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Cómo la gente más exitosa del mundo construye su branding personal

Las mejores oportunidades se las quedan los que mejor se venden a sí mismos. El experto en marca personal Humberto Herrera le enseña cómo construir la suya.

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La gente más exitosa del mundo entiende algo que el resto no: que las mejores oportunidades se las quedan los que mejor se venden a sí mismos. Atrás en el camino se quedan los que trabajan más horas o los que tienen los mejores estudios, o quienes producen el mejor servicio.

Tras 10 años dedicado a asesorar en branding personal a muchos de los personajes más importantes de Latinoamérica, he aprendido que todos tenemos una marca, la diferencia es que los exponentes más importantes del planeta en sectores como los negocios, el arte, los deportes y la política, no se esperan a que la vida les vaya construyendo una marca personal, ellos y ellas toman la delantera y controlan su narrativa activamente.

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La gente más poderosa del mundo construye su branding personal mediante la combinación de dos grandes elementos: la definición de un posicionamiento estratégico, que proviene de una profunda introspección, y segundo, la ejecución táctica de dicho posicionamiento estratégico a través de redes sociales, medios informativos tradicionales, libros, conferencias y otros elementos, que fortalecen el elemento más valioso en el mundo profesional: la credibilidad.

El posicionamiento es la definición clara sobre el servicio de alto valor comercial que tú puedes proveer a un nicho de mercado sumamente específico. Te comparto un ejemplo real. Es totalmente diferente decir “me dedico a promover productos nutricionales” a decir “soy experto en construir redes organizadas de distribuidores especializados en productos nutricionales y vitaminas en Latinoamérica”.

Lo que te compartí es el antes y después de una asesoría de posicionamiento estratégico que hicimos para uno de los referentes más importantes en la industria de vitaminas y productos nutricionales. Nota como es la misma persona, pero te proyecta un valor totalmente diferente escuchar el segundo posicionamiento.

Una vez que tienes definido tu posicionamiento estratégico, entras a la etapa de ejecución táctica básica. Esto comienza con la construcción de un website personal y de tus redes sociales, siempre entendiendo que dichos assets tienen que girar al rededor de tu posicionamiento estratégico.

Es decir, tanto en tu biografía, como en las fotos que subes y los contenidos que creas, siempre tienes que pensar que le estás hablando al nicho que te interesa y que estás promoviendo el servicio que tú vas a proveer a dicho segmento del mercado. Todo lo anterior debe de hacerse de una manera altamente diferenciada.

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Una vez completada la etapa de ejecución táctica básica, entramos a la etapa avanzada. Ésta es la línea que divide a los profesionales de los amateurs. El primer elemento es el ser mencionado de manera recurrente como un experto en medios tradicionales de prestigio. El segundo elemento es el de impartir conferencias en universidades de prestigio y grandes empresas u organizaciones. El tercer elemento es el de convertirte en un autor publicado de un libro que esté directamente relacionado a tu posicionamiento estratégico. 

Existen otros elementos adicionales que incrementan tu credibilidad, como la participación en organizaciones sociales que busquen ayudar a gente vulnerable, la impartición de talleres avanzados o la participación en juntas directivas de organizaciones de prestigio.

En mis siguientes publicaciones iré detallando uno a uno cada elemento que hoy mencioné, compartiendo herramientas útiles para que tu lleves tu credibilidad al máximo, sin la necesidad de que dependas de nadie.

En ocasiones en mis conferencias me preguntan cuál es el beneficio más grande de tener un branding personal fuerte. La respuesta es que una vez que lo tienes, ya no tendrás que tocar puertas esperando que alguien te escuche, ahora las oportunidades vendrán a ti. Conocerás gente maravillosa en el camino, crecerás tus ingresos y podrás ayudar a mucha gente que quiere crecer y tener una vida más digna. Eso no tiene precio.

Por: Humberto Herrera Rincón*
Instagram: @humbertoherreraoficial
*El autor es especialista en branding personal. En la última década ha asesorado a cientos de personajes de alto perfil en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Su trabajo ha sido objeto de entrevistas por parte de la ONU y de reportajes en Estados Unidos, México y otros países.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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El trabajo remoto no genera burn out, los malos hábitos sí

Para una nueva modalidad de trabajo deben existir nuevas herramientas y hábitos. Este es el primer paso para no caer en el estrés o burn out a causa del trabajo remoto.

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Burn out

Aunque para muchos el trabajo remoto se ha convertido en una fuente de estrés y sobre carga laboral, no se puede negar que esta modalidad de trabajo logra que seamos más productivos y eficientes.

Mucho se ha hablado que esta nueva modalidad de trabajo está acabando con la salud mental de las personas. Pero la única razón por la que esto está pasando es porque las empresas están abordando el tema con las mismas herramientas y los mismo hábitos que utilizaban para trabajar presencialmente, y ahí es donde está el error.

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Tradicionalmente se pensaba, y me incluyo en esto, que, estar en una oficina todo el día era sinónimo de que las personas estaban teniendo mejores resultados y haciendo un mejor uso de su tiempo. Yo era de los que creían que tener a todo el equipo en un mismo lugar, 8 horas al día, me iba a asegurar que las cosas pasaran más rápido.

En Fitpal intenté hace cuatro años implementar un sistema de trabajo en casa, pero falló rápidamente. Hoy, que llevo trabajando más de 1 año, construyendo Ontop de una manera 100 % remota, me doy cuenta que en esa época no funcionó, porque no sabía cómo manejar ese sistema de trabajo que es tan diferente. No había implementado un sistema de comunicación integrado en la compañía como Slack. ¿Para qué? Si todo el mundo estaba encerrado en la misma oficina. Si necesitaba a Juan Pablo, bastaba con ir a su puesto y hablarle. No se tenía un protocolo de reuniones y video llamadas. Las reuniones eran un poco más improvisadas y esto hacia que no honráramos nuestro tiempo tanto como ahora lo hacemos en Ontop.

Voy a proponer una serie de ideas que podrán causar algo de controversia. Las oficinas no necesariamente están diseñadas para tener mayor productividad. Una oficina tradicional está llena de distracciones que interrumpen nuestros flujos de trabajo y periodos de concentración. Compañeros de trabajo charlatanes o jefes que vienen a nuestro puesto a preguntarnos por cosas, son algunos de los factores que sacan a las personas de su estado de flow y hacen que sea más difícil volver a estados de concentración profundos. 

En el trabajo remoto, tenemos la oportunidad de organizar nuestro tiempo y espacio para tener estos momentos de trabajo dedicado sin interrupciones. Sí, podemos tener bombardeos de mensajes por Slack, pero podemos decidir encender la funcionalidad de “no molestar” y responderlos tan pronto acabemos nuestro periodo de concentración.

Aunque una de las cosas que más me hace falta del trabajo presencial son los almuerzos y los descansos, y por supuesto son muy importantes en la construcción de cultura de una compañía, no es un secreto que en las compañías muchas veces se abusa de estos espacios.

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Esto no quiere decir que un trabajador remoto no pueda hablar con sus compañeros, tener un almuerzo tranquilo u organizar coffee breaks. De hecho, en Ontop estamos fomentando estos espacios porque entendemos la importancia de hacerlo. La clave es organizarlos bien, establecer su periodicidad, para asegurarnos que ese tiempo se respete y podamos seguir con nuestras tareas diarias sin problema. Los trabajadores remotos optimizamos nuestro tiempo de tal manera que combatimos la ineficiencia.

Las claves

Lo que antes era un beneficio ahora se ha vuelto una necesidad. Debido al Covid-19 el trabajo ha tenido que evolucionar. Muchas empresas han tenido que volverse completamente remotas por la pandemia. La clave de la productividad no es volvernos máquinas que no paran, por el contrario, es enseñarles a los equipos la disciplina de tener rutinas que involucren espacios dedicados de trabajo sin interrupciones, y espacios de esparcimiento y descanso.

Estos espacios de descanso, que recargan la energía, se pueden aprovechar de una manera increíble, sacándole más provecho del que podríamos sacarles a los coffee breaks o almuerzos en una oficina tradicional. Por ejemplo, un espacio de descanso podría involucrar pasar tiempo con nuestra familia, que está comprobado eleva nuestros niveles de serotonina y por ende nos da más felicidad. O por qué no parar y ver esa serie de Netflix que tanto nos gusta desde nuestra cama.

En Ontop, muchas personas de nuestro equipo hacen ejercicio en estos espacios. Hacer ejercicio a las 11 am en el mundo prepandemia, en las oficinas tradicionales, es un lujo que solo algunos se podrían dar. Tal vez las personas en Google y creo que ni esos podrían alcanzar el nivel de calidad y desconexión que uno logra estando remoto.

Una de las grandes ventajas del trabajo remoto es el ahorro de tiempo y energía que logran las personas al no tener que transportarse a una oficina. Estudios afirman que en promedio las personas gastan dos horas al día transportándose de sus casas al trabajo. ¡Dos horas! Trancones, buses, filas, los carros pitando y el movimiento de una ciudad que empieza sus labores, hacen que lleguemos drenadas al nuestro espacio de trabajo habiéndonos quitado la energía que necesitábamos por la mañana para sacar adelante nuestras cosas.

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Y ni hablar de llegar a la casa por la noche, después de 8 horas trabajando. Llegamos totalmente apagados y resulta retador conectarnos con nuestra familia y compartir con ellos en un buen estado de ánimo. Trabajando de manera remota, nos transportamos de nuestro cuarto a nuestro estudio y conservamos toda la energía para implementarlo en esas primeras horas de la mañana que son tan importantes.  Al tener más energía, podemos estar de un humor más agradable, reducir nuestros niveles de estrés y cortisol y por ende ser más creativos y eficientes resolviendo problemas.

Algunos dirán que estoy obviando el tema de salud mental, que por cierto he tocado en otros artículos. He descubierto en este tiempo, que, si las empresas le enseñan a las personas los buenos hábitos para ser exitosos trabajando remotamente, ninguno de los males que hoy en día tenemos a causa del trabajo remoto serán prevalentes en sus equipos: aislamiento, burn out, estrés, sobre carga.

El trabajo remoto no incrementa el burn out de la gente. Lo que lo incrementa es la falta de buenos hábitos y prácticas. Los departamentos de Recursos Humanos tienen que invertir fuertemente en los siguientes años para enseñarle las personas a trabajar mejor. Esta tendencia no va a parar, y necesitamos hablar más de esto. En Ontop estamos listos para ayudarles en lo que necesiten en cuanto a trabajo remoto. El mundo cambió, y la real pregunta es si ustedes van a cambiar con el mundo o se van a seguir resistiendo.

Contacto:
LinkedIn: Julián Torres*
Twitter: @juliantorresgo
*El autor es administrador de empresas de la Universidad de los Andes. Es cofundador de Fitpal y Ontop, una plataforma que le permite a las empresas contratar globalmente de forma legal y rápida.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Eres tu principal motivador: ¿Cómo te estás hablando?

Las palabras que nos decimos a nosotros mismos de manera consciente o inconsciente influyen en nuestro éxito. Le contamos cómo permanecer atento a este aspecto.

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Los Navy SEAL son tal vez la fuerza élite militar más prestigiosa y preparada del mundo. Fundada en 1962 durante la Presidencia de John F. Kennedy, como una unidad de combate para llevar a cabo misiones en Tierra, Mar y Aire (de ahí su nombre Sea, Earth and Land), los SEAL se han caracterizado por llevar a cabo las misiones más delicadas y difíciles del mundo, teniendo que capturar enemigos de gran valor en terrenos dificiles, recolectar inteligencia e información sensible y realizar complicadas operaciones de demolición debajo del agua.

El proceso para convertirse en SEAL es conocido por su alto nivel de exigencia y su alta tasa de deserción. La gran mayoría de los militares que entran al programa, no lo terminan. La gran mayoría se dan por vencidos en la muy conocida Semana del Infierno (en inglés Hell Week) durante la cual los aspirantes son sometidos a más de 110 horas sin dormir, al igual que a largas jornadas en las que les toca cargar troncos y balsas pesadas en sus cabezas y como si no fuera poco, correr y nadar durante largas horas en condiciones extremas de clima, todo esto mientras son humillados y acosados por sus superiores.

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Casi todos los años, el 94 % de los aspirantes a este gran reconocimiento “tocan la campana”, queriendo decir que se retiran antes de haber culminado la semana del infiero. Simplemente el nivel de esfuerzo físico y mental es muy grande y se convierte en algo insoportable. De hecho, bastantes personas mueren al año durante este duro entrenamiento.

Uno pensaría que para formar mejores Navy SEAL, el ejército debe tratar de encontrar personas bastante fuertes, grandes y de unas condiciones físicas excepcionales; el típico machote. Sin embargo, un estudio que realizaron encontró que no necesitaban integrantes con estas características estereotípicas, sino necesitaban a alguien más parecido a un vendedor de seguros. ¿Por qué?

Vender una profesión bastante difícil. Tratar de convencer a alguien de algo y ser rechazados fríamente, no es algo que sea muy placentero o agradable. Adicionalmente, tener que llegar a objetivos y cuotas de ventas es estresante, en especial cuando la continuidad de nuestro trabajo depende de esto. Los vendedores de seguros, en especial, se enfrentan a un gran número de rechazos cada mes y el producto que venden no es el más atractivo o sexy del mercado. Por ende, estos profesionales, aprenden muy rápido el arte de la resiliencia. Se vuelven expertos en recibir rechazos y fracasar, y aún así, siguen trabajando y moviéndose hacia adelante.

Esta es la razón por la cual los vendedores de seguros son mejores Navy SEAL. El estudio psicológico realizado por esta institución reveló que había un tema en común entre los candidatos que tenían éxito durante la Semana del Infierno: tenían la capacidad de hablarse positivamente a sí mismos y tenían una perspectiva positiva de las cosas.

Nos decimos entre 300 y 1000 palabras cada minuto. Esas palabras pueden ser positivas (Soy capaz, yo puedo, soy capaz de resistir) o negativas (no puedo más, es muy difícil, voy a fracasar). Resulta que cuando estas palabras que nos decimos son positivas, tienen un efecto directo en nuestra resistencia a la adversidad y al dolor y nos hacen querer seguir a pesar de que todo nuestro cuerpo dice que no.

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Aunque no todos participaremos en estas duras pruebas de los SEAL, hay algo muy importante que podemos aprender de esto. Hay seres humanos en este mundo, no muy diferentes físicamente a nosotros, que han podido soportar dificultades y dolores inimaginables y nunca se rindieron. ¿Genética? No. Simplemente es un hábito de hablarse de una manera más positiva que negativa.

Paren un momento y piensen cuántas de las cosas que se dicen a ustedes mismos diariamente son negativas. Se sorprenderán. Nadie nos enseña a hablarnos a nosotros mismos de una manera amable y positiva, para maximizar nuestros chances de terminar los proyectos que nos proponemos, de ser resilientes en situaciones difíciles y de poder enfrentar nuestros fracasos. Puede sonar a un tema de auto ayuda bastante cliché, sin embargo, las investigaciones lo demuestran. Si somos más optimistas y las conversaciones que tenemos con nosotros mismos son más positivas, tendremos mejor salud e incluso seremos más suertudos porque terminaremos perseverando y creando más oportunidades para nosotros mismos.

La clave está en comenzar a contarnos mejores historias. El storytelling no es solo una habilidad que tenemos que desarrollar para cautivar inversionistas, es un hábito que podemos desarrollar para comenzar a contarnos las historias adecuadas y ponernos en un camino más prospero y exitoso.

Así que les pregunto, ¿Cuál es la siguiente historia que se quieren contar a ustedes mismos?

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LinkedIn: Julián Torres*
Twitter: @juliantorresgo
*El autor es administrador de empresas de la Universidad de los Andes. Es cofundador de Fitpal y Ontop, una plataforma que le permite a las empresas contratar globalmente de forma legal y rápida.

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Lo que serán los próximos 200 años

¿Cuáles son las limitaciones para crecer como sociedad? ¿En qué aspectos están los principales retos y oportunidades?

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“A menudo, los problemas contemporáneos no se entienden del todo hasta que se convierten en historia y pueden verse en un contexto histórico”: Herman Kahn, William Brown y Leo Martel (1976).

Hace 45 años, Herman Kahn –físico, matemático, maestro de estrategia, futurólogo, fundador del Hudson Institute y padre de los modelos de escenarios futuros de Shell– publicó junto con William Brown  –físico enfocado en energía, recursos y estudios ambientales– y Leon Martel –politólogo con experiencia en inteligencia política y militar– el libro The Next 200 Years, en donde, con la asistencia del personal del Hudson Institute, analizaron los escenarios para Estados Unidos y el mundo al año 2176.

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El libro se publicó en el año del bicentenario de los Estados Unidos, y presenta una evaluación de lo que habían sido sus primeros dos siglos y las probabilidades para los próximos dos.

En un momento en donde los analistas del Hudson Institute identificaron que los mayores problemas en los años 70 eran el crecimiento poblacional, la limitada energía, la escasez de recursos naturales, la insatisfacción de la demanda alimentaria, la contaminación y la guerra termonuclear, el libro sobre los próximos 200 años fue escrito de cara a enfrentar la cuestión crítica de la segunda mitad del siglo XX: si la tecnología y el crecimiento económico destruirían la humanidad o si por el contrario mejorarían las perspectivas de paz y prosperidad.

A diferencia de los hallazgos y las perspectivas simultáneamente catastróficas y esperanzadoras presentadas al Club de Roma en 1972 en el reporte Los límites para crecer –donde un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Technology examinan el crecimiento explosivo de la población, el agotamiento de los recursos naturales, la producción agrícola, la producción industrial y la contaminación como factores que limitarían el crecimiento económico al año 2100–, Kahn y sus colaboradores identifican en sus estudios que no solamente la población mundial comenzaría a crecer a una tasa menor, sino también que universalmente se podría alcanzar prosperidad y altos estándares de condiciones de vida.  

Según los autores, las limitaciones para crecer podrían surgir con más probabilidad de aspectos psicológicos, sociales y culturales, o de la mala suerte y/o de las prácticas monopolistas que interfieran con la oferta, que de límites reales físicamente de recursos disponibles. Por ende, para los autores, las preocupaciones sobre el futuro de largo plazo, además de los temas ambientales, no deberían ser los aspectos tecnológicos, sino los asuntos en los cuales la humanidad es más factible que tome malas decisiones.

Estas malas decisiones se toman en parte porque no son entendidas, y en parte porque son realmente inciertas y/o irresolubles. Para Kahn y sus co-autores, incluso con un liderazgo extraordinario y con buena suerte, los resultados pueden variar inmensamente.

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Explican los analistas que los problemas de las sociedades modernas, especialmente los que afectan la calidad de vida, se derivan no de fracasos sociales, sino de grandes logros sociales. Por ejemplo, mencionan que, debido a la abundancia, las personas no tienen que esperar por posesiones o por la mayoría de las cosas que desean, y se tornan saciadas, aburridas y petulantes cuando lo consiguen y enfurecidas cuando no reciben lo que quieren inmediatamente.

Que el crecimiento económico continuo y los mejoramientos tecnológicos hacen que se exijan tasas crecimiento irrealistamente altas. Que la seguridad física, la salud y la longevidad traen consigo preocupaciones neuróticas por evitar el dolor y la muerte. O que el racionalismo y la eliminación de superstición desemboca en pérdida de la tradición y la fe y en que nada que no pueda ser justificado por la razón pueda justificarse.

Por otro lado, aunque, como veíamos al principio, para los autores muchos de los problemas actuales no pueden entenderse hasta que se ven en un contexto histórico, creen también que “la futurología puede proporcionarnos ese contexto ahora, al darnos un punto de vista artificial desde el que mirar hacia atrás: examinada en esta perspectiva a largo plazo, la cuestión actual parece bastante diferente y puede comprenderse mejor. Incluso si el futuro real se desvía del proyectado, el ejercicio merecerá la pena por las nuevas perspectivas que proporciona” (Herman Kahn, William Brown y Leo Martel, 1976).

Proponen Kahn y sus colaboradores que hay cuatro tareas pendientes para construir futuros de largo plazo: la primera es proyectar una imagen convincente de un futuro deseable, plausible y práctico, lo cual es extremadamente importante para asegurar altos niveles de moral, dinamismo y consenso de manera que el engranaje social fluya suavemente. La segunda es abordar los problemas del presente y del futuro inmediato. La tercera es afrontar los problemas desconocidos del largo plazo. Y la cuarta es pensar en la sociedad posindustrial (cambio en el poder para direccionar y manipular a los humanos y la naturaleza, menores diferencias entre las personas y competencia por los valores escasos).

Finalizo entonces con esta frase para la reflexión, atribuida a varios personajes y pafraseada por Kahn y sus colegas (1976): “los que descuidan el futuro se arriesgan a perderlo”.

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LinkedIn: María Alejandra Gonzalez-Perez
Twitter:@alegp1
*La autora es profesora titular de la universidad Eafit. Es presidente para América Latina y El Caribe de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). PhD en Negocios Internacionales y Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Nacional de Irlanda.

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América Latina: La mira del emprendimiento global

El momento que está viviendo el ecosistema de emprendimiento tecnológico latinoamericano es inigualable. ¿Por qué y cómo sacarle provecho?

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Innovación

Aunque suene cliché y repetitivo, el momento que está viviendo el ecosistema de emprendimiento tecnológico latinoamericano es inigualable, y parecería que es una tendencia que aún está empezando. De hecho, el crecimiento de la región es hoy en día el más alto a nivel mundial y, de mantenerse, en aproximadamente 5 años América latina tendría un ecosistema de emprendimiento más grande que el europeo.

Todos los días leemos encabezados de noticias que anuncian rondas de inversión millonarias para startups colombianas y latinoamericanas, éxitos comerciales, aperturas de nuevos mercados por parte de estas compañías y otras noticias que nos muestran el crecimiento explosivo de esta industria. Pero no solo son noticias populares, la realidad es que tan sólo en el segundo trimestre de este año 2021 Latinoamérica logró una cifra récord en capital invertido en startups del continente. Es más, este trimestre récord es casi 3 veces más grande que cualquier otro trimestre en la historia, pues se alcanzó la cifra de 7,3 billones de dólares, mientras que el trimestre más alto anteriormente había sido de 2,6 billones de dólares (2Q2017).

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Esto parece ser apenas el inicio de una tendencia que perdurará en el tiempo por varios años, pues el increíble crecimiento también se está evidenciando en la cantidad de startups nacientes en la región. A manera de ejemplo, en Rockstart, el vehículo de inversión en el que buscamos e invertimos en startups nacientes de todo Latam, cada año hacemos una convocatoria para encontrar estas startups en las que invertiremos, en el año 2017 esta convocatoria tuvo algo menos de 400 aplicantes para ser parte del programa de Rockstart, mientras que en 2020 (la más reciente convocatoria abierta) recibimos más de 2200 solicitudes, ese crecimiento es un claro ejemplo de la explosión que hoy en día la región está viviendo en temas de emprendimiento tecnológico.

De igual manera, el capital de riesgo o “Venture Capital” mundial está poniendo sus ojos cada vez más en el continente y cada día los jugadores más relevantes del mundo hacen sus primeras inversiones en la región, mientras que muchos otros ya tienen a latinoamérica como foco importante de sus inversiones.

Así, estamos viviendo un momento en donde se alinean oferta y demanda, vemos más startups de calidad surgiendo y más inversionistas buscando startups en la región; se ha creado el match que llevamos esperando por varios años muchos emprendedores, ahora solo falta el incentivo para los inversionistas locales.

¿Cómo está Colombia en toda esta tendencia?

Colombia es sin duda uno de los epicentros más relevantes de esta ola regional. Si bien el país hasta hace poco tiempo parecía tener su caso de éxito con Rappi únicamente, hoy en día a este gigante se le han ido sumando diferentes compañías que vienen creciendo explosivamente, que hoy son referentes regionales y que parecería que todavía tienen muchos años de crecimiento por delante. Addi, Chiper, Frubana, LaHaus, Bold, Robinfood, Merqueo y varias otras vienen cada día tomando más relevancia regional y seguramente en los próximos 3 a 5 años algunas serán los nuevos unicornios colombianos.

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Ojalá en el país empecemos a apostarle con mayor fuerza al emprendimiento con capital nacional, que nuestras empresas logren seguir consolidándose y que así logremos crear un nuevo sector empresarial colombiano más fuerte cómo ruta de desarrollo económico y social del país de cara a los próximos 20 años.

Por ahora, es poco el capital local invertido en estas startups caso de éxito, pues la gran mayoría del capital recibido por estas compañias proviene de inversionistas internacionales. Se necesitan más redes de ángeles inversionistas, fondos de inversión locales, incentivos tributarios a las inversiones en etapa temprana y mayor participación del sector financiero en este tipo de activos para poder seguir fortaleciendo el ecosistema del país y sacar el máximo provecho de esta gran ola de emprendimiento tecnológico de la región.

Contacto:
LinkedIn: Felipe Santamaría
*El autor es Cofundador y Managing Director Rockstart Latam, la aceleradora internacional de startups más grande en Colombia. Ha sido emprendedor, mentor e inversionista en múltiples emprendimientos de la región. 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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Colombia, un país normal

Durante años se ha pensado a Colombia como el país el realismo mágico, un lugar en donde pasan eventos extraordinarios. ¿Cómo ha afectado esta idea en la interpretación de los problemas del país?

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Cada país tiene un puñado concreto de ideas que son fundamentales en la construcción de su identidad nacional. En Colombia, durante los últimos 50 años, quizá la idea que más ha influenciado nuestra visión de qué tipo de nación somos es el realismo mágico.

Inspirados en el realismo mágico, solemos pensar en Colombia como un mundo donde la cotidianidad está dominada por la ocurrencia de eventos extraordinarios. Bajo esta visión, Colombia no es un país común y corriente, donde pasan cosas normales como en el resto del mundo; es un suelo con una fertilidad que desborda la imaginación, en el que la lógica y las regularidades empíricas son conceptos inútiles para entender cómo funcionan las cosas.

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Esta visión la hemos adoptado con convicción y se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad. La vemos todos los días en expresiones de sorpresa contenida como “esto definitivamente es Macondo”, “esto solo pasa acá”, y, el más reciente, “esto es Polombia”. Incluso, hemos logrado vender esta idea exitosamente al mundo. Basta ver que la trama de Encanto, la película de Disney que explota los símbolos más queridos de la colombianidad, habla de la paradoja de una mujer normal que vive en un mundo lleno de gente y eventos mágicos.

En mi opinión, el realismo mágico es un gran referente para pensar la cosmovisión colombiana, la cual tiene unas raíces profundas en las mitologías y supersticiones prehispánicas y cristianas. También diría que es un buen eslogan publicitario; el exotismo y misterio que emana de la idea de un lugar donde la magia vive debe ser todo un imán turístico.

Sin embargo, creo que es una idea que ha impactado inadecuadamente nuestra interpretación práctica de los problemas del país. La narrativa prevalente durante las recientes protestas lo ilustra bastante bien. Esta narrativa se caracterizó por promover la indignación, describiendo los problemas de Colombia como cosas únicas, cosas que no pasan en ningún otro lugar del planeta, y que parecen escapar la razón humana.

Esta narrativa es completamente equivocada, pero no porque los problemas que tiene Colombia no sean indignantes desde casi cualquier postura moral, por supuesto que lo son. Es equivocada porque estos problemas son, en su mayoría, exactamente los mismos problemas que enfrentan el resto de países con niveles de ingresos similares a Colombia.

Por ejemplo, es claro que en Colombia hay mucha pobreza. Cerca del 5 % de la población vive con menos de 1.90 USD al día. Por supuesto que esto es terrible. Cada persona dentro de ese 5 % vive una tragedia completa. Sin embargo, esta cifra es bastante normal en el mundo. Es más, es similar a la de la mayoría de países que, como Colombia, gozan de ingresos medios-bajos. Incluso es una cifra menor al promedio mundial y es, básicamente, la misma del promedio latinoamericano.

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En otras palabras, Colombia tiene la cantidad de pobres que uno esperaría a partir de su ingreso per cápita y su población. Ver esto gráficamente en la Figura 1 es muy ilustrativo. Colombia está ahí, en medio de la nube de puntos, siguiendo la tendencia negativa entre el ingreso per cápita y la pobreza.

Figura 1. Fracción de población que vive en pobreza extrema vs PIB per cápita. 2017. Fuente: Our World in Data

Esta relación negativa entre ingreso per cápita y pobreza tiene todo el sentido del mundo. Es bastante lógico que países más ricos tengan menos gente pobre. De la misma forma, prácticamente todo atributo colectivo de una sociedad está altamente correlacionado con su nivel de ingreso per cápita. La lógica es la misma, países más ricos tienen más recursos para enfrentar los problemas de sus sociedades. Esto es incluso cierto para problemas no estrictamente materiales.

Piénsese, por ejemplo, en la corrupción. Durante las protestas en Colombia se oía decir todos los días cómo el gobierno colombiano era extraordinariamente corrupto.  Sin embargo, cuando se toman los datos de Transparencia Internacional, los cuales capturan la percepción de expertos y empresarios, Colombia no parece ser extraordinariamente corrupto.

En la Figura 2 se puede ver esto (nótese que un mayor indicador indica menor corrupción). Como es de esperar, Colombia es más corrupto de lo que suelen ser países más ricos. No obstante, es menos corrupto de lo que suelen ser países más pobres. Los niveles de corrupción en Colombia se parecen, más bien, a los de países como Argelia o China, que tienen ingresos per cápita cercanos a los de Colombia.

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Figura 2. PIB per cápita vs Índice de corrupción. 2014

De la misma forma, los frutos de la política pública en Colombia también son los que se esperaría de un país con su nivel de ingresos. Por ejemplo, la cantidad y calidad de la educación que reciben los colombianos es, básicamente, la misma que reciben sus pares en ingresos.

En promedio, para 2010, un colombiano accedía a 9 años de educación (véase Figura 3), tal como una persona promedio en Jordania o Sudáfrica, países con quienes también compartimos similares puntajes en pruebas estandarizadas de calidad de la educación (véase Figura 4) y, como se imaginarán, ingresos per cápita.

Figura 3. Años de educación y PIB per cápita. 2010
Figura 4. Desempeño promedio pruebas de estandarizadas vs PIB per cápita. 2015

Podría continuar por páginas y páginas con ejemplos al respecto. Sin embargo, confío que el punto es claro ya. La suerte de Colombia, como sociedad, no es atípica. De hecho, es bastante promedio. No importa que nuestra cultura nos haya inculcado la idea de que vivimos en un mundo mágico fuera de lo normal, la mayoría de los atributos de la sociedad colombiana son exactamente aquellos que uno esperaría de una sociedad con un ingreso medio-bajo.

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Existen, sin embargo, un puñado de aspectos en los que Colombia sí es extraordinaria. Quizá el más relevante está en sus altísimos niveles de violencia. Aunque haya sido quizá el país con la mayor reducción en violencia de la última generación, Colombia sigue siendo uno de los lugares más peligrosos del mundo. Y esto no es algo que comparta con sus pares en ingresos (véase Figura 5). Para 2017, mientras países como China o Argelia tenían tasas de homicidio cercanas a 2 muertes por cada 100.000 personas, en Colombia esta cifra era de 30. Es decir, más de 10 veces los niveles de países con ingresos similares.

Figura 5. Tasa de homicidios vs PIB per cápita.

Ahora bien, más allá de desmitificar nuestra singularidad, ¿de qué sirve identificar cuáles problemas comparte Colombia con sus pares de ingresos y cuáles no?

Diría que sirve para entender que los problemas sociales no existen, simplemente, porque haya falta de indignación o voluntad. Usualmente existen limitaciones prácticas, asociadas a la disponibilidad de recursos, que sostienen la existencia de estos problemas. Esto tiene dos implicaciones inmediatas.

Primero, como en todo contexto donde hay recursos limitados, es necesario priorizar y usar los recursos de la forma más eficiente posible. Así, saber que países con recursos similares han solucionado sistemáticamente cierto tipo de problemas habla de la posibilidad práctica de atacar esos problemas y la necesidad de priorizar en ellos. Por ejemplo, yo diría que Colombia debe continuar priorizando sus esfuerzos por reducir la violencia ya que sabemos que es posible que una sociedad con nuestros ingresos sea menos violenta.

Segundo, aunque sea posible lograr mejoras puntales a través de la buena voluntad y de ganancias en eficiencia, el tamaño y la amplitud de las transformaciones que necesita Colombia no se lograrán con su actual nivel de ingresos.  Es decir, Colombia no puede aspirar a tener condiciones de vida de un país desarrollado, sin generar la riqueza de un país desarrollado.

Y aunque esto último pueda sonar obvio, no es posible enfatizarlo demasiado en un contexto como el actual, en el que la conversación sobre crecimiento económico ha sido opacada por el ruido de la indignación.  Esto ha dado pie a la proliferación de propuestas populistas que traerán costos permanentes para el crecimiento económico del país. No nos podemos confundir. Cualquier plan que afecte sistemáticamente el crecimiento económico no hará más que acentuar los problemas del país en el largo plazo. 

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LinkedIn: Javier Mejía Cubillos
*El autor es Asociado postdoctoral en la división de Ciencias Sociales de la Universidad de Nueva York- Abu Dhabi. Ph.D. en Economía de la Universidad de Los Andes. Investigador de la Universidad de Burdeos e investigador visitante en la Universidad de Stanford.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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