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Covid-19: Un antes y después en el teletrabajo y sus implicaciones en ciberseguridad

La pandemia nos enseñó que lo que pensábamos imposible finalmente ha pasado. El trabajo remoto deja ver nuevas necesidades empresariales.

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En la medianoche del martes 24 de marzo de 2020, por instrucciones del presidente de Colombia, Iván Duque; y siguiendo con lo que hasta el momento resultan las mejores prácticas para minimizar el contagio del Covid-19, inició la cuarentena en el país.

Cuatro meses han pasado desde entonces y en términos generales se mantiene su alcance, en casi todo el territorio nacional. En el mundo moderno, pocos fenómenos han retado de manera tan drástica la relación milenaria que existe entre el hombre y el trabajo, como las medidas de aislamiento preventivo que se han implementado alrededor del mundo, producto de la pandemia que estamos viviendo.

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El concepto de teletrabajo, que hasta entonces era tímidamente aceptado por el mundo empresarial en Colombia, y en muchas partes del mundo, pasó a ser la única opción para mantener la continuidad operacional en la mayoría de las industrias. Las áreas de IT y ciberseguridad de las organizaciones han trabajado incansablemente para asegurar que los colaboradores puedan tener los recursos que necesitan para realizar su trabajo desde sus hogares.

Un flashback a la historia del teletrabajo

Antes de la revolución industrial, las personas trabajaban generalmente desde sus casas, expertos del hierro, carpinteros y artesanos entre otros; con este cambio, llegó la necesidad de la automatización y las grandes máquinas dieron la posibilidad de producir a gran escala, lo que llevó a los empleados a trasladarse a las fábricas para completar sus tareas. Este momento marcó el inicio del concepto de desplazarse hacia donde estaba el trabajo.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la historia cambió mucho más, la economía norteamericana se fortaleció y el concepto de oficinas centrales (headquarters) nació. Grandes superficies organizadas en pasillos y cubículos se construyeron, y se originó el concepto del día de trabajo de 8 horas que conocemos actualmente.

El crecimiento económico trajo avances en computación y tecnología que promovieron el camino hacia el concepto moderno de trabajo remoto como lo conocemos hoy y la llegada de Internet en la década del 80 y su subsecuente evolución en velocidad y penetración fue el eslabón que faltaba.

Sin embargo, el trabajo remoto ha sido una historia de amores y odios. IBM quien fuera el pionero del concepto de teletrabajo y quien en el año de 2009, presumía que el 40 % de sus 386.000 empleados, en 173 países trabajaban remotamente, lo cual le permitió ahorrarse millones de dólares anuales en arrendamiento de espacios de oficina; reversó su decisión en 2016, cuando anunció que obligaría a miles de sus empleados a volver a las oficinas. Medida similar adoptaron compañías como Yahoo, Bank of America y Best Buy, entre otras.

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En Colombia, según cifras del MinTIC, antes de la pandemia existían cerca de 122.000 teletrabajadores y era una política que sólo las organizaciones más progresistas implementaron como un beneficio adicional para sus colaboradores. El 24 de marzo ese número pasó instantáneamente a millones y durante los últimos cuatro meses ha sido la principal forma de trabajo para las empresas; algo que no pareciera cambiar, al menos durante los próximos 18 meses.

El auge del teletrabajo es tal, que las compañías con las que converso día a día, producto de mi propio teletrabajo, son enfáticas en resaltar que este será la principal forma de trabajo, inclusive después de la pandemia y que ya  tomaron decisiones para devolver espacios de oficina y así optimizar recursos durante la pandemia.

Esta visión está en línea con la tendencia global. Una encuesta realizada en junio por la firma S&P Global mostró que más del 50 % de las empresas esperan reducir sus espacios físicos de trabajo para continuar fomentando el teletrabajo y mantener prácticas de distanciamiento social sostenidas por un largo período de tiempo.

El impacto del teletrabajo en ciberseguridad

La permanencia del teletrabajo como estrategia fundamental de operación nos reta a considerar el gran impacto que tiene en la seguridad cibernética. Recientemente en Lumu Technologies realizamos una encuesta a más de 350 ejecutivos de Latinoamérica y los resultados mostraron reveladores datos:

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  • Una de cada tres empresas perdió o redujo la visibilidad de los ataques y los compromisos
  • El 70 % de las organizaciones vieron incrementados los casos de ataques y/o amenazas en sus sistemas.
  • El 35 % de las industrias disminuyeron durante este período su presupuesto en ciberseguridad. 

Esta realidad surge principalmente por dos razones:

  1. Los adversarios saben que los empleados están trabajando remotamente y los controles de ciberseguridad se quedaron en las oficinas esperando ese tráfico de red que nunca va a llegar. Los esquemas de WFH han  puesto a prueba la agilidad, poder de adaptación y velocidad de los equipos de seguridad.
  2. La evolución de los ataques es infinita. Contrario a la pandemia en donde de cierta forma podemos controlar la velocidad de crecimiento de la misma a través de las medias de aislamiento y distanciamiento social; no hay forma de limitar la capacidad de evolución de los ataques ni la distribución de los mismos.

Recomendaciones durante y postpandemia

La pandemia nos ha presentado distintas oportunidades de cambiar nuestra perspectiva y actuar basado en un pensamiento definido con propósitos claros. La ejecución bajo la idea que “siempre lo hemos hecho así” está constantemente siendo desafiada por factores de negocios, tanto internos como externos.

La drástica transformación en esquemas de trabajo han demostrado que aquello que pensábamos imposible, finalmente ha pasado, y de forma repentina. El llamado de acción para las empresas es evolucionar sus esquemas de seguridad, en acorde con nuevos modelos de trabajo. La oportunidad que tienen los líderes de negocios para robustecer sus arquitecturas de seguridad no tienen precedente.

No hay mejor momento que ahora para ser agentes de cambio, y liderar la transformación necesaria para mejorar el fallido modelo de seguridad al que venimos acostumbrados. La seguridad del mundo post-pandemia está en vías de construcción y los protagonistas serán aquellas empresas que se animen a imaginar una seguridad progresiva, funcional y eficiente para generaciones futuras. Después de todo, y como el reconocido Nelson Mandela nos enseñó, siempre parece imposible hasta que se hace”. 

Contacto
LinkedIn: Ricardo Villadiego*
Twitter: @rvilladiego

*El autor es CEO y cofundador de Lumu, una empresa de ciberseguridad enfocada en ayudar a organizaciones empresariales a identificar amenazas y aislar instancias confirmadas de compromiso.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Colombia acelera la transición energética

Ya es un hecho la proliferación de proyectos de energía solar y eólica en Colombia. Sin embargo, el camino apenas empieza y aún tenemos mucho por recorrer.

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Por: Ricardo Sierra Fernández*

Colombia vive su mejor momento en transición energética, un hecho indiscutible y respaldado por cifras importantes. Recientemente el presidente Duque desde nuestra granja Celsia Solar El Carmelo, en el Valle del Cauca, afirmó que “en Colombia hoy tenemos entre proyectos instalados y por instalar –a agosto del 2022– 2.500 megas de energías renovables no convencionales; eso significa pasar de menos del 0,3% de nuestra matriz de renovables a más del 14%, y la cifra seguirá en ascenso”.

Este impulso que comenzó a partir de la expedición Ley 1715 de 2014 para promover el desarrollo de las energías renovables, nos ha permitido a las empresas generadoras a aventurarnos, creer que esta transición es posible y hacerla realidad.

Ya es un hecho la proliferación de proyectos de energía solar y eólica en Colombia. Sin embargo, el camino apenas empieza y aún tenemos mucho por recorrer. En Celsia consideramos que hay otros temas que es necesario promover para acelerar la transición:

Movilidad eléctrica: en Colombia le estamos perdiendo el miedo a la movilidad eléctrica. Ya se está alcanzando una sana paridad entre el costo del vehículo de combustión y el eléctrico. Si entendemos la otra parte de la ecuación que son los beneficios para la salud pública, (disminución en ruido y contaminación) no hay duda de que debemos promover la infraestructura para masificar estos vehículos.

Tecnología de medición inteligente AMI: en Celsia queremos que nuestros clientes accedan a nuevas formas de consumo eficiente de energía, con herramientas que generen datos e intercambio de información. Esta medición trae beneficios como mejora en el proceso de facturación; acceso a recursos distribuidos; fortalecimiento de la gestión de red; nuevas posibilidades de eficiencia energética y estímulo a la competencia minorista.

Almacenamiento de energía: si la década pasada fue de la energía solar y eólica, esta va a ser la década de las baterías. Al integrarlas a las redes actuales y a la energía renovable podremos superar los problemas de intermitencia. Además, van a permitir que haya una verdadera revolución en el transporte eléctrico, pues con la masificación de las baterías se mejoran el precio y el acceso.

Estos pasos los tenemos que dar con firmeza. Tener incorporadas en nuestra matriz de generación las energías solares y eólicas, complementada con la hídrica -que es limpia y adecuada para nuestra geografía- es un sueño hecho realidad. Hoy en Celsia tenemos alrededor de 225 MW en proyectos de energía solar operando y en instalación (granjas, pisos y techos), y avanzamos en la pre-construcción de nuestros parques eólicos en La Guajira.

Sin embargo, lo que más nos emociona es que como empresa privada que hace parte del Grupo Argos, creamos valor social y aportamos a la transformación de las comunidades cercanas a nuestros proyectos, con programas de empleo e inversión social, acceso a educación, obras por impuestos, restauración forestal, salud y servicios básicos. Nuestro sueño es aportar a un desarrollo integral, económico y social, respetuoso del medio ambiente y de las comunidades. Esa sin duda, es la verdadera transición que el país requiere y en Colombia podemos hacerla.

*El autor es lider de Celsia.

Twitter: @risierra88.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes.

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Unas previsiones para aplicar reformas

La economía colombiana podría cerrar el año con un crecimiento de entre el 8% y el 10%. Un crecimiento idóneo para aplicar reformas en unas economías que, como las de Latam, precisan combatir numerosas fallas estructurales.

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Billetes colombianos, dinero, economía, moneda, dinero en efectivo foto: Diana Rey Melo

Si atendemos a las perspectivas económicas que se han ido publicando en las últimas semanas sobre la economía colombiana, lo que hemos podido observar es que, mientras el crecimiento de la economía mundial se alejaba del objetivo previsto, Colombia, lejos de revisarse su crecimiento a la baja como numerosas economías, prevé crecer más de lo esperado el presente ejercicio; un crecimiento que podría, en el mejor de los casos, rozar el 10%.

Los principales informes que se han ido publicando, nos muestran que la economía colombiana crece favorablemente. En este sentido, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó que la economía colombiana podría crecer este año a un ritmo cercano al 8%. Pese a que es un dato muy positivo, lo cierto es que se aleja del previsto por otras economías como Chile, la cual prevé crecer un 11% de acuerdo con el organismo.

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Sin embargo, otras previsiones, entre las que podemos destacar las de BBVA Research o las de Banrepública, nos dicen que este crecimiento previsto por el organismo multilateral sigue siendo un escenario posible, pero pesimista. Pues las citadas corporaciones bancarias, en sus estimaciones, han revisado al alza el crecimiento para este año, situando la tasa de crecimiento prevista para el caso de Colombia en el 9,2% y el 8,6%, respectivamente.

Teniendo en cuenta este crecimiento, de darse este escenario, la economía colombiana podría ser de las economías que más crezca en el presente ejercicio, situándose muy cerca de Perú, que prever crecer un 10%, así como de Chile, que sería la que lideraría la recuperación en la región. Y es que debemos subrayar este crecimiento, pues en las últimas semanas hay quien ya pronosticaba una estanflación que comenzaría por las economías desarrolladas y terminaría lastrando a estas economías emergentes.

Así, hablamos de un rebote que encuentra pocos precedentes en la historia. La naturaleza de esta crisis, muy distinta a la de otras, ha hecho que la recuperación, como consecuencia de ello, también sea distinta a la registrada tras otros periodos recesivos. Pues hablamos de que, de acuerdo con el propio FMI, pese a las divergencias y los claros descuelgues en la recuperación, lo cierto es que el 98% de las economías desarrolladas, y cerca del 96% de las economías de mercados emergentes y en desarrollo, retomarán su nivel de producción previo a la pandemia antes de que finalice el ejercicio 2022.

Dicho de otra forma y pese a los numerosos riesgos que enfrenta la economía, que nos recuperamos es un hecho que nadie puede cuestionar.

Sin embargo, debemos saber que, como siempre debe señalarse cuando hablamos de economías en desarrollo, el nivel previo a la pandemia es el objetivo que hoy perseguimos. Sin embargo, esas ansias por alcanzar dicho objetivo preocupan por el hecho de que, cuando esta crisis pase, Colombia, así como multitud de economías de América Latina deben enfrentarse a numerosos problemas que estas economías enfrentan y, como siempre, siguen sin combatirse con las reformas pertinentes.

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Pese a que el objetivo es alcanzar el nivel previo a la pandemia de PIB, lo cierto es que este venía desacelerándose desde hace años. Mientras que estas economías emergentes crecían, antes de la crisis de 2008, a un ritmo medio cercano al 14%, desde entonces, estas se han desacelerado hasta situarse en un nivel de crecimiento medio cercano al 7%. Una desaceleración que amenaza a la convergencia y el desarrollo de estas economías, y que debe concienciarnos de que el Covid no es el fin de nuestros problemas.

En lo relativo al empleo, pese a que se espera que el 70% de las economías emergentes recupere el nivel de empleo previo a la pandemia, la realidad que muestran numerosas economías de América Latina es que, antes de la pandemia, muchas de estas economías presentaban niveles de informalidad económica desorbitados. Para que nos hagamos una idea, ciertas economías de América Latina cuentan con una población empleada en la informalidad laboral que asciende al 70% de la fuerza laboral en el país.

Pero si seguimos mirando indicadores, la caída que ha experimentado la inversión extranjera directa en las distintas economías de América Latina, la corrupción y la violencia, la migración irregular, así como numerosos fenómenos que siguen haciendo sufrir a estas economías, a la vez que limitan su potencial, deben ser combatidos, pese a que la pandemia, tarde o temprano, pase a la historia. Pues estos son los verdaderos retos que deben combatirse para una recuperación plena, pues de combatir los desequilibrios coyunturales y no los estructurales, hablamos de disfunciones que seguirán siempre presentes.

En resumen, este crecimiento que va a registrar la economía colombiana, y que le situará en niveles de producción y empleo previos a la pandemia, es muy beneficioso para impulsar y sacar reformas adelante que no solo recuperen la economía, sino que consoliden esa recuperación, corrigiendo problemas de paso que siguen impidiendo el desarrollo. Hablamos de una oportunidad única, por lo que trabajar en esas reformas debería ser una prioridad para todas esas economías de América Latina que hoy celebran el optimismo.

Por: Francisco Coll Morales*
*El autor es economista, Redactor jefe y jefe de análisis de Economipedia. Analista económico en más de 40 medios, nacionales e internacionales.

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Y usted, ¿ya volvió al médico?

Se estima que se ha recuperado hasta el 85% de la asistencia a hospitales y clínicas en el país durante los últimos meses.

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El último año el debate de salud pública en el mundo se ha enfocado en el COVID-19. Y no es para menos: 220 millones de personas se han contagiado en el mundo y 4.5 han muerto por causas asociadas, de las cuales 127.000 han sido en Colombia. Pero por miedo al contagio miles de personas han dudado en ir a sus visitas al médico para tratar otras enfermedades crónicas de base o han descuidado sus comorbilidades, y lo que algunos no saben es que el bajo diagnóstico y tratamiento puede ser una amenaza para la salud pública.

Aunque apenas tenemos estimaciones preliminares, en nuestro país llegamos a tener una disminución del 60% de asistencia a centros médicos de pacientes no COVID-19. De acuerdo con la Funcolombiana, el 38% de los pacientes oncológicos atrasó o suspendió sus quimioterapias, y en otros países como Estados Unidos, el número de pruebas de detección de cáncer de mama, colon, próstata y pulmón disminuyó 85%, 75%, 74% y 56%.

El mismo caso se dio con otras enfermedades de base. Pacientes con condiciones cardiovasculares, las más mortales previo al COVID-19, dejaron de atender sus citas de control, terminando en muchos casos con complicaciones que pudieron prevenirse. Además, mientras las cifras de sobrepeso se disparan y la obesidad infantil en América Latina llegó al máximo histórico de 30%, miles han preferido ver sus niveles de azúcar elevados antes que salir de su casa a recibir atención.

El impacto ya ha empezado a estimarse. Según The Economist, estos cambios han implicado un “exceso de mortalidad” (muertes que, en circunstancias normales, no sucederían, ya que están por encima del promedio de años anteriores) por causas distintas del COVID-19. Hasta ahora, se estima que en Colombia se han registrado 170.000 muertes en exceso, de las cuales pueden atribuirse 127.000 al virus. Es decir, “otras causas” diferentes al COVID-19 han generado al menos 43.000 muertes más que el promedio de los años anteriores. 

Estamos en un momento clave para cambiar la tendencia, y con las alentadoras cifras de baja mortalidad y limitado contagio del COVID-19, llegó la hora de volver al médico. Debemos volver a los procedimientos rutinarios, y empoderar a los pacientes de nuevo en sus rutas de acceso y atención en salud.

Los últimos meses son un buen indicio de que la asistencia a hospitales y clínicas se está normalizando cada día más. Se estima que se ha recuperado hasta el 85% de la asistencia, y los proveedores de atención en salud están más preparados que nunca para atender a todos los pacientes que lo requieran.

Tras 18 meses de pandemia tal vez no haya un lugar más bioseguro para ir que un consultorio. Colombia es uno de los países que más rápido está volviendo a la normalidad en la región, y la población está comenzando su lista de planes pendientes y atrasados por la pandemia. Todos tenemos que reagendar las vacaciones y viajes atrasados, las reuniones familiares con seres queridos, los festejos con amigos. También todos, sin falta, podemos agregar en esa lista una visita al médico para que, luego de la crisis del Covid-19, la salud siga siendo la prioridad.

Por: Juan Carlos Madriñán, director de Acceso al Mercado de Medtronic

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Los cantos de sirena en el negocio inmobiliario

¿Hacer una fortuna en el mercado de la finca raíz es en realidad sencillo y divertido? Esta es la verdad de los gurús del mercado inmobiliario que abundan en redes sociales.

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Las redes sociales han facilitado la expansión de los gurús financieros. Dentro de la variedad de estos resalta el gurú inmobiliario. Este vende la idea de que hacer una fortuna en la finca raíz es sencillo y divertido.

Como el resto de gurús financieros, muchos de los mensajes de los gurús inmobiliarios son imprecisos e irresponsables. Hay mucho que decir al respecto. Por lo pronto, quisiera hablar de uno de esos mensajes exclusivamente, el cual creo que merece especial atención. Me refiero a la exaltación de lo que ellos suelen llamar negocios multirentas o co-livings.

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Para los gurús inmobiliarios, este modelo de negocio es una verdadera panacea. Hablan de lo sencillo que es expandir la rentabilidad de una inversión inmobiliaria residencial fragmentando la propiedad en subunidades que se rentan independientemente. Por ejemplo, si usted tiene un apartamento con tres habitaciones, en vez de alquilar el apartamento a un solo inquilino que necesita las 3 habitaciones (en lo que ellos llamarían el modelo clásico), el gurú inmobiliario le recomendaría alquilar cada habitación a un inquilino diferente.

Los gurús no suelen ser muy detallados en por qué este modelo de negocio debería ser más rentable que el clásico. Implícitamente, está la idea de que de esta forma se puede generar mayor valor agregado, ofreciendo servicios comunitarios y productos que cierto tipo de residentes pueden necesitar, ahorrándoles el costo de otras cosas que prefieren evitar.

Por ejemplo, estudiantes universitarios quizá no quieran tener un apartamento entero que amoblar, donde deban estar a cargo de instalar y pagar servicios públicos. Seguramente, prefieran una habitación amoblada donde el propietario del predio provea los servicios públicos, se comprometa con su manteamiento, y ofrezca ciertos servicios adicionales como acceso a electrodomésticos de cocina y quizá zonas de entretenimiento.

De cualquier forma, los gurús no suelen entrar en esta reflexión. Su argumento suele ser bastante más simple y se limita a la aritmética de unas estimaciones a mano alzada en las que la suma de las rentas de las 3 habitaciones es mayor que la renta del apartamento entero.

Lo que quiero hacer hoy es mostrarles cómo, aunque la suma de las rentas de las subunidades sea mayor que la renta de la propiedad entera, rentar las subunidades es, con mucha frecuencia, una alternativa de inversión menos atractiva que el modelo clásico de alquilar la propiedad completa.

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Quizá convenga empezar señalando que las multi-rentas o co-livings no son un modelo de negocio nuevo. En sentido estricto, no se tratan de nada diferente a lo que en Latinoamérica tradicionalmente se ha llamado inquilinatos. Con esto, lo primero a notar es que, por más que le pongan una etiqueta juvenil y se hable de esto en redes sociales, se está haciendo referencia a algo que todos conocemos.

De esta forma, quizá todos podamos reconocer al menos tres elementos que hacen que, incluso si este modelo generase ingresos brutos mayores al modelo clásico, ello no implica mayores rentabilidades netas.

En primer lugar, este tipo de negocios requiere un mayor capital. Mientras alquilar un apartamento de la forma clásica no suele exigir mayor dotación que una cocina integral y calefacción en lugares fríos, los inquilinatos requieren adaptar cada subunidad y, frecuentemente, ofrecer utensilios para el uso común de los diferentes inquilinos. Por ejemplo, proveer elementos como nevera, lavadora, internet, etc. suelen ser indispensables para alquilar exitosamente una habitación. En proyectos de mayor envergadura, la creación y dotación de zonas comunes con juegos y mobiliario también suele ser necesario, lo que implica montos de inversión adicionales nada despreciables.

De otro lado, además de necesitar más capital, bajo este modelo esa inversión suele depreciarse más rápidamente, traduciéndose en costos de mantenimiento más altos. Así, adicional a los costos del modelo clásico, el inquilinato exige estar reparando los utensilios y servicios extra provistos.

Esto suele venir con la complicación adicional de tener un mayor número usuarios a quién responder. Cada problema en la propiedad es, seguramente, identificado por cada inquilino y cada uno de ellos tendrá una queja al respecto que debe, de cierta forma, ser respondida por el dueño de la propiedad. Dependiendo del número de propiedades y sus subunidades esto puede ser una diferencia significativa en costos administrativos.

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Finalmente, en estos negocios suele haber una mayor circulación de inquilinos. No solo porque el número de inquilinos es mayor, sino porque la naturaleza de estos suele ser más transitoria, es natural que hayan, permanentemente, subunidades no ocupadas. Puesto que cada vacante suele requerir alguna inversión en publicidad para ser ocupada, y cada candidato a inquilino requiere cierto estudio y selección, este problema se traduce en mayores costos administrativos. De nuevo, dependiendo de la escala de las operaciones estos costos adicionales pueden ser bastante altos.

Entonces, estamos hablando de un modelo de negocio que definitivamente requiere mayores inversiones de dinero, tiempo, y atención para ser viable. Esto no solo puede significar menores rentabilidades netas que el modelo clásico, sino también incompatibilidades absolutas con los propósitos del inversionista. Alguien que tenga un trabajo de tiempo completo y compre un apartamento para generar ingresos pasivos, es muy poco probable que pueda o esté interesado en seguir este modelo.

¿En qué circunstancias considero que el modelo multi-rentas/co-livings/inquilinato tiene sentido? Primero, en situaciones donde el inversionista tiene suficiente tiempo y capital adicional para dedicarle a esta inversión. Segundo, en contextos donde la demanda no se ajusta correctamente al modelo clásico. Por ejemplo, propiedades en zonas con alto flujo de visitantes, como los alrededores de atracciones turísticas, aeropuertos, universidades, etc. suelen ofrecer oportunidades extraordinarias fuera del modelo clásico. Tercero, situaciones en las que la tecnología facilita profundamente el manejo de las propiedades y la interacción con los inquilinos y aquellos interesados en serlo.

En cualquier otro caso, el modelo clásico de renta residencial, aunque parezca aburrido y poco innovador, suele ser bastante superior a estas “nuevas” alternativas.

Contacto
LinkedIn: Javier Mejía Cubillos

*El autor es Asociado Postdoctoral en el departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Stanford. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Ha sido investigador y profesor de la Universidad de Nueva York–Abu Dhabi e investigador visitante de la Universidad de Burdeos.

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Dólar global y dólar local

El análisis de esta divisa contempla dos tipos diferentes. Para entender su movimiento es necesario tener en cuenta qué afecta su oferta o demanda. Acá algunos básicos sobre el análisis del dólar.

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Foto: Unsplash

Un tema que trato con mucha frecuencia, en medios, columnas, conferencias y clases es el del dólar, creo que es por ser uno de los activos más discutidos y opinados en el mercado local. ¿La razón? Se siente mucho más cercano a todos nosotros que otros, si no pregúntese cuantas veces han comprado dólares para un viaje o recibido un giro del exterior y luego compárenlo con las operaciones que hayan hecho en acciones o bonos, les aseguro que es muy probable que las del dólar sean muchas más.

Así pues, en esta columna les quiero mostrar un poco cómo abordo el análisis del dólar partiendo que lo primero es que para mí existen dos dólares, el global y el local. Así que para entender su movimiento es necesario tener en cuenta que hay diferentes fuerzas que pueden afectar su oferta o demanda, es decir hacer variar el apetito por este activo lo que finalmente repercutirá en su precio.

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En este sentido, el grafico 1 muestra algunas fuerzas que me parecen relevantes, donde las decisiones de la Reserva Federal o FED, la percepción de riesgo y en general el panorama global afectan el proceso de toma de decisión de los inversionistas mundiales, lo que al final determinará la fortaleza o debilidad del dólar en ese contexto.

Los otros cuadros corresponden a situaciones locales, guiadas por las decisiones del Banco de la República, la entrada de dólares o monetizaciones de operaciones del gobierno, el comportamiento del precio del petróleo y el flujo de inversionistas internacionales.

Gráfico 1 – Elaboración propia

Para ver en la práctica como interactúan estas fuerzas el gráfico 2 presenta el comportamiento de la tasa de cambio Peso/Dólar y el índice DXY que permite ver el comportamiento del dólar contra una canasta de monedas, dicho de otra forma, es local contra global. Si bien es claro que, a pesar de haber tenido un comportamiento similar en algunos momentos del año, en otros divergen como lo que ha pasado desde el 27 de septiembre cuando el DXY aumentó 0,69%, mientras la tasa de cambio del peso y el dólar caía 1,99% señalado por la flecha roja.

Una de las fuerzas que ha fortalecido el dólar global es el anuncio del tapering por parte de la FED que ocurrirá entre noviembre y diciembre con lo que se reducirán las compras de títulos, esto ha confirmado la expectativa de un cambio de postura en la política monetaria más rápido de lo esperado ante mayores presiones inflacionarias (el último dato anual fue de 5,4% para septiembre manteniéndose en máximos de 5 años). En el fondo, esta mayor demanda global por dólares viene impulsada por la expectativa de un eventual aumento de tasa por parte de la FED que haría más atractivo el mercado estadunidense frente a otros destinos.

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Gráfico 2 – Elaboración propia

Pero lo que vimos en Colombia para ese mismo periodo fue una caída en la tasa de cambio que pasó de $3.844 hasta $3.744 llegando inclusive a un cierre mínimo de $3.720, lo que muestra fortalecimiento del peso, contrario a lo que se esperaría de acuerdo al índice DXY.

Fueron varios los factores que contribuyeron a este comportamiento a nivel local, el primero las monetizaciones de parte de los recursos provenientes de la venta de ISA, así como del canje de reservas del Banco de la República y el Ministerio de Hacienda.

Ambos se dieron en un contexto de aumento de 25 puntos básicos en la tasa del Banco de la República y la decisión de Moody’s de mantener nuestro grado de inversión lo que refuerza una expectativa de fortaleza en el peso. Si bien el precio del crudo ha perdido relevancia como factor determinante de la tasa de cambio nuestras exportaciones siguen concentradas en él, por lo que el Brent negociándose por encima de 80 dólares el barril es una fuerza en el mismo sentido que se suma al efecto general.

Pero, no hay que olvidar que después de marcar $3.720 esa semana también cerró a $3.770 lo que muestra que cuando se analiza el dólar hay que tener en cuenta tanto el global como el local y determinar cual está marcando la tendencia, sin olvidar que muchas veces lo local puede prevalecer en un momento del tiempo, pero si va en contra de lo global es difícil que pueda ser algo más que un cambio coyuntural.

Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.

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