Todos los Derechos reservados © 2004 - 2019, Forbes Colombia

Red Forbes

Las ‘ganancias’ que quedan tras el fracaso de un startup

Lo más importante es el valor de la experiencia de quienes participan en el proceso emprendedor.

Publicado

on

Es el momento de los startups en latinoamérica. Existen grandes oportunidades para quienes deciden emprender y cada vez más personas se están animando a dar el salto y más excelentes equipos atacan problemas interesantes. Sin embargo, la opción de iniciar un startup no está libre de riesgos, más bien es un juego high risk high reward (gran riesgo, gran recompensa).

Existe poca información de cuántas startups fracasan en Latinoamérica, pero rigiéndonos por números de Norteamérica, según CBInsights, de más de mil startups que tienen una ronda semilla, solo el 33 % llegan al éxito. Si incluimos las que no llegaron a una ronda de financiación inicial, el número de fallas asciende a cerca del 90 %.

En Latinoamérica debe pasar igual, el nivel de falla de startups debe ser alto.

Existen múltiples razones para esto: timing del mercado, no encontrar product-market-fit, discusiones entre emprendedores, cambios socio-económicos imprevistos, problemas de ejecución, y hasta mala suerte. 

Es normal que los negocios nuevos quiebren, más aún cuando involucran innovación, un común denominador en los startups. Pero, al igual que con cualquier fracaso, las enseñanzas que quedan son muy valiosas y alimentan el ecosistema.

Visto desde afuera, la dinámica suena catastrófica. Trabajar en un startup, con un gran equipo, que tiene una misión importante y está motivado para lograrlo, es de lo más satisfactorio que se siente en la vida profesional. Hablando por experiencia personal, cuando dicho startup ‘fallece’ es de lo más doloroso. 

Cuando un startup muere, también hay efectos positivos:

El alto grado de fallas es, irónicamente, un gran beneficio para el ecosistema. Como el árbol que muere en el bosque y nutre a todos a su alrededor, fortaleciendo al resto.

Así es como funciona: un equipo hace parte de un startup, trabaja e investiga aprendiendo muchísimo en muy poco tiempo. Posteriormente, cuando el startup fracasa, es probable que estas personas deseen hacer parte de un nuevo emprendimiento o que inicien uno por su cuenta. 

De esta manera, todo el conocimiento obtenido en la primera experiencia se transmite y se aprovecha en la siguiente iteración. De hecho, se distribuye entre muchas otras startups y se alimenta el ecosistema. 

Hoy despedimos a un gran startup:

Entre mejor sea el equipo, más impacto puede tener, en especial en otras empresas del mismo sector. Lamento informar que el día de hoy, uno de los mejores equipos de fintech en Colombia, Alkanza, deja de operar. 

Este startup de fintech se dedicaba a democratizar el acceso a inversiones en bolsa creando un robo-advisor que permitía a todas las personas invertir en el mercado de capitales de manera rápida y simple. 

Es muy pronto para hacer un análisis profundo, pero las causas principales fueron la lenta adopción del producto usando un canal de partnership y la dificultad de escalar el modelo de negocio. 

De lo que no cabe duda, es que desde el management team, pasando por inversionistas, partners y hasta el último hire, el equipo de Alkanza es de lo mejor de latinoamérica y ahora alimentarán el ecosistema.

Para todos los fundadores y fundadoras, que están buscando fortalecer sus equipos les tengo buenas noticias. Los alumnos-Alkanza, se han organizado, y pueden ver sus perfiles y contactarlos aquí. Todos sabemos lo difícil que es encontrar talento con experiencia y disponibilidad. Así que tendrán que moverse rápido porque no estarán mucho tiempo en el mercado. 

Hoy debemos cambiar el mindset, entender que con grandes innovaciones vienen niveles de fracaso altos, pero también de éxito. Y al equipo de Alkanza, que tanto respetamos todos, les dejo un mensaje de ánimo y aliento. Estoy seguro que están pasando por un momento difícil, pero que volverán a intentarlo y tendrán éxito.  Yo personalmente, como muchos, no dudaría un segundo en invertir y trabajar con ustedes en su próximo proyecto. Gracias por el esfuerzo y gracias por intentarlo. 

Mensaje al lector:
Alkanza tiene más de 40 talentos en ingeniería, producto, diseño y otras áreas que seguro te pueden beneficiar a ti o a emprendedores y emprendedoras que conozcas. Comparte este articulo para nutrir el ecosistema. Muchas gracias.

Contacto:
LinkedIn: Daniel Bilbao
Twitter: @ddbilbao
*El autor es fundador y CEO de la empresa Truora, que tiene como objetivo combatir el fraude en Latinoamérica. Trabajó en la banca de inversión en Wall Street, es consejero y miembro de juntas directivas de varias ‘startups’ y hace angel investing.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

Red Forbes

La expansión de la economía lunar

El año 2022, exactamente 50 años después de la última caminata del hombre en la Luna, marca un hito en la aceleración de la actividad de exploración extraterrestre tanto para misiones científicas como comerciales y militares.

Publicado

on

El espacio extraterrestre representa grandes oportunidades para la expansión y mejoramiento de la conectividad, para enfrentar el cambio climático y para la minería espacial.

Sin embargo, debido a la aceleración de actividad espacial, este año el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial alerta sobre las posibles amenazas de la competencia en el espacio y las fricciones por la explotación de los recursos espaciales, que conducirían a la posible militarización del espacio y la escalada de las tensiones geopolíticas; además menciona los riesgos de colisión dada la cantidad de objetos en órbita y los restos de artefactos y equipos espaciales.   

Lea también: La economía de lo no fungible

Hay cerca de 11.000 satélites en órbita terrestre que han sido enviados el lanzamiento del Sputnik 1 en 1957, y se proyecta que esta cifra será 7 veces mayor en las próximas décadas. 

Solo en el 2021, las empresas espaciales recibieron 15.000 millones de dólares en inversiones privadas en el espacio. En el año 2016, diversas organizaciones estimaban que el tamaño de la economía espacial era de alrededor de 340 mil millones de dólares, y al mismo tiempo ofrecían optimistas predicciones para el año 2040. Para entonces, la economía espacial llegaría a 926 mil millones de dólares según el banco suizo UBS o sería una economía multibillonaria como predijo el grupo Goldman Sachs, sin especificar una cifra concreta.  En esta misma línea, Morgan Stanley la proyecta en 1.1; la Cámara de Comercio estadounidense en 1.5; y el Bank of America en 2.7 billones de dólares.

Para el 2022, están programadas por lo menos 15 misiones a la Luna de agencias espaciales y de empresas privadas de los Estados Unidos, Emiratos Árabes, Corea, Japón, India, Reino Unido, Rusia y México.

Entre los principales están las misiones Artemis de la NASA, que llevan su nombre en honor a Artemisa, la hermana gemela de Apolo en la mitología griega. Esta sería la primera caminata lunar por humanos desde el alunizaje de Apollo 17 en 1972. En el plan Artemis se busca que en el año 2024 lleguen a la Luna la primera mujer y el primer astronauta no blanco.

Hay 384.400 kilómetros de distancia entre la Tierra y la Luna. Pero la importancia de las misiones a la Luna no radica en la Luna per se, sino en lo que estas representan para la llegada a Marte.

Pese a que hay 54,6 millones de kilómetros a Marte, es decir, aproximadamente 142 veces más lejos que la distancia de la Luna a nuestro Planeta, la conquista de Marte está más vigente que nunca.

El interés en Marte data de tiempo atrás, pero recientemente el interés científico ha aumentado, dado a que quizás en Marte se pueden encontrar respuestas sobre los cambios planetarios asociados al clima.  Asimismo, lo que se tiene de conocimiento sobre Marte sugiere que el llamado Planeta Rojo albergó ecosistemas, y podría tener el potencial de incubar vida.

Desde la década de los sesenta ha habido más de una decena de misiones espaciales a Marte, de las cuales cerca de la mitad de ellas han sido intentos fallidos. Pero, en febrero 2021, Emiratos Árabes Unidos con Hope, Estados Unidos con Perseverance y China con Tianwen-1 y Zhurong emprendieron misiones interplanetarias a Marte, y actualmente están activas en la superficie marciana.  Incluso, los Emiratos Árabes Unidos tienen como meta tener una colonia humana en Marte para el año 2117.

¿De quién es la Luna? ¿De quién es Marte?

En 1967, dos años antes de la llegada de los Estados Unidos a la Luna, se firmó el primer Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio exterior, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, el cual a enero 2022 ha sido firmado por 89 Estados, y del cual se derivan las bases del derecho espacial.

El derecho internacional espacial se encarga de asuntos como “la preservación del medio ambiente espacial y terrestre, la responsabilidad por los daños causados por los objetos espaciales, la resolución de conflictos, el rescate de astronautas, el intercambio de información sobre posibles peligros en el espacio exterior, el uso de tecnologías relacionadas con el espacio y la cooperación internacional. Una serie de principios fundamentales guían el desarrollo de las actividades espaciales, entre ellos la noción de que el espacio es competencia de toda la humanidad, la libertad de exploración y uso del espacio ultraterrestre por parte de todos los Estados sin discriminación, y el principio de no apropiación del espacio ultraterrestre”.

En el artículo 1 del tratado de 1967 se establece que “la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, deberán hacerse en provecho y en interés de todos los países, sea cual fuere su grado de desarrollo económico y científico, e incumben a toda la humanidad”.  Y en el artículo 2 que “El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”.

Adicionalmente, está el Acuerdo de la Luna que data de 1979. Sin embargo, este no ha sido firmado por ninguna de las partes que han desarrollado misiones. Con todo, en el año 2020 se firmó el pacto global para la exploración lunar llamado los Acuerdos Artemis.

Existe también en las Naciones Unidas la Oficina para Asuntos del Espacio Ultraterrestre (UNOOSA por sus siglas en inglés), cuyo trabajo es la promoción de la cooperación internacional y exploración pacífica del espacio, y el uso de la ciencia y tecnología espacial para contribuir al desarrollo social y económico.

Aunque la exploración y explotación extraplanetaria represente enormes oportunidades en materia científica, a la hora de desplegar la economía espacial como sector, e incluso para contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), Scott Galloway, asertivamente, hace un llamado a la moralidad: “en lugar de abordar algunos de los grandes problemas de este planeta, la gente con más opciones en la Tierra quiere salir del planeta , o crear otro universo”.  Y es que, en efecto, a muchos nos interesará decidir si invertir en el metaverso o en Marte, y en entonces vale la pena preguntarnos cuáles son los valores que van a preservarse, crearse o destruirse en lo no terreno.

Contacto
LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la Universidad Eafit. Es expresidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

Seguir Leyendo

Red Forbes

Cinco cosas sobre restauración de ecosistemas para tener en cuenta (parte 1)

La regulación ya empieza a dar señales que orientan a las empresas hacia la restauración de los ecosistemas. Un abecé de algunas acciones que pueden marcar la diferencia en ese proceso.

Publicado

on

Ecosistemas

Hace diez años me adentré en la ruralidad colombiana, en especial en la región amazónica, con el objetivo de resolver una pregunta que me venía rondando la cabeza de tiempo atrás: ¿cómo restaurar nuestros ecosistemas de una manera responsable y efectiva? Este interrogante era, a su vez, el resultado de la enorme impotencia que sentía frente a la velocidad con la que aumenta la deforestación vs. las capacidades de quienes luchan contra este flagelo. Al final de la ecuación, los esfuerzos de aquellos comprometidos con la causa se diluían frente a la magnitud del problema.

Estos años de trabajo con las comunidades me han permitido analizar la ejecución de proyectos públicos, privados y de cooperación internacional en el país y derivar algunos aprendizajes para dar respuesta a la pregunta en mención y que hoy me propongo compartir de una manera directa y sencilla con ustedes, a través de esta columna.

Lea también: Recomendaciones para evolucionar de empresas sostenibles a empresas regenerativas

Es oportuno hablar sobre este tema porque hoy, por fortuna, la regulación empieza a generar señales de mercado (Ley 2169 de acción climática y la Ley 2173 de restauración ecológica, ambas del año 2021) para orientar a las empresas hacia la restauración de ecosistemas. Pero también, es la oportunidad para hacer las cosas de una manera responsable, si nuestra meta es trabajar de manera genuina por el clima, por nuestra biodiversidad y paisajes. Así pues, en medio de este contexto, empecemos con los primeros cinco aprendizajes:

1. Sin liderazgos comunitarios no hay restauración

Los mejores casos de conservación y restauración de nuestros ecosistemas están liderados por personas/comunidades que llevan la causa en el corazón. Por el contrario, los proyectos que carecen de este liderazgo, aunque gocen de la mejor estructuración técnica, terminan fracasando.

  • Recomendación: antes de tomar la decisión sobre desarrollar o apoyar un proyecto de compensación de su huella de carbono indague sobre el liderazgo comunitario y el compromiso de las personas que, en últimas, asegurarán que los recursos de compensación de la empresa se traduzcan efectivamente en medidas de conservación o restauración (acuérdese que un árbol necesita alguien que lo cuide).

2. Sin plata en el bolsillo no hay restauración

Es una ingenuidad pensar que una comunidad campesina va a conservar o “dejar plantar árboles” en su territorio porque sí, porque los árboles son vida. Las comunidades tienen la legítima expectativa de generar ingresos económicos para cubrir sus necesidades, tanto como usted o como yo. En las mentes de sus líderes opera el concepto del “costo de oportunidad”; es decir, si una vaca me renta X ingresos por hectárea, la restauración debería generarme X ingresos para que sea factible.

  • Recomendación: antes de compensar hágase la siguiente pregunta ¿cuál es el incentivo económico que la dueña/dueño de la finca va a recibir en los próximos meses/años para asegurar la persistencia de las medidas de restauración?

3. Con hambre no hay restauración

El Paro Nacional de 2021 lo viví en Florencia, Caquetá. Durante 41 días estuvimos prácticamente aislados del resto de Colombia por el bloqueo de la carretera en Altamira, Huila. Transcurridos 30 días desde el inicio del Paro el precio de los alimentos aumentó en un 400%, por lo que comprar comida era una verdadera hazaña y distribuirla, con escasez de gasolina, era una odisea.

En la vereda La Sardina, donde opera la Escuela Bosque – Amazonía Emprende, tuvimos que organizarnos con los vecinos para intercambiar alimentos. Esta experiencia me llevó a concluir que, de no abordarse con seriedad el tema de la seguridad alimentaria de las comunidades rurales, el resto de los temas de la agenda (restauración de ecosistemas, compensación de huella de carbono etc.) son un mal chiste que no produce risas.

  • Recomendación: dedique un porcentaje de la compensación de su huella de carbono a fortalecer la seguridad alimentaria de las comunidades que cuidarán sus inversiones en las zonas rurales.

4. El suelo lo es todo

Don Lucho, padre de mi mejor amigo, quien tiene gran experiencia en el manejo de árboles, me dijo: “escribe una columna que se titule es el suelo, ¡idiota!, ¡eeerdaaa!; es que nadie entiende que ese es el sustento de todo!” Y sí, don Lucho tiene toda la razón; si bien los árboles son importantes en un proceso de restauración, ellos no podrán dar lo mejor de sí en suelos poco descansados (habiendo retirado ganado, caballos, cultivos, etc.). Es recurrente ver procesos de restauración en suelos “apretados”, saturados de tóxicos o pobres en nutrientes.

  • Recomendación: para los tomadores de política pública, abordar el asunto de los suelos aún pendiente de abordar. Usted que quiere compensar su huella de carbono, indague sobre la calidad de los suelos donde van a crecer sus árboles e invierta también en el proceso de regeneración de los mismos.

5. Tenga paciencia

En los últimos meses he recibido llamadas y solicitudes de restauración, como medida de compensación de huella de carbono, que tienen la expectativa de ver los resultados de su inversión (tocar el árbol, documentar y comunicar el proceso) en lapsos muy cortos de tiempo, por ejemplo, un año. Si algo he aprendido en este último año, en el que el 50% de mis días transcurren en la Amazonía, es que el tiempo de los ecosistemas es muy distinto al ritmo de vida en las ciudades capitales.

El proceso de restauración de un sistema degradado por deforestación puede tomar décadas. De un potrero surge un rastrojo, de un rastrojo un cañero, al cabo de 10-15 años hablamos de bosques secundarios y no nos alcanzará la vida para caminar y disfrutar un bosque primario.

  • Recomendación: hay que tener paciencia cuando se invierte en un proceso de restauración; eso no significa dejar de documentar el proceso o tener expectativas sobre su inversión para compensar la huella de carbono. Pero sea realista sobre los tiempos e infórmese antes de prometer resultados a sus grupos de interés. Y, nuevamente, verifique el liderazgo de las comunidades y su contexto, pues son ellas las que finalmente pueden garantizar que de una pastura surja un bosque frondoso a futuro.

¡Hasta una próxima columna en donde continuaré con los siguientes cinco aprendizajes sobre restauración de ecosistemas!

Contacto:
Por:Julio Andrés Rozo*
*El autor es director de Amazonía Emprende: Escuela Bosque, ubicada en Florencia, Caquetá. Este proyecto académico se enfoca en fortalecer las capacidades de empresas y comunidades en  restauración de ecosistemas y compensación de huella de carbono.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

Seguir Leyendo

Red Forbes

El crédito, la clave del crecimiento económico del 2021

Aunque el ingreso promedio por persona sigue por debajo de lo que era antes de la pandemia, el PIB está 2% por encima del 2019. Este fenómeno está impulsado por el nivel de endeudamiento de los colombianos. ¿Por qué?

Publicado

on

Tarjetas

En febrero, el Dane revelará las cifras del PIB colombiano y cuánto fue la producción en el país durante el año pasado. Se espera que el crecimiento económico del año del 2021 haya sido cercano a 10%, dando claras muestras de reactivación. Aunque el ingreso promedio por persona sigue por debajo de lo que era antes de la pandemia, ya el PIB está 2% por encima del 2019, lo que sugiere que el peor momento, afortunadamente, quedó atrás.

Cuando el PIB se desagrega por componentes de gasto, resulta que el comportamiento del consumo es la clave. En el caso colombiano, la historia muestra que el consumo total (que es la suma de los hogares y el Gobierno) explica alrededor del 85% del PIB. Si se mira exclusivamente el consumo de los hogares, éste representa un 70%. Por eso, cómo le vaya al consumo es determinante para la perspectiva de la economía.

Lea también: La recuperación del turismo en Colombia, aún no es suficiente

La buena noticia es que el consumo creció con fuerza en 2021 e impulsó la reactivación económica nacional. La contrapartida fue que el endeudamiento también creció muy significativamente para poder financiar ese gasto creciente de los hogares y del Gobierno. Por ejemplo, las cifras públicas del Ministerio de Hacienda muestran que, para cubrir sus gastos, el Gobierno Nacional tomó desembolsos de deuda por más de $90 billones (8,3% del PIB), lo que es un monto que prácticamente duplica la deuda que se tomaba habitualmente antes de la pandemia, que era de unos $50 billones anuales (4,6% del PIB).

La misma dinámica creciente se observa en la deuda que tomamos las personas, según las cifras recopiladas por la Superintendencia Financiera. Los desembolsos de créditos fueron $442.5 billones durante el 2021 y, pese a que no alcanzaron el nivel del 2019, los préstamos crecieron 22% en comparación con el 2020, cuando fueron $362,6 billones. La información reportada por los establecimientos de crédito muestra que se dispararon 51% los créditos de consumo y 36% los consumos con tarjeta de crédito, y que también crecieron los sobregiros y los créditos preferenciales.

El balance claro es que una parte muy importante del crecimiento económico y del consumo del año pasado fueron posibles solo gracias al crédito. A la vez, las cifras también evidencian que actualmente hay menos cartera vencida que en el 2020 y que la mora ya está en los mismos niveles habituales que antes de la pandemia. En comparación con el año anterior, a pesar de haber un nivel de deuda más alto, hoy la cartera es de mejor calidad en todos los establecimientos de crédito, con la única excepción de las compañías de financiamiento. Esta es una señal de confianza y una muestra favorable de reactivación de la economía.

Otro buen resultado es el enorme incremento en los créditos de vivienda, que aumentaron 54% en comparación con el 2020 y 26% cuando se comparan con el 2019. El sector constructor está recibiendo impulso: 1 de cada 14 pesos prestados durante todo el año pasado fueron destinados a vivienda, lo que seguramente está asociado al programa de subsidios a la tasa de interés de los créditos hipotecarios que está vigente. Es una buena noticia, además, porque este sector genera más de 1.6 millones de empleos y da muestras claras de recuperación.

En este panorama, la subida de tasas de interés mes para controlar las expectativas de inflación que arrancará con fuerza a finales de este mismo encarecerá el crédito, vendrá con menores desembolsos, una menor velocidad del consumo y, posiblemente, con un incremento en la mora. En ese necesario apretón monetario después del comportamiento del 2021 veremos nuevamente que el crédito y el sector financiero son fundamentales para el crecimiento económico.

Por: Germán Darío Machado Rodríguez* 
Twitter: @gmachrod 
*El autor es economista con opción en Gobierno, Magíster en Economía y Magíster en Políticas Públicas de la Universidad de Los Andes. Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes y del Colegio de Estudios Superiores de Administración -CESA. Ha sido miembro de Juntas Directivas de empresas del sector energético y del sector financiero colombiano y se ha desempeñado como Asesor del Ministro de Hacienda y Crédito Público. 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

Seguir Leyendo

Red Forbes

Entre el romanticismo y la demonización del GEA

Para algunos el GEA es un grupo de héroes y para otros un grupo de villanos. Ambas visiones podrían ser incorrectas. ¿Por qué?

Publicado

on

El Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) se ha vuelto una figura polarizadora en la opinión pública colombiana.  Para unos, el GEA es un colectivo de héroes; unas amigables organizaciones que solo generan empleo y riqueza, siendo el símbolo supremo de la pujanza antioqueña y uno de los principales patrimonios de la región. Para otros, el GEA es un grupo de villanos; una mafia de avaros rentistas paisas, que no buscan más que mantener el poder de mercado de compañías ancestrales y su control sobre ellas a costa del bienestar de todos los colombianos.

Yo he estudiado por años a la élite empresarial antioqueña y pienso que ambas visiones acerca del GEA son erróneas—en cuanto a que malinterpretan el funcionamiento del Grupo—e inapropiadas—puesto que contribuyen a narrativas de intervención poco convenientes para la sociedad en general.

Lea también: Colombia es menos desigual de lo que creemos

Para empezar, los defensores del GEA tienen razón en reconocer en él un legado resaltable de la historia antioqueña. El GEA aglomera los remanentes de muchas de las empresas insignia de la región. Eso es valioso. También están en lo correcto en señalar que son empresas que generan muchos empleos y alimentan el ecosistema empresarial regional. Esto también es bueno. Sin embargo, nada de esto quiere decir que los intereses del GEA siempre estén alineados con los intereses de la mayoría de los antioqueños, y que protegerlos sea una responsabilidad de toda la sociedad.

Para entender esto, lo primero es reconocer que el GEA no es de todos los antioqueños, el GEA es de sus dueños y sus dueños son, primordialmente, la élite empresarial antioqueña. Es cierto que en Antioquia ha existido una cultura emprendedora donde se ha valorado ampliamente las iniciativas del empresariado. Las historias de abuelos comprando acciones de Coltejer y Fabricato para regalar a sus nietos de cumpleaños son ciertas. Pero para todos esos abuelos, y el resto de los accionistas minoritarios de las empresas antioqueñas, siempre fue claro que su participación en ellas eran apuestas puntuales al éxito de la élite empresarial regional más que generosos esfuerzos de las élites por democratizar el manejo de sus compañías.

Así que no, lo que es bueno para el GEA no es necesariamente bueno para todos los antioqueños. Es bueno para sus dueños y aunque muchos antioqueños han sido accionistas de estas empresas, la gran mayoría de las personas en la región no lo son, e incluso aquellas que sí lo son, al ser accionistas minoritarios, tienen poca voz y voto en las decisiones del Grupo.  

La primera generación de directivos del GEA trató de evitar la toma de los Santodomingo, los Michelsen y los Ardila; la segunda generación enfrentó las inflintraciones del narcotráfico; y la actual generación afronta las compras masivas de los Gilinski y el Royal Group.

Justamente en la forma de tomar decisiones dentro del GEA es que se basan muchos de sus críticos para demonizarlo. Y aquí también hay que reconocer algo de validez en aquellas afirmaciones. Es cierto que el accionar del GEA responde a los intereses de sus juntas directivas, cuyos miembros, como tal, no son los accionistas mayoritarios de las compañías. En ese sentido, Revista Semana, en una de sus ya regulares críticas a las directivas del GEA, tiene algo de razón al decir “los accionistas les entregaron las llaves de la finca a los mayordomos y estos se creen dueños”. De hecho, Nicanor Restrepo, quien fuese la figura más visible del GEA en los 90s, solía describir su función como eso, la de un capataz que administraba una finca de la que otros eran dueños.

Sin embargo, lo anterior no tiene nada de inmoral o ilegal. Esa es la naturaleza de las corporaciones. Las corporaciones son grandes aglomeraciones de individuos y su manejo está en las manos de una junta elegida por los accionistas.

Es más, la naturaleza corporativa del GEA es una de las cosas a elogiar de la élite empresarial antioqueña. A diferencia del ecosistema empresarial de otras regiones de Colombia, en Antioquia, la élite fue bastante exitosa desde finales del siglo XIX en generar iniciativas colectivas de gran escala, las cuales desbordaban la empresa familiar y se basaban en la corporación como figura organizacional. Esto permitió el surgimiento de un mercado de capitales particularmente robusto y un espíritu asociativo que fue fundamental en el desarrollo económico de la región.

Y aunque por décadas fue fácil rastrear el origen de los administradores de las grandes empresas antioqueñas a algunas de las familias fundadoras, estas familias se fueron ramificando y aquel linaje de ejecutivos se fue desvaneciendo. El GEA, no obstante, fue cultivando todo un nuevo estrato de ejecutivos dentro de las canteras mismas del Grupo. Gente entrenada en administración y promovida basada en sus méritos y fidelidad a los principios del Grupo. Los actuales gerentes de las compañías son la generación más reciente de dicho estrato y comparten los mismos objetivos de la larga tradición directiva del Grupo: manejar las empresas antioqueñas tradicionales de la mejor forma, manteniéndolas bajo el control antioqueño.

Entonces no, los directivos del GEA no son unos bandidos que le han arrebatado el poder a los pobres accionistas. Tampoco son unos santos que no quieren más que la prosperidad de la región. Son los representantes de la élite empresarial antioqueña tradicional, y quieren proteger estas empresas de negocios que las deterioren y de grupos que quieran arrebatarles su control.

La primera generación de directivos del GEA trató de evitar las tomas de los Santodomingo, los Michelsen, y los Ardila; la segunda generación enfrentó las infiltraciones del narcotráfico; y la actual generación afronta las compras masivas de los Gilinski y el Royal Group. Que estos esfuerzos fueran los más convenientes para el pequeño accionista de las empresas del GEA es difícil saberlo. Quizá bajo el control de estos otros grupos aquellas empresas podrían haber sido más exitosas y los pequeños accionistas haber tenido mejores retornos. Eso nadie lo sabe. Lo que sí se ha sabido desde un comienzo, y todo inversionista minoritario ha tenido esto claro, es que la identidad del Grupo implicaba el control antioqueño y en eso sus directivos han sido coherentes a lo largo de los años.

Así las cosas, siento que esta discusión debería propiciar el surgimiento de una actitud más realista de la opinión pública hacia el empresariado en Colombia. Es importante que dejemos de pensar a los empresarios como héroes o villanos. No son ni lo uno ni lo otro. Son actores primordialmente motivados por el lucro propio, pero son esenciales en la generación de riqueza y la prosperidad social.

Contacto
LinkedIn: Javier Mejía Cubillos*
*El autor es Asociado Postdoctoral en el departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Stanford. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Ha sido investigador y profesor de la Universidad de Nueva York–Abu Dhabi e investigador visitante de la Universidad de Burdeos.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

Seguir Leyendo

Red Forbes

Retos del 2022 para el mercado TES

En términos de deuda pública, el mercado local enfrenta una combinación de factores que pueden reducir el apetito de los inversionistas. Así está el panorama para este 2022:

Publicado

on

Banco de la República

Los bonos públicos son un instrumento crucial en el esquema de financiamiento de cualquier gobierno y han cobrado aún más importancia con la pandemia. Dichos títulos en Colombia se denominan TES y en este contexto creo que vale la pena revisar cual fue su comportamiento en 2021 y que esperar en este inicio de 2022.

De acuerdo al Informe de Tenedores de Deuda publicado por el Ministerio de Hacienda para diciembre de 2021, el total de la deuda emitida en bonos por el gobierno es de 397.8 billones de pesos lo que representa un crecimiento de 14,35% frente al año anterior y de 27,37% frente a 2019.

Lea también: Inflación 2021: expectativa y realidad

Estos aumentos tienen sentido entendiendo que debido a que la implementación de medidas por efecto de la pandemia ha aumentado el gasto público y con ingresos que no crecen al mismo ritmo, el resultado es lógicamente el aumento del endeudamiento. Este escenario por supuesto se conecta también con el déficit fiscal donde se suspendió la regla fiscal y cuya meta está en 7,6% para 2021 de acuerdo con el Ministro de Hacienda.

Gráfico: Elaboración propia.
Datos: Bloomberg e Informe Tenedores MHCP.

Ahora bien, entendiendo la importancia estratégica de la deuda en términos de política pública es necesario entender el comportamiento de su mercado, por lo que en la parte izquierda del grafico se ve el aumento de la tasa yield de los bonos con vencimiento a julio de 2024, la referencia más liquida, pasando de 3,29% a 7,15% y los de septiembre de 2030 que han replicado la tendencia también. Para entender mejor el alcance de este movimiento es necesario notar que la tasa yield es inversa al precio lo que significa que estos títulos han perdido valor a lo largo de 2021.

Para entender este comportamiento se puede ver que hay varias fuerzas que actúan sobre este mercado, de las cuales creo que vale la pena resaltar dos, la percepción de riesgo y la inflación. A lo largo de 2021 se notó un aumento de la percepción de riesgo de Colombia como país, medida a través del CDS o Credit Default Swap que para los títulos 10 años pasó de 160 puntos básicos a 277, lo que implica que la cobertura de un bono del gobierno colombiano es ahora más costosa en el mercado internacional.

Adicionalmente en términos del comportamiento de los precios, diciembre de nuevo sorprendió al alza con 5,62% por el grupo de los alimentos, además, el último aumento de tasa del Banco de la República hace pensar, que la inflación es ahora un problema más estructural que pasajero. Esto a su vez reduce el incentivo por tener bonos, en especial de largo plazo, ya que el valor del dinero en el tiempo puede verse reducido de continuar presentándose escenarios de alta inflación.

El resultado de la inflación de diciembre lo analicé en mi columna de la semana anterior.

Analizando de nuevo las tenencias de bonos, de acuerdo al informe, frente a diciembre de 2020 el porcentaje de los fondos internacionales se ha mantenido relativamente estable pasando de 25,08% a 24,76%, es más su posición neta entre 2020 y 2021 aumentó en $11.2 billones de pesos, mientras las carteras colectivas redujeron en $3 billones. Por su parte la posición de los Fondos de Pensiones también presentó una variación importante reduciéndose desde 29,59% en diciembre de 2020 a 27,48% doce meses después. Esto muestra que ha existido un apetito de los internacionales a pesar del aumento en la percepción de riesgo en 2021, mientras las reducciones han sido mayormente locales.

Concluyendo, en términos de deuda pública de cara a 2022, el mercado local enfrenta la combinación de dos factores que pueden reducir el apetito de inversionistas, el aumento de la percepción de riesgo sobre Colombia y los altos niveles inflacionarios.

Sumado a lo anterior está el resultado de la inflación de diciembre en Estados Unidos de 7,0%, el más alto desde 1982, lo que hace que la posibilidad aumentos de tasas de la Reserva Federal en 2022 se haga cada vez más real, inclusive se ha hablado que iniciaría en marzo lo que traería aún mayor presión sobre las tasas de los bonos locales. Así que el 2022 viene con sus retos particulares para los bonos y debido a su importancia estratégica no podemos perder de vista este mercado.

Seguir Leyendo
Publicidad
Publicidad

Destacado