Este 16 de abril se conmemora el Día Mundial del Emprendimiento y las cifras muestran que el principal reto del país no está solo en crear empresas, sino en mantenerlas activas.

De las 306.607 empresas creadas en Colombia en 2019, solo 98.383 seguían activas en 2024, una tasa de supervivencia de 32%, según el Observatorio de Movilidad Empresarial de Confecámaras y BID Invest en un estudio publicado en septiembre del 2025. El dato resume una de las principales brechas del ecosistema empresarial: el país mantiene capacidad para crear negocios, pero enfrenta mayores dificultades para sostenerlos en el tiempo.

Una de las razones por las que muchas empresas no sobreviven es la falta de liquidez. En palabras simples, esto significa no tener dinero disponible en el momento en que se necesita para pagar proveedores, nómina, arriendos, transporte, inventarios o impuestos. Un negocio puede tener ventas o clientes, pero si el dinero entra tarde y los pagos deben hacerse de inmediato, la operación se vuelve difícil de sostener.

Ese fue el caso de ALA Global Colombia, una empresa de comercio exterior. La compañía lo resumió así: “no poder responder con liquidez afectaba directamente las ventas y ponía en riesgo la sostenibilidad”. La empresa explicó que debía cubrir pagos inmediatos a proveedores internacionales mientras esperaba, durante semanas o meses, los pagos de sus clientes. Tener demanda no siempre significa tener caja suficiente para crecer.

Otro factor que incide en la permanencia de las empresas es el acceso al crédito. Confecámaras y BID Invest encontraron que las dificultades para conseguir financiamiento reducen la probabilidad de crecimiento empresarial. En la práctica, una empresa puede necesitar una máquina, un vehículo, inventario o capital para atender un contrato más grande, pero no siempre consigue financiación en condiciones que pueda pagar. Sin esos recursos, la oportunidad de crecer puede convertirse en una presión adicional para la caja.

A esto se suma la forma como se administra el negocio, pues, se encontró que tener una estrategia definida y documentada se relaciona con una mayor probabilidad de crecimiento. Esto significa que no basta con vender: una empresa también necesita saber cuánto cuesta producir, cuánto debe cobrar, cuándo debe comprar de inventario, qué gastos puede asumir y qué metas tiene.

Asimismo, el tamaño con el que nace una empresa también influye en su capacidad para sostenerse. Por ejemplo: las microempresas tienen una tasa de supervivencia de 32% a cinco años, mientras que las medianas y grandes superan el 70%. La diferencia está en el margen de resistencia. Una micro pequeña, puede verse afectada si sube el arriendo, se encarecen los insumos o baja la demanda durante varios meses; una empresa con más capital puede absorber mejor esos choques mientras ajusta precios, renegocia contratos o busca nuevos clientes.

También hay restricciones de mercado. Bancóldex ha identificado que una de las barreras de las mipymes es la concentración de su oferta en mercados locales, junto con la necesidad de avanzar hacia la internacionalización y la inserción en cadenas de valor. En términos simples, esto significa que muchas empresas dependen de un grupo reducido de clientes, de una zona específica o de un solo canal de venta. Cuando ese mercado se contrae, cambia el consumo o aparece más competencia, el negocio tiene menos alternativas para compensar la caída de ingresos.

“Entender la dinámica de la supervivencia empresarial en Colombia es determinante para identificar cuáles son los factores comunes de las empresas que logran sobrevivir en el tiempo”, dijo Julián Domínguez, entonces presidente de Confecámaras.

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