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Universidades, es tiempo de cambiar

El coronavirus reveló algunas grietas de la educación universitaria y quedaron al desnudo las debilidades estructurales de un modelo tradicional.

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Hace más de 10 meses realicé el pago del último recibo de la maestría, la última clase fue hace 9 meses y ya han pasado 2 meses desde que cumplí con todos los requisitos académicos requeridos y aún no tengo noticias de mi grado.

Más allá de una situación particular, o una queja personal, sinceramente conozco pocos servicios tan ineficientes, egocéntricos y estructuras administrativas tan parsimoniosas como en las Universidades, sin embargo, se mantienen ahí casi indelebles ante los cambios del mundo, o por lo menos eso pensaba antes de la pandemia.

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Con la llegada del Covid-19 se revelaron las grietas estructurales de la educación universitaria. Se cayó el telón que sostenía su función y quedaron al desnudo las debilidades de un modelo que pide a gritos un cambio profundo. Freddy Vega, CEO de Platzi, en un video que publicó el pasado 3 de abril se hace una pregunta que seguro ha hecho eco en muchas personas:

“La mega revolución de la educación es que las personas de repente se harán esta pregunta ¿Pago una matrícula carísima para obtener educación equivalente a la educación que podré obtener online en plataformas más baratas? ¿Realmente el título vale toda la plata que están pagando?

Hace más de 8 años estoy vinculado con la academia como profesor tipo cátedra en área de negocios y emprendimiento. Ocasionalmente recaímos en la pregunta que propone Freddy y la respuesta inmediata de los estudiantes era un silencio crítico. Con la llegada de la pandemia, y la obligación a impartir las clases de manera remota salió a flote la pregunta ¿Cuál es el valor de la educación universitaria en estos tiempos?

¿Qué opinan los estudiantes?

Para construir esta columna me tomé la tarea de hacer un ejercicio colaborativo con 14 estudiantes de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario. Muchas de sus opiniones son transcripciones fieles al texto que ellos escribieron y enriquecen a través de su visión esa discusión.

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La mercantilización de la educación ha puesto al estudiante como un producto estándar en una máquina de producción de desempleados, y así lo percibe Maria Paula:

“El valor de la educación universitaria actualmente se ha deteriorado en una forma grave, ya que, además, a las universidades solo les importa cobrar un recibo de pago y a su vez, velar solo por las notas y el desempeño de sus estudiantes, para ver si son los mejores en un simple ranking o peor aún, el hecho de creer que estar sentados viendo una pantalla tres horas significa aprendizaje y que, por eso, nos convertiremos en buenos e íntegros profesionales a futuro. Lo que quiero decir con lo anterior es que las universidades no ven a sus estudiantes como personas sino como un cliente”.

Tal vez el valor de la educación está en las Universidades que se atreven a crear escenarios futuros, desarrollar esas capacidades en sus estudiantes y alistarlos para los desafíos personales y profesionales de esos escenarios.

María de Lourdes escribió que “los cambios de contexto para las escuelas de educación superior necesitan realizar variaciones en sus prácticas para dar respuesta a los nuevos retos. Para esto, se exige una actitud de servicio social entre las instituciones, directivas, docentes y estudiantes”, y justamente ese valor social que tienen las Universidades es el centro de una tentativa respuesta común a la pregunta. María Paula lo sintetiza muy bien diciendo “La educación es un factor que no solo impacta la vida de un individuo, sino por el contrario, a una sociedad en su conjunto”.

Finalmente quiero rescatar la visión de Alejandra donde ubica el valor de la educación como una responsabilidad no sólo de la institución sino como un proceso de aprendizaje autónomo y continuo a lo largo de la vida.

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“…su valor se ha transformado, pues ya no se concibe como un fin, si no como un medio para impactar de forma positiva a la sociedad. Por último, el valor de la educación es subjetiva y se encuentra arraigada a cada estudiante, pero para mí, la enseñanza es un proceso constante e interminable el cual reside en la autonomía y la tenacidad”.

¿Será que lo que más les molestó a los estudiantes es que la responsabilidad de su proceso de aprendizaje recayó sobre ellos, y así como la pandemia reveló las debilidades de las universidades, también puso al desnudo los graves problemas de aprendizaje que tienen ellos?

El 43% de los estudiantes considera aplazar semestre si se realiza de manera remota

Con el fin de tener una visión más amplia de este fenómeno, realicé una encuesta dirigida a estudiantes de pregrado a nivel nacional y, gracias al apoyo de muchas personas, logré obtener la respuesta de 430 estudiantes de 78 universidades en 8 ciudades del país y quiero compartirles las siguientes conclusiones:

  • 48 % de lo estudiantes encuestados considera que en el semestre que acaba de terminar ellos no aprendieron
  • El 86,5 % de ellos considera que la digitalización este semestre afectó de manera negativa su proceso de aprendizaje
  • Así mismo, el 87 %, que representa la voz de 374 estudiantes consideran que la digitalización afectó negativamente la calidad de su proceso de aprendizaje
  • El 48,4 % consideran que los profesores no se adecuaron de buena manera al nuevo entorno digital.
  • Y quizá la conclusión más demoledora, el 43,3 % consideran que si el próximo semestre se imparte remotamente aplazarán sus estudios universitarios

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Conclusiones

La educación en general está viviendo uno de los cambios más fuertes de los últimos años, y dependerá de todos: directivos, profesores y estudiantes hacer una revaluación profunda y a consciencia sobre para significar valor en la sociedad.

En este sentido, los invito a que la angustia de las matrículas no los deje miopes en la visión de construir entornos académicos a la altura del contexto y no utilicen la excusa de la virtualidad para sostenerse en esa lógica post revolución industrial de producir estudiantes como si fueran Big Mac como bien lo trinó mi amigo y profesor Sebastián Chávez:

“La virtualización de la educación es la oportunidad que muchas universidades estaban esperando para hacer algo que en la educación no se debería hacer. Crear economías de escala”.

Finalmente, si usted es profesor repita conmigo la siguiente frase: las herramientas tradicionales pedagógicas no funcionan en los entornos digitales. Las herramientas tradicionales pedagógicas no funcionan en los entornos digitales. Las herramientas tradicionales pedagógicas no funcionan en los entornos …

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LinkedIn: Gustavo Orjuela
*El autor es Head Of Partnerships and Scouting at Wayra Colombia.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Neivor, la fintech que revoluciona los pagos para los conjuntos residenciales

El emprendimiento colombiano ha desarrollado un modelo de economía colaborativa en conjunto con las entidades financieras para enriquecer el portafolio financiero de este segmento.

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El crecimiento de las ciudades ha transformado las estructuras de viviendas tradicionales de casas a grandes edificios y conglomerados de familias. Esta nueva forma de organización de vivienda convirtió a los conjuntos residenciales en mini ciudades con retos como el recaudo del dinero para su funcionamiento, el desarrollo y el bienestar de la comunidad.

¿Cómo hacer eficiente el recaudo, crear tejido social y generar fuentes alternativas de ingresos que creen comunidades saludables usando la tecnología como medio?

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Neivor es una empresa de tecnología colombiana que ha decidido desarrollar un ecosistema de vivienda poco explorado en Latinoamérica, a través de alianzas con diferentes actores del sector como bancos y compañías aseguradoras.

Paola Fuertes, cofundadora y CEO de Neivor, considera que estos ecosistemas no se han desarrollado por barreras como la limitada infraestructura de pagos, la desconexión entre vecinos y la falta de herramientas para la gestión y administración del mismo. 

Para empezar, la infraestructura de pagos en Latinoamérica es costosa y compleja de implementar. En la región, habilitar pagos electrónicos para un pequeño comercio tiene un costo promedio de 3,5 % + IVA por transacción, además de incurrir en los honorarios e infraestructura necesaria para tener este servicio activo, es por esto que la mayoría de conjuntos residenciales no le ofrece a los residentes la oportunidad de pagar en línea. Es así, que los pagos en efectivo siguen siendo predominantes a pesar de su ineficiencia y de los problemas de conciliaciones manuales que originan. 

Por otro lado, la desconexión entre vecinos es un fenómeno global. Pew Reserch Center desarrolló una encuesta en Estados Unidos sobre los aspectos de la vida en Comunidad arrojando que el 57 % sólo conoce a “algunos vecinos” y el 12 % no conoce a ninguno.

Es aquí donde el desarrollo de los vínculos de confianza permite el crecimiento de la comunidad. En esta misma encuesta se revela que al menos tres cuartas partes de los encuestados (66 %) se sentirían cómodos pidiéndole favores como mantener un juego de llaves en caso de emergencias a vecinos conocidos.

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Neivor se dio a la tarea de traer innovación tecnológica y habilitar medios de pago para estas comunidades. En primer lugar, en alianza con varias entidades financieras en la región ha desarrollado un portafolio integrado a los servicios financieros que mejora las tarifas, reduce la complejidad en la integración y entrega una plataforma para habilitar canales digitales y reconciliar la información para el banco y el condominio en tiempo real.

Como resultado se ha simplificado la forma de pagar, los residentes pagan no solo en efectivo sino con tarjetas crédito, lo que finalmente representa un beneficio tanto para el banco como para el conjunto residencial. Desde la perspectiva de los vecinos, esto le da la oportunidad de conectarse e interactuar para poder intercambiar productos y servicios y estar al día con lo que pasa en la comunidad, todo esto desde el app. 

Hoy en día, Neivor está operando con los principales bancos de la región en países como Colombia, Ecuador, Bolivia y El Salvador potenciando un segmento de mercado poco explorado por las instituciones financieras. La estrecha relación entre Neivor y las entidades financieras ha inspirado a nuevos emprendedores a montar sus propios negocios.

Por ejemplo, la empresa boliviana Gecodix (Gestión de Conglomerados Digital) decidió iniciar su negocio de administración de condominios utilizando la plataforma de Neivor de forma fácil y rápida. “Esto es similar a lo que logran compañías como Airbnb o Uber, que inspiran a otros a emprender y tener otras fuentes de ingreso a través de la conexión de personas y el uso de herramientas digitales”, señala Paola.

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El modelo ha sido tan efectivo que ya ha migrado a otro tipo de comunidades, como colegios y universidades. Con su plataforma, Neivor está concentrando las transacciones de los conjuntos residenciales en Latinoamérica. Lo hace convirtiendo el procesamiento de un pago en un elemento para la creación de valor social. Así, están transformando la forma en que hoy se vive en comunidad.

Contacto:
LinkedIn: Daniel Bilbao
Twitter: @ddbilbao
*El autor es fundador y CEO de la empresa Truora, que tiene como objetivo combatir el fraude en Latinoamérica. Trabajó en la banca de inversión en Wall Street, es consejero y miembro de juntas directivas de varias ‘startups’ y hace angel investing.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Emprendedores

Tres mitos sobre YCombinator y cómo aplicar

Solo el 1,5 % de los emprendimientos que aplican a su programa de aceleración logran entrar. Acá los principales errores y cómo postularse.

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Arranquemos con las bases: YCombinator es una aceleradora de startups ícono en el mundo del emprendimiento, que ha financiado a más de 2000 compañías en early stage desde el 2005. Sus resultados son impresionantes: el valor combinado de sus emprendimientos supera los 155 billones de dólares. 

No existe tal cosa como el éxito garantizado para un startup, pero YCombinator es como una aplanadora que facilita bastante el camino. Hay un problema, y es que entrar es muy difícil. Solo el 1,5 % de los emprendimientos aplicantes logran convencer a que la afamada institución los fondee como también financiaron en un comienzo a pequeñas iniciativas que hoy conocemos como Airbnb, Dropbox, Stripe, entre otras.

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Funciona así, la aceleradora escoge dos veces al año una gran cantidad de startups en las que invierte 125 mil dólares, además de brindar la oportunidad de pasar tres meses trabajando en la construcción de un pitch para presentar en el mítico Demo Day, que es una puerta a inversiones y visibilidad en la industria en general. En Latinoamérica, YCombinator ha invertido en 50 compañías de países como Colombia y México principalmente. 

Truora participó en YCombinator en 2019, (acá la historia de cómo lo hicimos) y de esta experiencia aprendimos que todos. Sin importar que tan expertos o no sean, de donde vengan, quienes sean o lo que hagan en la startup, pueden tener un chance de entrar y por eso hoy quiero aclarar tres mitos sobre YCombinator para que quienes crean que pueden se animen a participar.

1. No tienes que ser un gringo graduado de Stanford para pasar

YCombinator es muy claro es este punto, tanto que siempre están haciendo giras globales (en América Latina han ido a México, Brasil, y Argentina) que ahora se convirtieron en decenas de cursos online disponibles en su página web, siempre intentando ser lo más democráticos posible.

Solo en el YC Summer Demo Day 2020. fueron más de 190 startups de 26 países latinos, africanos, asiáticos y europeos los que participaron, de las cuales un 36 % tiene sede fuera de los Estados Unidos, y el 6 % pertenece a alguna mujer afro. 

En Colombia hay casos excepcionales, como el de Platzi, que fue la primera startup latina en conseguir entrar a YCombinator, o Rappi, la primera empresa unicornio del país.

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2. Tu startup no necesita tener una tracción enorme para participar

La mayoría de startups entran con equipos pequeños y a veces solo con una idea y muy poca tracción. Si tu emprendimiento está en esta categoría, enfócate en vender las oportunidades de revenue disponibles en el mercado, en la historia de cómo fue creada y los planes de a dónde quieres llevar la empresa. 

Si logras con tu historia que los inversionistas imaginen el impacto que pueda tener tu startup sobre el mercado a través de posibilidades ilimitadas, la tracción será el menor de los problemas para lograr una primera inversión. 

3. Solo las empresas de tecnología pueden entrar a YCombinator

Si bien hay una alta posibilidad de que las startups con foco en tecnología logren hacer un pitch en el Demo Day, hay cientos de compañías de otras industrias, como la de biotecnología, medicina y hasta construcción. Un caso interesante de esta pasada edición es el de las empresas tradicionales que están pasando por procesos de transformación digital, y esto se debe probablemente a la urgencia de muchos emprendimientos por sobrevivir en la pandemia.

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Como dije al inicio, emprender es particularmente difícil, pero puedo asegurar que YC es el mejor impulso que conozco para ayudar a empujar un startup como sucedió con nosotros en Truora. 

¡Queremos ayudar!

Como decimos en Colombia, “la peor vuelta es la que no se hace”, y ¡vamos a ayudarte! 

Las inscripciones se cierran el 23 de septiembre y este viernes a las 10 a.m. estaré dando una charla junto a Treble, otro gran caso de YCombinator, sobre mejores prácticas. 

Inscríbete AQUÍ.

Contacto:
LinkedIn: Daniel Bilbao
Twitter: @ddbilbao
*El autor es fundador y CEO de la empresa Truora, que tiene como objetivo combatir el fraude en Latinoamérica. Trabajó en la banca de inversión en Wall Street, es consejero y miembro de juntas directivas de varias ‘startups’ y hace angel investing.

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Enfrentando los desafíos de seguridad de la red corporativa en tiempos de pandemia

Todos los días recibimos una gran cantidad de spam y phishing en nuestros buzones de correo electrónico, tanto personales como laborales.

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Todos los días recibimos una gran cantidad de spam y phishing en nuestros buzones de correo electrónico, tanto personales como laborales. Van desde invitaciones inofensivas a eventos a los que nunca asistiremos o anuncios de diversos productos y servicios, hasta mensajes falsos, menos inofensivos, enviados por hackers sobre premios de lotería o con solicitudes de ayuda, generalmente en forma de transferencia de dinero.

Los spammers le escriben a todo el mundo: becarios, amas de casa, gerentes y ejecutivos. Sí, también recibo mi buena dosis; en realidad más de la porción que me toca, de tales mensajes bajo la apariencia de invitaciones a conferencias, solicitudes de reuniones e incluso notas de supuestos parientes que quieren informarme sobre una oportunidad de negocios.

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Cabe señalar que la actual pandemia por Covid-19 también se ha convertido en un imán de spam que abre la caja de Pandora de las ciberamenazas. Ahora que el mundo es un lugar diferente en medio de la crisis del coronavirus, todo el panorama del ciberdelito ha cambiado en los últimos meses y los ciberdelincuentes se están aprovechando de la situación para montar una serie de ataques.

Desde el inicio de la emergencia sanitaria, la cantidad de archivos maliciosos únicos detectados aumentó de alrededor de 300 mil a más de 420 mil por día. ¡Eso representa un incremento del 40 % en tan solo unos meses! ¿Quieres saber qué me mantiene despierto por las noches? El creciente número de ciberdelincuentes detrás de estos ataques y sus tácticas cada vez más sofisticadas.

Naturalmente, los ciberdelincuentes aprovechan el tema del brote del coronavirus en sus correos electrónicos corporativos de phishing. A menudo, citan retrasos en las entregas a domicilio relacionados con la contingencia, que es especialmente relevante en el contexto actual; eso hace que los destinatarios se pregunten a qué entrega se refieren y decidan abrir su correo electrónico.

Incluso alguien capacitado para detectar un correo falso, puede llegar a tener dificultades para determinar si un mensaje es phishing o se trata de una comunicación legítima por parte de un proveedor. Según nuestra investigación, más de una cuarta parte (27 %) de los encuestados dice haber recibido correos electrónicos maliciosos relacionados con el coronavirus en los últimos meses. 

Las compañías corren un mayor riesgo ahora que, en general, los empleados han migrado a trabajar desde casa, especialmente aquellas empresas que no estaban preparadas para este formato, o bien, no han establecido los protocolos de seguridad necesarios para que los empleados se conecten a la red corporativa de forma remota.

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Desde el punto de vista de la seguridad informática, un empleado dentro de una red corporativa y un empleado que se conecta desde casa son usuarios en entornos digitales radicalmente diferentes. Nuestra investigación ha demostrado que a medida que ha incrementado el uso de servidores y herramientas de acceso remoto durante los últimos meses, también ha aumentado el número de ataques.

Como resultado, este cambio a Home Office ha afectado la seguridad corporativa con un número creciente de ataques basados ​​en la web (el promedio diario de ataques de fuerza bruta a servidores de bases de datos aumentó un 23 % en abril de 2020, en comparación a enero), phishing relacionado con el coronavirus (los ataques de phishing por correo electrónico se han disparado más de un 600 % desde finales de febrero de 2020), así como el aumento en el uso de Shadow IT

El ransomware es otro problema importante para las empresas, los gobiernos, el sector educativo y otras instituciones alrededor del mundo. Un ejemplo es el ataque de ransomware al fabricante japonés de cámaras Konica Minolta durante el verano o los ataques a Xerox, Orange y la firma de dispositivos wearables Garmin.

Hoy en día, los delincuentes detrás de los ataques de ransomware están agravando la pandemia, al obligar a las instituciones de atención médica y otras organizaciones de infraestructura crítica a pagar para recuperar el control de sus datos.

Desafortunadamente, los proveedores de atención médica y otras instituciones sanitarias son objetivos perfectos para tales ataques, pues dependen por completo de sus sistemas, ya que la falta de acceso a sus archivos puede convertirse en una cuestión de vida o muerte. Por eso, para mí, los ataques que ponen en peligro la vida y el bienestar de las personas son actos de ciberterrorismo.

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Por lo tanto, durante la pandemia, es todavía más importante para las organizaciones proteger su infraestructura crítica y los sistemas que administran el acceso a los datos. Esto es especialmente relevante para las empresas que dependen de servidores públicos para comunicarse con sus clientes. Además, con la mayoría de los empleados trabajando desde casa, un ataque de ransomware en este contexto causaría más interrupciones que en circunstancias normales.

El diseño de redes corporativas y las estrategias de soporte deben y tienen que ajustarse para abordar este gran desafío. Detener los ataques depende, sobre todo, de identificarlos en sus primeras etapas, como el phishing. 

La forma efectiva para que las empresas e instituciones enfrenten este problema es utilizando múltiples capas de seguridad, ancladas en una solución antimalware robusta, junto con la capacitación del personal sobre ciberamenazas y el uso correcto de dispositivosy tecnologías. Solo así tendrán la oportunidad de evitar ataques.

Contacto:
LinkedIn: Eugene Kaspersky
*El autor es experto en ciberseguridad de renombre mundial y empresario. Es cofundador y Director General de Kaspersky, proveedor privado de soluciones de ciberseguridad y protección de endpoints más grande del mundo que trabaja, entre otros con la Iinterpol y Europol en temas contra el cibercrimen.

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Lo que no se dice sobre la desigualdad en Colombia

Colombia no es un extraño animal cuya esencia esté definida por su alta desigualdad. Su situación es bastante similar a la de países de la región.

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La desigualdad económica es uno de los pocos aspectos alrededor de los cuales existe un consenso en la opinión pública colombiana. Todos estamos de acuerdo con que la desigualdad en Colombia ha sido extraordinariamente alta por años.

Lamentablemente, tal como la mayor parte de consensos, nuestro acuerdo sobre la alta desigualdad en Colombia mantiene en la sombra elementos fundamentales de ella, los cuales parecen ser poco o mal entendidos por la mayoría. Una rápida mirada a la evolución de la desigualdad en el país nos indica lo mucho que hay detrás de la afirmación “Colombia, uno de los países más desiguales del mundo”.

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En primer lugar, en el último siglo, la desigualdad en Colombia se ha movido en rangos bastante amplios. Concentrándonos en la desigualdad de ingresos, y observando el coeficiente de Gini, desde 1938, éste ha fluctuado entre el 0.45 y el 0.59 (véase gráfico 1). Como punto de referencia, en la actualidad, un Gini de 0.45 es inferior al de Singapur y uno de 0.59 superior al de Zambia.

Adicionalmente, la desigualdad en Colombia ha variado importantemente en periodos de tiempo relativamente cortos. Dos periodos de rápida reducción de la desigualdad de ingresos se observan en el último siglo, los 60s y 70s, y los 2000. Ambos periodos coinciden por el rápido crecimiento de la economía nacional y la expansión de la política social.

Fuente: Rodríguez (2017) y Banco Mundial

Ahora, más allá de su evolución en el tiempo, es conveniente tener algo de perspectiva internacional con respecto a sus niveles. Contrario a lo que se suele mencionar, los niveles de desigualdad de Colombia no son extraños en el contexto regional.

Según los datos de Prados de la Escosura, en el siglo XX el Gini de ingresos de Brasil fluctuó entre 0.46 y 0.57; el de Chile, entre 0.40 y 0.54; el de Ecuador, entre 0.54 y 0.61; el de Argentina, entre el 0.40 y el 0.50; el Perú, entre 0.39 y 0.61; y el de Venezuela, entre 0.44 y 0.61.

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Así, aunque con frecuencia dentro del rango superior, Colombia no ha sido muy diferente al club de países latinoamericanos. Un club que, por cierto, ha sido uno de los pocos que se ha mostrado capaz de reducir sistemáticamente su desigualdad en los últimos 40 años, periodo durante el cuál la desigualdad ha aumentado en el resto del mundo (véase gráfico 2).

Fuente: Goda (2016)

Por supuesto que una mirada completa de la desigualdad en Colombia necesita una reflexión mucha más profunda. Sin embargo, lo presentado aquí debería bastar para reconocer que Colombia no es un extraño animal cuya esencia esté definida por su alta desigualdad. 

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La alta desigualdad es algo que compartimos con nuestros vecinos. Además, hemos logrado reducirla rápidamente con el uso de políticas sociales convencionales en contextos de alto crecimiento económico. Así, aunque es un problema serio, tiene solución. Y esta solución no requiere visiones radicales que busquen refundar la patria. Lo que requiere es una economía robusta, acompañada de una política social integral.

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LinkedIn: Javier Mejía Cubillos
Twitter: @JavierMejiaC
*El autor es Asociado postdoctoral en la división de Ciencias Sociales de la Universidad de Nueva York- Abu Dhabi. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Investigador de la Universidad de Burdeos e investigador visitante en la Universidad de Stanford.

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La urgencia de una nueva economía positiva con la naturaleza

El Covid-19 demostró los efectos adversos en la economía de una pandemia. Científicos han alertado que los daños a la naturaleza dejarían efectos aún peores.

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El Covid-19 ha demostrado que la humanidad puede adaptarse a cambios drásticos e inmediatos combinando la colaboración entre los individuos, la ciencia, las empresas, la tecnología y los gobiernos (mediante políticas públicas e intervenciones de tomadores de decisiones).  No obstante, los efectos del Covid-19 son minúsculos si se comparan con los efectos de los millones de patógenos que se liberarán al descongelarse el permafrost como efecto del cambio climático.

El informe de evaluación mundial sobre la biodiversidad y los servicios ecosistémicos de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) alerta sobre el millón de especies en riesgo de extinción debido a cinco principales factores: (i) cambios en el uso de la tierra y el mar; (ii) sobreexplotación de organismos; (iii) cambio climático; (iv) contaminación; y (v) las especies exóticas invasoras.

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La comunidad científica ha venido haciendo llamados de urgencia desde 1979, cuando se emitió en la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima la declaración para prever y prevenir los cambios climáticos potenciales causados por el ser humano que pudieran tener un efecto adverso en el bienestar de la humanidad. 

Esta alarma tuvo continuidad en la Cumbre de Río en 1992, con el Protocolo de Kioto de 1997, y con el Acuerdo de París en 2015. Sin embargo, pese a estos llamados explícitos no ha habido suficiente progreso. Fue en noviembre 2019, en declaración firmada por 11.258 científicos de 153 países, que se alertó a la humanidad sobre la catastrófica emergencia climática a la que estamos enfrentándonos.

Sumado a la advertida crisis del cambio climático, está la aceleración de lo que serían manifestaciones que podrían llevar a la sexta extinción masiva a partir del 2100 a causa de la desestabilización del ciclo natural de absorción del carbono provocando la desaparición de la mayoría de las especies del planeta Tierra.

Durante la preparación del mundo para la recuperación de la pandemia del Covid-19 y sus crisis asociadas, en julio 2020 fue lanzado el segundo reporte del Informe de la Nueva Economía de la Naturaleza, dedicado a “El futuro de la naturaleza y los negocios” y liderado por el Foro Económico Mundial.

Ya en el primer informe se habían identificado y valorado los riesgos materiales para las empresas por las pérdidas de la biodiversidad y el colapso de los ecosistemas. En este segundo informe se propone pasar del riesgo a las oportunidades enfatizando en la oportunidad sin precedentes y la imperiosa necesidad de una transformación radical en la manera en que comemos, vivimos, crecemos, construimos y dotamos de energía nuestras vidas para conseguir la neutralidad de carbono y una economía positiva con la naturaleza.

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Este informe presenta pruebas de cómo se pueden crear 385 millones de nuevos puestos de trabajo y generar anualmente hasta 10,1 trillones de dólares en valor comercial. Explica que esto puede conseguirse con 15 transiciones sistémicas distribuidas en tres sistemas socioeconómicos que, en conjunto, representan más de un tercio de la economía mundial, proporcionan cerca de dos tercios de todos los puestos de trabajo en el mundo, y afectan el 80 % del total de especies amenazadas y casi amenazadas. Esto implicaría inversiones de 2,7 billones de dólares.

Los tres sistemas socioeconómicos que según el informe “El futuro de la naturaleza y los negocios” requieren 15 transiciones profundas son: el uso de alimentos, tierra y océanos (12 % del PIB mundial); infraestructura y construcción (40 % del PIB mundial); y el sector extractivo y energético (23 % del PIB mundial y 15 % del empleo en el planeta).

Este reporte instiga a un Great Reset y restablecer la forma en que vivimos, producimos y consumimos, así como para lograr una economía resiliente, carbono neutral y positiva en la naturaleza, y detener la pérdida de biodiversidad antes del año 2030. Este restablecimiento necesita tanto desvincular nuestro bienestar del consumo de recursos para reducir las cantidades de lo que necesitamos.

Sin duda alguna, las implicaciones y razones para la adopción de una nueva economía son tanto morales como económicas. Esta transformación mundial estructural no se trata sólo de ser moralmente entusiastas y asumirnos responsables de la conservación y preservación de la naturaleza y los ecosistemas, sino también de la supervivencia de los seres humanos y de nuestros medios de vida.

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LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la universidad Eafit. Es presidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

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