crecimiento económico; por ejemplo, se estima que ha añadido alrededor de 0.4 puntos porcentuales al crecimiento anual en años recientes. En la misma línea, PwC señala que la adopción de IA podría incrementar el PIB mundial hasta en un 15% hacia 2035.

Así es cómo América Latina podría quedar rezagada de la “era inteligente”

En América Latina, de acuerdo con la OCDE, al menos siete países, incluidos México, Brasil, Argentina, Chile y Colombia, han desarrollado o están desarrollando estrategias nacionales de inteligencia artificial, lo que refleja que esta tecnología se ha convertido en una prioridad en la agenda gubernamental. Dichas estrategias buscan impulsar la innovación, mejorar los servicios públicos y fortalecer la competitividad económica. No obstante, uno de los principales problemas es que la adopción de la IA aún no se traduce en transformaciones estructurales. En muchos casos, su uso se limita a herramientas de productividad individual, como la automatización de tareas o la asistencia en software, sin integrarse en los procesos centrales del negocio. Esto explica que la mayoría de las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, que representan el 99.5% del total en la región, no estén capturando valor significativo, y a ello se suma una brecha importante en capacidades: el talento especializado en IA es escaso, existe dificultad para retenerlo frente a la competencia global y los sistemas educativos aún no están alineados con las demandas del mercado laboral digital.

En términos de infraestructura, aunque ha habido avances en conectividad y capacidad de cómputo, persisten desigualdades significativas, especialmente entre zonas urbanas y rurales. Según el citado reporte del Foro Económico Mundial y McKinsey, entre el 15% y el 17% de los hogares en la región aún no cuentan con acceso a banda ancha fija, y la brecha puede superar los 30 puntos porcentuales entre áreas urbanas y rurales. Además, el desarrollo de la IA implica crecientes demandas de energía y agua, lo que plantea desafíos adicionales en términos de sostenibilidad y equidad.

Otro obstáculo relevante es la baja inversión en IA: América Latina recibe apenas el 1.6% de la inversión global en este campo, a pesar de representar cerca del 6.3% del PIB mundial. A esto se suma un entorno regulatorio fragmentado y poco claro: el 58% de las empresas percibe la regulación como incierta, y casi la mitad identifica la protección de datos como el principal obstáculo para adoptar IA. 

A pesar de estos desafíos, la región puede aprovechar la IA en sectores donde ya tiene ventajas competitivas globales, como la agricultura, la minería, la energía y el turismo. En estos ámbitos ya existen casos de uso exitosos, como el empleo de drones con visión computacional en la agricultura o la aplicación de IA en minería para mejorar la seguridad y la eficiencia. Además, el ecosistema emprendedor muestra dinamismo: el número de empresas de IA creció un 550% entre 2018 y 2024.

Desde el punto de vista del mercado laboral, investigaciones del Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo indican que entre el 26% y el 38% de los empleos en América Latina están expuestos a la IA, mientras que entre el 2% y el 5% podrían automatizarse completamente. En este contexto, la región aún está a tiempo de aprovechar la revolución de la IA; sin embargo, ello requiere acción coordinada, inversión sostenida y una visión estratégica de largo plazo. De lo contrario, corre el riesgo de profundizar su rezago económico en la llamada “era inteligente”.

Este artículo fue publicado originalmente en Forbes México

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