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El riesgo cambiario debe estar en la agenda de las juntas directivas

“Las juntas deben incorporar esta información en sus debates estratégicos para decidir acerca de la conveniencia, o no, de reconfigurar el balance estructural objetivo entre flujos de caja en divisas y en pesos”, dice Luis Carlos Bravo.

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Dólar

Al comenzar 2020, la TRM se ubicaba en $3.277. Dos meses después, aún en etapa pre-Covid, había subido a $3.540 y, para finales de marzo, había superado los $4.000. En medio del nerviosismo, varias empresas con compras dolarizadas intensificaron el uso de coberturas cambiarias pero, para entonces, ya era tarde. Era como comprar un seguro para el carro después de haberse estrellado.

Desde ese momento, la presión cambiaria ha bajado. En abril, la TRM dejó de subir y en mayo, bajó casi 300 pesos. A partir de allí, la tasa ha oscilado en niveles cercanos a $3.700. Aparentemente, lo más complejo ya pasó. En las agendas de las juntas directivas y los comités financieros, la TRM ha perdido protagonismo e incluso existe nuevamente la sensación de que es posible predecir con cierto éxito el comportamiento del dólar en el corto plazo.

Pero un buen directivo toma decisiones basadas en los hechos y no en sensaciones. ¿La dinámica de la tasa de cambio a comienzos de año fue un evento extraordinario?

La engañosa estabilidad del dólar

Al revisar la dinámica de los últimos años, se puede observar en la tasa de cambio una estabilidad que resulta ser engañosa. En los últimos diez años, por ejemplo, la variación de la TRM en 30 días ha sido, en promedio, inferior a 1%.

Adicionalmente, la tasa ha mantenido su nivel por períodos prolongados. Por ejemplo, entre noviembre de 2009 y septiembre de 2014, flotó cerca de los $1.900 sin sufrir grandes variaciones.

Por lo anterior, cuando una empresa ha decidido apostar a la tasa de cambio a 30 días, el impacto de una equivocación en el pronóstico ha sido usualmente bastante bajo.

Sin embargo, desde finales de 2014, en ocho ocasiones diferentes la TRM ha presentado saltos superiores al 7% en 30 días. A cada uno de estos saltos se le puede encontrar una explicación, la cual, en últimas, está siempre relacionada con choques externos tales como la crisis de los precios del petróleo de finales de 2014 o la pandemia actual.

Estos saltos de la tasa de cambio son evidencia de la creciente vulnerabilidad de la economía colombiana a choques en los mercados internacionales. La volatilidad que mostró la TRM a comienzos de año no es, de ninguna manera, un evento aislado del cual no hubieran podido protegerse nuestras empresas. Todo lo contrario. Si persisten las condiciones estructurales que dan origen a la vulnerabilidad del peso, es razonable esperar que se presenten saltos adicionales en la tasa de cambio como reacción ante nuevos eventos externos.

Origen de la vulnerabilidad del peso

El principal factor que permite explicar la creciente vulnerabilidad de la economía colombiana a los choques externos es el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. A pesar de su esfuerzo exportador, Colombia sigue siendo un país que compra al mundo más de lo que vende. En 2019, el país exportó bienes y servicios por valor de USD 52.431 millones e importó bienes y servicios por USD 64.686 millones.

En total, incluyendo la renta de los factores y las transferencias corrientes, el país cerró el año con un déficit de USD 13.740 millones equivalente a 4,3% del PIB.

La tendencia deficitaria completa ya más de 15 años y no se ve que vaya a cambiar sustancialmente en el futuro cercano. Al respecto, la agencia calificadora de riesgo Moody’s proyecta un déficit en cuenta corriente cercano al 4% del PIB en 2020 y 2021, mientras que para Standard & Poors la tendencia se extendería por lo menos hasta 2023.

Adicionalmente, la oferta exportadora colombiana está concentrada en unos pocos productos básicos, lo cual incrementa su volatilidad; a lo largo de los últimos diez años, los combustibles y productos de industrias extractivas han generado más de la mitad de estos ingresos.

Esto bien podría explicar por qué en Colombia, al intentar pronosticar la tasa de cambio, los analistas financieros terminan exponiendo sus expectativas acerca del precio del barril de petróleo Brent. Si el precio del petróleo cae, las exportaciones colombianas se deterioran y la tasa de cambio sube (y viceversa).

Pero nuestro propósito como directivos no debe ser predecir el precio del dólar (objetivo que considero inalcanzable) sino entender su riesgo con miras a tomar buenas decisiones de negocios.

Con relación a este punto no debe haber dudas: la economía colombiana es cada vez más vulnerable ante desbalances externos como consecuencia del persistente déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos y la concentración de las exportaciones en productos básicos de bajo valor agregado, un diagnóstico que fue confirmado por un estudio reciente del Banco de la República.

La deuda externa acentúa el riesgo

Para financiar el déficit sostenido de la cuenta corriente de la balanza de pagos, el país se ha apoyado en la inversión extranjera y, de manera muy importante, en la deuda externa. Esta última ha crecido considerablemente en los últimos cinco años, al pasar de 26,7% a 48,6% del PIB y alcanzar, en abril, la cifra récord de 144.068 millones de dólares.

El acceso a fuentes internacionales de financiación ha sido evidencia de la confianza que la economía colombiana ha logrado generar en los mercados internacionales. Hasta ahora, a pesar de las dificultades, las calificadoras de riesgo han mantenido de manera unánime el grado de inversión para el país. Sin embargo, en sus últimas revisiones las tres principales calificadoras han puesto de relieve algunos elementos que podrían producir un deterioro mayor de la economía colombiana y generar una reducción en la calificación del país.

En marzo, Standard & Poors cambió de estable a negativa la perspectiva sobre la calificación de largo plazo de Colombia, otorgando al país una calificación BBB-. La justificación para ello es el déficit de la cuenta corriente, el déficit fiscal y menores perspectivas de crecimiento para el país.

En abril, Fitch Ratings redujo la calificación de Colombia a BBB- con perspectiva a la baja. La principal preocupación de esta firma calificadora es el déficit fiscal luego de las presiones de gasto ocasionadas por la crisis sanitaria. Adicionalmente, le preocupa la vulnerabilidad de la economía a choques externos por la concentración de las exportaciones en productos básicos y el nivel elevado de la deuda externa.

Moody’s, por su parte, otorga a Colombia una calificación Baa2 estable fundamentada en su resiliencia económica histórica, las políticas macroeconómicas predecibles y la tradición de cumplimiento de sus obligaciones de deuda. No obstante, le preocupa el impacto de la crisis sanitaria sobre el crecimiento y el déficit fiscal, con el consecuente crecimiento del endeudamiento.

En el caso de Fitch y S&P, las revisiones recientes dejan al país a un paso de quedar calificado por fuera del grado de inversión y elevan la vulnerabilidad de la economía ante eventuales choques externos.

Riesgo cambiario latente

En suma, la economía colombiana es cada vez más vulnerable a choques externos y su moneda corre el riesgo de experimentar saltos similares a los vistos en los últimos años. En un escenario base, dos tipos de choques pueden llegar a materializarse.

El primero es un desbalance comercial relacionado con una disminución en los precios del petróleo y otros productos básicos minero-energéticos. Este tipo de choques generaría una disminución en los ingresos por exportaciones y un mayor déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, con presiones devaluacionistas como las ocurridas a finales de 2014.

El segundo tipo de choque sería un endurecimiento de las condiciones de acceso a deuda externa. Este desbalance puede ocurrir si disminuye aún más la confianza de las calificadoras de riesgo en la economía colombiana. En particular, si las calificadoras reducen nuevamente la calificación del riesgo soberano colombiano, el país puede perder el grado de inversión y los inversionistas institucionales verse obligados a retirar sus fondos de Colombia. Esto generaría presiones considerables sobre el precio del dólar.

Ambos tipos de choque pueden, por supuesto, presentarse de manera simultánea. Por ejemplo, una disminución drástica de los precios del petróleo afectaría los ingresos por exportaciones y su impacto fiscal podría causar una reducción en la calificación país por parte de las calificadoras de riesgo.

Las juntas directivas tienen la responsabilidad de liderar la agenda estratégica de las organizaciones y gestionar los riesgos del negocio proactivamente buscando mitigar su impacto. El análisis de la situación macroeconómica colombiana no deja dudas acerca del riesgo cambiario latente y creciente al que se ven enfrentadas hoy nuestras empresas.

En consecuencia, es tarea de las juntas directivas tomar decisiones de corto y de largo plazo para hacer frente a dicho riesgo.

Decisiones de corto plazo

La contracción económica provocada por la crisis sanitaria ha llevado a los empresarios a realizar un seguimiento estrecho del flujo de efectivo y priorizar las decisiones que conducen a la supervivencia de sus organizaciones. En el corto plazo, es razonable esperar que la incertidumbre del entorno se mantenga, con lo cual será necesario que los comités financieros persistan en su esfuerzo por controlar y optimizar los ingresos y egresos de efectivo.

En el marco de esta gestión, reconociendo la vulnerabilidad macroeconómica colombiana, es fundamental que se evalúe la sensibilidad del flujo de efectivo ante posibles variaciones en la tasa de cambio. Para ello, es necesario preguntar abiertamente cuál sería la situación de caja de la empresa si el dólar presentara nuevamente una variación drástica. Por ejemplo, ¿qué ocurriría con los ingresos y egresos de efectivo si la TRM llegara a 4.200?

Si la sensibilidad del flujo de efectivo es alta, es necesario revisar el alcance de la política de cobertura que debe ejecutarse para mitigar dicho riesgo cambiario en el corto plazo.

En Colombia, la gestión de coberturas cambiarias es común en empresas industriales y comerciales grandes que desarrollan actividades de comercio internacional. El instrumento más utilizado para este fin es el contrato de forward con entidades financieras.

Sin embargo, un estudio del Banco de la República muestra que el uso de este tipo de instrumentos tiende a concentrarse en tan solo unas 100 empresas. Además, según el mismo estudio, es aún menor el número de empresas que utiliza coberturas como política sistemática y no como herramienta transaccional esporádica.

Pero el entorno ha cambiado y las juntas directivas tienen la obligación de verificar que sus organizaciones se adapten adecuadamente. El riesgo cambiario ha subido y es necesario solicitar a la dirección el diseño de una política sistemática de mitigación total o parcial de dicho riesgo.

Cuando el riesgo cambiario es un asunto estratégico del negocio, la política de cobertura no debe dejarse a discreción del área financiera. Debe ser aprobada por la junta directiva.

Los miembros de junta tienen la responsabilidad de cuestionar la política propuesta y validar que ésta logre los objetivos de mitigación que requiere la organización. Deben definir también en qué medida el modelo de negocios de la empresa buscará generar utilidades por diferencia en cambio o si, por el contrario, especular con el precio del dólar no será parte de los objetivos de la organización.

Someter la política de cobertura cambiaria a la aprobación de la junta directiva es el camino correcto para evitar el sesgo por exceso de confianza. Dicho sesgo podría llevar a la dirección a intentar “predecir” el comportamiento de la tasa de cambio, incrementando los riesgos más allá de lo que resulta ser un nivel prudente para la empresa.

Decisiones de largo plazo

El entorno macroeconómico plantea también retos de largo plazo por las presiones devaluacionistas que genera el déficit estructural de la cuenta corriente colombiana.

Las juntas deben incorporar esta información en sus debates estratégicos para decidir acerca de la conveniencia, o no, de reconfigurar el balance estructural objetivo entre flujos de caja en divisas y en pesos.

Si el origen de la vulnerabilidad macroeconómica es el déficit en materia de comercio internacional, es justamente allí donde se concentran las mayores oportunidades para las empresas colombianas. Sin duda, las presiones cambiarias son síntoma de una coyuntura que es propicia para diversificar la oferta exportadora, fortalecer la producción industrial local y reducir la dependencia de productos importados.

Colombia tiene hoy acuerdos de libre comercio vigentes con Estados Unidos, Canadá, México, Guatemala, Honduras, Salvador, Costa Rica, Panamá, Caricom, Venezuela, Perú, Bolivia, Ecuador, Chile, Mercosur, la Unión Europea, EFTA, Israel y Corea del Sur.

Esto nos invita a pensar en dos elementos que caracterizarán el quehacer de los empresarios colombianos en los próximos años. El primero: la decisión de competir con el resto del mundo ya no es nuestra. Hasta hace relativamente poco, los debates en las juntas directivas de empresas colombianas incluían con frecuencia la conveniencia o no de salir a mercados internacionales a competir con el mundo, con la tranquilidad que brindaba un elevado nivel de protección en el mercado interno. Pero hoy en día, el debate cambió. Cada vez más, el mundo compite con nosotros en nuestro propio mercado.

El segundo elemento: como resultado de la desgravación arancelaria gradual que se suele pactar en los acuerdos de libre comercio, la protección será cada vez menor y la competencia, cada vez mayor. Como consecuencia de ello, si las empresas no reaccionan, sus márgenes de utilidad serán cada vez menores.

Desde esta perspectiva, entonces, el reto es muy que claro: el debate en las juntas debe centrarse en mejorar cada vez más la competitividad de la organización, identificando y desarrollando ventajas sostenibles que permitan participar con éxito en el mercado colombiano y expandir fuertemente la presencia en los mercados internacionales.

Existen por lo menos dos tipos de iniciativas estratégicas que pueden reducir la vulnerabilidad cambiaria y generar un valor considerable en los próximos años.

El primero de ellos es la exportación de servicios. La crisis sanitaria ha acelerado procesos de cambio que venían ocurriendo desde hace ya varios años y que favorecen el comercio internacional de los servicios. La virtualización y el e-commerce son dos de estos procesos.

Hoy en día, mercados que alguna vez estuvieron protegidos han sufrido cambios estructurales profundos. Es el caso de los servicios profesionales, la educación, la música, el cine y la televisión. Hace algunos años habría parecido ciencia ficción la idea de asistir a una clase ofrecida por una escuela de negocios de Estados Unidos, luego ver una película de cine europeo y atender en la noche el concierto de una banda famosa, todo sin salir de casa.

Para las empresas colombianas, las oportunidades que surgen alrededor de estos cambios pueden ser enormes. Hoy es posible exportar a empresas y consumidores de todo el mundo una infinita variedad de servicios, casi sin restricciones.

Nuevamente, competir contra el mundo no es algo que se pueda evitar. Empresas de todo el mundo tienen hoy la posibilidad de competir en el mercado colombiano con su portafolio completo de soluciones en industrias tan variadas como la tecnología, diseño y publicidad, ingeniería, consultoría de negocios y otros servicios profesionales.

El segundo tipo de iniciativas estratégicas, además de la exportación de servicios, es el fortalecimiento de la producción local de bienes. Las presiones devaluacionistas del entorno y la reconfiguración de las cadenas internacionales de suministro pueden generar condiciones favorables para fortalecer la producción industrial local de algunos bienes con fines de exportación o para disminuir la dependencia frente a las importaciones. Los debates estratégicos deben servir para evaluar la viabilidad de este tipo de inversiones y definir el alcance del proyecto, incluyendo la posibilidad de estructurarlos y desarrollarlos de manera conjunta con inversionistas internacionales.

Reconocer los cisnes

La crisis sanitaria originada por el Covid-19 ha sido calificada por algunos analistas como un cisne negro, es decir, un evento de gran impacto pero altamente improbable que podemos analizar retrospectivamente con fines predictivos.

Sin embargo, otros analistas han recordado que, desde hacía mucho tiempo, en diversos medios se venía hablando de la posibilidad de una pandemia y su posible impacto económico.

Desde esta perspectiva, las empresas debieron haber tomado decisiones para incorporar esta información en sus modelos de negocio y en sus planes estratégicos con el fin de estar mejor preparadas para afrontar una crisis sanitaria como la actual. Pero no lo hicieron. La crisis llegó y no estábamos preparados para hacerle frente.

El evento era predecible, pero, simplemente, un escenario como el actual parecía tan improbable, tan inverosímil, que no se consideró necesario preparar a la empresa para hacerle frente. En la toma de decisiones estratégicas, los directivos no incluimos información del entorno que posteriormente resultó relevante.

En el caso colombiano, algo similar podría ocurrir con el riesgo cambiario si las juntas directivas no incorporan en sus debates su posible impacto sobre la organización. No es un buen momento para tomar decisiones inerciales haciendo caso omiso del entorno. Debemos aprender a reconocer los cisnes.

Por: Luis Carlos Bravo*

*El autor es managing partner de Aurum Banca de Inversión y profesor de MBA de Inalde Business School. Es economista y especialista en finanzas, con maestría en administración de empresas. Más de 20 años de experiencia como asesor de banca de inversión, con énfasis en valoración de empresas, financiaciones estructuradas y transacciones de M&A, cerrando negocios y asesorando a destacados grupos empresariales como Riopaila, Papas Margarita, El Corral, Daabon y Grupo Familia, entre otros.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Y usted, ¿ya volvió al médico?

Se estima que se ha recuperado hasta el 85% de la asistencia a hospitales y clínicas en el país durante los últimos meses.

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El último año el debate de salud pública en el mundo se ha enfocado en el COVID-19. Y no es para menos: 220 millones de personas se han contagiado en el mundo y 4.5 han muerto por causas asociadas, de las cuales 127.000 han sido en Colombia. Pero por miedo al contagio miles de personas han dudado en ir a sus visitas al médico para tratar otras enfermedades crónicas de base o han descuidado sus comorbilidades, y lo que algunos no saben es que el bajo diagnóstico y tratamiento puede ser una amenaza para la salud pública.

Aunque apenas tenemos estimaciones preliminares, en nuestro país llegamos a tener una disminución del 60% de asistencia a centros médicos de pacientes no COVID-19. De acuerdo con la Funcolombiana, el 38% de los pacientes oncológicos atrasó o suspendió sus quimioterapias, y en otros países como Estados Unidos, el número de pruebas de detección de cáncer de mama, colon, próstata y pulmón disminuyó 85%, 75%, 74% y 56%.

El mismo caso se dio con otras enfermedades de base. Pacientes con condiciones cardiovasculares, las más mortales previo al COVID-19, dejaron de atender sus citas de control, terminando en muchos casos con complicaciones que pudieron prevenirse. Además, mientras las cifras de sobrepeso se disparan y la obesidad infantil en América Latina llegó al máximo histórico de 30%, miles han preferido ver sus niveles de azúcar elevados antes que salir de su casa a recibir atención.

El impacto ya ha empezado a estimarse. Según The Economist, estos cambios han implicado un “exceso de mortalidad” (muertes que, en circunstancias normales, no sucederían, ya que están por encima del promedio de años anteriores) por causas distintas del COVID-19. Hasta ahora, se estima que en Colombia se han registrado 170.000 muertes en exceso, de las cuales pueden atribuirse 127.000 al virus. Es decir, “otras causas” diferentes al COVID-19 han generado al menos 43.000 muertes más que el promedio de los años anteriores. 

Estamos en un momento clave para cambiar la tendencia, y con las alentadoras cifras de baja mortalidad y limitado contagio del COVID-19, llegó la hora de volver al médico. Debemos volver a los procedimientos rutinarios, y empoderar a los pacientes de nuevo en sus rutas de acceso y atención en salud.

Los últimos meses son un buen indicio de que la asistencia a hospitales y clínicas se está normalizando cada día más. Se estima que se ha recuperado hasta el 85% de la asistencia, y los proveedores de atención en salud están más preparados que nunca para atender a todos los pacientes que lo requieran.

Tras 18 meses de pandemia tal vez no haya un lugar más bioseguro para ir que un consultorio. Colombia es uno de los países que más rápido está volviendo a la normalidad en la región, y la población está comenzando su lista de planes pendientes y atrasados por la pandemia. Todos tenemos que reagendar las vacaciones y viajes atrasados, las reuniones familiares con seres queridos, los festejos con amigos. También todos, sin falta, podemos agregar en esa lista una visita al médico para que, luego de la crisis del Covid-19, la salud siga siendo la prioridad.

Por: Juan Carlos Madriñán, director de Acceso al Mercado de Medtronic

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Los cantos de sirena en el negocio inmobiliario

¿Hacer una fortuna en el mercado de la finca raíz es en realidad sencillo y divertido? Esta es la verdad de los gurús del mercado inmobiliario que abundan en redes sociales.

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Las redes sociales han facilitado la expansión de los gurús financieros. Dentro de la variedad de estos resalta el gurú inmobiliario. Este vende la idea de que hacer una fortuna en la finca raíz es sencillo y divertido.

Como el resto de gurús financieros, muchos de los mensajes de los gurús inmobiliarios son imprecisos e irresponsables. Hay mucho que decir al respecto. Por lo pronto, quisiera hablar de uno de esos mensajes exclusivamente, el cual creo que merece especial atención. Me refiero a la exaltación de lo que ellos suelen llamar negocios multirentas o co-livings.

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Para los gurús inmobiliarios, este modelo de negocio es una verdadera panacea. Hablan de lo sencillo que es expandir la rentabilidad de una inversión inmobiliaria residencial fragmentando la propiedad en subunidades que se rentan independientemente. Por ejemplo, si usted tiene un apartamento con tres habitaciones, en vez de alquilar el apartamento a un solo inquilino que necesita las 3 habitaciones (en lo que ellos llamarían el modelo clásico), el gurú inmobiliario le recomendaría alquilar cada habitación a un inquilino diferente.

Los gurús no suelen ser muy detallados en por qué este modelo de negocio debería ser más rentable que el clásico. Implícitamente, está la idea de que de esta forma se puede generar mayor valor agregado, ofreciendo servicios comunitarios y productos que cierto tipo de residentes pueden necesitar, ahorrándoles el costo de otras cosas que prefieren evitar.

Por ejemplo, estudiantes universitarios quizá no quieran tener un apartamento entero que amoblar, donde deban estar a cargo de instalar y pagar servicios públicos. Seguramente, prefieran una habitación amoblada donde el propietario del predio provea los servicios públicos, se comprometa con su manteamiento, y ofrezca ciertos servicios adicionales como acceso a electrodomésticos de cocina y quizá zonas de entretenimiento.

De cualquier forma, los gurús no suelen entrar en esta reflexión. Su argumento suele ser bastante más simple y se limita a la aritmética de unas estimaciones a mano alzada en las que la suma de las rentas de las 3 habitaciones es mayor que la renta del apartamento entero.

Lo que quiero hacer hoy es mostrarles cómo, aunque la suma de las rentas de las subunidades sea mayor que la renta de la propiedad entera, rentar las subunidades es, con mucha frecuencia, una alternativa de inversión menos atractiva que el modelo clásico de alquilar la propiedad completa.

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Quizá convenga empezar señalando que las multi-rentas o co-livings no son un modelo de negocio nuevo. En sentido estricto, no se tratan de nada diferente a lo que en Latinoamérica tradicionalmente se ha llamado inquilinatos. Con esto, lo primero a notar es que, por más que le pongan una etiqueta juvenil y se hable de esto en redes sociales, se está haciendo referencia a algo que todos conocemos.

De esta forma, quizá todos podamos reconocer al menos tres elementos que hacen que, incluso si este modelo generase ingresos brutos mayores al modelo clásico, ello no implica mayores rentabilidades netas.

En primer lugar, este tipo de negocios requiere un mayor capital. Mientras alquilar un apartamento de la forma clásica no suele exigir mayor dotación que una cocina integral y calefacción en lugares fríos, los inquilinatos requieren adaptar cada subunidad y, frecuentemente, ofrecer utensilios para el uso común de los diferentes inquilinos. Por ejemplo, proveer elementos como nevera, lavadora, internet, etc. suelen ser indispensables para alquilar exitosamente una habitación. En proyectos de mayor envergadura, la creación y dotación de zonas comunes con juegos y mobiliario también suele ser necesario, lo que implica montos de inversión adicionales nada despreciables.

De otro lado, además de necesitar más capital, bajo este modelo esa inversión suele depreciarse más rápidamente, traduciéndose en costos de mantenimiento más altos. Así, adicional a los costos del modelo clásico, el inquilinato exige estar reparando los utensilios y servicios extra provistos.

Esto suele venir con la complicación adicional de tener un mayor número usuarios a quién responder. Cada problema en la propiedad es, seguramente, identificado por cada inquilino y cada uno de ellos tendrá una queja al respecto que debe, de cierta forma, ser respondida por el dueño de la propiedad. Dependiendo del número de propiedades y sus subunidades esto puede ser una diferencia significativa en costos administrativos.

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Finalmente, en estos negocios suele haber una mayor circulación de inquilinos. No solo porque el número de inquilinos es mayor, sino porque la naturaleza de estos suele ser más transitoria, es natural que hayan, permanentemente, subunidades no ocupadas. Puesto que cada vacante suele requerir alguna inversión en publicidad para ser ocupada, y cada candidato a inquilino requiere cierto estudio y selección, este problema se traduce en mayores costos administrativos. De nuevo, dependiendo de la escala de las operaciones estos costos adicionales pueden ser bastante altos.

Entonces, estamos hablando de un modelo de negocio que definitivamente requiere mayores inversiones de dinero, tiempo, y atención para ser viable. Esto no solo puede significar menores rentabilidades netas que el modelo clásico, sino también incompatibilidades absolutas con los propósitos del inversionista. Alguien que tenga un trabajo de tiempo completo y compre un apartamento para generar ingresos pasivos, es muy poco probable que pueda o esté interesado en seguir este modelo.

¿En qué circunstancias considero que el modelo multi-rentas/co-livings/inquilinato tiene sentido? Primero, en situaciones donde el inversionista tiene suficiente tiempo y capital adicional para dedicarle a esta inversión. Segundo, en contextos donde la demanda no se ajusta correctamente al modelo clásico. Por ejemplo, propiedades en zonas con alto flujo de visitantes, como los alrededores de atracciones turísticas, aeropuertos, universidades, etc. suelen ofrecer oportunidades extraordinarias fuera del modelo clásico. Tercero, situaciones en las que la tecnología facilita profundamente el manejo de las propiedades y la interacción con los inquilinos y aquellos interesados en serlo.

En cualquier otro caso, el modelo clásico de renta residencial, aunque parezca aburrido y poco innovador, suele ser bastante superior a estas “nuevas” alternativas.

Contacto
LinkedIn: Javier Mejía Cubillos

*El autor es Asociado Postdoctoral en el departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Stanford. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Ha sido investigador y profesor de la Universidad de Nueva York–Abu Dhabi e investigador visitante de la Universidad de Burdeos.

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Dólar global y dólar local

El análisis de esta divisa contempla dos tipos diferentes. Para entender su movimiento es necesario tener en cuenta qué afecta su oferta o demanda. Acá algunos básicos sobre el análisis del dólar.

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Foto: Unsplash

Un tema que trato con mucha frecuencia, en medios, columnas, conferencias y clases es el del dólar, creo que es por ser uno de los activos más discutidos y opinados en el mercado local. ¿La razón? Se siente mucho más cercano a todos nosotros que otros, si no pregúntese cuantas veces han comprado dólares para un viaje o recibido un giro del exterior y luego compárenlo con las operaciones que hayan hecho en acciones o bonos, les aseguro que es muy probable que las del dólar sean muchas más.

Así pues, en esta columna les quiero mostrar un poco cómo abordo el análisis del dólar partiendo que lo primero es que para mí existen dos dólares, el global y el local. Así que para entender su movimiento es necesario tener en cuenta que hay diferentes fuerzas que pueden afectar su oferta o demanda, es decir hacer variar el apetito por este activo lo que finalmente repercutirá en su precio.

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En este sentido, el grafico 1 muestra algunas fuerzas que me parecen relevantes, donde las decisiones de la Reserva Federal o FED, la percepción de riesgo y en general el panorama global afectan el proceso de toma de decisión de los inversionistas mundiales, lo que al final determinará la fortaleza o debilidad del dólar en ese contexto.

Los otros cuadros corresponden a situaciones locales, guiadas por las decisiones del Banco de la República, la entrada de dólares o monetizaciones de operaciones del gobierno, el comportamiento del precio del petróleo y el flujo de inversionistas internacionales.

Gráfico 1 – Elaboración propia

Para ver en la práctica como interactúan estas fuerzas el gráfico 2 presenta el comportamiento de la tasa de cambio Peso/Dólar y el índice DXY que permite ver el comportamiento del dólar contra una canasta de monedas, dicho de otra forma, es local contra global. Si bien es claro que, a pesar de haber tenido un comportamiento similar en algunos momentos del año, en otros divergen como lo que ha pasado desde el 27 de septiembre cuando el DXY aumentó 0,69%, mientras la tasa de cambio del peso y el dólar caía 1,99% señalado por la flecha roja.

Una de las fuerzas que ha fortalecido el dólar global es el anuncio del tapering por parte de la FED que ocurrirá entre noviembre y diciembre con lo que se reducirán las compras de títulos, esto ha confirmado la expectativa de un cambio de postura en la política monetaria más rápido de lo esperado ante mayores presiones inflacionarias (el último dato anual fue de 5,4% para septiembre manteniéndose en máximos de 5 años). En el fondo, esta mayor demanda global por dólares viene impulsada por la expectativa de un eventual aumento de tasa por parte de la FED que haría más atractivo el mercado estadunidense frente a otros destinos.

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Gráfico 2 – Elaboración propia

Pero lo que vimos en Colombia para ese mismo periodo fue una caída en la tasa de cambio que pasó de $3.844 hasta $3.744 llegando inclusive a un cierre mínimo de $3.720, lo que muestra fortalecimiento del peso, contrario a lo que se esperaría de acuerdo al índice DXY.

Fueron varios los factores que contribuyeron a este comportamiento a nivel local, el primero las monetizaciones de parte de los recursos provenientes de la venta de ISA, así como del canje de reservas del Banco de la República y el Ministerio de Hacienda.

Ambos se dieron en un contexto de aumento de 25 puntos básicos en la tasa del Banco de la República y la decisión de Moody’s de mantener nuestro grado de inversión lo que refuerza una expectativa de fortaleza en el peso. Si bien el precio del crudo ha perdido relevancia como factor determinante de la tasa de cambio nuestras exportaciones siguen concentradas en él, por lo que el Brent negociándose por encima de 80 dólares el barril es una fuerza en el mismo sentido que se suma al efecto general.

Pero, no hay que olvidar que después de marcar $3.720 esa semana también cerró a $3.770 lo que muestra que cuando se analiza el dólar hay que tener en cuenta tanto el global como el local y determinar cual está marcando la tendencia, sin olvidar que muchas veces lo local puede prevalecer en un momento del tiempo, pero si va en contra de lo global es difícil que pueda ser algo más que un cambio coyuntural.

Por: Gregorio Gandini*
*El autor es fundador de Gandini Análisis, plataforma donde crea contenido de análisis sobre mercados financieros y economía. También es el creador del podcast Gandini Análisis y se desempeña como profesor en diferentes universidades en temas asociados a finanzas y economía.

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Una preocupante recuperación económica

El optimismo que hace meses caracterizaba al FMI, hoy se nubla ante una revisión a la baja que suscita muchas dudas. Las desviaciones no son drásticas, pero sí claves en el largo plazo.

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Pobreza

De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la recuperación sigue su curso. Y las distintas economías en el planeta, con sus más y con sus menos, siguen recuperando un producto interior bruto (PIB) que hace meses registraba desplomes históricos en casi el conjunto de economías que integra este, nuestro planeta. Sin embargo, de tener que definir la recuperación de alguna forma, atendiendo a sus características y su comportamiento, el organismo la define como “una recuperación obstaculizada por profundas fisuras”.

Desde hace meses sabíamos que la recuperación era un hecho; no era posible que, ante una pandemia que ya no azotaba con tanta intensidad y permitía la reapertura de la economía, los distintos productos agregados en el planeta no experimentasen un impulso como el vivido, máxime tras la caída registrada previamente y el efecto rebote. Sin embargo, pese a que la recuperación podía obviarse, los riesgos de los que venimos advirtiendo desde hace semanas en esta misma columna, hoy, son un problema para una recuperación que, efectivamente, presenta fisuras.

Lea también: La desigualdad: un factor determinante en la recuperación

Para ver estos problemas, basta con observar los datos que arrojan los distintos Gobiernos en lo relativo al comportamiento de sus respectivas economías. Economías que no quedarían atrás en los numerosos discursos multilaterales que, favorecidos por las facilidades que ofrecían los entornos digitales, se emitían durante la pandemia, pero que, a la luz de los datos, se han descolgado en la recuperación. Una recuperación que hoy, por determinados factores, los cuales se han mencionado al igual que esta recuperación de la que hoy hablamos, ha perdido fuelle, a la vez que sigue presentando divergencias preocupantes y que deberíamos tener en cuenta.

De acuerdo con el FMI, y en contraste con las previsiones de julio, la proyección del crecimiento mundial para 2021 se ha revisado ligeramente a la baja y se sitúa ahora en el 5,9%. Los riesgos han comenzado a hacer daño a esa recuperación frágil que hemos mencionado en otras columnas pasadas. Determinados factores clave en la recuperación económica, de los que ya advirtió el FMI, no están comportándose como deberían. Factores que condicionan, en mayor o menor medida, el comportamiento de las distintas economías. Una situación que preocupa por las consecuencias que esto tiene.

Las políticas de apoyo, las cuales el FMI consideró determinantes, siguen siendo insuficientes en América Latina y, especialmente, en economías como México o Colombia. Mientras Estados Unidos tiene recursos para combatir la pandemia con una movilización de recursos equivalente al 18% del PIB, Colombia apenas puede hacerlo, con una movilización equivalente al 2,8% del PIB.

En el caso de México, para completar el ejemplo, la situación es incluso peor, pues hablamos de un escaso 1%. Y junto a esto, debemos señalar el otro claro determinante: el ritmo de vacunación.

En lo relativo a esto, la realidad es mientras que casi el 60% de la población de las economías avanzadas ya está completamente vacunada, e incluso se están administrando dosis de refuerzo, aproximadamente el 96% de la población de los países de bajo ingreso sigue sin vacunar.

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La situación está provocando divergencias, a las que se le han sumado las presiones inflacionarias, así como una crisis laboral por escasez de trabajadores, una crisis de materias primas, así como una crisis energética que ha llevado el precio del petróleo a máximos. Pero, como señala el propio FMI, es importante señalar que estas divergencias, que se han ensanchado con la pandemia, tienen consecuencias en la economía de los países y en la propia ciudadanía.

Por esta razón y de acuerdo con el organismo, la peligrosa divergencia de las perspectivas económicas de los países sigue siendo uno de los principales motivos de preocupación. Se prevé que el producto agregado del grupo de economías avanzadas recupere la trayectoria de la tendencia previa a la pandemia en 2022 y la supere en un 0,9% en 2024. En cambio, se espera que el producto agregado del grupo de economías de mercados emergentes y en desarrollo (excluida China) se mantenga en 2024 un 5,5% por debajo de las previsiones prepandémicas, lo cual provocaría un fuerte retroceso de los logros en la mejora del nivel de vida.

Y es que, si bien se espera que el crecimiento del PIB mundial evolucione favorablemente el próximo año, la OCDE muestra que, a finales de 2022, el ingreso mundial todavía seguirá siendo cerca de tres billones de dólares inferior a lo previsto antes de la crisis.

Tres billones de dólares que equivalen aproximadamente al tamaño de la economía francesa, por lo que hablamos de una situación, a priori, preocupante. Pues, como vemos, no se esperan grandes desviaciones en el cuadro macroeconómico, pero esos riesgos frecuentemente mencionados sí pueden provocar leves desviaciones que, teniendo en cuenta los objetivos de convergencia e inclusividad, no solo nos frenan, sino que, como decíamos previamente, nos hacen retroceder considerablemente, alejándonos de un objetivo que va más allá de esta crisis.

Por: Francisco Coll Morales*
*El autor es economista, Redactor jefe y jefe de análisis de Economipedia. Analista económico en más de 40 medios, nacionales e internacionales.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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El enfoque: la puerta de entrada a la productividad exponencial

Es posible enfocar su energía y atención en algo específico. La clave es saber cómo moldear su propio cerebro. Acá algunas claves para hacerlo.

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Todos los seres humanos tenemos la capacidad de decidir enfocar nuestra energía y atención a algo específico. Este proceso de enfoque  siempre lo vamos a sentir como un esfuerzo, como algo hasta cierto punto incómodo. ¿Por qué? Porque cuando hacemos cosas reflexivas nuestro sistema nervioso ya conoce los patrones y usa una mínima cantidad de energía para ejecutar esas acciones, pero cuando queremos hacer una acción deliberada (nueva) requiere de una buena cantidad de energía.

¡No solamente esto!, sino que para poder entrar en este modo de acción el cerebro segrega adrenalina, que nos hace sentir agitados y estresados. Es decir, el químico que nos mueve a la acción está diseñado para hacernos sentir estresados o agitados.

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Grabemos en piedra este principio: No existe control de mis acciones que no esté precedido por el estrés, ¡punto!

Ojalá esta verdad te haga empezar a cuestionarte algo que está muy metido en la cultura moderna: El estrés es malo. ¡Pues déjame decirte que no! El exceso de estrés es malo, pero la ausencia de estrés también es mala. 

Esto que te acabo de mencionar es extremadamente importante, porque si quieres hacer cualquier cambio en tu vida, sea aprender algo nuevo, cambiar la respuesta hacia ciertos estímulos, crear nuevos patrones de comportamiento, es decir, construir nuevos hábitos; tienes obligatoriamente que entender cómo funciona la neuroplasticidad de tu cerebro.

Esta es la capacidad que tenemos de moldear nuestro cerebro, para que aprenda y desaprenda. Además, siempre va a estar acompañada de estrés, de hecho el estrés es la puerta al cambio. La clave de la neuroplasticidad es que para alcanzarla de forma efectiva va a depender de qué tan despiertos o somnolientos estemos.

Los responsables de los cambios físicos que podemos producir de manera voluntaria en nuestro cerebro son los neurotransmisores, que son los químicos que producimos en nuestro cerebro como la adrenalina y la dopamina. Para aprender algo nuevo y entrar en un proceso creativo necesitamos enfocarnos y para esto debemos estar alertas o muy despiertos. Este estado de alerta (que comúnmente podríamos asociar con estrés) precede al enfoque y por lo tanto es la puerta de entrada para que podamos hacer cambios en nuestro cerebro.

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Es importante que entiendas que la adrenalina es la responsable de este estado de alerta. De esta manera, podemos decir que la adrenalina es el combustible que necesitamos para enfocarnos. El cambio se va a dar en cuanto mayor enfoque le puedas dar a eso nuevo que quieres aprender o a ese nuevo hábito que quieres desarrollar.

El entender esto es clave, porque entonces comprendemos que no es tan agradable la primera sensación de cuando vamos a realizar un proceso que requiere de enfoque. Asimismo, sabemos que esta es la puerta de entrada para que podamos conseguir los objetivos que queremos y que este malestar es momentáneo, pues más adelante va a rendir unos frutos tremendos.

Una vez que logramos introducir un hábito positivo en nuestra vida, este entra a formar parte de los procesos reflexivos del cerebro, y por tanto, generan menos incomodidad. De hecho,  muchas veces el mismo cuerpo nos empieza a pedir que desarrollemos esa nueva acción. Por ejemplo, cuando una persona empieza a comer de forma saludable, o entra en una rutina de ejercicios diaria, va a llegar un momento en que el mismo cuerpo le pide una ensalada o ir a hacer ejercicio.

Otra cosa que tenemos que entender es que los cambios en el cerebro no se producen en el momento que estamos enfocados, es decir, no se producen mientras realizamos una tarea que queremos sea un hábito. De hecho, no se producen mientras estamos despiertos. Los cambios ocurren cuando el cerebro está en estado de descanso total, cuando estamos dormidos o en un estado de relajación profunda. Por ejemplo, grabamos en nuestro cerebro ese idioma nuevo que estamos aprendiendo o ese nuevo patrón de comportamiento cuando estamos durmiendo.

Esto significa que existe una relación muy importante entre el estado de enfoque y el de descanso. Son las dos caras de la moneda de la productividad humana. No existe la una sin la otra. Son los polos opuestos de nuestro estado de atención, pero que se complementan de una manera increíble. Entender esto es la clave principal de la productividad exponencial.

De hecho, existen estudios científicos que nos dicen que la mejor manera de aprender es estudiar durante 90 minutos e inmediatamente tomar una siesta o relajarnos profundamente durante 20 minutos. Está demostrado que esto mejora nuestra capacidad de retención de lo que estudiamos.

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Este cambio entre los estados de enfoque y descanso lo podríamos entender como una especie de marea.  Todos podemos sentir que mientras nos levantamos en la mañana vamos sintiendo un estado más general de alerta, de estar despiertos que va aumentando durante el día. De la misma manera, cuando va llegando la noche nos vamos sintiendo más relajados y somnolientos hasta que eventualmente nos dormimos.

Estos ciclos de 24 horas son los famosos ciclos circadianos. Entonces por sentido común van a existir momentos del día que van a ser óptimos para pensar, enfocarnos y aprender, en donde vamos a tener más energía, y momentos del día en los que vamos a estar cansados y va a ser muy difícil enfocarnos y concentrarnos.

Siendo así, podemos decir que para realmente sacar el máximo provecho a nuestra neuroplasticidad para ser realmente productivos, deberíamos ser capaces de dominar estos estados de alerta y descanso.

Los científicos han descubierto que todo el funcionamiento de nuestro cuerpo está regulado en ciclos de 90 minutos, que se conocen como ciclos ultradianos. Una fuerte prueba de esto es que nuestros ciclos de sueño están divididos en períodos de 90 minutos cada uno. Lo que los científicos identificaron es que cuando estamos despiertos continúan estos ciclos de 90 minutos. Esto quiere decir que, de forma natural estamos diseñados para tener períodos de enfoque óptimo de 90 minutos. 

Cuando vamos a desarrollar una actividad que requiere nuestro enfoque, como por ejemplo, una presentación de negocios o un correo importante, los primeros 5 o 10 minutos de la misma se van a sentir como forzados. Pero con el paso de los minutos vamos mejorando la capacidad de concentrarnos y entramos en un estado óptimo de fluidez hasta que se completan los 90 minutos. Sin embargo, cuando llegamos a ese límite vamos a sentir un declive de esta capacidad de concentración.  

Derivado de esto tenemos dos hacks poderosísimos. El primero es que para tu tarea más importante, esa que requiere de enfoque y concentración, debes reservar un bloque de 90 minutos para hacerla. Este bloque yo lo he denominado Sesión de Alta Concentración o SAC. A su vez, para sacarle provecho a este tiempo y que logres entrar en un estado de máxima fluidez o de máxima productividad deberías estar exclusivamente concentrado en esa actividad. Porque si te distraes te va a tomar otros 10 o 20 minutos regresar a ese estado de alta concentración, porque estarías repitiendo el proceso que viviste al comienzo.

El segundo hack es que debes experimentar en poner este bloque o bloques de tiempo en diferentes horas del día, para encontrar tu punto óptimo. Para muchas personas el momento de mayor alerta podría ser las primeras horas de la mañana o al medio día. Es un tema de autoexploración. Ayuda a que reflexiones y te des cuenta en qué momento del día tiendes a sentirte más motivado, con más energía o más ansioso. Ese puede ser el momento óptimo para tu concentración.

Por: Jaime Rubiel*

*El autor es especialista latinoamericano en productividad exponencial y creador del método 4M para formar una nueva generación de Líderes Exponenciales.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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