Varios multimillonarios, entre ellos Jeff Bezos, Jensen Huang y Peter Cancro, comenzaron en restaurantes de comida rápida. Allí aprendieron disciplina, sistemas y atención al cliente, valores que luego trasladaron a empresas globales valoradas en miles de millones.
Jeff Bezos, Jensen Huang o Peter Cancro tienen en común algo más que sus fortunas multimillonarias: todos iniciaron sus trayectorias profesionales detrás de los mostradores y cocinas de restaurantes de comida rápida. Su paso por McDonald’s, Wendy’s o Denny’s no solo les dio un salario mínimo, sino también aprendizajes que marcaron su visión empresarial y los acompañaron en la construcción de gigantes corporativos.
En el verano de 1980, un joven Bezos se empleó en un McDonald’s de Miami, donde se dedicaba a batir huevos, limpiar baños y atender emergencias como el derrame de un galón de kétchup. Aunque era “el último en la jerarquía”, asegura que la experiencia cimentó su obsesión por los sistemas y la importancia de mantener operaciones eficientes, un principio que luego aplicaría en Amazon. Como recuerda uno de sus colaboradores en AWS, la lógica de descomponer la demanda en unidades —hamburguesas en McDonald’s, gigavatios en la nube— sigue siendo la misma.

“Ningún trabajo te infravalora”, dice Bezos, de 61 años, y añade que hay que “adquirir el hábito desde pequeño y no esperar a tener un trabajo ‘importante’ para trabajar duro”.
El fundador de Nvidia, Jensen Huang, también se curtió en la hostelería. Mucho antes de convertirse en la décima persona más rica del mundo, emigró de Taiwán y a los 15 años lavaba platos en un Denny’s de Oregón y terminó como mesero, donde aprendió a superar su timidez y a relacionarse con clientes. No es casual que su compañía naciera años después en una cafetería de Silicon Valley, lugar de encuentro para intercambiar ideas.

Otros, como Russ Weiner, creador de Rockstar Energy, pasaron por Wendy’s, mientras que Mark Stevens, futuro inversionista en Nvidia y LinkedIn, se ganaba $2,50 la hora en Jack in the Box. Todos recuerdan cómo tareas aparentemente rutinarias —manejo de inventarios, organización de tiempos, atención al cliente— se transformaron en habilidades útiles para negocios de miles de millones.

Algunos hicieron de la comida rápida su destino final. Peter Cancro compró, a los 17 años y con un crédito de $125.000, el local de Jersey Mike’s donde trabajaba. Hoy la cadena cuenta con más de 3.000 restaurantes y fue valorada en $8.000 millones tras la entrada de Blackstone. Algo similar ocurrió con Andrew y Peggy Cherng, fundadores de Panda Express. Ella aportó su formación en ingeniería para estandarizar procesos y él, la capacidad de adaptación aprendida de noches sin clientes. Cuatro décadas después, sus 2.300 locales facturan $6.000 millones anuales.
El denominador común de estas historias es que detrás del uniforme y los turnos interminables, los futuros magnates hallaron disciplina, resiliencia y una comprensión profunda de lo que significa atender a un cliente. No todos recuerdan la experiencia con afecto. Shahid Khan, propietario de los Jacksonville Jaguars, sufrió abusos verbales como repartidor de pizzas y asegura que esa etapa solo le enseñó cómo no tratar a la gente.
Sin embargo, para la mayoría la lección fue positiva. “Trabajar en comida rápida te mantiene alerta, exige resistencia y te enseña a valorar el esfuerzo de los empleados por hora”, resume el inversionista Stevens. Un recordatorio de que, antes de amasar fortunas, varios de los grandes nombres de la tecnología y los negocios se formaron entre freidoras, parrillas y mostradores iluminados por fluorescentes.
