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La decadencia de EE. UU. empezó en los 90’s

¿Cómo es que siendo cuna de la industria tecnológica Estados Unidos ha crecido menos que el promedio mundial en los últimos años?

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Desde la caída del muro de Berlín, la geopolítica mundial ha estado irrefutablemente dominada por Estados Unidos. Desde ese mismo momento, infinidad de personas han pronosticado el colapso del “imperio americano” y el arribo de una nueva gobernanza mundial. Sin embargo, solo hasta ahora, la comunidad de expertos en relaciones internacionales reconoce esto como un escenario plausible.

Para muchos, la administración Trump ha sido la responsable de la decadencia americana. Su política proteccionista, que ha procurado reducir el flujo de personas y bienes hacia EE. UU.; su deserción de espacios de cooperación multilateral, como el Acuerdo de París o la Organización Mundial de la Salud; y su progresiva retirada militar, evidente en las conversaciones de paz en Afganistán y el distanciamiento de los conflictos en Siria, Libia, y Yemen, claramente debilitan la posición de EE. UU. en la esfera internacional.

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Sin embargo, las raíces del declive americano son bastante más profundas y preceden el arribo de Trump a la Casa Blanca. A mi parecer, la más importante de todas estas raíces ha sido el progresivo rezago de su economía.

A pesar de ser EE. UU. la cuna de la industria tecnológica (el sector más dinámico de esta generación), la economía americana ha crecido menos que el promedio mundial todos los años de este siglo. La brecha en el desempeño con respecto a las economías más exitosas ha sido, por supuesto, aún mayor. Entre 2000 y 2019, mientras la variación anual del PIB real de EE. UU. fluctuó entre el -2,5 % y el 4,1 %, la variación del PIB chino estuvo entre el 5 % y el 14,1 %. 

El rezago de la economía americana tiene muchos orígenes, pero todos ellos parecen venir de una incapacidad sistémica para proveer bienes públicos fundamentales en el desarrollo del aparato productivo.

Por un lado, buena parte del stock de capital físico de la economía americana lleva décadas estancado. En particular, la inversión de EE. UU. en infraestructura de transporte ha sido bastante inferior al promedio mundial, llegando apenas a niveles que compensan la depreciación natural del stock (véase Figura 1). Así, EE. UU. tiene hoy, básicamente, los mismos aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, y puertos que tenía en los 90’s. Esto contrasta con la expansión que se ha visto en países del Este de Asia y el Medio Oriente.

Figura 1 Gasto en infraestructura, 1992-2013. Promedio anual como porcentaje del PIB. Fuente: McKinsey and Company

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Por otro lado, la sociedad americana ha dejado de invertir en su gente. Su gente, su talento humano, acumula décadas de presión financiera. El endeudamiento educativo, los riesgos legales, y la dificultad para acceder a salud, vivienda, y pensión resaltan dentro de aquella presión.

De esta forma, en las últimas tres décadas, EE. UU. ha visto surgir fenómenos completamente atípicos en el contexto de economías desarrolladas. Por ejemplo, el surgimiento de las muertes por desesperación (véase Figura 2).


Figura 2. Tasa de mortalidad, 1990-2015. Muertes por 100.000 habitantes. Selección de países desarrollados. Fuente: Case y Deaton (2017)
*WNHs hace referencia a la población blanca no hispana

El aumento en la mortalidad materna (véase Figura 3); y la consolidación como el país con la mayor fracción de su población encarcelada. Esto, además de ser inmensas tragedias humanas, son desperdicios absolutos del talento humano del país. 



Figura 3. Mortalidad materna, 1990-2015. Muertes por 100.000 partos. Selección de países desarrollados. Fuente: The Lancet

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Adicionalmente, estos problemas estructurales de la sociedad americana han hecho crecer el malestar popular en el país. Esto se ha traducido en una creciente inestabilidad institucional (e.g. polarización política, protesta social, y desorden burocrático), que está reforzando el deterioro del aparato productivo.

Ahora bien, la prosperidad económica y la dominancia geopolítica son cosas diferentes. EE. UU. sigue teniendo una posición privilegiada en la esfera internacional, su control sobre la moneda referencia del sistema financiero, su influencia cultural y mediática, su gigantesco ejército, y su extensa red diplomática seguirán manteniéndola como una fuerza relevante en el concierto mundial por décadas.

Figura 4. Tasa de encarcelamiento, 2020. Prisioneros por 100.000 habitantes. Top 20. Fuente: World Prison Brief

No obstante, en el largo plazo, la prosperidad económica y la dominancia geopolítica están profundamente correlacionadas. Es difícil pensar que las condiciones de vida de la sociedad americana continúen deteriorándose y que su nación no sea reemplazada, eventualmente, como superpotencia por naciones en expansión, como China.

Contacto
LinkedIn: Javier Mejía Cubillos
*El autor es Asociado postdoctoral en la división de Ciencias Sociales de la Universidad de Nueva York- Abu Dhabi. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Investigador de la Universidad de Burdeos e investigador visitante en la Universidad de Standford.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Neivor, la fintech que revoluciona los pagos para los conjuntos residenciales

El emprendimiento colombiano ha desarrollado un modelo de economía colaborativa en conjunto con las entidades financieras para enriquecer el portafolio financiero de este segmento.

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El crecimiento de las ciudades ha transformado las estructuras de viviendas tradicionales de casas a grandes edificios y conglomerados de familias. Esta nueva forma de organización de vivienda convirtió a los conjuntos residenciales en mini ciudades con retos como el recaudo del dinero para su funcionamiento, el desarrollo y el bienestar de la comunidad.

¿Cómo hacer eficiente el recaudo, crear tejido social y generar fuentes alternativas de ingresos que creen comunidades saludables usando la tecnología como medio?

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Neivor es una empresa de tecnología colombiana que ha decidido desarrollar un ecosistema de vivienda poco explorado en Latinoamérica, a través de alianzas con diferentes actores del sector como bancos y compañías aseguradoras.

Paola Fuertes, cofundadora y CEO de Neivor, considera que estos ecosistemas no se han desarrollado por barreras como la limitada infraestructura de pagos, la desconexión entre vecinos y la falta de herramientas para la gestión y administración del mismo. 

Para empezar, la infraestructura de pagos en Latinoamérica es costosa y compleja de implementar. En la región, habilitar pagos electrónicos para un pequeño comercio tiene un costo promedio de 3,5 % + IVA por transacción, además de incurrir en los honorarios e infraestructura necesaria para tener este servicio activo, es por esto que la mayoría de conjuntos residenciales no le ofrece a los residentes la oportunidad de pagar en línea. Es así, que los pagos en efectivo siguen siendo predominantes a pesar de su ineficiencia y de los problemas de conciliaciones manuales que originan. 

Por otro lado, la desconexión entre vecinos es un fenómeno global. Pew Reserch Center desarrolló una encuesta en Estados Unidos sobre los aspectos de la vida en Comunidad arrojando que el 57 % sólo conoce a “algunos vecinos” y el 12 % no conoce a ninguno.

Es aquí donde el desarrollo de los vínculos de confianza permite el crecimiento de la comunidad. En esta misma encuesta se revela que al menos tres cuartas partes de los encuestados (66 %) se sentirían cómodos pidiéndole favores como mantener un juego de llaves en caso de emergencias a vecinos conocidos.

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Neivor se dio a la tarea de traer innovación tecnológica y habilitar medios de pago para estas comunidades. En primer lugar, en alianza con varias entidades financieras en la región ha desarrollado un portafolio integrado a los servicios financieros que mejora las tarifas, reduce la complejidad en la integración y entrega una plataforma para habilitar canales digitales y reconciliar la información para el banco y el condominio en tiempo real.

Como resultado se ha simplificado la forma de pagar, los residentes pagan no solo en efectivo sino con tarjetas crédito, lo que finalmente representa un beneficio tanto para el banco como para el conjunto residencial. Desde la perspectiva de los vecinos, esto le da la oportunidad de conectarse e interactuar para poder intercambiar productos y servicios y estar al día con lo que pasa en la comunidad, todo esto desde el app. 

Hoy en día, Neivor está operando con los principales bancos de la región en países como Colombia, Ecuador, Bolivia y El Salvador potenciando un segmento de mercado poco explorado por las instituciones financieras. La estrecha relación entre Neivor y las entidades financieras ha inspirado a nuevos emprendedores a montar sus propios negocios.

Por ejemplo, la empresa boliviana Gecodix (Gestión de Conglomerados Digital) decidió iniciar su negocio de administración de condominios utilizando la plataforma de Neivor de forma fácil y rápida. “Esto es similar a lo que logran compañías como Airbnb o Uber, que inspiran a otros a emprender y tener otras fuentes de ingreso a través de la conexión de personas y el uso de herramientas digitales”, señala Paola.

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El modelo ha sido tan efectivo que ya ha migrado a otro tipo de comunidades, como colegios y universidades. Con su plataforma, Neivor está concentrando las transacciones de los conjuntos residenciales en Latinoamérica. Lo hace convirtiendo el procesamiento de un pago en un elemento para la creación de valor social. Así, están transformando la forma en que hoy se vive en comunidad.

Contacto:
LinkedIn: Daniel Bilbao
Twitter: @ddbilbao
*El autor es fundador y CEO de la empresa Truora, que tiene como objetivo combatir el fraude en Latinoamérica. Trabajó en la banca de inversión en Wall Street, es consejero y miembro de juntas directivas de varias ‘startups’ y hace angel investing.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Emprendedores

Tres mitos sobre YCombinator y cómo aplicar

Solo el 1,5 % de los emprendimientos que aplican a su programa de aceleración logran entrar. Acá los principales errores y cómo postularse.

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Arranquemos con las bases: YCombinator es una aceleradora de startups ícono en el mundo del emprendimiento, que ha financiado a más de 2000 compañías en early stage desde el 2005. Sus resultados son impresionantes: el valor combinado de sus emprendimientos supera los 155 billones de dólares. 

No existe tal cosa como el éxito garantizado para un startup, pero YCombinator es como una aplanadora que facilita bastante el camino. Hay un problema, y es que entrar es muy difícil. Solo el 1,5 % de los emprendimientos aplicantes logran convencer a que la afamada institución los fondee como también financiaron en un comienzo a pequeñas iniciativas que hoy conocemos como Airbnb, Dropbox, Stripe, entre otras.

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Funciona así, la aceleradora escoge dos veces al año una gran cantidad de startups en las que invierte 125 mil dólares, además de brindar la oportunidad de pasar tres meses trabajando en la construcción de un pitch para presentar en el mítico Demo Day, que es una puerta a inversiones y visibilidad en la industria en general. En Latinoamérica, YCombinator ha invertido en 50 compañías de países como Colombia y México principalmente. 

Truora participó en YCombinator en 2019, (acá la historia de cómo lo hicimos) y de esta experiencia aprendimos que todos. Sin importar que tan expertos o no sean, de donde vengan, quienes sean o lo que hagan en la startup, pueden tener un chance de entrar y por eso hoy quiero aclarar tres mitos sobre YCombinator para que quienes crean que pueden se animen a participar.

1. No tienes que ser un gringo graduado de Stanford para pasar

YCombinator es muy claro es este punto, tanto que siempre están haciendo giras globales (en América Latina han ido a México, Brasil, y Argentina) que ahora se convirtieron en decenas de cursos online disponibles en su página web, siempre intentando ser lo más democráticos posible.

Solo en el YC Summer Demo Day 2020. fueron más de 190 startups de 26 países latinos, africanos, asiáticos y europeos los que participaron, de las cuales un 36 % tiene sede fuera de los Estados Unidos, y el 6 % pertenece a alguna mujer afro. 

En Colombia hay casos excepcionales, como el de Platzi, que fue la primera startup latina en conseguir entrar a YCombinator, o Rappi, la primera empresa unicornio del país.

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2. Tu startup no necesita tener una tracción enorme para participar

La mayoría de startups entran con equipos pequeños y a veces solo con una idea y muy poca tracción. Si tu emprendimiento está en esta categoría, enfócate en vender las oportunidades de revenue disponibles en el mercado, en la historia de cómo fue creada y los planes de a dónde quieres llevar la empresa. 

Si logras con tu historia que los inversionistas imaginen el impacto que pueda tener tu startup sobre el mercado a través de posibilidades ilimitadas, la tracción será el menor de los problemas para lograr una primera inversión. 

3. Solo las empresas de tecnología pueden entrar a YCombinator

Si bien hay una alta posibilidad de que las startups con foco en tecnología logren hacer un pitch en el Demo Day, hay cientos de compañías de otras industrias, como la de biotecnología, medicina y hasta construcción. Un caso interesante de esta pasada edición es el de las empresas tradicionales que están pasando por procesos de transformación digital, y esto se debe probablemente a la urgencia de muchos emprendimientos por sobrevivir en la pandemia.

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Como dije al inicio, emprender es particularmente difícil, pero puedo asegurar que YC es el mejor impulso que conozco para ayudar a empujar un startup como sucedió con nosotros en Truora. 

¡Queremos ayudar!

Como decimos en Colombia, “la peor vuelta es la que no se hace”, y ¡vamos a ayudarte! 

Las inscripciones se cierran el 23 de septiembre y este viernes a las 10 a.m. estaré dando una charla junto a Treble, otro gran caso de YCombinator, sobre mejores prácticas. 

Inscríbete AQUÍ.

Contacto:
LinkedIn: Daniel Bilbao
Twitter: @ddbilbao
*El autor es fundador y CEO de la empresa Truora, que tiene como objetivo combatir el fraude en Latinoamérica. Trabajó en la banca de inversión en Wall Street, es consejero y miembro de juntas directivas de varias ‘startups’ y hace angel investing.

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Enfrentando los desafíos de seguridad de la red corporativa en tiempos de pandemia

Todos los días recibimos una gran cantidad de spam y phishing en nuestros buzones de correo electrónico, tanto personales como laborales.

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Todos los días recibimos una gran cantidad de spam y phishing en nuestros buzones de correo electrónico, tanto personales como laborales. Van desde invitaciones inofensivas a eventos a los que nunca asistiremos o anuncios de diversos productos y servicios, hasta mensajes falsos, menos inofensivos, enviados por hackers sobre premios de lotería o con solicitudes de ayuda, generalmente en forma de transferencia de dinero.

Los spammers le escriben a todo el mundo: becarios, amas de casa, gerentes y ejecutivos. Sí, también recibo mi buena dosis; en realidad más de la porción que me toca, de tales mensajes bajo la apariencia de invitaciones a conferencias, solicitudes de reuniones e incluso notas de supuestos parientes que quieren informarme sobre una oportunidad de negocios.

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Cabe señalar que la actual pandemia por Covid-19 también se ha convertido en un imán de spam que abre la caja de Pandora de las ciberamenazas. Ahora que el mundo es un lugar diferente en medio de la crisis del coronavirus, todo el panorama del ciberdelito ha cambiado en los últimos meses y los ciberdelincuentes se están aprovechando de la situación para montar una serie de ataques.

Desde el inicio de la emergencia sanitaria, la cantidad de archivos maliciosos únicos detectados aumentó de alrededor de 300 mil a más de 420 mil por día. ¡Eso representa un incremento del 40 % en tan solo unos meses! ¿Quieres saber qué me mantiene despierto por las noches? El creciente número de ciberdelincuentes detrás de estos ataques y sus tácticas cada vez más sofisticadas.

Naturalmente, los ciberdelincuentes aprovechan el tema del brote del coronavirus en sus correos electrónicos corporativos de phishing. A menudo, citan retrasos en las entregas a domicilio relacionados con la contingencia, que es especialmente relevante en el contexto actual; eso hace que los destinatarios se pregunten a qué entrega se refieren y decidan abrir su correo electrónico.

Incluso alguien capacitado para detectar un correo falso, puede llegar a tener dificultades para determinar si un mensaje es phishing o se trata de una comunicación legítima por parte de un proveedor. Según nuestra investigación, más de una cuarta parte (27 %) de los encuestados dice haber recibido correos electrónicos maliciosos relacionados con el coronavirus en los últimos meses. 

Las compañías corren un mayor riesgo ahora que, en general, los empleados han migrado a trabajar desde casa, especialmente aquellas empresas que no estaban preparadas para este formato, o bien, no han establecido los protocolos de seguridad necesarios para que los empleados se conecten a la red corporativa de forma remota.

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Desde el punto de vista de la seguridad informática, un empleado dentro de una red corporativa y un empleado que se conecta desde casa son usuarios en entornos digitales radicalmente diferentes. Nuestra investigación ha demostrado que a medida que ha incrementado el uso de servidores y herramientas de acceso remoto durante los últimos meses, también ha aumentado el número de ataques.

Como resultado, este cambio a Home Office ha afectado la seguridad corporativa con un número creciente de ataques basados ​​en la web (el promedio diario de ataques de fuerza bruta a servidores de bases de datos aumentó un 23 % en abril de 2020, en comparación a enero), phishing relacionado con el coronavirus (los ataques de phishing por correo electrónico se han disparado más de un 600 % desde finales de febrero de 2020), así como el aumento en el uso de Shadow IT

El ransomware es otro problema importante para las empresas, los gobiernos, el sector educativo y otras instituciones alrededor del mundo. Un ejemplo es el ataque de ransomware al fabricante japonés de cámaras Konica Minolta durante el verano o los ataques a Xerox, Orange y la firma de dispositivos wearables Garmin.

Hoy en día, los delincuentes detrás de los ataques de ransomware están agravando la pandemia, al obligar a las instituciones de atención médica y otras organizaciones de infraestructura crítica a pagar para recuperar el control de sus datos.

Desafortunadamente, los proveedores de atención médica y otras instituciones sanitarias son objetivos perfectos para tales ataques, pues dependen por completo de sus sistemas, ya que la falta de acceso a sus archivos puede convertirse en una cuestión de vida o muerte. Por eso, para mí, los ataques que ponen en peligro la vida y el bienestar de las personas son actos de ciberterrorismo.

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Por lo tanto, durante la pandemia, es todavía más importante para las organizaciones proteger su infraestructura crítica y los sistemas que administran el acceso a los datos. Esto es especialmente relevante para las empresas que dependen de servidores públicos para comunicarse con sus clientes. Además, con la mayoría de los empleados trabajando desde casa, un ataque de ransomware en este contexto causaría más interrupciones que en circunstancias normales.

El diseño de redes corporativas y las estrategias de soporte deben y tienen que ajustarse para abordar este gran desafío. Detener los ataques depende, sobre todo, de identificarlos en sus primeras etapas, como el phishing. 

La forma efectiva para que las empresas e instituciones enfrenten este problema es utilizando múltiples capas de seguridad, ancladas en una solución antimalware robusta, junto con la capacitación del personal sobre ciberamenazas y el uso correcto de dispositivosy tecnologías. Solo así tendrán la oportunidad de evitar ataques.

Contacto:
LinkedIn: Eugene Kaspersky
*El autor es experto en ciberseguridad de renombre mundial y empresario. Es cofundador y Director General de Kaspersky, proveedor privado de soluciones de ciberseguridad y protección de endpoints más grande del mundo que trabaja, entre otros con la Iinterpol y Europol en temas contra el cibercrimen.

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Lo que no se dice sobre la desigualdad en Colombia

Colombia no es un extraño animal cuya esencia esté definida por su alta desigualdad. Su situación es bastante similar a la de países de la región.

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La desigualdad económica es uno de los pocos aspectos alrededor de los cuales existe un consenso en la opinión pública colombiana. Todos estamos de acuerdo con que la desigualdad en Colombia ha sido extraordinariamente alta por años.

Lamentablemente, tal como la mayor parte de consensos, nuestro acuerdo sobre la alta desigualdad en Colombia mantiene en la sombra elementos fundamentales de ella, los cuales parecen ser poco o mal entendidos por la mayoría. Una rápida mirada a la evolución de la desigualdad en el país nos indica lo mucho que hay detrás de la afirmación “Colombia, uno de los países más desiguales del mundo”.

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En primer lugar, en el último siglo, la desigualdad en Colombia se ha movido en rangos bastante amplios. Concentrándonos en la desigualdad de ingresos, y observando el coeficiente de Gini, desde 1938, éste ha fluctuado entre el 0.45 y el 0.59 (véase gráfico 1). Como punto de referencia, en la actualidad, un Gini de 0.45 es inferior al de Singapur y uno de 0.59 superior al de Zambia.

Adicionalmente, la desigualdad en Colombia ha variado importantemente en periodos de tiempo relativamente cortos. Dos periodos de rápida reducción de la desigualdad de ingresos se observan en el último siglo, los 60s y 70s, y los 2000. Ambos periodos coinciden por el rápido crecimiento de la economía nacional y la expansión de la política social.

Fuente: Rodríguez (2017) y Banco Mundial

Ahora, más allá de su evolución en el tiempo, es conveniente tener algo de perspectiva internacional con respecto a sus niveles. Contrario a lo que se suele mencionar, los niveles de desigualdad de Colombia no son extraños en el contexto regional.

Según los datos de Prados de la Escosura, en el siglo XX el Gini de ingresos de Brasil fluctuó entre 0.46 y 0.57; el de Chile, entre 0.40 y 0.54; el de Ecuador, entre 0.54 y 0.61; el de Argentina, entre el 0.40 y el 0.50; el Perú, entre 0.39 y 0.61; y el de Venezuela, entre 0.44 y 0.61.

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Así, aunque con frecuencia dentro del rango superior, Colombia no ha sido muy diferente al club de países latinoamericanos. Un club que, por cierto, ha sido uno de los pocos que se ha mostrado capaz de reducir sistemáticamente su desigualdad en los últimos 40 años, periodo durante el cuál la desigualdad ha aumentado en el resto del mundo (véase gráfico 2).

Fuente: Goda (2016)

Por supuesto que una mirada completa de la desigualdad en Colombia necesita una reflexión mucha más profunda. Sin embargo, lo presentado aquí debería bastar para reconocer que Colombia no es un extraño animal cuya esencia esté definida por su alta desigualdad. 

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La alta desigualdad es algo que compartimos con nuestros vecinos. Además, hemos logrado reducirla rápidamente con el uso de políticas sociales convencionales en contextos de alto crecimiento económico. Así, aunque es un problema serio, tiene solución. Y esta solución no requiere visiones radicales que busquen refundar la patria. Lo que requiere es una economía robusta, acompañada de una política social integral.

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LinkedIn: Javier Mejía Cubillos
Twitter: @JavierMejiaC
*El autor es Asociado postdoctoral en la división de Ciencias Sociales de la Universidad de Nueva York- Abu Dhabi. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Investigador de la Universidad de Burdeos e investigador visitante en la Universidad de Stanford.

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La urgencia de una nueva economía positiva con la naturaleza

El Covid-19 demostró los efectos adversos en la economía de una pandemia. Científicos han alertado que los daños a la naturaleza dejarían efectos aún peores.

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El Covid-19 ha demostrado que la humanidad puede adaptarse a cambios drásticos e inmediatos combinando la colaboración entre los individuos, la ciencia, las empresas, la tecnología y los gobiernos (mediante políticas públicas e intervenciones de tomadores de decisiones).  No obstante, los efectos del Covid-19 son minúsculos si se comparan con los efectos de los millones de patógenos que se liberarán al descongelarse el permafrost como efecto del cambio climático.

El informe de evaluación mundial sobre la biodiversidad y los servicios ecosistémicos de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) alerta sobre el millón de especies en riesgo de extinción debido a cinco principales factores: (i) cambios en el uso de la tierra y el mar; (ii) sobreexplotación de organismos; (iii) cambio climático; (iv) contaminación; y (v) las especies exóticas invasoras.

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La comunidad científica ha venido haciendo llamados de urgencia desde 1979, cuando se emitió en la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima la declaración para prever y prevenir los cambios climáticos potenciales causados por el ser humano que pudieran tener un efecto adverso en el bienestar de la humanidad. 

Esta alarma tuvo continuidad en la Cumbre de Río en 1992, con el Protocolo de Kioto de 1997, y con el Acuerdo de París en 2015. Sin embargo, pese a estos llamados explícitos no ha habido suficiente progreso. Fue en noviembre 2019, en declaración firmada por 11.258 científicos de 153 países, que se alertó a la humanidad sobre la catastrófica emergencia climática a la que estamos enfrentándonos.

Sumado a la advertida crisis del cambio climático, está la aceleración de lo que serían manifestaciones que podrían llevar a la sexta extinción masiva a partir del 2100 a causa de la desestabilización del ciclo natural de absorción del carbono provocando la desaparición de la mayoría de las especies del planeta Tierra.

Durante la preparación del mundo para la recuperación de la pandemia del Covid-19 y sus crisis asociadas, en julio 2020 fue lanzado el segundo reporte del Informe de la Nueva Economía de la Naturaleza, dedicado a “El futuro de la naturaleza y los negocios” y liderado por el Foro Económico Mundial.

Ya en el primer informe se habían identificado y valorado los riesgos materiales para las empresas por las pérdidas de la biodiversidad y el colapso de los ecosistemas. En este segundo informe se propone pasar del riesgo a las oportunidades enfatizando en la oportunidad sin precedentes y la imperiosa necesidad de una transformación radical en la manera en que comemos, vivimos, crecemos, construimos y dotamos de energía nuestras vidas para conseguir la neutralidad de carbono y una economía positiva con la naturaleza.

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Este informe presenta pruebas de cómo se pueden crear 385 millones de nuevos puestos de trabajo y generar anualmente hasta 10,1 trillones de dólares en valor comercial. Explica que esto puede conseguirse con 15 transiciones sistémicas distribuidas en tres sistemas socioeconómicos que, en conjunto, representan más de un tercio de la economía mundial, proporcionan cerca de dos tercios de todos los puestos de trabajo en el mundo, y afectan el 80 % del total de especies amenazadas y casi amenazadas. Esto implicaría inversiones de 2,7 billones de dólares.

Los tres sistemas socioeconómicos que según el informe “El futuro de la naturaleza y los negocios” requieren 15 transiciones profundas son: el uso de alimentos, tierra y océanos (12 % del PIB mundial); infraestructura y construcción (40 % del PIB mundial); y el sector extractivo y energético (23 % del PIB mundial y 15 % del empleo en el planeta).

Este reporte instiga a un Great Reset y restablecer la forma en que vivimos, producimos y consumimos, así como para lograr una economía resiliente, carbono neutral y positiva en la naturaleza, y detener la pérdida de biodiversidad antes del año 2030. Este restablecimiento necesita tanto desvincular nuestro bienestar del consumo de recursos para reducir las cantidades de lo que necesitamos.

Sin duda alguna, las implicaciones y razones para la adopción de una nueva economía son tanto morales como económicas. Esta transformación mundial estructural no se trata sólo de ser moralmente entusiastas y asumirnos responsables de la conservación y preservación de la naturaleza y los ecosistemas, sino también de la supervivencia de los seres humanos y de nuestros medios de vida.

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LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la universidad Eafit. Es presidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

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