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El e-commerce, en deuda

El día sin IVA sirvió como un examen del estado real del comercio electrónico en el país, que dejó claro que aún está muy atrasado.

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Para nadie es un secreto que la coyuntura actual ha cambiado nuestros hábitos de consumo y que ha puesto en jaque al comercio a nivel mundial. Son muchos los sectores afectados por la crisis que han visto cómo sus ingresos decrecen significativamente y esto ha llevado a un aumento histórico de los índices de desempleo no solo en el país sino en los diferentes continentes.

En medio de toda esta situación parece lógico pensar que el comercio electrónico es la vía para mantener, al menos en parte, activa la economía del país, y así nos lo ha confirmado el crecimiento acelerado del e-commerce en los últimos meses, sin embargo los resultados de este auge nos demuestran que grandes sectores del comercio del país aún se encuentran bastante atrasados en términos de transformación digital.

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Cómo estrategia para la reactivación económica el gobierno nacional decretó el día sin IVA para las compras en todo el territorio nacional, iniciativa que podría entenderse cómo un plan para beneficiar a las grandes empresas perjudicadas por los meses previos de inactividad.

Este anunciado y esperado día sin IVA realmente ha servido cómo una gran prueba piloto o examen sobre el estado real del comercio electrónico en el país y ha dejado en evidencia lo lejos que estamos en términos de digitalización de la mayor parte del comercio hoy en día en Colombia, los resultados son realmente desastrosos en la mayoría de los casos.

Fueron innumerables las quejas, reclamos y las fallas de casi todas las plataformas tecnológicas de las grandes empresas colombianas que hoy en día son las más importantes del mercado. Incremento  injustificado de precios, plataformas caídas, inventario agotado, entregas en semanas o incluso meses, y hasta “filas virtuales” fueron las principales experiencias que tuvieron los miles de clientes que quisieron aprovechar los beneficios para realizar sus compras sin ponerse en riesgo comprando de las maneras tradicionales; mientras que las compras en los puntos físicos fueron multitudinarias incluso contrario a lo que se esperaba que pasara en medio de una pandemia.

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El experimento claramente nos mostró que en realidad tenemos mucho por mejorar en términos de comercio electrónico en relación a las plataformas tecnológicas, inventarios y logística. Si realmente queremos un comercio sólido  y que entre en la era digital aún las empresas tienen mucho por trabajar, y ya estamos tarde.

El momento fue ayer

Desde hace varios años a nivel mundial ha sido clara la necesidad de la digitalización del mercado, sin embargo en nuestra región (y Colombia no es la excepción) este proceso ha estado rezagado varios años respecto del resto del mundo, con unos índices de penetración de comercio electrónico que son aún bajos.

Pese a esto, los últimos meses durante la cuarentena esa penetración del comercio electrónico prácticamente se multiplicó, y el país avanzó en apenas unos meses lo que hubiera tardado 3 años aproximadamente en un escenario “normal”.

Lo que más me llama la atención es que esta crisis vivida los últimos meses marcó claramente la necesidad de una aceleración en estos procesos de transformación digital y la necesidad de adaptación a la nueva realidad para lograr sobrevivir cómo empresas. El mencionado día sin IVA sucedió tres meses después de las medidas de aislamiento social tomadas por el gobierno, con lo que considero que existió un tiempo suficiente para al menos haber pasado este examen, más aún si se tiene en cuenta que esta iniciativa podría haber significado un salvavidas para las grandes pérdidas que hoy son una realidad para estas grandes compañías.

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En ese sentido, me cuesta encontrar un escenario “mejor” para acelerar y hacer mayores esfuerzos por llegar a una digitalización real y realmente entrar en la era digital.

En mi opinión, la única alternativa viable para sobrevivir a esta gran crisis y a lo que eventualmente será la nueva realidad de los mercados es tomando las decisiones y sobretodo ejecutándolas de manera acelerada.

Las principales empresas comercializadoras en el país llevan ya años trabajando en sus procesos de digitalización y de creación de sus e-commerce, así mismo ya fueron testigos de una cuarentena de tres meses que afectó radicalmente el negocio tradicional, y con todo esto hoy no cuentan con plataformas tecnológicas adecuadas para la comercialización de sus productos online.

Si contrastamos esto con pequeños emprendedores, con presupuestos y recursos mucho menores, quienes hoy han sido los grandes ganadores del día sin IVA, considero que deja mucho por reflexionar sobre el tema y sobre la  capacidad de competitividad que tienen las empresas en el país.

Queda mucho por hacer para que en realidad podamos hablar de un comercio digital fuerte en el país, en este primer experimento los resultados han sido nefastos, ojalá sea un llamado de atención que nos sirva para empezar a trabajar realmente en un mercado digital y que no terminemos siendo incapaces de adaptarnos ni de actuar rápidamente. Ya con la lección de las plataformas tecnológicas de transporte privado y el sector de taxis deberíamos haber aprendido la lección: o nos adaptamos o alguien lo hará y tomará el mercado.

Contacto:
LinkedIn: Felipe Santamaría
*El autor es Cofundador y Managing Director Rockstart Latam, la aceleradora internacional de startups más grande en Colombia. Ha sido emprendedor, mentor e inversionista en múltiples emprendimientos de la región. 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Nube pública, privada e híbrida, ¿cuál usar?

Nube pública, privada e híbrida son los modelos que hoy se imponen, ¿en qué consisten?

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Por: Jose Julián Jiménez*

Hay diversos modelos de computación en la nube que se acomodan a las distintas necesidades que puedan tener las organizaciones. Nube pública, privada e híbrida son los modelos que hoy se imponen, ¿en qué consisten?

Nube pública

Es un modelo de computación en la nube que opera por medio de Internet. La ofrecen compañías externas a la organización por lo que la infraestructura depende de un tercero.

Ventajas

  • No hay necesidad de implementar y mantener infraestructura de tecnología.
  • Alta escalabilidad y flexibilidad, que facilita la disponibilidad de recursos ante demandas impredecibles de flujos de trabajo.
  • Permite enfocarse en el negocio, pues un tercero se encarga de la infraestructura de TI.
  • Flexibilidad en costos, pues se paga solo por lo que se consume.

¿Para qué usar la nube pública?

  • Proveer servicios de comunicaciones de un número determinado de usuarios.
  • Aplicaciones y servicios necesarios para ejecutar operaciones de tecnología y de negocios.
  • Tareas que requieren consumo variable de recursos de tecnología.
  • Desarrollo de software y ambientes de prueba.
  • Al querer ofrecer servicios de terceros basados en la nube.

Nube privada

Este modelo se refiere a cualquier solución en la nube dedicada y al servicio de una sola organización. De esta forma, no se comparten recursos con otras compañías. El Datacenter puede estar ubicado en la misma empresa o también operado por un tercero en sus propias instalaciones.

Ventajas

  • Ambientes dedicados y seguros a los que organizaciones externas no tienen acceso.
  • Seguridad personalizada, que se ajusta a los protocolos, configuraciones y normativas propias.
  • Alta escalabilidad y eficiencia sin comprometer la seguridad y el rendimiento.
  • Flexibilidad, al proveer la posibilidad de cambiar la infraestructura según los cambios propios del negocio.
  • Mayor control de los recursos.

¿Para quién se recomienda la nube privada?

  • Organizaciones que lo demandan por cuenta de las exigencias de cierta aplicación o en cuanto a la velocidad de respuesta de la red.
  • Compañías que necesitan alto control y seguridad de su infraestructura de TI.
  • Empresas que buscan que su información, por seguridad, no esté almacenada en centros de datos en naciones con riesgos de seguridad.
  • Empresas que tienen la posibilidad de invertir en tecnologías de alto rendimiento y disponibilidad.

Nube híbrida

Es la combinación de nubes públicas y privadas. Los datos en la red de las organizaciones pueden compartir los recursos de los servicios de la nube pública y privada según sus necesidades.

Ventajas

  • Flexibilidad en las políticas de implementación para distribuir flujos de trabajo entre infraestructuras en públicas y privadas basado en seguridad, rendimiento y costos.
  • Se puede disfrutar de la escalabilidad de la nube pública sin sacrificar la seguridad.
  • Distribución de los servicios en múltiples Datacenters, lo que permite mayor confiabilidad.
  • Control de costos, al poder asignar recursos al modelo de nube que permita el mayor ahorro.

¿Cuándo usar nube híbrida?

  • Si se desea mejorar la seguridad de las soluciones de nube existentes.
  • Cuando la organización presta varios tipos de servicio y necesita diferentes requisitos de red y de rendimiento.
  • Para optimizar los servicios de la nube teniendo los beneficios de la nube pública y privada.
  • Al migrar paulatinamente a una mejora en la prestación de servicios de nube.

*El autor es gerente soluciones Cloud de Claro Colombia.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes.

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Las semanas movidas del petróleo

La pandemia sentó un precedente al demostrar que pueden existir eventos lo suficientemente fuertes para crear disrupciones en la demanda mundial. ¿Qué viene ahora?

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Petróleo

En años anteriores, el mercado del petróleo siempre se ha caracterizado por un exceso de sensibilidad sobre cualquier evento que pueda afectar la oferta, bien sea por las tensiones geopolíticas en medio oriente o el aumento de producción de fracking en Estados Unidos, lo que finalmente llevaba a los inversionistas a tomar decisiones de compra o venta precisamente en función de un ajuste de expectativas.

Lo anterior se daba, debido en mayor parte a una demanda relativamente estable en el mundo, lo que hacía que el gran driver que guiará a los precios fuera precisamente la oferta. Como ha pasado con muchas cosas, la pandemia puso fin a este enfoque al demostrar que existen eventos lo suficientemente fuertes para crear disrupciones de la demanda mundial.

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El anuncio de la nueva variante Ómicron es un claro ejemplo de esto que desató una importante fluctuación en los precios en noviembre que se puede ver en el gráfico. Donde el comportamiento del petróleo de referencia Brent en octubre y parte de noviembre marcaba máximos del año sosteniéndose en un nivel por encima de 80 dólares por barril para luego registrar una caída de 15,75% entre el 25 de noviembre y el 3 de diciembre llegando a 69,27 dólares por barril.

Gráfico: Elaboración propia

¿Cuál es la lógica detrás de este movimiento? La primera movida de muchos gobiernos ante la noticia llevó a restringir los vuelos entrantes de algunos países y además a aumentar los requerimientos de entrada y salida, lo que, por supuesto lleva a pensar en una menor demanda de gasolina, al menos empezando con los aviones.

Además, existe un telón de fondo a esta noticia que exacerba la situación, ya que varios gobiernos entre ellos Estados Unidos e India, habían decidido echar mano de sus reservas estratégicas de petróleo ante los altos precios de este commodity y la reticencia de la OPEP de no aumentar sus incrementos de producción mensuales de 400.000 barriles diarios. De esta manera los inversionistas temerosos que caiga el precio venden sus futuros de crudo aprovechando el nivel actual, lo que precisamente aumenta la oferta generando una caída brusca en los precios que es el mismo efecto que estaban temiendo, es decir es una profecía autocumplida.

Pero el impacto no solo se presenta en el crudo, sino también en el precio de las acciones de las compañías petroleras que típicamente están muy concentrada en este producto por lo que tienen una alta correlación con su precio. Por ejemplo, Exxon Mobil presentó una reducción en el precio de su acción de 9,83% entre el 9 y el 30 de noviembre y el impacto fue aún mayor en el mercado local con Ecopetrol marcando -11,47% para el mismo periodo.

Como mencionaba anteriormente este sesgo pesimista sobre el mercado del crudo estaba típicamente asociado con la oferta ya que históricamente se han vivido épocas donde la reducción en la producción llevó a aumentar los precios del crudo como el embargo petrolero llevado a cabo por los países del OPEP en 1973 y durante la revolución iraní de 1979.

Ahora, habiendo vivido un escenario histórico de contracción de la demanda global con las medidas de restricción de la pandemia, parece que el nerviosismo se duplica. Sin lugar a dudas, falta mucha información para entender el verdadero impacto de la variante Ómicron y mucho de la percepción en los mercados dependerá de cómo los gobiernos decidan afrontarla. Pero lo que sabemos hasta ahora es que el mercado del crudo será un escenario crucial para evaluar y analizar la expectativa de los inversionistas al respecto, así que por ahora continuarán las semanas movidas del petróleo.

Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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La vacunación, como la economía, avanza en Colombia

Los datos nos dicen que la economía colombiana no ha cesado en sus esfuerzos de seguir vacunando a la población. Con casi un 60% de inmunizados, la economía colombiana respira más tranquila este final de año.

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De la misma forma que señalamos las debilidades de la economía colombiana, también hemos resaltado su gran dinamismo durante la recuperación. En cierta forma, la economía colombiana es eso, una de cal y otra de arena. Pues de la misma forma que hablamos de una economía que registra una de las mejores recuperaciones, y más rápidas, del continente, también hablamos del país que, semanas atrás, el Banco Mundial situaba como el segundo país con más desigualdades del mundo, por ejemplo.

Y es que, de inicio, esto es algo que debemos tener muy claro.

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Hoy vemos a todos los Gobiernos trabajando por recuperar sus economías, pero todos han tomado como año base el 2019. Ahora bien, ¿estaba Colombia en su situación idílica en 2019? Esto que comento es clave. La recuperación económica avanza a buen ritmo, pero, aunque la economía se recupere y llegara a su nivel previo, que lo hará más pronto que tarde, no debemos olvidar esas debilidades que comentaba y que impiden al país echar el freno al acelerador cuando todo esto no sea más que un hecho del pasado.

Colombia es una economía que ha trabajado mucho, y considero que lo ha hecho bien. Sin embargo, hablamos de una economía emergente y, como tal, presenta carencias. De acuerdo con el Banco Mundial, carencias que dificultan la recuperación y que podrían provocar que estas economías, en un escenario menos optimista, pudieran descolgarse aún más. Entre estas carencias, el organismo multilateral, así como todos los expertos, comentaron el reparto de las vacunas y el acceso de estos países a estas. Unos datos que, aun no siendo los mejores del mundo, hoy podemos festejar si analizamos la evolución.

Hace unos meses, muchos economistas se pronunciaban ante la dicotomía planteada por muchos expertos en la que hacían elegir a la sociedad entre economía o salud. Ante esto, muchos expertos en el mundo económico comenzaron a afirmar que la “mejor política económica” que podía aplicarse en estos momentos era primar la vacunación y, por ende, el virus. Como la calificaba la revista The Economist, la economía en presencia del virus es una economía parcial, por lo que dicha dicotomía no existía para los expertos en un escenario en el que el virus seguía presente.

En otras palabras, la respuesta de los expertos era clara: hay que priorizar aquellas medidas que buscan contener el virus.

Colombia, pese a ser una economía rezagada en materia de vacunas, es una economía que se ha tomado enserio esto que comento. Hoy, con datos de diciembre, el país registra una vacunación que, en el caso de primeras y únicas dosis, asciende hasta superar el 70,8 % de población, lo que equivale a una cobertura de 36.156.459 ciudadanos que ya han recibido una primera o única vacuna. Por otro lado, en el caso de segundas dosis, el país también ha registrado un avance que sitúa este dato en niveles cercanos al del 60%, o lo que equivaldría a 24’884.650 ciudadanos en el país que ya han recibido su segunda dosis.

Si observamos el ranking regional, probablemente veamos que Colombia queda atrás, con relación a otras economías de la región. Pero lo cierto es que el trabajado llevado a cabo por estos países, teniendo en cuenta esa escasez, ha sido bastante intenso, pues hoy podemos decir que estas economías se encuentran en parámetros que las sitúan al nivel de algunas economías europeas. Es el caso de Polonia o República Checa, donde la tasa de vacunación ya es muy similar a la que presenta Colombia, o de Croacia, donde incluso es inferior a la que muestra el país latinoamericano.

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Estos datos, aunque no sea la medición objetiva, nos ayudan a ponernos en perspectiva y ver el avance que ya registran economías como Colombia en materia de vacunación. Una medición más que interesante teniendo en cuenta que hablamos de “la mejor política económica” para recuperarnos, así como de un escenario en el que una nueva variante, denominada Ómicron, pretende poner contra las cuerdas a unos países que hoy deben enfrentarse a una nueva variante que se estima menos peligrosa, pero que sigue siendo tan contagiosa como las que surgían al inicio de esta pandemia.

En resumen, Colombia ha sido una economía que, pese a sus debilidades, ha seguido bien las instrucciones y hoy ya registra una tasa de vacunación bastante elevada, al menos si comparamos con meses anteriores. Estos datos son muy positivos, pues ya pueden estudiarse medidas como el pasaporte Covid para establecimientos de ocio, o permitir unas jornadas de compras sin IVA que, como las de este año, vuelvan a arrojar cifras similares a las que ofrecían otros años prepandémicos. En otras palabras, permiten una mayor liberación que, por otro lado, favorece el dinamismo económico.

Pues el hecho de que los economistas dijeran eso de la mejor “política económica” no era más que el resumen de un razonamiento que los economistas ya han interiorizado: Mientras haya virus, la recuperación no será completa.

Parece que Colombia ya ha pillado el mensaje. ¡Sigamos!

Por: Francisco Coll Morales*
*El autor es economista, Redactor jefe y jefe de análisis de Economipedia. Analista económico en más de 40 medios, nacionales e internacionales.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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El fin de la Responsabilidad Social Empresarial y el comienzo del lenguaje de la restauración

Los líderes empresariales han empezado a hablar de la restauración de los ecosistemas, más que de RSE. Esta es una buna noticia para el medioambiente. ¿Por qué?

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medioambiente

Por fortuna, ya son varios meses en los que he dejado de escuchar sobre “Responsabilidad Social Empresarial” de manera recurrente. Siento que el término cumplió su ciclo de vida y que la narrativa de hoy es otra y, lentamente, los y las líderes empresariales empiezan a hablar el lenguaje de la regeneración y/o de la restauración de ecosistemas.

Y no podría ser de otra manera, considerando la posición que tiene Colombia como uno de los once países más vulnerables al cambio climático. Sin duda, esta información es un llamado a replantear nuestras urgencias y prioridades como sociedad, incluido el papel que juega el sector privado en la adaptación de los territorios. 

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Seguramente los lectores ya están al tanto del crítico panorama que enfrentará Colombia si es que, a nivel global, no cambiamos el rumbo: nuestra ubicación geográfica nos enfrentará a torrenciales aguaceros y a fuertes sequías que, entre otros, afectarán el ciclo de los cultivos y la producción agrícola. En cuanto a las ciudades, el hecho de que el desarrollo urbanístico se haya dado en la zona de las cordilleras y valles interandinos hace que la población afronte riesgos de derrumbes.

Nuestras cordilleras son jóvenes geológicamente y su estabilidad es más frágil en comparación a otras regiones de la cordillera de los Andes. Sumado a esto, la avanzada deforestación hace que la región donde vive cerca del 70% de la población nacional pueda verse afectada por derrumbes, desplazamientos climáticos, destrucción de la infraestructura o conflictos sociales derivados de la lucha por acceder a alimentos o agua, entre otros.

No son pocas las personas y organizaciones que no creen en este futuro o lo ven muy lejano. Si ese es su caso, lo invito a que converse con sus padres o abuelos sobre cómo era el clima en Bogotá, Cali, Barranquilla o cualquier ciudad del país hace 20 años. Y si tiene la oportunidad de conversar con un agricultor o empresario del campo sobre su experiencia en los últimos años, pues tanto mejor.

Para los que sí están convencidos de que esta es la realidad que nos depara, señores y señoras, es imperativo ponerse la camiseta del país con un único propósito: contribuir a la identificación, construcción y financiación de las medidas de adaptación ante el cambio climático. Para lograrlo debemos dejar atrás los pañitos de agua tibia que buscan réditos reputacionales y empezar a actuar de frente, con inversión privada, para evitar a que un porcentaje muy alto de la población, sobre todo los más vulnerables, queden completamente expuestos a las consecuencias del cambio climático.

Contaminación
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Si bien la agenda política promete la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030, las empresas deben responder de manera más activa, acelerada y sobre todo anticipada, a los posibles incentivos que la agenda pública traerá para descarbonizar sus operaciones y compensar su huella de carbono y ecológica.

En ese orden de ideas, a continuación quiero compartirles siete enfoques que pueden empezar a considerar las compañías para refinar y replantear sus estrategias de sostenibilidad, a partir de los escenarios inminentes de riesgo climático que nos deparan los próximos años:

Empresas: estrategias para reafinar sus estrategias de sostenibilidad

  1. Empecemos por replantear el nombre “sostenibilidad” porque las palabras tienen poder. Pensar en sostenibilidad significa aceptar que lo que hoy está debe mantenerse o sostenerse. ¡Error! el reto no es mantener el status quo de degeneración y degradación de nuestros ecosistemas, sino procurar medidas de regeneración y restauración de los mismos. Así como algunas empresas ya tienen departamentos de felicidad, o de cumplimientos de sueños ¿por qué no cambiar el nombre de Líder de Sostenibilidad a Líder de Regeneración/Restauración?
  2. Si bien el mercado del carbono es la narrativa que ya empieza a calar entre las empresas y organizaciones, no puede ser la única medida de escape para sentir que estamos “haciendo la tarea por el planeta”. Las inversiones para propiciar medidas de adaptación a escala territorial es otra muy buena alternativa.  
  3. Oriente sus inversiones y programas en la restauración de ecosistemas en su entorno de operación, pero también fuera de él. En últimas, todos los sistemas ecológicos están interconectados y cualquier aporte positivo, por ejemplo, en la Amazonía, generará impactos positivos en otras partes del país.
  4. Invierta en el desarrollo de sistemas agrícolas que le den a las comunidades urbanas y rurales la posibilidad de garantizar acceso a alimentos.
  5. Empiece por educarse y educar a sus colegas. Invierta en una cultura organizacional orientada a la adaptación al cambio climático. Comprenda nuevas narrativas como la de las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) las cuales, en otras palabras, son acciones, proyectos, emprendimientos que permiten que las personas puedan adaptarse ante los riesgos del cambio climático. Póngase la tarea de entender, antes de girar el cheque, la diferencia entre reforestar y restaurar, la importancia de invertir en los suelos y en cuidar a los polinizadores.
  6. Promueva programas de educación comunitaria para que más y más personas apropien conocimiento para llegar más y mejor preparados ante los escenarios venideros. Y finalmente,
  7. Hágase escuchar ante su CEO, CFO, Vicepresident, etc. etc. etc. Usted como líder de esta área tiene la responsabilidad de mostrarle a sus pares que el riesgo del cambio climático también tiene consecuencias en la productividad y rentabilidad de su negocio.

De momento fueron siete recomendaciones, pero bien pueden ser muchas más. En la próxima columna daré un giro a la historia y los acercaré a un territorio que puede reflejar cómo la restauración de ecosistemas es un instrumento poderoso para cumplir las futuras metas del área de la empresa que usted puede ir replanteando desde ahora.

Contacto:
Por:Julio Andrés Rozo*
*El autor es director de Amazonía Emprende: Escuela Bosque, ubicada en Florencia, Caquetá. Este proyecto académico se enfoca en fortalecer las capacidades de empresas y comunidades en  restauración de ecosistemas y compensación de huella de carbono.

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Al peso lo golpea la aversión

La aparición de la variante africana de Covid-19 empeoró otro factores que ya traían al peso en jaque hacia la devaluación. Este es el panorama ahora.

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Foto: Getty Images

El pasado viernes 26 de noviembre la tasa de cambio en Colombia abrió en $4.010 pesos por dólar, rompiendo la barrera de los $4.000 empujada por la nueva variante de coronavirus descubierta en África. Sin embargo, esta no es la única responsable del aumento de la tasa de cambio, no solo en Colombia sino también en otros emergentes, siendo más vale el último factor en una serie de elementos que ya venían impulsando estas devaluaciones.

Para dar algo de contexto, en mi columna pasada “Dólar global y dólar local” hablaba sobre cómo hay fuerzas locales y globales que afectan nuestra tasa de cambio, en ese momento se notaba una divergencia con el peso y el dólar ganando fuerza al mismo tiempo. Pero el punto es que uno lo hacía de forma local, mientras el otro global y ese comportamiento particular se explicaba por eventos locales particulares que llevaron al peso a reevaluarse y acercarse a $3.700,

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Sin embargo, como es comúnmente el caso, si las fuerzas locales no van en el mismo sentido de las globales estos efectos son transitorios como puede verse en el gráfico de la izquierda donde continúa la tendencia creciente del índice DXY en noviembre que denota un fortalecimiento del dólar a nivel global y al mismo tiempo aumenta la tasa de cambio local, reflejando la devaluación del peso.

Gráfico: Elaboración propia

Ahora bien, respecto a la ruptura del nivel de $4.000 sin lugar a dudas el impacto de la nueva variante del coronavirus es determinante, ya que hasta que se entiendan sus implicaciones reales al igual que como pasó con la delta en su momento aumenta la incertidumbre en los mercados lo que lleva a mayor aversión al riesgo.

Como era de esperarse también se dio un aumento en la demanda por activos refugio donde uno de los favoritos de los inversionistas son los tesoros de 10 años que mostraron caída de 14 puntos básicos en su tasa yield entre el 23 y 26 de noviembre. Una pequeña aclaración en este punto, una caída en tasa yield en un bono refleja un aumento en su precio ya su relación es inversa lo que muestra en este caso el mencionado aumento de demanda.

Pero aquí volvemos ver una divergencia momentánea entre el índice y la tasa de cambio donde la aversión al riesgo afecta de forma diferente al dólar y al peso. Si bien en el gran escenario global la divisa estadunidense pierde fuerza, se fortalece contra otras más riesgosas como las emergentes, ya que aumenta su demanda por parte de inversionistas que buscan retirar sus posiciones en activos de esos países a cambio de inversiones que se perciban más seguras.

Lea también: La lira, el real y el riesgo político

En ese orden de ideas, vale la pena revisar como están percibiendo el riesgo de Colombia en los mercados y una forma de hacerlo es a través del comportamiento de la prima de los Credit Default Swaps o CDS, que son instrumento derivados de cobertura contra el riesgo de default de bonos emitidos por el gobierno. Así, en el gráfico de la derecha se ve el CDS sobre bonos de 5 años comparado con el aumento de la tasa de cambio mostrando un crecimiento de 55 puntos básicos desde el 27 de octubre hasta el 26 de noviembre, lo que continúa confirmando que nos han venido percibiendo más riesgosos.

Como mencioné antes, este aumento en la aversión del riesgo no se da de la noche a la mañana y si bien la nueva variante del coronavirus, ha puesto nerviosos los mercados por la posibilidad de tener que implementar nuevas medidas de aislamiento, en realidad este escenario de tensión viene alimentándose por los problemas en las cadenas de suministro, la situación del mercado inmobiliario en China y el aumento de las expectativas globales de inflación. Así que, si algo nos ha mostrado noviembre, es que al peso lo golpea la aversión y lo golpea cada vez más fuerte.

Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.

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