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Emprendedores

La app de videojuegos grupales que muchos han empezado a usar

Por la cuarentena del coronavirus, se ha disparado el uso de Bunch, una plataforma de videochat grupal que facilita a los usuarios conectarse mientras juegan en sus celulares.

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Selcuk Atli, cofundador y CEO de Bunch. Foto: Bunch.

Haber creado cinco empresas en nueve años y vender tres de ellas en exitosos procesos de adquisición, le dio al emprendedor turco Selcuk Atli la confianza absoluta para empezar desde cero con su aventura más reciente: Bunch, una aplicación emergente en la industria de los videojuegos, que pasó de no figurar en ninguna categoría en febrero, a estar en el listado de las 20 mejores aplicaciones sociales en 17 países durante las últimas semanas.

“Nos sentimos bendecidos de poder ayudar a tantas personas en todo el mundo a compartir experiencias significativas con sus seres queridos, en un momento tan difícil. Cada día es un nuevo desafío, pero todo nuestro equipo está trabajando las 24 horas para llevar Bunch a más personas en todo el mundo”, dijo Atli a Forbes.

Vea también: La aplicación de idiomas que está ayudando a las personas aburridas a superar el aislamiento

Al cierre de esta historia estaba en el puesto 17 en Colombia y en el 25 de México entre las aplicaciones sociales gratuitas de la Apple Store. Con frecuencia se está ubicando entre las 100 mejores aplicaciones sociales gratuitas del mundo.

Su atracción: ofrecer videochat grupal mientras se juega desde el celular. Con un par de toques, los usuarios pueden invitar hasta a ocho amigos a una sesión de reunión en vivo en Bunch. Todos pueden optar por jugar el mismo juego al tiempo e interactuar por voz y video mientras lo hacen.

Bunch permite hacer llamadas grupales mientras se juega.

Bunch incluye sus propios minijuegos nativos, pero también se integra con un catálogo considerable de juegos móviles de terceros, incluidos Fortnite, Roblox y HQTrivia. Aporta una dimensión social en tiempo real a una clase de juegos digitales que una vez solo se asociaron con experiencias aisladas de un jugador o asincrónicas por turnos.

“Es una fiesta de juegos en tu teléfono. Permite a las personas jugar sus juegos favoritos con amigos, a través de video chat. Viene con muchos juegos increíbles incorporados como Mars Dash, Draw Party y Trivia. Incluso permite a los jugadores divertirse en el chat de video y saltar a sus juegos favoritos como Uno, Spaceteam y Roblox”, expresa Selcuk Atli, quien hace parte de la red de emprendedores Endeavor.

En su adolescencia Atli junto a sus amigos hacían las ‘Fiestas LAN’, donde todos llevaban sus consolas de videojuegos para jugar al mismo tiempo. “A muchas personas que descubren Bunch les encanta porque creo que les permite volver a experimentar esos increíbles momentos de estas fiestas de juegos, simplemente usando su teléfono”, agrega el CEO de la compañía.

El crecimiento había sido estable pero desde que inició la cuarentena del coronavirus en muchos países, comenzaron a ascender muchas casillas entre las aplicaciones más descargadas de Estados Unidos, Canadá, España, India, Nueva Zelanda, Australia y varios países de América Latina.

Desde su lanzamiento, esta empresa emergente ha recaudado US$8.5 millones, con inversionistas como Supercell, Tencent, Riot Games, Miniclip and Colopl, London Venture Partners y 500 Startups.

De sus mayores competidores Discord y TeaTime Live, se puede decir que el primero es más enfocado en PC y que ambos tienen como premisa que los usuarios puedan conocer a gamers externos, más que conectarse solo con amigos cercanos, que es lo que propone Bunch.

Lea además: Formula E presenta un espectacular campeonato virtual

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El misterio detrás de ClubHouse, la aplicación secreta de Silicon Valley que ya vale US$100 millones

Solo se puede entrar (por ahora) por invitación a esta aplicación de audio.

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Vía Twitter.

En las últimas semanas se ha acentuado con creces un misterio que tiene en vilo a la élite de inversionistas de Silicon Valley: Clubhouse, una aplicación de voz que hace unas semanas tenía cero usuarios y que todavía no ha salido a la luz pública pero ya está valuada en US$100 millones.

En la versión beta de la red social, a la que han sido invitados a participar celebridades y figuras clave del capital de riesgo, muchos de los que la tienen ya son adictos. Funciona permitiéndoles entrar a salas de chat emergente que desaparecen cuando terminan las conversaciones. Los usuarios pueden unirse a cualquier sala, ver quien habla o escucha, entrar a perfiles y seguirse entre unos y otros.

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Varias fuentes dijeron a Forbes que Clubhouse ha recaudado una ronda de financiamiento Serie A del fondo Andreessen Horowitz, en un acuerdo que incluye US$10 millones en capital primario y al menos US$2 millones de acciones secundarias, para una valoración de US$10 millones. Andrew Chen, socio de Andreessen Horowitz, se unirá a la junta directiva de Clubhouse.

Su creador es Paul Davison, quien antes trabajó en Google y en la firma de capital de riesgo Benchmark, según su perfil de LinkedIn.

Para una empresa de esa madurez, esa inversión es inusual, pero en esta plataforma han sido vistos como sus primeros usuaros (o han tuiteado frecuentemente sobre ella) los socios de Andreessen Horowitz, el inversionista de Shark Tank Mark Cuban y figuras del entretenimiento como Kevin Hart.

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Clubhouse tenía ofertas mucho más altas que podrían valorarla en hasta US$200 millones, afirmó a Forbes otra de las fuentes. “Fue una carrera de dos caballos entre los fondos Benchmark y Andreessen Horowitz”, afirmó un inversionista familiarizado con Clubhouse y el aumento. La propia oferta de Benchmark llegó a menos de US$100 millones, consistía en unos US$75 millones u US80 millones.

Por ahora, parece que esta compañía que apenas tiene 2 empleados no tiene un rival que se le acerque en conexiones y capital levantado.

Un inversionista informó a Forbes que estaban invitando a Beyonce y a Jay-Z a ser parte de la aplicación. “Marc fue a buscar a Kevin Hart. Ningún otro inversionista obtuvo una celebridad de alto nivel en la aplicación “.

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Los otros colombianos que están detrás de los robots de Rappi

La historia detrás de los robots domiciliarios que están rodando en Medellín desde hace unas semanas.

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Foto: Rappi.

Con completo asombro, los transeúntes del barrio El Poblado de Medellín empezaron ver rodar por las calles unos 15 robots en los que Rappi puso a repartir comida a mediados de abril, en medio de la cuarentena por el COVID-19.

Los aparatos son de los mismos que gozan de popularidad entre los estudiantes de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos) desde hace varios años. Pero pocos saben que los kiwibots son colombianos y han hecho ya más de 100.000 entregas en el mundo, donde son muy pocas, quizás dos o tres, las compañías que los tienen rodando.

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“Muchos los usan para hacer golpes de opinión, pero somos unas dos compañías en el mundo las que ponemos a andar nuestros robots todos los días, haciendo cientos de entregas”, comentó el bogotano Felipe Chávez, CEO de Kiwi Campus, la tercera compañía que cofundó, después de vender Lulo Domicilos a Merqueo.

El énfasis en asuntos de logística que había tenido fue el complemento perfecto cuando este administrador de empresas le mostró un robot a un exprofesor que estaba trabajando en la Nasa. Fue así como en diciembre de 2016 visionó que la automatización logística tarde o temprano iba a llegar.

La búsqueda para definir dónde estaría basada la nueva empresa lo llevó a una travesía con una idea muy ambiciosa por Tijuana, Sao Paulo, Ciudad de México, Santiago de Chile, pero la escogida fue Medellín, por el ecosistema que se estaba armando en la ciudad y el acceso al talento. “Muchos ingenieros de México se van a Estados Unidos, pero en Colombia permanecen”, explicó. En la capital de Antioquia están las operaciones principales, con 48 ingenieros.

La complicidad de sus cofundadores, Sergio Pachón (director de operaciones) y Jeison Oviedo (director de tecnología), fue clave tras el sueño de emprender en Silicon Valley. Un avión hasta San Francisco sin conocer a nadie fue la ruta para levantar un poco de inversión y sacar adelante los primeros prototipos.

“Me sentaba con graduados de Stanford, UC Berkeley, así como con ingenieros recién graduados de la Universidad Nacional o de Los Andes. Incluso veía más hambre en los ingenieros colombianos por el software y la inteligencia artificial”, recordó Chávez.

A UC Berkeley llegaron porque allá el Airbnb era más barato y en un campus cerrado veían más opciones de poner a andar sus robots: iban a la cafetería, reclutaron practicantes y llamaron la atención de la universidad, que los invitó a ser parte de su programa de emprendimiento y se convirtió en su primer inversionista institucional. “Kiwibot es una sensación en Berkeley”, acotó.

La nube negra del coronavirus, que decretó el distanciamiento social, volvió a Kiwi Campus un imán para gobiernos y multinacionales para contratarlos. Además de la reciente alianza con Rappi, están ajustando otras más en California y en Taipei.

Cuando Chávez apareció hace dos años en el programa sobre emprendimiento Shark Tank, de Sony, sumó a Alexander Torrenegra y Frank Kayanet. También le han sumado capital Socialatom Ventures, de Andrés Barreto; la Familia Vásquez, de Auteco, Infinity Ventures y Urban US. Entre las más de 100 mil entregas que han hecho no se han robado el primer robot. “El GPS es muy difícil de desconectar, así que robárselo es llevarse la Policía a casa”, explicó.

Felipe es claro con el tema más sensible que los toca: “No se van a reemplazar a las Persona. Esta es una tecnología complementaria a los trabajos humanos. Los domicilios van a crecer, seguro se van a necesitar más humanos, esta tecnología llega a complementar”. Visionando el futuro del internet de las cosas, Chávez cree que a futuro Kiwi Campus podrá mover cosas gratis en un radio de cuatro kilómetros. “Hace seis meses nadie entendía lo que hacemos, ahora la gente le ve sentido”.

La carrera apenas comienza. En Estados Unidos las compañías Starship Technologies y Nuro han estado haciendo entregas locales con sus pequeños robots. La pandemia ha despertado el apetito en empresas y gobiernos, lo que se ha convertido en un reto. Hace unos meses iFood, que hace poco se volvió el mayor accionista de Domicilios.com, reveló que pronto estaría haciendo pilotos de entregas en Colombia con robots y drones, pero para poder hacerlo, tendrá que aliarse con una firma como Kiwi Campus.

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Incrementa apogeo de frutas y verduras a domicilio desde plazas de mercado

En la plataforma Plaz, que tiene como CEO a Juan Pablo Pineda, tuvieron que incrementar su capacidad en un 300% para poder atender el aumento de la demanda.

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Foto: Plaz.

Hay dos factores que han subido como un cohete, con un salto de años en los pocos meses del aislamiento del coronavirus: los domicilios y el comercio electrónico. A ello se suma un despertar por pedir frutas y verduras que vengan desde plazas de mercado; es lo que muestran los registros de la aplicación Plaz, que tuvo un crecimiento de 1.634% de febrero a marzo.

Esta plataforma basada en Bogotá, fundada en 2018 por Juan Pablo Pineda, Felipe Pineda, Daniel Navarro y Sara Illidge. se enfoca en entregar domicilios 25 horas después de ser cosechados. La contingencia los llevó a tener que incrementar en un 300% su capacidad instalada y equipo de trabajo. “Queremos romper paradigmas en el sector emprendimiento, demostrando que entre todos podemos ayudarnos y surgir de igual manera”, dijo a Forbes Juan Pablo Pineda, CEO de Plaz, quien es un abogado y finquero que fue viceministro de Agricultura de Colombia.

Pero Plaz está distante ser el único servicio de este tipo en la capital colombiana. La prominente startup colombiana Frubana, que abastece principalmente restaurantes, está impulsando Fresco, una extensión orientada a hogares. Y el Gobierno de Bogotá, a través del Instituto Para La Economía Social, ha estado empoderando a vendedores de plazas de mercado para que vendan a través de Whatsapp y Facebook.  

En el caso de Plaz se han enfocado en el diseño de una plataforma “amigable y de fácil acceso” que permita a personas de todas las edades usarla sin dificultad. Ellos también tienen una línea institucional que vio disminuir sus ventas en un 95%, pero alegan haber recuperado el 30% de la facturación de ese segmento. Con un equipo conformado por 40 personas, esa aplicación ha registrado al menos 41.000 descargas, según AppAnnie.

Todavía operan solo en Bogotá pero esperan expandirse a tres ciudades de Colombia y a dos países en los próximos meses de cara a una ronda de inversión que están preparando. La empresa hace parte de Apps.co del MinTic y del programa de aceleración “Scale up tech” de Endeavor Colombia y JP Morgan.  

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Fintech colombiana Addi levanta US$15 millones y alista su expansión

El fundador y CEO Santiago Suárez encabezó el recaudo. Aquí la explicación de por qué poderosos inversionistas de Silicon Valley estaban ansiosos por respaldar a la fintech con sede en Bogotá.

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Santiago Suárez, CEO de Addi. Foto: Addi.

Cuando el CEO de Addi, Santiago Suárez, decidió que estaba listo para recaudar una nueva ronda de inversión, no había indicios de una recesión global. Ahora, en medio de la turbulencia del Covid-19, tras atraer más recursos a su operación, se sienten preparados no solo para respaldar el financiamiento a consumidores en comercios, con créditos que aprueban en menos de cuatro minutos, sino para abrir operaciones en los más grandes mercados de América Latina.

La compañía basada en Bogotá, anunció este jueves que recaudó US$15 millones en una ronda de inversión encabezada por Quona Capital, que tiene en su portafolio a otras fintech latinas como Konfío y Créditas; Foundation Capital, que ha invertido en LendingClub y Rappi, y S7 Ventures. Los prestigiosos fondos Andreessen Horowitz y Monashees ratificaron su interés con nuevos aportes, para un consolidado de US$31 millones en el capital de riesgo obtenido.

La valoración de la empresa no fue revelada, pero con este registro, Addi se convierte en la fintech colombiana que más capital de riesgo ha recibido.

La nueva ronda le da a Addi los recursos suficientes para seguir otorgando créditos en punto de venta, aumentar su capacidad digital y mejorar su desarrollo de producto. Pero con este soporte, Addi planea expandirse -si la pandemia lo permite- antes que acabe el año a Brasil y México, sumando más talento a su equipo, que en la actualidad son 75 personas, repartidas entre la capital colombiana, Medellín, Cali, Barranquilla y Londres, dijo a Forbes su CEO Santiago Suárez.

“Somos conscientes que vienen meses difíciles, pero en el largo plazo vemos la oportunidad muy grande”, expresó Suárez, quien antes de fundar Addi, fue vicepresidente de estrategia de la fintech norteamericana LendingClub, líder del equipo global de innovación de J.P. Morgan en Nueva York y Londres, así como socio de la aceleradora Y Combinator de Silicon Valley. “Nosotros tenemos un nuevo aliado que nos dijo que en abril logró las ventas en línea que esperaba para el 2026. La oportunidad está en que en nuestros países tenemos la costumbre de financiar y el sistema es más restrictivo”.

Fundada en 2018, Addi ha estado entregando créditos al momento del pago de un producto o servicio y ha consolidado una lista de aliados que incluye tiendas de ropa, insumos o electrodomésticos como Koaj, Corona, Pintuco y Haceb. La firma funciona con un servicio que le apunta a la omnicanalidad, tratando de garantizar la misma oportunidad para quienes compran en puntos físicos o desde el comercio electrónico.

“Es algo que le permite comprar lo que usted sueña y necesita pagar a plazos”, describe Suárez sobre Addi, que afirma haber colocado cerca de $100.000 millones en créditos a más de 70.000 clientes.

La manera en que Addi es diferente a jugadores establecidos en el mercado como Brilla -un vehículo de financiamiento que tienen varias distribuidoras de gas-, comienza por su plataforma, que es la única de su tipo en el mercado local.  Para el caso de las compras en línea, que se han disparado en medio del bloqueo Covid-19, Addi funciona como un botón de pago. Desde enero este año, hicieron una integración con V-Tex que les permite ofrecer un ‘onboarding’ inmediato a comercios que usen esa plataforma para vender.

Cuando el consumidor está en una tienda física, el vendedor tiene acceso a un software en el que registra la cédula, el correo electrónico y el celular, que son datos “suficientes” para el análisis de riesgo crediticio que Addi hace en menos de cuatro minutos. Vía Whatsapp envía la oferta, el contrato y cierra la transacción del pago. En total, dicen tener presencia en 1.200 tiendas de 85 municipios de Colombia.

“El cliente solo necesita Whatsapp, porque por ahí hacemos la cobranza y el cierre del contrato. Estamos trabajando en cómo ser más rápidos, pero en el primer trimestre el 25% de nuestros clientes fueron reincidentes”, comenta el CEO de Addi. En la experiencia, los pagos de los créditos, que llegan hasta montos de $20 millones, se hacen en distintos plazos a través de internet, pero también en sucursales o corresponsales bancarios y cajeros.

Como alivio a la emergencia económica del Covid-19, Addi eliminó los cobros de intereses de mora y gastos de cobranza, e indica haber apoyado a más de 600 familias de los vendedores de comercios aliados. Aquellos clientes que han visto una disminución en su ingreso podrán bajar la cuota hasta solo el interés, sin ninguna penalidad hasta por 90 días. A quienes han perdido su ingreso, Addi dijo que les permitirá aplazar tres cuotas sin penalidad.

A pesar de la incertidumbre global, de continuar la senda correcta, Addi podría seguir los pasos de poderosas fintech del mundo que funcionan con modelos similares, como Afterpay y Klarna.  Entre tanto, el ecosistema fintech de Colombia se mantiene como el tercero más grande de América Latina, con un incremento de 26% en nuevas compañías de este tipo en el último año, que según el Fintech Radar de Finnovista, están generando más de 7.000 empleos.

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El ángel guardián del bitcoin: Brian Armstrong y su plan para reforzar la seguridad de criptomonedas

Por ahora, Coinbase parece un casino, pero su billonario fundador Brian Armstrong lo ve como el comienzo de una liberación financiera del planeta.

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Brian Armstrong en la nueva sede de Coinbase en el distrito financiero de San Francisco. Foto: Jamel Toppin, para Forbes.

En una de las calles de San Francisco se encuentran grandes pilares de piedra de un banco que data del siglo XIX.

A unos pasos de distancia de ahí, están las oficinas de Coinbase, la mayor empresa de intercambio de bitcoins y criptomonedas en Estados Unidos. La compañía es una colmena de ingenieros de software y jóvenes ejecutivos de marketing. Allí, los mundos de la banca convencional y el criptoanarquismo se fusionan.

El estilo y filosofía de Brian Armstrong, el multimillonario cofundador de 37 años y CEO de Coinbase, está en el campo de los anarquistas financieros. Se acomoda en su asiento junto a varios empleados, dentro de una fila de pequeños escritorios que se asemejan a los carriles de la biblioteca. Es un hombre sencillo, porta camiseta y pantalones negros que contrastan con sus zapatillas blancas brillantes.

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Armstrong habla de un mundo nuevo y valiente en el que estemos liberados de las cadenas de los bancos gigantes y los suministros de dinero, controlados por el gobierno. Durante una entrevista, este empresario generalmente reservado y tímido de la prensa declara por qué se metió en este negocio: “Quería que el mundo tuviera un sistema financiero global y abierto que impulsara la innovación y la libertad”.

Sin embargo, al seguir un modelo de negocio, Armstrong encaja con los financieros formales que trabajan en su sector. Ocho años después de su inicio, su empresa ha abierto 35 millones de cuentas, preside más de 21,000 millones de dólares (mdd) en activos y planea superar los 800 mdd en ingresos para 2020.

El éxito de Coinbase proviene de actuar como un banco, la compañía extrae fondos de clientes a través de transferencias bancarias y almacena sus activos en bóvedas (desbloqueadas por números). Además se jacta de contar con la cobertura de seguro de Lloyd’s en Londres. Tiene un personal de seguridad de 41 personas, incluyendo a un veterano de la Guerra de Irak que evalúa los riesgos del perímetro y un doctor en criptografía que estima constantemente los posibles asaltos matemáticos de las criptomonedas.

La propuesta de venta es la seguridad, sin embargo, Coinbase ha competido sin tener esto claro. En 2014, la compañía japonesa Mt. Gox quebró luego de que piratas informáticos robaran sus monedas, por un valor total de 480 mdd. Otro ejemplo son los clientes de QuadrigaCX (uno de los operadores de intercambios más grandes de Canadá) quienes no han podido recuperar 150 mdd en criptografía, desde que el fundador supuestamente murió repentinamente en diciembre de 2018 con el único conjunto de claves para desbloquear el dinero. Ante esto, los clientes piden que el cuerpo sea exhumado.

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La directora de operaciones, Emilie Choi, ha llevado a Coinbase Ventures a invertir en 60 startups de blockchain y criptomonedas. Foto: Ethan Pines, para Forbes.

Sin embargo, para seguir en el negocio, Armstrong ha tenido que alejarse del espíritu autoritario que puso en marcha Bitcoin. Por ejemplo, él juega deportes y mantiene una relación cercana con los inspectores del gobierno.

Se espera que el personal de Coinbase que ya asciende a 55 crezca a 70 al final del trimestre. Su objetivo es buscar en las transacciones de criptomonedas el posible lavado de dinero entre sus clientes y ajustarán una nueva regla que exige seguir el rastro de los clientes cuando mueven monedas durante los intercambios. Coinbase envía estritamente los informes 1099-K al Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos sobre los usuarios que en un año realizan 200 o más operaciones que involucran 20,000 dólares o más en ganancias.

A pesar de este control, ¿cómo atrae Coinbase a los fanáticos de las criptomonedas? Una forma es tener un menú que incluye las 26 monedas más recientes, algunas de las cuales están diseñadas explícitamente para ofrecer más privacidad que Bitcoin. Otra de las funciones fue introducida en agosto de 2018 y le permite a los clientes mover bitcoin a una billetera personal, exenta de las regulaciones contra el lavado de dinero.

“Si usted es un individuo y desea almacenar sus propias criptomonedas, no es un negocio de servicios financieros”, dice Armstrong, consciente de los policías de la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) que podrían estar al tanto. “Hay compañías, incluidos nosotros, que proporcionan herramientas para que las personas almacenen su propia moneda y la usen”.

Nacido cerca de San José, de padres ingenieros, Armstrong mostró una racha emprendedora desde la escuela primaria. Recuerda haber visitado la oficina del director en algunas ocasiones,  bajo la acusación de operar una empresa de reventa de dulces en el patio de recreo.

Los negocios continuaron con un plan para revender computadoras usadas y luego de obtener una maestría en 2006 por la Universidad de Rice, creó una startup que vinculaba tutores con estudiantes y trabajó en esta empresa educativa mientras vivía en Buenos Aires. “Me di cuenta que nunca había estado en Sudamérica y decidí viajar durante un año e intentar trabajar en la startup de forma remota, como si fuera una aventura. Gracias a eso descubrí qué quería hacer en mi vida. Fue una experiencia interesante ver el sistema financiero de un país como Argentina, que había pasado por la hiperinflación”, dijo Armstrong.

Más tarde se desarrolló como codificador en Airbnb y fue cuando tuvo su cripto epifanía: Su empleador estaba enviando dinero a los propietarios en América Latina cuando descubrió que el envío monetario tardaba demasiado en llegar al otro lado.

“Quería que el mundo tuviera un sistema financiero global y abierto que impulsara la innovación y la libertad”.

BRIAN ARMSTRONG

En 2010, leyó “El Manifiesto”, publicado por una persona bajo el alias Satoshi Nakamoto, que proponía al bitcoin como moneda subterránea. Las transacciones de criptomonedas se registran en un libro mayor llamado blockchain y son guardadas en archivos de computadora duplicados por una serie de “ángeles guardianes”, denominados nodos. Por otro lado, las disputas sobre transacciones y reglas básicas se resuelven por mayoría de votos. Los nodos mantienen la transparencia y evitan los problemas, al requerir que un participante en la red colabore en el trabajo aritmético, antes de certificar un lote de transacciones. Además un nodo que completa la tarea aritmética recibe una compensación monetaria.

El sector minero no le interesaba a Armstrong. Sin embargo, detectó una oportunidad en el negocio de proteger las llaves de las criptomonedas y establecer transacciones. Cualquiera podría hacer su trabajo con algún software, pero si hay un mal manejo en el protocolo, las monedas podrían ser robadas o se perderían.

Armstrong vivió momento difíciles al invertir 1,000 dólares en monedas con un precio de 9 dólares cada una, sin embargo, el valor se hundió a 2 dólares y él continúo teniendo fé en el negocio. Durante los fines de semana y hasta altas horas de la noche, Armstrong escribió un código en Ruby y JavaScript para comprar y almacenar criptomonedas. Estructuró la red bitcoin como lo hizo una generación anterior de programadores con el internet al crear navegadores.

¿Valió la pena el esfuerzo constante de Armstrong? Una inversión de 150.000 dólares proveniente de Y Combinator (la compañía de startups más exitosas de Estados Unidos), fuente de financiación inicial para Airbnb y muchas otras empresas, respondió esa pregunta en 2012. Fred Ehrsam, alumno de Goldman Sachs (la banca de inversión y de valores más grande del mundo) se unió a la empresa y le dio credibilidad a Coinbase con los bancos que estarían invirtiendo dinero a la compañía.

Los capitalistas de riesgo, liderados por Andreessen Horowitz, han derramado 500 mdd en Coinbase. “Es como si Google creara Gmail para bitcoin.”, dijo Chris Dixon, socio de Andreessen que trabaja en Coinbase.

La última ronda de financiación valoró a Coinbase en 8.100 mdd. Ehrsam, de 31 años, abandonó Coinbase, sin embargo, retiene su participación; se mantiene ocupado organizando el capital de riesgo para startups con el objetivo de utilizar criptomonedas y blockchain para construir las redes de transacciones para las corporaciones.

Chief Financial Officer Alesia Haas admits that Coinbase's monthly profitability swings with price of bitcoin.
La directora financiera, Alesia Haas, admite que la rentabilidad mensual de Coinbase oscila con el precio de bitcoin. Foto: Ethan Pines para Forbes.

La esencia de lo que Armstrong tiene en mente se puede capturar en la palabra “defi”, que en inglés significa finanzas descentralizadas o desafío a la autoridad. Se supone que “defi” debe llegar a todos los aspectos de la riqueza; algún día, supuestamente, los blockchains respaldarán el comercio, la garantía de los préstamos entre pares, sin las instituciones financieras habituales como intermediarias. Curiosamente, Coinbase tiene una licencia de corredor y concesionario. ¿Podría algún día terminar con las bolsas de valores? Tal vez sí.

Si la gran visión de Coinbase consiste en ser la puerta de entrada a las finanzas descentralizadas de todo tipo, los ingresos provienen de cosas más mundanas como las comisiones comerciales.

Coinbase permite a los aficionados entrar y salir de la criptografía, o cambiar una criptografía por otra, con varias tarifas y extensiones que llegan aproximadamente al 2%. En comparación con Binance (empresa de intercambio de criptomonedas), los especuladores pagarían un 90% menos, pero estarían lidiando con una compañía que habita principalmente en el oscuro mundo de las finanzas. Binance, con sede en Malta, solo tiene una pequeña presencia en los Estados Unidos.

Los comerciantes serios obtienen un mejor trato y beneficios, utilizan Coinbase Pro, una plataforma diferente que replica el libro de pedidos de compra y venta de una bolsa de valores; aquí, la comisión combinada de comprador y vendedor varía del 1% para pequeñas operaciones hasta el 0.07 % para un nivel de 100 mdd.

Más de la mitad del volumen comercial de Coinbase Pro proviene del comercio algorítmico. La variación de oferta/demanda en bitcoins, actualmente valorados en 9,300 dólares, cada uno, se miden en monedas de diez centavos. En términos porcentuales, la propagación criptográfica compite con la extensión del fondo ETF SPDR S&P 500 que es muy inestable.

El problema con los ingresos por comisiones es que es extremadamente sensible a los precios criptográficos. Cuando Bitcoin colapsa, como sucedió en 2018, el volumen de negociación se reduce y los ingresos en dólares de cada moneda disminuyen.

Por lo tanto, Coinbase está tratando de crear flujos de ingresos estables para equilibrar las comisiones.

Un elemento importante proviene de una operación de custodia para clientes institucionales, asegura Alesia Haas, directora financiera de la compañía. El almacén digital, ampliado en gran medida por la adquisición de negocio institucional de Xapo parte de Coinbase desde agosto pasado, posee 8,000 mdd en bitcoins y otras criptomonedas.

“Recuerdo cuando intentamos enviar dinero a Uruguay y no sabíamos cuánto se reflejaría en el otro lado”.

BRIAN ARMSTRONG

Una nueva fuente de ingresos es la participación. El titular de ciertas monedas, como tezos y EOS, cobra tarifas por confirmar transacciones en la red. No hay un cálculo de trabajo ocupado que consuma electricidad como con bitcoin, sin embargo, se necesita cierta delicadeza, porque estropear el procedimiento provocaría que la apuesta del jugador se confisque. Coinbase maneja los detalles y divide los ingresos de la participación con sus clientes. Tiene el papel de un corredor de bolsa que presta sus valores con margen a los vendedores, a excepción de que es poco probable que se reduzcan los ingresos.

Otro producto de Coinbase, llamado USD Coin, desarrollado en asociación con el círculo de intercambio de criptomonedas, permite a los clientes cambiar dólares estadounidenses a cambio de una criptomoneda con el mismo valor pero que se puede comercializar más rápidamente. Los dólares en cuestión generan intereses que Coinbase comparte con sus clientes.

Coinbase anunció que manejó 80.000 mdd en transacciones el año pasado. (Binance se jacta de tener un volumen diario que se anualiza en 1 bdd (billón de dólares). ¿Es eso suficiente para obtener ganancias? El Oficial Principal de Finanzas, Haas, permite que el resultado final entre y salga de la columna cada mes. Sin embargo, confirma que sí se excluyen elementos no monetarios, como los cargos por amortización del crédito mercantil y el valor hipotético de las opciones de los empleados, Coinbase ha sido sólidamente en el negocio durante años.

En una empresa obsesionada con el crecimiento, el dinero sale casi tan rápido como entra. Coinbase ha cuadruplicado su personal a 1.000 empleados, desde la contratación de la directora de operaciones, Emilie Choi, hace dos años. En la sede, los trabajadores de construcción apenas pueden mantenerse al día con las nuevas contrataciones. Sus oficinas se encuentran en Nueva York, Dublín y Tokio. Y hay más planes para el futuro.

Choi, que llegó a Coinbase tras desarrollar negocios en LinkedIn, ha llevado la cartera de capital de riesgo de 0 a 60 empresas. Incluyendo a Bison Trails en la ciudad de Nueva York y Alchemy, en San Francisco, ambos con el objetivo de ayudar a las corporaciones a usar blockchains. Además de Amber Group ubicado en Shenzhen, China, que aplica inteligencia artificial al comercio de criptomonedas. Choi dice: “Mucho de lo que estamos haciendo en el lado de riesgo en Coinbase, son cosas que probablemente no haría como director, pero creemos que son realmente interesantes”.

Armstrong agrega: “Estas apuestas de riesgo podrían ser enormes, no sabemos si van a funcionar ya que realmente pueden tener una tasa de fracaso bastante alta, sin embargo, si no lo hacemos, no estamos pensando lo suficientemente en grande”.

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Brian Armstrong en la nueva sede de Coinbase en el distrito financiero de San Francisco. Foto: Jamel Toppin, para Forbes.

Crypto (la plataforma pionera de pagos y criptomonedas) ha sido calificada como “veneno para ratas” por Warren Buffett; como “fraude” por Jamie Dimon y como “la madre de todas las estafas”, según el economista Nouriel Roubini. Todos unidos por una misma interrogante, ¿en dónde está la recompensa para la economía?

Armstrong plantea un futuro en el que miles de nuevas empresas usan criptografía para recaudar capital, dentro de un mercado global que ya no está controlado por las firmas de Wall Street. Predice que en una década, el número de personas que participan en la economía blockchain explotará de 50 millones a 1,000 millones. Armstrong explica que estamos destinados a disfrutar de un sistema financiero “más global, más justo y más libre”.

Hay un componente emocional en la búsqueda de la liberación financiera. Surojit Chatterjee, director de producto de Coinbase, recuerda lo que sucedió cuando India casi destruyó las tenencias de divisas en un ataque sorpresa a la oferta monetaria. Su padre de 80 años pasó cinco horas en la fila para recuperar el equivalente de 30 dólares.

Muchos países, incluidos México, Argentina, Rusia y Chipre, han perpetrado confiscaciones de riqueza de este tipo, en las que se congela o se convierte obligatoriamente en algo menos valioso, Estados Unidos también ha presentado casos así. En 1933, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt incautó el oro, reemplazándolo con trozos de papel que perdieron su valor en un 95 %.

Al igual que el oro, bitcoin es demasiado complicado para ser utilizado como medio de intercambio. El mecanismo para agregar transacciones al libro mayor significa que toma 10 minutos confirmar un pago y que solo se pueden realizar cuatro transferencias por segundo. Esto no se puede ejecutar una economía global.

Sin embargo, Armstrong, asegura que las soluciones están en camino. Una de ellas es considerar el bitcoin como una reserva de valor y agregar una capa encima para las transacciones, de la misma manera que una base inactiva de depósitos en efectivo y depósitos de la Reserva Federal, respalda un torrente de cheques y pagos electrónicos en el sistema bancario. La otra opción es crear nuevas monedas digitales teniendo en cuenta la velocidad de las transacciones. Entre los que admite Coinbase están litecoin y bitcoin cash.

Coinbase cuenta con una licencia de corredor y concesionario. ¿Algún día podría terminar las bolsas de valores?

En diciembre, Coinbase obtuvo la primera autorización de su tipo de Visa para emitir tarjetas de débito que permiten a los titulares realizar compras en los 46 millones de ubicaciones (incluidos los cajeros automáticos) que aceptan Visa, y obtener el dinero de una cuenta de Coinbase con criptomonedas.

Inicialmente, estas tarjetas de débito estarán disponibles para residentes de 29 países, pero no para Estados Unidos. Sin embargo, Coinbase podría desarrollar su autorización de Visa en otra línea comercial: la emisión de tarjetas de crédito en nombre de otros intercambios de cifrado.

Mientras tanto, los bancos no pierden la oportunidad de rediseñar las redes de pago utilizando dólares a la antigua. Zelle (un sistema de pago instantáneo administrado por un consorcio de grandes bancos) administró 187,000 mdd, de tráfico el año pasado, lo que lo posicionó muy por delante del Venmo de PayPal. Zelle está principalmente dirigido a clientes minoristas que hacen cosas como dividir los gastos de las cenas, sin embargo, ha manejado transacciones de hasta 3.2 mdd.

No hay duda, la tecnología disruptiva está llegando al sistema bancario y Coinbase formará parte de él. Es el único conjunto que aparece en las listas Forbes Fintech 50 y Blockchain 50. Sin embargo, Armstrong, tendrá mucha competencia comenzando con los bancos centrales, que están tramando sus propias monedas digitales. Facebook no ha renunciado a Libra, que pretende ser una moneda digital accesible a nivel mundial, respaldada por activos como dólares y euros.

“Que florezcan mil flores, cuando comencé Coinbase, la mayoría de la gente pensaba que el blockchain era una locura. Sin embargo, actualmente los gobiernos están invirtiendo en blue chips (sociedades cuyos valores bursátiles son estables) y eso es un indicador muy alentador”, asegura Armstrong.

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