El trabajo de las mujeres tiende a agruparse en los sectores que han sido más vulnerables a la crisis. De acuerdo con Mckinsey, a nivel global las mujeres tienden a estar sobre-representadas en 3 de los 4 trabajos más afectados por la crisis.
Las brechas de género en el mercado laboral no son particulares de Colombia, como tampoco lo es su afectación con el covid-19. En el 2019, la participación femenina en el empleo era de 39% a nivel global y de 42% en Colombia; y en ambos casos las mujeres constituyen el 54% de las pérdidas recientes de empleo. De acuerdo con un informe reciente de Mckinsey, los trabajos de las mujeres son 1,8 veces más vulnerables que los de los hombres a la crisis del covid-19 y el costo de esta inequidad de género de aquí al 2030 se estima en $1 trillón de dólares. Si las mujeres salen permanentemente del mercado laboral, las pérdidas serían aún mayores.
La principal razón de la afectación del trabajo femenino es el cierre de los colegios que dificulta el teletrabajo y hace casi imposible el trabajo presencial, de los trabajadores que tienen niños pequeños. En principio, este factor no tendría que afectar a las mujeres más que a los hombres. Sin embargo, de acuerdo con Catalyst, las mujeres tienen el doble de posibilidades de ser las responsables de la educación en el hogar con respecto a los hombres.
La segunda razón es que el trabajo de las mujeres tiende a agruparse en los sectores que han sido más vulnerables a la crisis. De acuerdo con Mckinsey, a nivel global las mujeres tienden a estar sobre-representadas en 3 de los 4 trabajos más afectados por la crisis. Esta estadística es la misma para el caso de Colombia. Adicionalmente, los mecanismos de recuperación que se han implementado para salir de la pandemia han estado concentrados en sectores donde las mujeres tienen poca participación femenina como el de la infraestructura. En Bogotá, el sector de la construcción puede trabajar siete días a la semana, mientras que el del comercio sólo puede trabajar cinco.
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Hacia el futuro, algunos afirman que el trabajo femenino va a beneficiarse de la mayor aceptación del teletrabajo por parte de las empresas y del cambio en las costumbres derivadas de la presencia de los hombres en el hogar durante la pandemia. Sin embargo, las ocupaciones que tienen mayor participación femenina como los servicios, van a tardar en recuperarse mientras no exista una vacuna para el covid. Así mismo, existe una brecha de género en el acceso digital, que dificulta aún más la recuperación del trabajo femenino en las circunstancias actuales.
La solución más inmediata al problema es la apertura de colegios, pero las condiciones epidemológicas parecerían indicar que su normalización no es factible en el corto plazo. Para enfrentar este problema algunos países han establecido licencias remuneradas para los padres que no pueden enviar a sus hijos al colegio. Otros países, han abierto los espacios físicos de los colegios para recibir a niños cuyos padres tengan que ir a trabajar, y en particular, para los padres que se encuentran en la línea frontal de la pandemia, que son mujeres en su mayoria. Una función similar podrían tener los Centros de Integración Ciudadana que construyó el gobierno anterior en los municipios.
A más largo plazo, se proponen avances en la economía del cuidado y políticas que incentiven el cambio de roles y de comportamiento, como subsidios a la contratación femenina en el sector de la construcción o el de tecnología, que no impliquen el uso de fuerza bruta. Un complemento indispensable de las políticas anteriores es un programa de capacitación orientado a las mujeres, que debe incluir el desarrollo de habilidades blandas y adaptaciones al proceso de automatización.
Por: Cristina Fernandez Mejía, investigadora de Fedesarrollo
