La política en Colombia ha dejado de persuadir para confrontar. En una Charla Forbes, Edgar Julio Erazo Córdoba, CEO y propietario del Grupo Damasa, analiza cómo el voto emocional, la polarización y la ausencia de propuestas estructurales están afectando la convivencia democrática y la confianza económica del país.
En Colombia el debate político parece haberse desplazado del terreno de las ideas al de la confrontación. Esa es una de las principales alertas que dejó la más reciente Charla Forbes, en la que Edgar Julio Erazo Córdoba, CEO y propietario del Grupo Damasa, ofreció una lectura del país desde la mirada empresarial, pero con implicaciones profundas para la democracia, la economía y la convivencia social.
Para Erazo, este fenómeno no es reciente ni responde a un momento puntual. “Esto no tiene una fecha específica. Colombia históricamente ha venido arrastrando una brecha económica de las más marcadas del mundo”, afirmó. A su juicio, el aumento de la pobreza extrema y multidimensional ha creado un terreno fértil para que el debate público se base en emociones, agravios y choques personales, en lugar de propuestas que atiendan necesidades estructurales.
“En ese contexto, el adversario político deja de ser un contradictor legítimo y se convierte en una amenaza que debe ser neutralizada. El debate se centra en promover emociones y no en prestarle atención suficiente a los temas coyunturales de los sectores marginados de la sociedad”, señaló el empresario.
Las consecuencias no se limitan al ámbito político. Desde su experiencia liderando una organización productiva en un sector altamente regulado y expuesto como la minería, Erazo explicó que la polarización también impacta la confianza económica y la toma de decisiones de largo plazo. “La incertidumbre genera desconfianza y ralentiza los procesos estratégicos dentro de una empresa”, afirmó, al referirse tanto a la inversión local como a la extranjera.
Un ejemplo claro, dijo, nombró la política fiscal. “Hoy no se encuentra un panorama claro en las propuestas. La deuda se seguirá acumulando y eso, para las empresas, termina traduciéndose en impuestos”. En años electorales, esta falta de claridad se amplifica y afecta decisiones clave sobre inversión y crecimiento.
Uno de los puntos centrales de la conversación fue el amplio segmento de ciudadanos indecisos. Según Erazo, entre el 25 y el 30 por ciento de los votantes no se sienten representados ni motivados por la oferta política actual. “No se encuentran propuestas estratégicas y estructurales que contribuyan al mejoramiento de nuestra calidad de vida como sociedad”, explicó. En Colombia hay más de 21 millones de votantes habilitados, esto representa entre cinco y seis millones de votos decisivos.
A esta cifra se suma un abstencionismo histórico que ronda el 50 %, una señal clara de desconexión entre el debate político y las expectativas ciudadanas. Para Erazo, recuperar a estos segmentos es clave para reconstruir un debate público más sano y representativo.
El empresario también advirtió que la confrontación ha desplazado temas urgentes de la agenda nacional. Productividad, competitividad, reforma agraria, turismo e infraestructura regional aparecen, en el mejor de los casos, como consignas. “No veo una política clara sobre productividad y competitividad, y esos son el motor del país”, afirmó. Colombia, recordó, tiene un enorme potencial agrícola y turístico que sigue sin una estrategia estructural que lo convierta en desarrollo sostenible.
Más allá del diagnóstico, Erazo hizo un llamado a redefinir el sentido de la política. “La política no debería ser solo el arte de gobernar, sino el arte de saber servir bien a una sociedad, incluso bajo profundas diferencias ideológicas”, afirmó. Para él, la diferencia no puede convertirse en enemistad ni el voto en un acto de castigo permanente.
En el cierre de la charla, el mensaje fue claro. La confrontación puede atraer votos en el corto plazo, pero compromete la estabilidad democrática y la capacidad de convivir como sociedad. Recuperar el debate de las ideas, la empatía y la responsabilidad colectiva no es solo una tarea de los líderes políticos, sino de todos los actores que participan en la construcción del país.
