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Estos son los empleos digitales que tendrán mayor demanda en 2021

El futuro laboral cambiará y el acelerado crecimiento del entorno digital asegura oportunidades laborales que exigirán un perfil profesional con una formación académica extensa en el área TIC.

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Foto: Hays.

EFE.- Quizá no esté familiarizado con el término Chief Digital Officer o CDO, pero este será el profesional digital más demandado en 2021, según el portal especializado en empleo Jobatus.

De acuerdo con esta firma, el futuro laboral va a cambiar debido al crecimiento de la actividad económica basada en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), modificando el perfil de los puestos más demandados.

El sector TIC gana peso a un ritmo creciente en el PIB (Producto Interno Bruto) de los países, multiplicando la productividad de las economías, captando cada vez más inversiones y generando numerosas empresas y puestos de trabajo enfocados en los servicios y en las fabricaciones digitales, cuyo volumen de negocio crece a ritmo sostenido, explican.

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El acelerado crecimiento del entorno digital asegura oportunidades laborales que a su vez, exigirán un perfil profesional con una formación académica extensa en el área TIC o con formación en disciplinas especializadas en innovación y tecnología, según Jobatus.

Pero este perfil de candidato no es muy habitual, y según un análisis efectuado por esta firma entre más de 300 empresas del sector, alrededor del 70% de los entrevistados por esas compañías no posee los conocimientos exigidos y dichos puestos profesionales todavía están a la espera de ser cubiertos.

“De hecho, a medida que pasa el tiempo, van surgiendo nuevas oportunidades laborales y se acumula la necesidad de estos trabajadores en las empresas”, explica a EFE, Esther Román, portavoz de Jobatus.

Según el estudio de este portal, los trabajos más demandados son aquellos relacionados con los negocios digitales, la ciberseguridad, la inteligencia artificial y el Big Data, y los profesionales digitales más solicitados en 2021 por las empresas del sector tecnológico-digital y aquellas que están en plena conversión o desarrollo, serán los siguientes:

1. Director Digital (Chief Digital Officer o CDO)

“Este profesional estudia a las empresas para transformarlas en negocios digitales competentes. Es especialista en modelos digitales y posee estudios del ámbito tecnológico”, según Román.

Foto: Pexels

“Su objetivo es crear nuevas ocasiones de negocio, tráfico de ingresos y ofrecer servicios a los clientes a través de las tecnologías digitales. Su máxima labor será digitalizar cualquier unidad de negocio, y será el máximo responsable del área digital y del ecommerce (comercio electrónico)”, apunta.

2. Especialista en Inteligencia Artificial

“Es el encargado de diseñar piezas u objetos artificiales (consistentes en programas informáticos), que solucionen de forma independiente situaciones problemáticas del entorno”, explica Román.

Las competencias académicas que se exigen a estos profesionales son muchas, además de habilidad en la resolución de problemas y la capacidad de análisis en este campo, añade.

3. Científico de datos (Data Scientist)

“Es el encargado de organizar y transformar todos los datos que posee una empresa en conocimiento”, explica Román a EFE.

Foto: Kelly Sikkema/Unsplash

Apunta que el también llamado “especialista en Big Data” se encarga de gestionar y analizar ingentes cantidades de datos para extraer conclusiones y efectuar proyecciones y predicciones de comportamientos basadas en dichos datos.

La anticipación es fundamental en cualquier empresa, por lo que la demanda de este puesto en el mercado laboral crece de forma paralela al despliegue de infraestructuras digitales, asegura.

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4. Director Informático (IT Director)

“Su función principal es controlar que el departamento de informática de una empresa funcione correctamente y sin incidencias”, señala Román.

Sus principales objetivos son supervisar los proyectos técnicos relacionados con la denominada ‘infraestructura TI’ y comprobar que cumplen con los objetivos de la organización y recuperar y proteger los sistemas y procesos tecnológicos. También elabora presupuestos financieros y propone proyectos de capital a altos ejecutivos, según Jobatus.

Foto: Jefferson Santos/Unsplash

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5. Gerente de éxito con el cliente (Customer Success Manager)

“Su tarea principal es mantener una relación atenta y continuada con sus clientes y solventar las incidencias que hayan tenido con su producto o servicio”, señala Román.

Es el máximo responsable de ejecutar una estrategia, que tenga como fin superar las expectativas que tenga el cliente respecto de lo que le ofrece la empresa para poder fidelizar a esa persona, impulsar las ventas, generar nuevas oportunidades y garantizar la consecución de los objetivos económicos, según Jobatus.

6. Jefe de ciberseguridad (Chief Information Security Officer)

“Se encarga de la proteger toda la información que posea una organización de posibles ataques informáticos”, explica Román.

Para cumplir estos fines, el también llamado CISO genera protocolos de seguridad, trabaja en la privacidad de los datos y supervisa la ejecución de las normas de seguridad las respuestas del equipo ante los posibles contratiempos, señala Jobatus.

7. Responsable de comercio electrónico (ecommerce manager)

“Este profesional gestiona, supervisa y coordina todos los aspectos relacionados con la plataforma de comercio electrónico de una empresa”, señala Román.

El comercio electrónico crece a un ritmo vertiginoso y el desarrollo de este sector genera una demanda proporcional de profesionales especializados y experimentados en esta disciplina que garanticen la competencia de cualquier plataforma de comercio electrónico y su éxito a lo largo del tiempo, informa Jobatus.

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Deja de dar descuentos por tu trabajo: Daniel Habif

“Vivimos en una sociedad que desvaloriza los talentos”, ¿cuándo hacer un descuento se convierte en un arma en nuestra contra?

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Los negociadores mercenarios suelen caer, tarde o temprano, en comentarios que dicen: “Yo tengo quien me cobra menos que tú”. A ellos deberíamos responderles: “Yo también tengo quien me paga más”.

El asunto es que no siempre sucede así, y nos toca dar descuentos en un mundo que solicita crap, no craft. Asignarle un precio a nuestro trabajo es una tarea azarosa, pero fundamental; es como caminar en una cuerda floja sobre el precipicio: hay que mantener el equilibrio entre una rentabilidad demasiado baja o perder la licitación.

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Quien negocia con hambre, se queda con las migajas. Sin embargo, de la economía conductual hemos aprendido que estamos desequilibrados, ya que somos más reactivos a las pérdidas que a las ganancias, lo que nos hace propensos a conceder rebajas.

Ese desequilibro se ajusta con instrumentos que exceden la dimensión monetaria y que no todas las veces se pueden cuantificar. El primer paso consiste olvidarnos del precio y apuntar hacia el valor. Escuchamos con frecuencia que hay que “agregar valor”, pero no sabemos cómo hacerlo ni tenemos tiempo porque hay que enviar el presupuesto ahorita, y quizá te persigue el terror de que haya alguien que cobre menos que tú.

Vivimos en una sociedad que desvaloriza los talentos. Puedes hacer descuentos desde la generosidad y sin quebrarte ante la desesperación. La constante debe ser cotizar al alza tu esfuerzo. Es válido discutir montos, pero lo ideal es que las negociaciones se produzcan dentro del valor, es decir, que te contraten por bueno, no por barato.

La clave para comprender la construcción de valor está en la necesidad que estamos satisfaciendo. Hay que diseccionar la oferta para ver, más allá del servicio requerido, cuál es el problema por atacar. Desde allí podemos hacer una propuesta adecuada.

No encontrarás espacio para agregar valor en todos los casos; tal vez te encuentres en un sector que no te deje aumentar los márgenes. Si tu precio es el máximo que te permite la industria, o cambias la industria o dejas que te trague.

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La segunda pista la hallarás en el marco competitivo. Con esto, no sólo sabrás si te mienten cuando dicen que “alguien cobra menos”, también te llevará a determinar cuánto pedir por lo que das. Poner en la balanza clientes y competidores te ayudará a trazar un mapa de intereses comerciales y definir los planes de entrenamiento de tus equipos.

En el presente voraz, la preparación trasciende a la formación, porque éste es el atributo que conlleva a resolver los problemas de la actualidad. Puede ser que estos dos elementos estén separados por una membrana imperceptible, pero la diferencia entre ellos es abismal.

La tercera pieza clave que te conviene conocer está dentro de ti. No olvides que el valor es bidireccional; así que, pregúntate qué utilidad aporta cada proyecto. Para comenzar, enfócate en lo básico: aprendizaje, relaciones y prestigio.

Puedes considerar haciendo algunas reducciones que te permitan ganar experiencia y aumentar tu exposición en el medio. El prestigio, en cambio, es más difícil de estimar. Hay personas que pagarían para que les permitieran decorar la casa de alguna celebridad rutilante.

Al esquema de valor recibido, debes agregar la satisfacción: trabajar en lo que te hace feliz y con gente que alimenta tu espíritu es una ganancia en sí misma. Si tu contraparte tiene quien le cobre menos, ¿qué hace conversando contigo?

Primero, van tus convicciones, luego, tus conveniencias. No permitas que te abrumen con pretextos baratos, y negocia desde el valor, porque hay servicios que salen caros… hasta regalados. 

Por: Daniel Habif
*El autor es conferencista, escritor e influenciador.

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Teletrabajo: ¿quién debe pagar el café, la electricidad y el escritorio?

Países están reformando leyes para proteger los derechos de los trabajadores con ‘home office’, pues muchos podrían no regresar a la oficina.

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Reuters.- Mientras el mundo se convulsiona en una crisis y decenas de millones de personas se preparan para trabajar durante largo tiempo desde casa, una pregunta se cierne sobre todos: ¿quién paga el té y el papel higiénico?

La respuesta, según los holandeses, es el empleador. ¿Y cuánto? Unos dos euros (2,40 dólares) por jornada laboral, en promedio.

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Eso está destinado a cubrir no solo el café, el té y el papel higiénico que se usan durante las horas de trabajo, sino también el gas, la electricidad y el agua, más los costos de depreciación de un escritorio y una silla, todos los elementos esenciales que uno nunca soñaría pagar al ir a trabajar a una oficina.

“Hemos calculado literalmente cuántas cucharaditas se consumen en un hogar promedio, por lo que a partir de ahí no es tan difícil establecer los costos”, dijo Gabrielle Bettonville, de la institución de finanzas familiares NIBUD, la cual es financiada principalmente por el gobierno e investigó los costos adicionales del trabajo remoto.

Tal contabilidad puede parecer algo trivial en un momento en que el mundo se ve abrumado por una pandemia que ocurre una vez en un siglo, sin embargo, son relevantes ya que los expertos predicen que un legado permanente de la crisis podría ser un profundo declive del trabajo en oficinas.

Las autoridades holandesas ya han comenzado a aplicar la investigación de NIBUD, citando que ofrece a los burócratas que trabajan desde casa un “bono” Covid-19 de 363 euros este año, a partir de marzo, cuando el país entró en cuarentena.

Por supuesto, los 2 euros diarios son para un trabajador medio con costos medios, pero se pueden ajustar en función de variables como los costos de calefacción y agua de la vivienda, o la calidad de su aislamiento.

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No cubre nuevos muebles, computadoras, teléfonos u otros equipos que, según NIBUD, los empleados deben recibir de sus empleadores si son necesarios para su trabajo.

De España a Reino Unido

Otros países también están tomando medidas para adaptarse a la nueva realidad del trabajo desde casa, conscientes de que muchos empleados tendrán pocas ganas de regresar a la oficina a tiempo completo, incluso una vez que la pandemia haya pasado.

España ha obligado a los empleadores a pagar por los equipos de oficina para trabajar en casa y su mantenimiento; Alemania está debatiendo un proyecto de ley que consagra los derechos de los trabajadores remotos.

Francia ha aprobado una ley que los protege de los correos electrónicos enviados fuera del horario laboral; mientras que Reino Unido ha insinuado que podría relajar las normas sobre deducciones de impuestos para equipos de trabajo comprados durante la pandemia.

Pero pocos países han profundizado tanto en los detalles como los holandeses.

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“El gobierno ha dado un buen ejemplo aquí”, dijo José Kager de FNV, el sindicato laboral más grande del país, que quiere que todos quienes trabajan desde casa reciban una compensación de acuerdo con las líneas establecidas por NIBUD. “Estamos hablando de costos estructurales y continuos de trabajar desde casa”, agregó.

Sin embargo, los empleadores argumentan que los pagos adicionales tienen poco sentido en un momento en que la crisis del coronavirus ha hundido la economía.

El portavoz de la asociación de empleadores holandeses AWVN, Jannes van der Velde, dijo que los cálculos del NIBUD no reflejaban todos los beneficios que disfrutan quienes trabajan desde su domicilio.

“Este llamado de los sindicatos para que todos obtengan una compensación porque la gente ahora está haciendo su propio café en casa; se podría observar que los trabajadores también obtienen mucho tiempo libre a cambio”, dijo, citando un ahorro de tiempo promedio de una hora diaria en los viajes a la oficina.

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Esta es la habilidad laboral número uno del futuro, según un experto de Stanford

Le presentamos los hábitos que, según este psicólogo, se deben cambiar para desarrollar esa habilidad.

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Foto: Unplash.

Es algo que puso hace poco sobre la mesa el docudrama de Netflix ‘The Social Dilemma’ y que afecta a todos los usuarios de internet.

La pieza audiovisual explora el peligroso impacto de las redes sociales en los humanos, con expertos en tecnología alertando sobre los riesgos de su propia creación.

Entonces, has iniciado tu jornada laboral, pero miras tu teléfono y de repente necesitas ver muchos mensajes y notificaciones.

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En el teléfono ves noticias, respondes mensajes de texto, ves publicaciones en Facebook, luego un video de YouTube. De repente, antes de que te des cuenta, ha pasado una hora y no has completado la primera tarea laboral del día.

El desafío en el trabajo siempre ha sido esquivar las distracciones. Pero las distracciones de hoy se sienten diferentes.

La cantidad de información disponible, la velocidad a la que se puede difundir y la ubicuidad del acceso a nuevos contenidos en nuestros dispositivos ha generado una triple distracción.

¿Cuál es el costo de todo esto? En 1971, el psicólogo Herbert A. Simon  enfatizó que una gran cantidad de información significa escasez de algo más: atención.

Eso era cierto hace décadas, pero es más cierto que nunca hoy. La atención, al parecer, parece ser el último recurso escaso en la economía actual.

El lugar de trabajo está cambiando rápidamente y, en un futuro cercano, habrá dos tipos de personas en el mundo: aquellos que dejan que su atención y sus vidas sean controladas y coaccionadas por otros y aquellos que orgullosamente se llaman a sí mismos “indistraibles”.

Los investigadores han estado diciendo que la atención y el enfoque son la materia prima de la creatividad humana. Y en la era de una mayor automatización, los trabajos más solicitados son aquellos que requieren resolución creativa de problemas, soluciones novedosas y el tipo de ingenio humano que proviene de concentrarse profundamente en la tarea en cuestión.

Dicho esto, no distraerse es la habilidad más importante del siglo XXI. Muchos expertos, incluido el reconocido psicólogo Adam Grant, quien dijo que “el éxito y la felicidad pertenecen a personas que pueden controlar su atención”, han abordado la importancia del enfoque.

Estas son algunas de las distracciones más comunes en el lugar de trabajo y cómo piratearlas para que pueda acercarse un paso más a dominar la habilidad de ser indistinguible.

Nir Eyal, un instructor de la escuela de negocios de la Universidad de Stanford, entregó una serie de recomendaciones para gestionar las distracciones.

Para el teléfono:

Sugiere deshacerse de las aplicaciones que rara vez se usan o que ya no se usan y deshacerse, si se puede, de aplicaciones que se lleven la mayor parte del tiempo como Youtube, Facebook y Twitter. El experto dice que no necesariamente hay que abandonar sus servicios, pero si se puede reducir se uso usándolos solo desde la computadora.

Así mismo, invita a clasificar las aplicaciones entre herramientas primarias (como las de transporte, aspiracionales (como hacer ejercicio, escuchar podcast y leer libros) y las ‘tragamonedas’ como las redes sociales y el correo electrónico, que se llevan la mayor parte del tiempo.

Para el e-mail:

Sugiere reducir la cantidad total de mensajes recibidos enviando menos correos electrónicos. “Suena obvio, pero la mayoría de los correos electrónicos que enviamos y recibimos no son muy urgentes, sin embargo, la debilidad de nuestro cerebro por las recompensas variables hace que tratemos cada mensaje, independientemente de su forma, como si fuera urgente”. En ese mismo sentido, invita a reducir el tiempo dedicado a enviar correos electrónicos.

“Perdemos tiempo releyendo el mensaje. ¿La solución? Solo toque cada correo electrónico dos veces. Cuando abra un correo electrónico por primera vez, responda esta pregunta antes de cerrarlo: ¿Cuándo requiere una respuesta? Luego, etiquételo como “Hoy” o “Esta semana”. Al hacerlo, adjunta la información más importante a cada mensaje nuevo, preparándolo para la segunda (y última) vez que lo abra. (Por supuesto, para el tipo de mensajes súper urgentes, envíeme un correo electrónico ahora mismo, continúe y responda)”.

Para los chats grupales:

Recomienda tres reglas; entrar y salir cuando toque; establecer una hora para ver el chat grupal; ser exigente en estar en grupos pequeños asegurándose que todos los miembros agreguen valor y usarlos de manera selectiva, según sean buenos para temas o grupos.

Para las reuniones:

Sugiere exigir una agenda previa sobre los temas que se discutirán y plantear soluciones en un breve resumen escrito, con el razonamiento y la recomendación.

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‘Uno puede elegir ser feliz si toma ciertas decisiones’

La consultora de Felicidad y ‘best-seller’ colombiana Sylvia Ramírez habla con Forbes sobre esas pautas de liderazgo personal que expone en sus libros.

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Sylvia Ramírez, consultora, autora y conferencista en asuntos de felicidad. Foto: Sylvia Ramírez.

De su boca salen todos los días mensajes que inspiran a otros y su optimismo se proyecta frecuentemente ante cámaras de televisión, micrófonos de radio y -sin límites- en redes sociales; especialmente en LinkedIn, plataforma en la que es considerada como una de las figuras más influyentes del habla hispana por los casi 100.000 seguidores que, diariamente, ahí la acompañan.

Sin embargo, Sylvia Ramírez, que arrasó las librerías -físicas y virtuales- de Colombia con su libro ‘Felicidad a prueba de oficinas’, se llenó de incertidumbre a principios de este año, al igual que el mundo entero, cuando apareció la pandemia y las conferencias, que son su principal fuente de trabajo, se cancelaron.

“Se puso a prueba todo lo que enseño”, comentó a Forbes Ramírez vía videollamada hace unos días. “Cuando empezó la desesperación hice un ajuste, empecé a relacionarme con la situación de no poder trabajar para dejar de ser víctima. No me dolía tanto parar sino saber cuánto iba a durar. Pero me dije a mí misma; hay angustia pero su vida no está en peligro, aprendí a vivir con la incertidumbre”.

Lo que siguió es que tuvo tiempo suficiente para trabajar un nuevo libro que venía trabajando desde hace dos años y que ya salió a la venta, el cual llamó ‘Manifiesto de felicidad’, presentando ocho declaraciones de liderazgo personal que invitan a los lectores a hacerse preguntas y detener esas interferencias que alejan a las personas de vivir felices.

“Si bien es cierto uno no puede decidir lo que le pasa, hay otras cosas que uno siempre puede decidir, como quién es uno en relación con su vida”, explica Sylvia. “Cuando uno cae en el desempleo uno puede caer como una víctima, verlo como la peor maldición o ser ingenuo de decir que es la mejor bendición, o irse a la mitad, tomar una decisión asegurándose como persona”.

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Ella expone el amor propio como una póliza de seguro porque, aunque no garantiza que no vaya a pasar algo, si asegura que en caso de daño, el patrimonio emocional no quede tan afectado. “Lo que uno está viendo y viviendo es lo que uno debe ser capaz de administrar”.

Sylvia argumenta que la felicidad es un asunto de topografía de administración de uno mismo. “Uno es deliberante en la creación de las condiciones de vida. La vida se compone de lo que uno va diciendo, no en lo que le va pasando a uno”.

En sus conferencias y libros, ella recalca que la felicidad no es algo que uno obtenga de las circunstancias, sino que es algo que uno pone con su actitud. “Lo normal es ser feliz”, apunta. “Usted sabe que tiene hambre o frío porque no es lo que tiene en condiciones normales. Lo mismo pasa con estar triste o de mal genio, lo normal es no estarlo”.

“Lo más importante es que para ser feliz hay que empezar por ser feliz”, concreta la también consultora.

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Hogueras digitales

Es probable que nunca antes la reputación de una figura pública haya estado tan expuesta. Basta un comentario, un titular o un rumor para que las redes sociales estallen y la consuman. El desafío actual es mantener la visibilidad en tiempos de cancelación, linchamientos y boicots.

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Foto: Getty Images.

Por: Santiago Sánchez B.*

Además de un extraordinario universo de datos y relatos, Internet es también un bidón de gasolina. Una chispa es suficiente para encender la interacción de miles de usuarios en las antípodas del pensamiento y atrincherarlos en el debate, la polémica y los trending topics.

Las identidades conectadas son mucho más susceptibles de participar en conversaciones colectivas e involucrarse en movimientos con objetivos e impactos políticos, económicos y sociales. Es rápido, fácil y en muchos casos, al abrigo del anonimato. Esos rasgos han sido determinantes en el surgimiento de fenómenos como la cancelación, los linchamientos y los boicots. Plataformas como Twitter o Facebook han facilitado el derrumbe de los monopolios informativos y de opinión, provocando con ello también nuevas discusiones alrededor de problemáticas como el racismo y la misoginia.

Esa avalancha de indignación ha contribuido a exponer a personas y marcas cuyo proceder resulta cuestionable, y en un sentido más amplio, ha redibujado las vulnerabilidades de la reputación, dejando en evidencia que nadie está exento de ser observado, juzgado -y si la situación conduce a ello- hundido digitalmente. “Es un efecto en masa brutal. Acaba pasando que las personas se unen para tomar una decisión sobre lo que es bueno, malo e inadecuado y el posicionamiento es muy claro: a favor o en contra”, afirma Manuel Armayones, Phd en Psicología e investigador del eHealth Center de la Universitat Oberta de Catalunya.

Sin embargo, lo que parecía ser un tribunal ad hoc reservado para quienes abusan del privilegio en cualquiera de sus formas, se ha normalizado como una dinámica que hoy puede alcanzar por distintos motivos a cualquier figura pública, y para ser más precisos, a cualquier persona, configurando un complejo panorama para la gestión de la reputación en línea, cuyas crisis se caracterizan por tres elementos, según Iván Pino, Socio y director senior del área de digital de LLYC: “El nivel de transparencia es muchísimo mayor, la capacidad de amplificación de la opinión pública hace que la conversación sea más abierta y no tenga límites, y se ha superado la huella del tiempo. Ahora cualquier error pasado siempre está presente en algún link”, explica.

El daño está hecho

Emmanuel Cafferty trabajaba como técnico para la Compañía San Diego Gas & Electric. Mientras esperaba el cambio de luz en un semáforo en la camioneta asignada por su empresa, un hombre desde otro vehículo le gritaba y tomaba fotografías que posteriormente publicó en Twitter etiquetando al empleador del técnico a quien señalaba de haber realizado con su mano izquierda un símbolo supremacista.

A los pocos días, Cafferty -de madre mexicana y sin ninguna vinculación a movimientos racistas- perdió su empleo. Tiempo después su denunciante reconoció que pudo haber sido irresponsable publicar la fotografía y eliminó su cuenta de Twitter. Aunque todavía es posible leer artículos y trinos a favor del afectado, lo cierto es que el suceso dejó una la huella en términos de reputación que no es del todo reversible.

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Para Julia Mariano, Consultora en reputación en línea y derecho al olvido, las afectaciones alcanzan a una persona a nivel económico, profesional y familiar: “publicar algo en internet es cuestión de segundos, borrar sus efectos de la vida de alguien toma mucho tiempo” señala.

Mariano, que ha acompañado víctimas de difamación en Europa y Estados Unidos utilizando instrumentos legales y tácticas de programación, marketing digital y comunicación, explica que existen mecanismos que ofrecen la posibilidad de desvincular a cualquier persona de información que resulte lesiva para su honor, intimidad, imagen y reputación. “A esto se le conoce como derecho al olvido y en el caso de la Unión Europea está amparado por el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD)” afirma. Sin embargo, se trata de un complejo trabajo de rastreo y eliminación de URLS (links de contenido), que requiere entre otras, mediar con empresas como Google. “En muchos casos hay que demostrar que es una información errónea o que ha perdido relevancia para la opinión pública” explica Mariano y añade que “a pesar de que es posible eliminar ciertos contenidos, la capacidad de réplica que tiene Internet supone un desafío latente”.

Monstruos, villanos e incompetentes

“Quiero explicar por qué publicamos la pieza de hoy del senador Tom Cotton” dice el último trino que puede leerse en la cuenta de James Bennet, quien fuera responsable de la página editorial de The New York Times hasta junio de 2020, cuando renunció a su cargo luego de las reacciones negativas de varios sectores por haber permitido la publicación de una columna en la que Cotton, un senador republicano, llamaba a utilizar la fuerza militar contra los manifestantes de Black Lives Matters.

Las aclaraciones del periodista fueron insuficientes para calmar a la multitud de usuarios de redes sociales que cuestionaban su idoneidad para la posición editorial. El propio periódico publicó más tarde un artículo en el que dejaba entrever que Bennet era, palabras más palabras menos, un incompetente.

Su historia revela que los linchamientos digitales han dejado de ser una situación exclusiva de monstruos y villanos, y pueden alcanzar a directivos empresariales, líderes políticos y otros perfiles públicos por comportamientos u opiniones que sus audiencias consideren objetables. Sin embargo, no todos parecen estar preparados: “si pudiéramos poner en una escala de cero a diez, diría que estamos todavía en el cinco, siendo optimistas” afirma Ivan Pino de LLYC, aunque reconoce que se está dando un cambio generacional con directivos más acostumbrados a moverse en un entorno digital. Algo que se hizo evidente durante los primeros meses de la pandemia. “Nunca hubo mayor necesidad de liderazgo digital como en el confinamiento y ahí hemos visto, por ejemplo, la figura del Social CEO”.

Lo cierto es que en los tiempos que vivimos, la visibilidad es tan riesgosa como necesaria: “la presencia de los directivos en redes sociales es una ventaja competitiva para las marcas que representan. Muchas veces los mejores Community Manager son los CEO” afirma Jessica Klejman, Asesora de branding personal en digital para lideres empresariales y emprendedores. Esto supone beneficios en términos de credibilidad, cercanía y oportunidad con los públicos de interés. No obstante, aclara Klejman, “es muy importante tener en cuenta la responsabilidad de todo lo que se comunica, esa información pasa a ser de terceros desde el momento en que se da clic en publicar. Ahí hemos abierto la puerta a las crisis y las reacciones” y advierte que es una tarea ardua: “se requieren entre 10 y 12 comentarios positivos para neutralizar uno negativo”.

Reputación “bajo fuego”

Puede ocurrirle a cualquiera. Un alud repentino de notificaciones anunciando críticas, debates y polémica. Su nombre hecho tendencia y una narrativa que emerge de desconocidos. Aunque las crisis de reputación en línea en algunos casos son previsibles, en otros llegan sin tregua ni aviso. Y algo es claro: más que evitarlas, el desafío es aprender a gestionarlas.

¿Cómo proceder cuando la hoguera se ha encendido? Parece obvio, pero dependerá de los hechos. Y habrá que contrastarlos. Si el nombre de una persona está en medio del juicio digital hay que determinar por qué y cuál es su responsabilidad en el asunto. Una vez haya claridad al respecto, Ivan Pino de LLYC sugiere “trasladar esos hechos a las audiencias de forma personal y honesta”.

En algunos casos, el único proceder posible será reconocer y asumir, y en otros, cuando los hechos no correspondan a la realidad, habrá que controvertir y demostrar. En esa etapa de contención, el punto es que cualquier persona que decida sumarse a la conversación tenga acceso a todos los ángulos y discursos. “Hay que crear una contra-narrativa para las que personas encuentren otra explicación, con mucha agilidad y contenidos persuasivos, no con un comunicado con lenguaje jurídico y negando los hechos, sino con una comunicación mucho más humana, transparente y creíble” explica Pino. Después de todo, además del manejo técnico de la comunicación, se trata de hablar con la verdad: “No hay nada que moleste más a los públicos de interés hoy en día que sentirse engañados o que algo no sea auténtico” afirma Klejman.

Ambos coinciden en la necesidad de crear contenidos y relaciones digitales que los respalden y difundan. “Cuando se tiene esa base, es más complicado que un problema de reputación tenga unos efectos tan dañinos o tan perdurables. Hay que cultivar la resiliencia reputacional” señala Pino. Esto hará viable que una vez superada la etapa más aguda de la crisis, puedan llevarse a cabo acciones que contribuyan a la recuperación de la marca personal, entre ellas, modificar, cancelar o desindexar la información negativa que ha surgido.

Para lograrlo, como explica Mariano, será necesario demostrar que dichos contenidos no corresponden a la verdad ni son de interés general. Y aunque se logre, debe siempre tenerse en cuenta que en el universo digital, las polémicas pueden revivir una y otra vez: “nos ha pasado que hay gente que ha hecho todo este trabajo y en una entrevista vuelve a lanzar el tema a la calle” relata.

El riesgo de ser juzgado en internet es latente y en últimas inevitable. Aunque muchas veces los tribunales de social media sean un mecanismo para visibilizar injusticias, transgresiones y arbitrariedades, en otros se trata de una maquinaria implacable que se abalanza sobre personas inocentes. Ahora que un clic implica tanto poder y responsabilidad, también se hace urgente que los usuarios verifiquen, contrasten y evalúen la información que les motiva a opinar sobre terceros. Y si todo eso falla, entonces que exista la misma implicación en rectificar y devolverle la dignidad y el buen nombre a quienes lo perdieron por cuenta de sus juicios.

*El autor es co-fundador de Voice (Es), una start-up española de upskilling que ofrece a equipos corporativos y emprendedores conocimiento aplicable en Innovación, Comunicaciones, Marketing y Transformación Digital. Linkedin: Santiago Sánchez B.

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