¿Cómo es que siendo cuna de la industria tecnológica Estados Unidos ha crecido menos que el promedio mundial en los últimos años?
Desde la caída del muro de Berlín, la geopolítica mundial ha estado irrefutablemente dominada por Estados Unidos. Desde ese mismo momento, infinidad de personas han pronosticado el colapso del “imperio americano” y el arribo de una nueva gobernanza mundial. Sin embargo, solo hasta ahora, la comunidad de expertos en relaciones internacionales reconoce esto como un escenario plausible.
Para muchos, la administración Trump ha sido la responsable de la decadencia americana. Su política proteccionista, que ha procurado reducir el flujo de personas y bienes hacia EE. UU.; su deserción de espacios de cooperación multilateral, como el Acuerdo de París o la Organización Mundial de la Salud; y su progresiva retirada militar, evidente en las conversaciones de paz en Afganistán y el distanciamiento de los conflictos en Siria, Libia, y Yemen, claramente debilitan la posición de EE. UU. en la esfera internacional.
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Sin embargo, las raíces del declive americano son bastante más profundas y preceden el arribo de Trump a la Casa Blanca. A mi parecer, la más importante de todas estas raíces ha sido el progresivo rezago de su economía.
A pesar de ser EE. UU. la cuna de la industria tecnológica (el sector más dinámico de esta generación), la economía americana ha crecido menos que el promedio mundial todos los años de este siglo. La brecha en el desempeño con respecto a las economías más exitosas ha sido, por supuesto, aún mayor. Entre 2000 y 2019, mientras la variación anual del PIB real de EE. UU. fluctuó entre el -2,5 % y el 4,1 %, la variación del PIB chino estuvo entre el 5 % y el 14,1 %.
El rezago de la economía americana tiene muchos orígenes, pero todos ellos parecen venir de una incapacidad sistémica para proveer bienes públicos fundamentales en el desarrollo del aparato productivo.
Por un lado, buena parte del stock de capital físico de la economía americana lleva décadas estancado. En particular, la inversión de EE. UU. en infraestructura de transporte ha sido bastante inferior al promedio mundial, llegando apenas a niveles que compensan la depreciación natural del stock (véase Figura 1). Así, EE. UU. tiene hoy, básicamente, los mismos aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, y puertos que tenía en los 90’s. Esto contrasta con la expansión que se ha visto en países del Este de Asia y el Medio Oriente.

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Por otro lado, la sociedad americana ha dejado de invertir en su gente. Su gente, su talento humano, acumula décadas de presión financiera. El endeudamiento educativo, los riesgos legales, y la dificultad para acceder a salud, vivienda, y pensión resaltan dentro de aquella presión.
De esta forma, en las últimas tres décadas, EE. UU. ha visto surgir fenómenos completamente atípicos en el contexto de economías desarrolladas. Por ejemplo, el surgimiento de las muertes por desesperación (véase Figura 2).

Figura 2. Tasa de mortalidad, 1990-2015. Muertes por 100.000 habitantes. Selección de países desarrollados. Fuente: Case y Deaton (2017)
*WNHs hace referencia a la población blanca no hispana
El aumento en la mortalidad materna (véase Figura 3); y la consolidación como el país con la mayor fracción de su población encarcelada. Esto, además de ser inmensas tragedias humanas, son desperdicios absolutos del talento humano del país.

Figura 3. Mortalidad materna, 1990-2015. Muertes por 100.000 partos. Selección de países desarrollados. Fuente: The Lancet
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Adicionalmente, estos problemas estructurales de la sociedad americana han hecho crecer el malestar popular en el país. Esto se ha traducido en una creciente inestabilidad institucional (e.g. polarización política, protesta social, y desorden burocrático), que está reforzando el deterioro del aparato productivo.
Ahora bien, la prosperidad económica y la dominancia geopolítica son cosas diferentes. EE. UU. sigue teniendo una posición privilegiada en la esfera internacional, su control sobre la moneda referencia del sistema financiero, su influencia cultural y mediática, su gigantesco ejército, y su extensa red diplomática seguirán manteniéndola como una fuerza relevante en el concierto mundial por décadas.

No obstante, en el largo plazo, la prosperidad económica y la dominancia geopolítica están profundamente correlacionadas. Es difícil pensar que las condiciones de vida de la sociedad americana continúen deteriorándose y que su nación no sea reemplazada, eventualmente, como superpotencia por naciones en expansión, como China.
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LinkedIn: Javier Mejía Cubillos
*El autor es Asociado postdoctoral en la división de Ciencias Sociales de la Universidad de Nueva York- Abu Dhabi. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Investigador de la Universidad de Burdeos e investigador visitante en la Universidad de Standford.
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