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¿Qué se requiere para construir un gran negocio? (parte 4)

Esta es la tercera entrega de una mini serie de cinco artículos que le enseñarán al detalle los ingredientes para construir un negocio exitoso.

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Una de las metáforas que se usan con más frecuencia para asociar el proceso de formar una nueva empresa es el famoso “te tiras de un acantilado y montas tu avión en el camino hacia abajo”. Si no se resuelve el problema correcto en el momento correcto, ese es el final, y llegará muy rápido.

De hecho la mortalidad pone las prioridades en un claro enfoque y es por esto que es necesario contar con algo más que con una gran visión para aumentar nuestra probabilidad de éxito.

Lea también: ¿Qué se requiere para construir un gran negocio? (parte 3)

En anteriores partes de esta serie vimos algunos de los componentes que pueden ayudarnos en nuestro camino para abatir las probabilidades en nuestra contra, y esta no es la excepción. En esta parte examinaré uno de los componentes más obvios pero tal vez de los que menos se habla a la hora de llevar una idea del papel a un negocio real: la frecuencia de consumo.

Cuando se está escalando un negocio, inevitablemente se rompen un montón de cosas y tal vez uno de los retos más grandes es que es imposible trabajar en todas a la vez. Es necesario clasificar y establecer un set de prioridades. De hecho si lo vemos de una manera práctica como responsables, fundadores o gerentes, estamos arreglando constantemente las cosas que harán que nuestros inversores tengan un mayor multiplicador de su dinero para que por consiguiente nuestra capacidad de conseguir capital nuevo aumente considerablemente junto con el valor de nuestra empresa.

Entendiendo que el crecimiento finalmente se compone de nada distinto a la frecuencia de consumo que tengamos de nuestra solución multiplicada por el número de usuarios activos, es fácil ver porqué una mayor frecuencia de consumo no solo potencia nuestro crecimiento sino que también nos permite obtener una retroalimentación más constante de nuestros usuarios.

Podemos aprender mucho más un producto al contar con usuarios que lo consumen varias veces al día que una o dos al mes.

Lea también: ¿Qué se requiere para construir un gran negocio? (parte 2)

Dicho esto, el valor de tener un producto que resuelva realmente un problema para las personas se multiplica exponencialmente si este problema es recurrente. A mayor recurrencia, mayor es nuestro crecimiento en ventas y por ende podremos apalancar nuestro crecimiento no solo sobre un gran producto sino sobre el reiterado consumo de nuestros usuarios actuales.

Para terminar, vale la pena tener en cuenta que el consolidar un hábito de consumo con mayor frecuencia no solo aumenta el valor medio de la vida de nuestros usuarios sino que nos abre las puertas a experimentar con nuevas fuentes de revenue derivadas del famoso cross-selling, o venta cruzada por sus siglas en inglés.

Este es un elemento que las marcas de consumo masivo más grandes del mundo tienen plenamente identificado y que lo usan para aumentar sus portafolios de soluciones de manera horizontal.

Contacto
LinkedIn: Santiago Aparicio
*El autor es cofundador de Fitpal,la plataforma que permite acceder a una oferta de más de 90.000 servicios deportivos (clases y gimnasios) en un solo lugar y por un costo fijo mensual.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes.

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Trabajo sí hay: pero, ¿y las habilidades?

Las “habilidades blandas” cobran cada vez más protagonismo. Pero pocas personas se han formado en ellas. Acá cuáles son las más demandadas.

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Desempleo

Es muy común escuchar a las personas decir que no hay trabajo y que faltan oportunidades laborales, sobre todo es muy común escucharlo entre los jovenes. Si bien es cierto que podrían haber más oportunidades de trabajo para profesionales y profesionales jovenes, también es cierto que hay una gran cantidad de nuevas posiciones de trabajo que han sido creadas, sobre todo a raíz de los nuevos hábitos de consumo y demandas por los cambios en el estilo de vida de las personas a raíz del Covid-19.

Recientemente me he encontrado con lo siguiente:

Lea también: ¿Cómo vive cada generación los cambios del Covid-19?

  • Davivienda habilitó vacantes con salarios superiores a los 4.000.000 que pueden ser consultadas aquí.
  • Compensar lanza 2.100 vacantes de empleo que puede revisar aquí.
  • Mercado libre lanza 16.000 vacantes de empleo en América Latina que puede revisar aquí.
  • Vélez abrió ofertas de empleo con salarios entre $1 y $4.5 millones de pesos que puede ver aquí.
  • Bancolombia lanzó 114 ofertas de trabajo en diferentes sectores incluyendo diseño, tecnología, finanzas y administración que puede consultar aquí.
  • Rappi, Claro y Samsung tienen miles de vacantes en Colombia que puede ver aquí.
  • Banco de Bogotá lanza 300 vacantes de empleos para jovenes que puede ver aquí.

Entonces sí hay trabajos y sí hay  oportunidades, pero ¿qué tantas habilidades hay en el país para suplir la demanda laboral actual?

El Foro Económico Mundial ha delimitado una lista de las habilidades fundamentales para un profesional que busca ser competente en el mercado laboral de ahora y del futuro cercano (2025). Esta lista incluye las siguientes habilidades:

  1. Pensamiento analítico e innovación
  2. Aprendizaje activo y estrategias de aprendizaje.
  3. Resolución de problemas complejos
  4. Pensamiento crítico y análisis
  5. Creatividad, originalidad e iniciativa
  6. Liderazgo e influencia social
  7. Uso, seguimiento y control de la tecnología
  8. Diseño y programación de tecnología
  9. Resiliencia, tolerancia al estrés y flexibilidad
  10. Razonamiento, resolución de problemas e ideación
  11. Inteligencia emocional
  12. Solución de problemas y experiencia del usuario
  13. Orientación al servicio
  14. Análisis y evaluación de sistemas
  15. Persuasión y negociación

Lea también: Los 10 mandamientos de una mujer emprendedora

Para obtener una oportunidad laboral no es 100 % necesario estar en el campo de la tecnología, pero es es absolutamente necesario contar con varias de las habilidades mencionadas anteriormente, sobre todo si se busca escalar en una empresa. Las habilidades “duras” (saber de finanzas, programación, marketing , etc) te permiten ser contratado inicialmente, pero solo las mal llamadas habilidades “blandas” (deberían ser llamadas habilidades esenciales), te permiten escalar dentro de una organización y avanzar en tu carrera profesional. 

¿Cómo desarrollar estas habilidades?

Actualmente la oferta de estos conocimientos ha aumentado, a la par que su demanda. Una de ellas es The Biz Nation, una plataforma creada por mis hermanas y por mí en donde de manera práctica y con una metodología eficiente puedes desarrollar la mayoría de estas habilidades.

 En estos momentos, absolutamente todos nuestros cursos pueden ser adquiridos por menos de lo que te costaría un mes de Netflix.

En un mundo donde la tecnología está rápidamente reemplazando muchas posiciones laborales, solo las habilidades que nos diferencian de la tecnología pueden hacernos sobresalir. Aprender y reforzar estas toma tiempo y sacrificio, pero es necesario, sobre todo porque entre más cosas sepamos hacer, más oportunidades podremos aprovechar. Es por ello, que la educación y las oportunidades tienen una relación directamente proporcional. 

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LinkedIn: Karen Carvajalino
Twitter: @LasCarvajalino

*La autora es cofundadora The Biz Nation, una plataforma de educación virtual enfocada en emprendimiento, tecnología y habilidades para los trabajos del futuro. 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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El verdadero milagro que necesita Perú

El reciente proceso electoral mostró la impostergable necesidad de que el país sudamericano deje de ser indiferente y promueva el acceso a oportunidades, dice la politóloga peruana Alexandra Ames.

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El problema de Perú no es su modelo económico, sino su modelo sociopolítico secular, asegura Alexandra Ames. Foto: EFE.

En 1990 fue abolido el Apartheid en Sudáfrica, un sistema de segregación racial que prohibía a la población negra acceder a derechos sociales y políticos que sí tenía la población blanca. Esto se dio después de una espiral de violencia y un proceso duro de protestas, represión y críticas de la comunidad internacional. Estaba claro que este sistema no daba para más. Pero su anulación no iba a calmar el ambiente por sí mismo. Los oprimidos tenían ahora acceso al poder y estaban dispuestos a usarlo. El miedo en las clases altas era evidente. La sociedad estaba muy polarizada y diversos actores tenían diferentes puntos de vista respecto a la visión del futuro del país. Era importante iniciar un proceso de transformación y reconciliación nacional  que permita fortalecer las bases de la institucionalidad democrática que garantice una absoluta gobernabilidad y bienestar para todos.  

En este contexto, se convocó a Adam Kahane, especialista en planificación, para diseñar una visión de futuro compartida. Kahane cuenta en uno de sus libros que los sudafricanos le habían dicho que tenían dos opciones. La alternativa práctica era ponerse de rodillas y rezar para que todo se solucione. La opción milagrosa consistía en trabajar en consenso y de avanzar unidos [1]. Kahane bromeaba acerca de que esta última opción se veía realmente como algo que solo algo suprahumano lo podría solucionar.

Este milagro consistió en una serie de talleres para pensar el país con actores con posturas muy dispares. Se convocaron políticos, sindicalistas, empresarios, activistas y académicos de izquierda y derecha, blancos y negros. El resultado fueron 4 escenarios que podría tener Sudáfrica.

El primero se llamó “Avestruz”, con la minoría blanca en el poder escondiendo su cabeza para no ver los problemas de afuera, sin pactar con sus opositores. Este escenario, tarde o temprano, los llevaría al caos permanente. El segundo fue el “Pato cojo”, en donde,  el temor al tener un Gobierno incapaz, habría hecho que se negocie con la oposición oprimida e iniciar una transición lenta, priorizando el crecimiento económico sobre el fortalecimiento democrático, lo que, a la larga, solo haría que el pato con el ala rota no pueda despegar como país. 

El tercer escenario fue el “Ícaro”, un Gobierno democrático que despega con un gran gasto social populista, desconociendo los efectos de los abusos al tesoro fiscal. Por lo tanto, apelando al mito griego, la cera de las alas se derretirían por volar muy alto sin estar preparados y, por lo tanto, caerían para ahogarse en una crisis que les impediría continuar. El último escenario fue el “Vuelo del Flamingo”, la cual consistía en ser consciente de la necesidad de invertir en la gente, pero de manera sostenida para asegurar un desarrollo autónomo de las personas y lograr un acuerdo político decisivo que incluya a todos y que entregue confianza suficiente para renovar el pacto social. Esto permitiría un crecimiento económico sostenido y, al mismo tiempo, un fortalecimiento de la gobernabilidad democrática en Sudáfrica.

Evidentemente, lo líderes, tan dispares entre sí, escogieron tener el último escenario y acordaron una hoja de ruta que les permitió crecer de manera sostenida durante los siguientes 20 años.

El caso peruano

En Perú, se ensayó, en el año 2000, un Acuerdo Nacional, con la diferencia de que este no logró convertirse en un proyecto nacional que sea reconocido por todos. Nuestro crecimiento económico despegó y, gracias a ello, se logró que millones de hogares puedan salir de la pobreza. Pero hemos creado un sistema aparentemente exitoso que al primer soplido del lobo feroz, todo lo construido se cae. ¿Esto ha sido culpa del mercado? El sector empresarial debe reconocer que las nuevas formas de hacer negocios, implican estrategias serias de creación de valor compartido. Sin embargo, es el Estado quien no ha sido capaz de convertir el progreso económico en progreso real para todos.

El problema de Perú no es su modelo económico, sino su modelo sociopolítico secular. El primero es el que más avances nos ha traído pese a la resistencia de cambio del segundo. Hemos estado mirando al país desde un balcón limeño, analizando los problemas desde lunas polarizadas. Hemos entregado caridad mas no políticas públicas de calidad.

Lo indígena y lo provinciano son vistos como fenómenos sociales materia de estudio, pero todavía no son reconocidos como ciudadanos pares. Doscientos años después, seguimos siendo una sociedad donde unos son pobladores y otros son vecinos, donde nos indignamos más por una pizza que viene con un insecto, al punto de que la empresa sienta vergüenza y cierre el negocio, que por empresas que abusan de sus trabajadores. Hemos visto noticias de jóvenes sorteando sus autos por no tener cómo costear la enfermedad de su pariente. Y no ha pasado nada.

Perú y Sudáfrica tienen un PBI per cápita similar. Aunque el país latinoamericano tiene un mejor puntaje en el Índice de Progreso Social, elaborado por el Social Progress Imperative, en la dimensión de Oportunidades de ese mismo índice, el país africano le lleva ventaja. Otro dato interesante es que en la dimensión de Libertad de Elección, Sudáfrica está en el puesto 45 mientras que el Perú está en el 108. En otras maneras, de alguna de manera, todavía vivimos un Apartheid peruano. Uno invisible que en estas elecciones se ha legitimado aún más.

Está claro que necesitamos un cambio. Pero en vez de atrincherarnos en nuestros polos, debemos estirar la mano y apoyarnos uno a uno, para salir del hoyo. Es el único milagro que necesitamos en Perú para romper con el mito de Sísifo y nuestra condena del eterno retorno.

[1] Kahan, Adam. La planificación transformadora de escenarios. Comisión Nacional de Derechos Humanos, México, 2016.

Sobre la autora

Alexandra Ames Brachowicz es politóloga. Actualmente es jefa del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad del Pacífico de Perú.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.


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Trabajo híbrido: el modelo de trabajo del futuro

El trabajo remoto es una realidad, pero el networking es algo muy importante para los seres humanos. Es en estos encuentros donde formamos relaciones duraderas y de confianza que nos ayudan a lo largo de la vida. ¿Cuál es entonces el futuro del trabajo pospandemia?

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El año pasado el mundo laboral vivió una transición agresiva hacia el trabajo remoto a causa del Covid-19. Todas las empresas tuvieron que de alguna u otra manera adoptar nuevas prácticas y políticas para poder adaptarse. Ahora, casi un año y medio después de que las cuarentenas generales empezaron, los países comienzan su proceso de reapertura y reactivación económica y está naciendo un nuevo concepto, el trabajo híbrido, un modelo mixto en el cual algunos empleados regresan a las oficinas y otros continúan trabajando desde casa.

Aunque todos estamos aprendiendo a adaptarnos a esta nueva realidad, algo que es cierto es que el trabajo flexible está aquí para quedarse y el panorama de talento cambió de una manera radical. Esta nueva modalidad de trabajo creó nuevas oportunidades laborales para algunos, para otros significó la pérdida de oportunidades, pero como todo gran cambio en la historia se está dando por etapas, y soy de la escuela de pensamiento que va a traer más cosas positivas, que negativas. Es cuestión de que los mercados se terminen de adaptar.

Lea también: La importancia de aprender a venderte a tí mismo

En mi caso, gracias al trabajo remoto creamos Ontop, que la concebimos como una empresa 100 % remota desde el día uno. Muchas de las casi 40 personas que hoy trabajamos en la compañía, no nos conocemos en persona. Sin duda es un gran reto, y cada día me convenzo más, que el futuro tendrá que ser híbrido. El contacto humano real es muy importante y hay que tenerlo, pero creo que ya nos dimos cuenta de que no es necesario tenerlo 8 horas al día, 5 días a la semana. Esto, supone un reto enorme para las áreas de talento humano y los líderes de las empresas, quienes deben repensar todo su esquema de contratación, compensación y beneficios.

La fuerza laboral pide a gritos trabajo híbrido

De acuerdo con un reporte publicado por Microsoft recientemente, el 40 % de la fuerza laboral global está considerando dejar su empleo actual este año, por lo cual nunca fue más importante poder tener estrategias de atracción y retención de talento. Una de estas siendo el trabajo híbrido, ya que hay un gran numero de personas a las cuales no les gusta la idea de que las obliguen a ir a una oficina todos los días del mes. De hecho, el 70 % de los trabajadores quieren opciones flexibles de trabajo remoto y 66 % de los tomadores de decisiones en las empresas están considerando rediseñar sus espacios físicos para acomodar mejores esquemas de trabajo híbrido.

Esto cambia radicalmente el concepto de bienestar y salud en el trabajo, por ejemplo. ¿Vale la pena seguir invirtiendo en instalaciones como gimnasio y spa en una oficina? ¿Vale la pena pagar un gimnasio cerca a la oficina para que los empleados vayan? Este problema lo está tratando de solucionar muy bien Fitpal, mi primer startup, entregando beneficios y bienestar virtuales a las empresas más grandes de Colombia.

Falta de contacto persona y la alta productividad son un riesgo para la salud mental

37 % de los trabajadores sienten que sus empresas están esperando mucho de ellos en estos momentos. 20 % de la fuerza laboral afirma que sus empleadores no se preocupan mucho por el balance trabajo – vida personal y sienten que llegan a puntos de burnout frecuentemente. Sin duda, cuando uno trabaja en casa, separar los espacios y horas de trabajo se vuelve cada vez más difícil, y el hecho de estar conectados a temas laborales constantemente puede comenzar a afectar nuestra salud mental.

Microsoft afirma que el tiempo que se pasa ahora en video llamadas se ha multiplicado por 2,5 y el tiempo promedio de las reuniones ahora es 10 minutos más largo. Así mismo, no tener contacto personal con nuestros colegas, también general una ruptura en la formación cultural de la compañía.

Lea también: Cómo encontrar buenos candidatos para trabajar en tu startup

Por esto es que estoy convencido que, aunque un equipo nazca 100 % remoto, debe organizar espacios presenciales para que los miembros de su equipo interactúen. Así sea una vez al mes, células de trabajo deben ser organizadas, en espacios de coworking, para que los equipos generen una mayor cohesión. El networking es algo muy importante para los seres humanos. Es en estos encuentros donde formamos relaciones duraderas y de confianza que nos ayudan a lo largo de la vida. Para la generación Z (18-25 años) que apenas empieza a desenvolverse en el mundo laboral, es muy importante poder generar esta habilidad y con el trabajo 100 % remoto se vuelve cada vez más difícil.

El hecho de estar encerrados y aislados puede afectar la innovación

La innovación es un fenómeno colectivo que depende de la colaboración entre personas y la serendipia que existe en estos encuentros en espacios de trabajo. El aislamiento del trabajo remoto reduce los puntos de contacto que tenemos con personas en nuestro trabajo. Contrario a lo que pasa en una oficina donde constantemente nos encontramos y hablamos con personas de otras áreas de la compañía, en el trabajo remoto, nos enfocamos en las comunicaciones estrictamente necesarias con nuestro equipo directo. Por esta razón, habilitar espacios semanales o mensuales para que esta serendipia de la innovación ocurra es fundamental para tener organizaciones vanguardistas.

El mundo híbrido está en cualquier parte del mundo

Una de las grandes ventajas del trabajo remoto es que amplia el mercado de talento a niveles nunca vistos. Trabajar desde casa se vuelve lo mismo que trabajar desde Sao Paulo, Buenos Aires o Madrid. Las empresas ahora tienen la posibilidad de acceder a talento que antes no podían. Trabajar de forma híbrida les permite a las empresas conservar esta ventaja y formar equipos en diferentes partes del mundo sin problema.

Las ofertas laborales en LinkedIn se multiplicaron por cinco durante la pandemia y 46 % de los trabajadores remotos planean moverse a un nuevo lugar este año porque pueden trabajar remoto ahora. La gente ya no tiene que dejar su escritorio para expandir su carrera y buscar nuevos horizontes y esto tendrá un impacto gigante en el mundo laboral. En Ontop esa es nuestra visión. Queremos brindar la infraestructura adecuada en contratos, pagos y soluciones financieras para esta nueva generación de trabajadores híbridos que pueden estar en una oficina o en cualquier parte del mundo.

Contacto:
LinkedIn: Julián Torres*
Twitter: @juliantorresgo
*El autor es administrador de empresas de la Universidad de los Andes. Es cofundador de Fitpal y Ontop, una plataforma que le permite a las empresas contratar globalmente de forma legal y rápida.

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¿En qué se parecen un libertario y un socialista?

La construcción de la identidad política es un proceso que sufre varios cambios. ¿Cómo analizarla de manera correcta? Acá los detalles.

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La adolescencia es, fundamentalmente, una búsqueda por la identidad propia. Uno se pasa años tratando de descifrar quién es y cómo encaja en la sociedad. Esa búsqueda, usualmente, es acompañada por una rápida adopción de señales puntuales de afiliación a ciertos colectivos o ideas. Con el paso de los años, no obstante, esa pregunta acerca la identidad propia se desvanece y con frecuencia, también la afiliación a esos colectivos o ideas.

Creo que un proceso parecido vive la búsqueda de identidad intelectual, aunque quizá algo más tardía en el ciclo de la vida de las personas. En mis años de universidad yo me catalogaba como un liberal clásico. Incluso, en cierto momento, creo haberme referido a mí mismo como hayekiano; aunque dudo haber sabido alguna vez lo suficiente de Hayek para, siquiera, reconocer qué quiere decir ser hayekiano. En cualquier caso, en esos años, creía profundamente en el poder de los mercados y pensaba que el rol del Estado debía ser tan limitado como fuese posible, me reunía con gente que pensaba igual y me sentía feliz de ser parte de esa comunidad.

Lea también: Mi experiencia recibiendo la vacuna del Covid-19

Quizá esta identidad surgió como una reacción a mi educación en una universidad con un pensum que sobreponderaba la formación marxista y donde dominaba una comunidad con una asfixiante narrativa de activismo político.

Creo que los fundamentos de esa visión liberal no han desaparecido, aún pienso que las libertades individuales son primordiales y que los mercados son mecanismos bastante útiles para coordinar la sociedad. Sin embargo, con el paso de los años, se fue desvaneciendo la pregunta sobre cuál etiqueta intelectual me sienta mejor. Hoy realmente me importa bastante poco si soy o no un liberal.

No creo que esta sea una particularidad de mi vida intelectual o del liberalismo, creo que es un patrón bastante común a la mayoría de las personas e ideologías. Creo que las brechas generacionales hacen esto evidente. Por ejemplo, la inmensa mayoría de jóvenes revolucionarios marxistas de los 60s y 70s, con los años, moderaron sus posturas y abandonaron su identidad como marxistas, siendo hoy los defensores del status quo al que una nueva generación percibe como obstáculo para cambios radicales en la sociedad.

Diría que lo que hay detrás de este patrón es que el mundo es grande y complicado. Hay muchas cosas que uno no conoce y la inmensa mayoría de las que uno sí conoce, sinceramente, uno las entiende bastante mal.

Lea también: La diferencia entre pedir cambios, refundar la patria, y clamar por un nuevo amo

Afortunadamente, toda persona reflexiva puede disfrutar de las oportunidades que el tiempo da para reconocer lo mucho que uno desconoce del mundo. El tiempo también da la oportunidad de ver los cambios de tendencia en la opinión pública, ilustrando cómo lo que parecen verdades comprobadas, con frecuencia, no son más que modas intelectuales. Además, el tiempo también suele dar la oportunidad de ver cómo el contexto y la suerte condicionan profundamente el desarrollo de los eventos, haciendo claro que aplicar recetas y fórmulas pocas veces es útil en problemas difíciles o realmente importantes.

En definitiva, el tiempo es el mejor corrosivo de la ingenuidad que se requiere para encontrar atractivas la mayoría de cofradías que venden manuales y etiquetas de pensamiento sencillo.

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LinkedIn: Javier Mejía Cubillos
*El autor es Asociado postdoctoral en la división de Ciencias Sociales de la Universidad de Nueva York- Abu Dhabi. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Investigador de la Universidad de Burdeos e investigador visitante en la Universidad de Standford.

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Los esfuerzos que hacen las empresas generan gran valor a la sociedad

Las grandes empresas que operan en el país ya se sensibilizaron sobre las necesidades del territorio y las comunidades. ¿Cómo lo demuestran y trabajan por ello? Le explicamos.

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Industria

Comienzo con aseveraciones radicales, una empresa no es sólo una empresa, cada empresa somos todos, y sin empresas no hay país.

Desde el año 2020 existe una alianza de acción colectiva de contribución al desarrollo sostenible de la que hacen parte Bancolombia, Bavaria, Ecopetrol, Enel, Grupo Argos, Grupo Éxito, Grupo Nutresa, Grupo Sura, ISA, Movistar, Postobón y Terpel (con la participación de Socya y la Universidad Eafit). Estas doce empresas en conjunto generan más de 282.000 empleos directos e indirectos, representan el 17 % del PIB de Colombia, y compran bienes y servicios de más de 127.000 proveedores.

Lea también: Adaptación de las empresas al cambio climático, ¡se hace mejor en comunidad!

Esta poderosa comunidad empresarial comparte que en el propósito superior de todas ellas es contribuir positivamente y generar valor para todos, y creen en el valor de las alianzas para generar más impactos beneficiosos para la sociedad y la naturaleza, y conseguir más rápidamente las metas propuestas por la agenda de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) al año 2030. Todas estas empresas tomaron la decisión desde el año 2015 de gestionar sus compañías alineándose con las metas trazadoras del Gobierno Nacional para los ODS y para aunar esfuerzos público-privados hacia este objetivo en conjunto.

Desde marzo de 2020, tanto por la pandemia como por las manifestaciones de descontento social, ha aumentado la conciencia de la gigantesca importancia de la ciudadanía corporativa y de generar valor público. Para las empresas son imperativos innegociables ser buenos vecinos; escuchar a sus comunidades; leer los contextos y entender los entornos; identificar, respetar y valorar las singularidades de las comunidades y territorios; y el relacionamiento con vocación a largo plazo con los diferentes actores en la sociedad.

En un evento organizado por Socya y Asocia el 10 de junio de 2021, las empresas socializaron las buenas prácticas, los alcances y profundización de los retos de sostenibilidad. Centradas en sus reportes integrados con metodología GRI, estas compañías compartieron como el 2020 fue un año difícil y retador, no solamente en materia ASG (ambientales, sociales y de toma las grandes decisiones corporativas o gobernanza).

Varias de estas empresas como ISA, Grupo Nutresa, Grupo Éxito, Bavaria y Postobón retomaron la solidaridad como una prioridad, y reincorporaron la filantropía dentro de sus modelos de sostenibilidad. Lograron apoyar a comunidades en condición de sufrimiento y en necesidad de apoyo con acciones concretas y trascendentales de manera articulada con el Gobierno, otras empresas, gremios, y organizaciones de la sociedad civil, así como incentivando los voluntariados corporativos.

Además de las acciones solidarias, estas empresas de manera voluntaria presentaron sus magnas apuestas de protección a los diferentes ecosistemas naturales, al empoderamiento e inclusión de comunidades remotas, rurales y vulnerables en los diferentes territorios: incluyendo de manera importante darles apoyo a las víctimas del conflicto y crear oportunidades de empleabilidad justa en el campo, y de inclusión socioeconómica a los municipios PDET.

Lea también: Un nuevo contrato social para una nueva era

Desde el año 2020, estas empresas coinciden en que tomó fuerza la economía circular, y esta se identifica como una oportunidad para el cumplimento de diferentes ODS.

Si bien cada organización está haciendo esfuerzos individuales por aportar de manera positiva a la sociedad y a la naturaleza, es indudable que colectivamente su contribución al desarrollo sostenible y la construcción de valor tienen un potencial exponencial en alcance y profundidad.

Como ciudadanos este decidido compromiso del sector privado invita a una reflexión profunda y contundente sobre la importancia de la generación de valor de las empresas a la sociedad. Si a estas empresas les va bien, a todos nos va bien. Las grandes empresas no solo son empleadores de un extenso número de personas. Estas generan dinamismo y prosperidad en las personas y organizaciones que son proveedores, clientes y usuarios, que hacen parte de las cadenas de valor aguas arriba y aguas abajo; llegan a territorios que tradicionalmente habían sido excluidos socioeconómicamente; y son grandes contribuyentes al gasto público.

Sin embargo, también es ineludible desmitificar quien son los dueños de las empresas. Los socios mayoritarios de muchas de estas empresas nos son individuos, son fondos de pensión que invierten en ellas. Es por esto que, al generar valor a los accionistas, las empresas están haciendo considerables aportes al bienestar de la sociedad.

En los reportes integrados de gestión las organizaciones comunican los temas materiales. Los reportes son uno de los vehículos de comunicación con los grupos de interés, aliados estratégicos, o actores claves en las cadenas de valor. Los reportes facilitan la toma decisiones sobre los aspectos materiales y monitorean cómo se embebe la sostenibilidad en la estrategia empresarial. Para muchas es un tablero de mando para lograr que la sostenibilidad sea la estrategia corporativa, como lo es en el caso de Grupo ISA.

Lea también: Un Nuevo Pacto Verde Global: una apuesta multilateral para salvar el planeta

Los reportes de sostenibilidad comunican los esfuerzos que ha hecho una organización en materia de desempeño financiero, pero también la contribución a la sociedad y al medio ambiente durante un año calendario, de una manera que tenga sentido que sea relevante para quienes leen y observen el accionar de las empresas.

El 2020 y lo que llevamos del 2021 demuestra que la sostenibilidad no son solamente las dimensiones tradicionales sociales, ambientales y económicas. La sostenibilidad y la integridad son asuntos transversales a las grandes empresas.

Las empresas están en condición de riesgo a situaciones globales, pero también se enfrentan a retos en las ciudades y territorios. Uno de estos riesgos y retos que primará durante toda esta década es el cambio climático. Enfrentar estos desafíos y retos que nos trae el cambio climático de resiliencia, mitigación, compensación, adaptación y comunicación requieren el trabajo en alianza para superarnos y cumplir las metas del ODS 13, o incluso para generar oportunidades a partir de estos, en procura de impactar favorablemente y aumentar las externalidades positivas a la sociedad, y a los ecosistemas naturales; de aumentar las externalidades positivas. 

La meta de lograr cero emisiones netas al 2050, especialmente para empresas en sectores con altas emisiones como los hidrocarburos y cementos, es ambiciosa. Los planes para lograrlos incluyen la búsqueda soluciones de eficiencia energética, adopción de energías renovables, la búsqueda de soluciones naturales del clima; de uso, captura y secuestro de carbono; y de almacenamiento de energías

La velocidad de los cambios supone para las empresas apoyarse en la innovación y la tecnología como aceleradores de la sostenibilidad. En Ecopetrol, lo denominan sosTECnibilidad y empresas como ISA han desarrollado proyectos como EcoGox y Ecoregistry para el registro y certificación de compensación de emisiones de CO2.

Lea también: Panorama de riesgos para la tercera década del siglo XXI

En conclusión, hoy es más nítido que las grandes empresas operando en Colombia están sensibilizadas con las enormes necesidades del país y la construcción de nación en el contexto del postconflicto, de los efectos sanitarios y económicos de la pandemia del COVID-19, de las dolencias y necesidades sociales, y anticipándose a los riesgos que trae consigo el cambio climático.

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LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la universidad Eafit. Es presidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

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