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Emprendedores

La plataforma de capacitaciones que triplicó sus usuarios por la cuarentena

Los cofundadores de Ubits Marta Forero y Julián Melo están en un momento vibrante para su empresa que ha experimentado diez veces más solicitudes de compañías que quieren usar su plataforma.

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Marta Forero y Julián Melo, cofundadores de Ubits. Foto: Ubits.

El auge del aprendizaje en línea también está alcanzando el segmento corporativo o así lo ha dejado ver la startup de entrenamiento corporativo Ubits, que desde que empezaron los bloqueos por la pandemia del Covid-19, ha triplicado sus usuarios activos diarios y ha experimentado diez veces más solicitudes de compañías que quieren usarla.

Con las economías de América Latina entrando en recesión, la estrategia de la compañía basada en Bogotá está en un repunte de observar. Cofundada en 2013 por la diseñadora industrial Marta Forero y el ingeniero industrial Julián Melo, en su catálogo cobija más de 350 cursos cortos que denominan ‘bits’.

Pero Ubits está lejos de ser la única compañía de ofrecer planes de entrenamiento corporativo en línea en la región, que podrían ser similares a los de Linkedin Learning, Coursera o en cierto modo Platzi. Sin embargo, los fundadores están seguros de que tienen diferenciales. “Ya estamos compitiendo a nivel Silicon Valley, con la ventaja de tener contenido corporativo en español para entrenar empresas”, dijo a Forbes Forero, quien alega que, al haber pensado desde cero en contenido corporativo, su equipo se encarga de hacer seguimiento a las empresas para obtener tasas de cumplimiento altas para los planes de formación.

Ellos han conseguido US$2.5 millones en capital de riesgo de YCombinator, S28, Magma Partners y GE32, recursos que han usado para expandirse por la Latinoamérica hispana. Aunque el 60% de su operación está en Bogotá, el resto se divide entre Ciudad de México y Lima.

Pero ahora, a pesar de la crisis económica y sanitaria, pero con crecimiento en la demanda, están en una ronda de inversión que esperan cerrar pronto. En total llegan a ocho países y afirman tener entre sus clientes a gigantes como General Electric, Alsea, Falabella, Homecenter, Grupo Sura y Terpel.

“En el ultimo año hemos crecido mes a mes, creo que los formatos de los cursos de 30 a 90 minutos hacen que el entrenamiento sea más efectivo y hemos incluido herramientas descargables”, comenta Melo.

El modelo es que las empresas pagan planes para que sus colaboradores tengan acceso al catálogo. Los cursos que más están teniendo acogida son los de liderazgo para equipos remotos, creatividad y rediseño de negocios, mientras que a mediano plazo ven crecimiento para la oferta de habilidades blandas, transformación personal y manejo de estrés.

Cuando se empezó a declarar el aislamiento por el coronavirus, tuvieron que suspender las grabaciones que hacen con expertos en sus estudios en Ciudad de México y Bogotá, pero hace unas semanas lanzaron un nuevo formato de piezas de cinco minutos en habilidades al que llamaron ‘nanobits’.

El siguiente paso es que habilitarán una propuesta de ‘outplacement’ con cursos sobre mejorar la hoja de vida, habilidades financieras y el estrés del desempleo para que las empresas que tengan que hacer despidos por la crisis, en vez de quitar acceso a la plataforma a quienes salgan de la compañía, les den como beneficio su uso por un año más.

Lea también: La carrera del futuro (y cómo estamos fregando a nuestros jóvenes)

Emprendedores

Radar británico: Reino Unido quiere atraer emprendedores colombianos

Al gobierno británico le interesan los emprendedores extranjeros en su ecosistema y quiere que le pierdan el miedo al brexit.

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Foto: Getty Images.

Es imposible pensar en hacer negocios en Reino Unido y omitir el Brexit, que entre prórroga y prórroga, cada vez está mas cerca de ser una realidad.

Pero para Derek Goodwin, director del Programa Global de Emprendimiento de Reino Unido (GEP, por sus siglas en inglés), aunque todavía están en la Unión Europea y afrontan una fase de transición, en los últimos tres años ha llegado más capital de riesgo que nunca y con ello “muchos” emprendedores latinoamericanos.

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“Reino Unido es una potencia dinámica de tecnología e inversión, tiene conexiones universales, su mentalidad es global e internacional, por lo tanto, es un lugar para venir a aprovechar la oportunidad global”, le dijo a Forbes Goodwin, quien cree que al estar fuera de la Unión Europea tendrán la oportunidad de construir “vínculos estrechos” con América Latina.

De hecho, resalta que para crear una empresa en Reino Unido solo se necesitan 50 libras y llenar un formulario, pero para ello deberán prepararse para pensar en un mercado global, proceso en el que programas como el GEP, creado para fundadores extranjeros, juegan un rol de orientación.

Lea aquí la historia de Mowies, una de las startups colombianas que ha participado en el GEP de Reino Unido

“Para convertirse en negocio internacional se necesita infraestructura. Los negocios pueden tener una gran tecnología, ser disruptivos o innovadores y tener un gran fundador, pero sin la infraestructura para ayudar a que la empresa se desarrolle, es muy difícil”, señala.

Cuando dice infraestructura, se refiere a herramientas para ayudar a empresas a escalar, como el acceso a la financiación, a las personas adecuadas en el equipo para garantizar que el negocio vaya en la dirección correcta y mentoría. Pero además destaca que el fundador debe tener aspiraciones y ambiciones de mercados internacionales, que deriva en “mucho trabajo”.

Según el Global Entrepeneurship Index, el del Reino Unido es uno de los mayores cinco ecosistemas de emprendimiento en el mundo y Goodwin calcula que el año pasado el país recibió cerca de 7.000 millones de libras esterlinas en capital de riesgo.

De factores como esos se apalanca el GEP para que los emprendedores se conecten con redes para investigar el mercado, conocerlo y apalancarse de las conexiones que a nivel mundial tiene el gobierno británico.

“Reino Unido  es maravillosamente consistente para ayudar a las empresas y estoy seguro de que algunas de las empresas colombianas pueden aprovechar estas oportunidades”, describe Goodwin, quien enfatiza que ese país de acceso a capital, a talento, a negocios y a mentores.

“El país tiene una infraestructura que ayuda a las empresas a escalar y participar en eso y conectarse a los lugares correctos en todo el mundo”, añade.

En el mismo sentido, comenta que en los fondos británicos de capital de riesgo (VC, por sus siglas en inglés) hay un creciente interés por empresas latinoamericanas. “Si saben que hay un gran fundador con un gran producto, invertirán desde América Latina hasta África o donde sea”.     

Goodwin estima que 35% de los unicornios, la mayoría de los 180 que están en Europa, provienen de Reino Unido y ese es el ecosistema al que está invitando a los emprendedores colombianos.

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Emprendedores

Colombianos ganan reto de MIT con su propuesta de prevención del coronavirus

Los diseñadores Catalina Lotero y Felipe Guarín presentaron un método de alianzas humanitarias que podría ayudar a contener el impacto de la pandemia.

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Felipe Guarín y Catalina Lotero. Foto: Andrés Nieto / Cortesía.

Hace diez años, en medio de un concierto, los diseñadores Catalina Lotero, que hacía parte de un laboratorio de imagen y Felipe Guarín, que había fundado una comunidad de artistas, se cruzaron por primera vez en un encuentro que produjo que unas semanas después estuvieran fundando su estudio de diseño Whatever Works.

Hace unos días, los creadores del estudio con operaciones en Bogotá y Tokio, fueron considerados como ganadores del MIT Challenge en el que la mejor universidad del mundo según el QS World University buscaba soluciones rápidas para la pandemia de Covid-19, congregando a personas de todos los continentes en una ‘hackatón virtual’.

“En enero cuando empezó el virus a esparcirse por fuera de China y no se sabía mucho sobre el virus nos entró un sentimiento de miedo y ansiedad, como a la mayoría del mundo, hasta el punto de afectarnos físicamente”, dijo Lotero a Forbes. “Ahí decidimos que debíamos hacer algo para diseñar soluciones a los problemas que rápidamente estaban emergiendo”.

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Su ansiedad se tornó en que, a medida que el virus se propagaba por el mundo, ellos escuchaban las medidas de prevención que retumbaban en Japón -a donde se fueron a estudiar una maestría en diseño e innovación en la Universidad de Keio-, pensando en que en los países en vía de desarrollo la penetración de Internet no alcanza a gran parte de la población. Por ello en el reto de MIT propusieron hacer alianzas con compañías de consumo masivo para llevar información de calidad sobre cómo prevenir la propagación del Covid-19, a través de mensajes en el empaque de los productos.

Guarín considera que las compañías de consumo masivo tienen la capacidad de llegar a regiones apartadas y sin acceso a internet. “Es de vital importancia trabajar en alianza con estas empresas, para llevar información fidedigna hasta las manos de las personas, sobre la prevención y cuidado del coronavirus”, sostiene.

Este método, que se denomina ‘branding humanitario’, donde las marcas donan una parte de su empaque y su marca para poder ayudar a distribuir la información, se apalanca en las redes de distribución de las empresas para difundir los mensajes de prevención de contagio el Covid-19. “Es sencillo, se necesita que las marcas que ya tienen abierto un canal de comunicación con el público, en nuestro caso es con el empaque, donen un espacio dentro de esa comunicación para apoyar la diseminación de un mensaje humanitario”, agrega Lotero.

Los diseños cuentan con instructivos creados por estudiantes de medicina de Harvard.

Los diseños cuentan con instructivos que fueron creados en alianza con estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, sobre cómo crear tapabocas caseros y prevenir contagio del Covid-19 de una forma muy sencilla y entendible para toda la población.

Para el reto de MIT aplicaron 4500 personas y fueron aceptadas 1.500, con las cuales se formaron 280 equipos, apoyados por más de 200 mentores. Los equipos tuvieron 48 horas para presentar sus propuestas y finalmente fueron escogidas 40, donde fue resaltada la de los colombianos.

Los equipos debían proponer soluciones alrededor de 2 grandes temas: cómo proteger poblaciones vulnerables y cómo ayudar sistemas de salud. Por eso la propuesta de Catalina y Felipe se sustentó en su aprendizaje sobre la cultura del uso de lo tapabocas en Japón.

“Con esta idea ya se están vinculando, de manera gratuita y con el ánimo de ayudar, empresas de diferentes partes del mundo”, expresa Catalina, quien junto ha su socio han habilitado una plataforma en la que las marcas se pueden vincular a la iniciativa accediendo al material y a los diseños sin costo.

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Reposting: In a previous version of this video we misspelled “Colombian” in the subtitles. We sincerely apologize for the mistake and have corrected it in this version. ⠀ Catalina @machin_gan, 33, and Felipe @feloguarin, 35, are Colombian designers living in Japan. They have taken on a big challenge: bringing Covid-19 information to people who can´t access the Internet. Their solution: putting information about the virus on the labels of common consumer goods like cola and rice. By printing do-it-yourself mask instructions and hygiene recommendations onto the packaging of these products, they have found a way to get information to the most vulnerable. ⠀ #takeover by @deutschejournalistenschule ⠀ #coronasolutions #djs #deutschejournalistenschule #coronasolutions #djs #MaskUp #maskeauf #Covid19 #colombia #japan #nointernet #ruralarea #doityourself #mitcovid19challenge #smartsolutions #designsolutions

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Foody: la startup que quiere reemplazar corrientazos con ‘comida saludable’

La plataforma Foody está atrapando a un desatendido mercado de personas que para sus almuerzos quieren un menú balanceado.

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Foto: Foody.

Solo quien se preocupa por comer saludable puede llegar a sentir la angustia que perseguía a Antonio Plata, quien juega tenis y al buscar opciones para almorzar cerca de su trabajo en El Chicó, en el norte de Bogotá, se encontraba solo con corrientazos o con restaurantes balanceados que cumplían con sus expectativas, pero se salían de su presupuesto.

Antonio Plata, cofundador y CEO de Foody; Juan Pasquale, cofundador y líder de producción, y Andrés Galindo, cofundador.

Sabía que seguro había muchos otros como él, así que tras pasar por una montaña rusa de siete años emprendiendo startups: una plataforma de pronósticos de fútbol que no despegó y una fallida aplicación de citas, recién comenzando el 2017 se encerró en su apartamento a ver qué solución le podría ofrecer, con tecnología, a los que, como él, se preocupan por comer saludable. Con su antiguo socio, el ingeniero Andrés Galindo, dieron origen a Foody, un restaurante en línea que se encarga de todo; desde diseñar el menú, hasta producir y hacer las entregas a través de una plataforma propia. “Yo era un foody bot, testeando el pilotaje con los usuarios para mejorar el producto”, es el recuerdo que llega a la cabeza de Antonio. El mayor aprendizaje de los intentos previos era que no estaban solucionando un problema fuerte, tanto, que después de usarlas, a las personas se les olvidaba el nombre de la aplicación. Por ello adoptaron la premisa de no escalar hasta no tener usuarios que amaran su producto.

Más adelante se les uniría un nuevo socio, Juan Sebastián Pasquale, quien antes era la mente detrás de Happy Snacks, una pequeña empresa que comercializaba ensaladas a bajo costo en universidades y vendió. Al ir integrando macronutrientes, hacer cambios en el menú inicial, ejecutar un plan conciso, la retención y la adquisición mejoró en un 300 %.

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El optimismo invadió al equipo desde que pasaron de tener un promedio de 1,6 platos a la semana por persona, a 3. En la plataforma los usuarios pueden programar su semana o desde el día anterior escoger si quisieran un pollo a las finas hierbas con puré de papa y ensalada italiana o una ensalada de la casa con mix de lechugas y pechuga.

Con un equipo especial, bajan a tres grados la temperatura de la comida para que no se rompan las partículas internas y se mantenga intacta hasta el día siguiente, cuando un domiciliario contratado por la compañía aparece en la puerta de las oficinas u otros espacios de trabajo con una caja verde que contiene el menú del día, listo para ser calentado en un horno microondas.

En menos de dos años se han multiplicado cerca de 45 veces, entregando un poco más de 2.100 platos al día en Bogotá, —única ciudad en la que operan por el momento— y el equipo de 3, se convirtió en 50, incluyendo 25 personas en producción.

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“Nos diferenciamos de un restaurante tradicional porque no hacemos pedidos a la minuta. Somos un centro industrial con mucha ingeniería, matemáticas y eficiencias”, explicó Plata, quien, como CEO, se apoya en líderes de producción, calidad, chefs, nutricionistas, un equipo de ingeniería y otro financiero. Antonio es un emprendedor que basa sus decisiones en datos y le obsesiona medir todo.

Así lo cuenta Felipe Santamaría, cofundador y managing director de Rockstart Latam, la aceleradora de origen europeo, cuyo fondo invirtió en Foody. “Creo que le apasiona realmente poder solucionarle los problemas a sus usuarios y este ADN se ve en toda la compañía. Lo que más rescato de su rol es que está en continuo crecimiento y aprendizaje, se preocupa siempre por aprender”, refirió.
Están vendiendo 500 millones de pesos cada mes, con esa misión de ‘democratizar la comida saludable’.

La pandemia del COVID-19 los obligó a dar un vuelco total en sus operaciones, ampliando la cobertura para poder llegar a las casas de todos esos usuarios que frecuentemente hacen pedidos en Foody hacia sus oficinas. Esto, seguido de la implementación de medidas como bolsas de seguridad para los platos, lavado de manos y desinfecciones constantes en la planta, verificación del estado de salud del personal antes del ingreso, inclusión de tres turnos para disminuir riesgos y teletrabajo para todo el que pueda hacerlo.

Hablando del futuro, se proponen estar vendiendo 80.000 platos al día dentro de tres años, no solo en Bogotá, sino también en las principales ciudades de América Latina: las próximas paradas serían Medellín y Ciudad de México. Entre sus inversionistas están Monserrate Ventures, una family office de El Salvador; José Vélez, quien fuera cofundador de PayU, y Juan Salcedo, cofundador de la vendida Tappsi y Tpaga. Pronto van por más en una ronda de inversión en la que esperan cerrar de dos a cuatro millones de dólares.

Esos recursos serían el respaldo para las ambiciones de Foody, que está evaluando una tecnología de producción para que, de forma natural, un plato pueda tener vida útil de entre dos a tres días. Pero con esa base de usuarios con estilo de vida saludable, podrían usar ese conocimiento para nuevas verticales

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El misterio detrás de ClubHouse, la aplicación secreta de Silicon Valley que ya vale US$100 millones

Solo se puede entrar (por ahora) por invitación a esta aplicación de audio.

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Vía Twitter.

En las últimas semanas se ha acentuado con creces un misterio que tiene en vilo a la élite de inversionistas de Silicon Valley: Clubhouse, una aplicación de voz que hace unas semanas tenía cero usuarios y que todavía no ha salido a la luz pública pero ya está valuada en US$100 millones.

En la versión beta de la red social, a la que han sido invitados a participar celebridades y figuras clave del capital de riesgo, muchos de los que la tienen ya son adictos. Funciona permitiéndoles entrar a salas de chat emergente que desaparecen cuando terminan las conversaciones. Los usuarios pueden unirse a cualquier sala, ver quien habla o escucha, entrar a perfiles y seguirse entre unos y otros.

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Varias fuentes dijeron a Forbes que Clubhouse ha recaudado una ronda de financiamiento Serie A del fondo Andreessen Horowitz, en un acuerdo que incluye US$10 millones en capital primario y al menos US$2 millones de acciones secundarias, para una valoración de US$10 millones. Andrew Chen, socio de Andreessen Horowitz, se unirá a la junta directiva de Clubhouse.

Su creador es Paul Davison, quien antes trabajó en Google y en la firma de capital de riesgo Benchmark, según su perfil de LinkedIn.

Para una empresa de esa madurez, esa inversión es inusual, pero en esta plataforma han sido vistos como sus primeros usuaros (o han tuiteado frecuentemente sobre ella) los socios de Andreessen Horowitz, el inversionista de Shark Tank Mark Cuban y figuras del entretenimiento como Kevin Hart.

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Clubhouse tenía ofertas mucho más altas que podrían valorarla en hasta US$200 millones, afirmó a Forbes otra de las fuentes. “Fue una carrera de dos caballos entre los fondos Benchmark y Andreessen Horowitz”, afirmó un inversionista familiarizado con Clubhouse y el aumento. La propia oferta de Benchmark llegó a menos de US$100 millones, consistía en unos US$75 millones u US80 millones.

Por ahora, parece que esta compañía que apenas tiene 2 empleados no tiene un rival que se le acerque en conexiones y capital levantado.

Un inversionista informó a Forbes que estaban invitando a Beyonce y a Jay-Z a ser parte de la aplicación. “Marc fue a buscar a Kevin Hart. Ningún otro inversionista obtuvo una celebridad de alto nivel en la aplicación “.

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Los otros colombianos que están detrás de los robots de Rappi

La historia detrás de los robots domiciliarios que están rodando en Medellín desde hace unas semanas.

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Foto: Rappi.

Con completo asombro, los transeúntes del barrio El Poblado de Medellín empezaron ver rodar por las calles unos 15 robots en los que Rappi puso a repartir comida a mediados de abril, en medio de la cuarentena por el COVID-19.

Los aparatos son de los mismos que gozan de popularidad entre los estudiantes de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos) desde hace varios años. Pero pocos saben que los kiwibots son colombianos y han hecho ya más de 100.000 entregas en el mundo, donde son muy pocas, quizás dos o tres, las compañías que los tienen rodando.

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“Muchos los usan para hacer golpes de opinión, pero somos unas dos compañías en el mundo las que ponemos a andar nuestros robots todos los días, haciendo cientos de entregas”, comentó el bogotano Felipe Chávez, CEO de Kiwi Campus, la tercera compañía que cofundó, después de vender Lulo Domicilos a Merqueo.

El énfasis en asuntos de logística que había tenido fue el complemento perfecto cuando este administrador de empresas le mostró un robot a un exprofesor que estaba trabajando en la Nasa. Fue así como en diciembre de 2016 visionó que la automatización logística tarde o temprano iba a llegar.

La búsqueda para definir dónde estaría basada la nueva empresa lo llevó a una travesía con una idea muy ambiciosa por Tijuana, Sao Paulo, Ciudad de México, Santiago de Chile, pero la escogida fue Medellín, por el ecosistema que se estaba armando en la ciudad y el acceso al talento. “Muchos ingenieros de México se van a Estados Unidos, pero en Colombia permanecen”, explicó. En la capital de Antioquia están las operaciones principales, con 48 ingenieros.

La complicidad de sus cofundadores, Sergio Pachón (director de operaciones) y Jeison Oviedo (director de tecnología), fue clave tras el sueño de emprender en Silicon Valley. Un avión hasta San Francisco sin conocer a nadie fue la ruta para levantar un poco de inversión y sacar adelante los primeros prototipos.

“Me sentaba con graduados de Stanford, UC Berkeley, así como con ingenieros recién graduados de la Universidad Nacional o de Los Andes. Incluso veía más hambre en los ingenieros colombianos por el software y la inteligencia artificial”, recordó Chávez.

A UC Berkeley llegaron porque allá el Airbnb era más barato y en un campus cerrado veían más opciones de poner a andar sus robots: iban a la cafetería, reclutaron practicantes y llamaron la atención de la universidad, que los invitó a ser parte de su programa de emprendimiento y se convirtió en su primer inversionista institucional. “Kiwibot es una sensación en Berkeley”, acotó.

La nube negra del coronavirus, que decretó el distanciamiento social, volvió a Kiwi Campus un imán para gobiernos y multinacionales para contratarlos. Además de la reciente alianza con Rappi, están ajustando otras más en California y en Taipei.

Cuando Chávez apareció hace dos años en el programa sobre emprendimiento Shark Tank, de Sony, sumó a Alexander Torrenegra y Frank Kayanet. También le han sumado capital Socialatom Ventures, de Andrés Barreto; la Familia Vásquez, de Auteco, Infinity Ventures y Urban US. Entre las más de 100 mil entregas que han hecho no se han robado el primer robot. “El GPS es muy difícil de desconectar, así que robárselo es llevarse la Policía a casa”, explicó.

Felipe es claro con el tema más sensible que los toca: “No se van a reemplazar a las Persona. Esta es una tecnología complementaria a los trabajos humanos. Los domicilios van a crecer, seguro se van a necesitar más humanos, esta tecnología llega a complementar”. Visionando el futuro del internet de las cosas, Chávez cree que a futuro Kiwi Campus podrá mover cosas gratis en un radio de cuatro kilómetros. “Hace seis meses nadie entendía lo que hacemos, ahora la gente le ve sentido”.

La carrera apenas comienza. En Estados Unidos las compañías Starship Technologies y Nuro han estado haciendo entregas locales con sus pequeños robots. La pandemia ha despertado el apetito en empresas y gobiernos, lo que se ha convertido en un reto. Hace unos meses iFood, que hace poco se volvió el mayor accionista de Domicilios.com, reveló que pronto estaría haciendo pilotos de entregas en Colombia con robots y drones, pero para poder hacerlo, tendrá que aliarse con una firma como Kiwi Campus.

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