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El colombiano que conquistó Francia a punta de chorizos

Juan David Castillo, más conocido como “El man de los chorizos”, lleva casi cuatro años produciendo y vendiendo embutidos en París. Desde 2017, su trabajo le ha llevado a expandirse por todo el país y soñar con llegar a la comunidad latina residente en Europa.

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La historia de Juan David Castillo es una aventura de película. Oriundo de Manizales, formado como abogado especialista en derecho comercial, reconvirtió su rumbo profesional al dejarse seducir por el mundo de la cocina, que lo llevó a terminar como uno de los emprendedores colombianos más exitosos en el exterior, conocido principalmente por su sobrenombre digno de un superhéroe: El man de los chorizos.

Contrario al proceso creativo de personajes como Spiderman o Batman, el nombre y la marca nacieron antes de que llegaran los chorizos que dan origen al personaje. En la época de creación del producto, se preguntó cómo guardaría en su teléfono a una persona que le vendiera el embutido, sin necesidad de utilizar nombres y apellidos y lo suficientemente llamativo para recordarlo. Solo necesitó consultarlo con su almohada para dar con la respuesta.

Casi cuatro años después, vende su producto en diferentes ciudades de Francia como París, Grenoble, Lille, Lyon, Nantes, Dijon y Toulouse. Esto mediante la exhibición en diferentes puntos de venta de latinos, o a través de particulares que venden sus preparaciones y las de otras personas.

Pero… ¿cómo logró llegar hasta aquí? Esa fue la pregunta principal de la charla que Juan David sostuvo con Forbes en París, sede principal de su imperio de chorizos que, paso a paso, va conquistando Francia y, dentro de poco, la mismísima Europa. Esta es su historia:

Juan David en su ‘chorimoto’, vehículo utilizado para los domicilios de la marca. Crédito: Sebastián Montes/Forbes

Los inicios

Juan David Castillo estudió derecho en la Universidad de Caldas y se especializó en Derecho Comercial en la misma casa de estudios. Tras graduarse, ejerció su profesión en su ciudad natal y en Valledupar, pero después de 10 años de carrera, las dudas empezaron a asaltar su mente

“Todo empezó con el momento de decidir qué es lo que uno quiere estudiar en la vida. No estaba muy seguro en el colegio. Yo venía de una familia de escasos recursos y estudié lo que me ofrecía la universidad pública en Manizales. Lo menos malo era derecho, pero las opciones que me interesaban más eran la comunicación o la publicidad, algo más creativo. Pero, como estaban en la universidad privada, no tuve la oportunidad de acceder a ellas”, comentó.

Al llegar al derecho con más dudas que certezas, su continuidad de la profesión se cayó con la sensación de que iban a llegar cargos de mayor responsabilidad. “Eso me daba miedo, porque me proyectaba en esos puestos y no me gustaba lo que veía, entonces eso me empezó a dar señales”, agregó.

Para esa época, Juan David también terminó una relación de siete años con su novia. Entusado, cuestionando su profesión y sintiéndose incómodo en Manizales, se aferró a un antiguo sueño: estudiar inglés. Fue así como, escapando de esa herida de amor, empacó maletas y se fue a Australia.

El primer viaje

En 2012 llegó a Brisbane, ciudad ubicada en el estado de Queensland, al noreste de Australia. Para Juan David, este viaje le cambió la vida. “Yo era un muchacho que apenas salía del país en esa época. No conocía nada del mundo, y esa experiencia me abrió los ojos y me hizo descubrir muchas cosas en la vida que me hicieron la persona que soy hoy en día“, confesó.

Si bien su actividad principal durante dos años fue estudiar inglés, se convirtió “en una experiencia de vida impresionante”, pues fue ahí donde comenzó a cuestionarse su carrera al pasar de trabajar ocho horas diarias en una oficina, a una jornada laboral de solo tres horas diarias como limpiador de oficinas, vendedor de Subway o ayudante de cualquier cosa.

“Yo hacía lo que fuera por allá, y trabajando tres horas diarias vivía para pagar mis necesidades, viajar, rumbear y hasta para ahorrar. Eso lo pone a uno a pensar mucho, y me hizo empezar a dudar de lo que estaba haciendo y que había un universo diferente”, dijo.

Para entonces, Juan David reconoce que le iba muy bien, por lo que decidió escuchar la oferta de un colegio australiano que se ofreció a darle el patrocinio necesario para quedarse en el país. Fue entonces cuando el amor tocó nuevamente a su puerta de la mano de una colombiana. Al ser menor que él, ella debía regresar al país a terminar la universidad.

Sin pensarlo mucho, empacó maletas nuevamente y emprendió el regreso a Colombia para buscar a su chica y recuperar su carrera.

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El regreso

Juan David volvió a Colombia en 2014, aunque esta vez se instaló en Bogotá durante dos años, tiempo en el que trabajó como asesor en el acueducto de Bogotá y como abogado en la vicepresidencia técnica de la Financiera de Desarrollo Territorial (Findeter). No obstante, toda esa experiencia le sirvió para darse cuenta que no quería trabajar más en esa profesión.

Como trabajaba en servicios temporales en Findeter, el esquema de trabajo le obligaba a renunciar a final de año para luego ser recontratado. No obstante, para comienzos de 2016, no le devolvieron la llamada, pues su puesto ya le había sido entregado a otras personas. Sumado al hecho de que había terminado con su novia inmediatamente después de llegar, el deseo de irse volvió a su mente.

Por esa época, decidió inscribirse al Instituto Superior Mariano Moreno en Bogotá y dar un vuelco total a su vida profesional. Su plan era estudiar los dos años que duraba la carrera de gastronomía con el ánimo de salir otra vez para Australia o a cualquier otro país, pues sentía la necesidad de descubrir el mundo y seguir viajando. “Para eso necesitaba una carrera que me permitiera vivir en cualquier parte, y a mí me gustaba la cocina“, señaló.

Motivado por ese deseo de emprender una nueva aventura, preguntó en la Mariano Moreno si podía cambiar su matrícula para irse a la sede de Argentina, donde la carrera de dos años se hacía en seis meses. Al no haber ningún problema, empacó maletas nuevamente.

Escala en Buenos Aires

“Yo tenía 33 años y estaba en una clase llena de culicagados”, recuerda con humor. Debido a su edad, reconoció que “me tomé la cosa muy en serio porque era hacer una reconversión profesional“. En esos seis meses, se destacó al ser el único que empezó a trabajar y que se quedó vinculado al mundo de la cocina.

En ese medio año trabajó en restaurantes, donde agarró buena experiencia como cocinero y empezó a moldear su idea de continuar aprendiendo otros dos años para, después de eso, montar un emprendimiento gastronómico, pues “no estaba para improvisar”.

Pese a tener un plan trazado, sus amigos argentinos le cuestionaron su estadía en el país al saber que su familia residía en París, país al que su hermana llegó en 2006 y sus padres en 2011. Fue entonces cuando se replanteó el rumbo de su destino, a pesar de que Francia no llamó su atención inicialmente.

No fue sino hasta discutirlo con su hermana, quien le sugirió ir y estudiar francés, que se decidió a viajar de nuevo. Unido a ello, Juan David admitió que, de alguna manera, “la cocina te lleva a Francia”.

Si bien la intención estaba, todos sus recursos económicos se habían quemado en el curso de cocina en Argentina, que le valió US$6.000, por lo que continuó trabajando como mesero y también en restaurantes y hoteles, lo que le permitió vivir y ahorrar para su nuevo viaje.

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Destino final: Francia y los chorizos

“No fue difícil pensarlo, entonces terminé llegando como estudiante de francés con el ánimo de agarrar lo que me quedaba de experiencia para completar mi meta de dos años y embarcarme en alguna aventura empresarial”, apuntó Juan David, cuyo arribo a París se dio en febrero de 2017.

Su llegada fue productiva desde el inicio, pues además de empezar a estudiar francés en la Universidad de La Sorbona, consiguió trabajo como encargado de la ‘patisserie’ o pastelería en el restaurante ‘Le Grand Coeur’ de Mauro Colagreco, un chef italo-argentino catalogado como uno de los mejores del mundo tras ganar la estrella Michelín en tres ocasiones.

Juan David describe su paso por ‘Le Grand Coeur’ como una experiencia impresionante, con cocineros de mucho nivel, donde aprendió mucho para mejorar su formación. Sin embargo, no ocultó que era una jornada bastante agotadora, pues estudiaba por la mañana y salía de trabajar a la medianoche.

Por el lado del francés, le entusiasmó el hecho de haberlo agarrado con rapidez, lo que le hizo obsesionarse con aprender más. El problema llegó cuando terminó el primer curso y se dio cuenta que no tenía plata para el segundo, aunque se solucionó rapidamente tras solicitar un descuento de 50%. Gracias a ello, pudo acceder a un curso de verano en el que su profesora, llamada Anne, se convirtió en su esposa.

Justo cuando estaba conociendo a Anne, empezó a nacer la idea de los chorizos. “Yo no quería tener problemas con mi visa y estaba trabajando más de las horas permitidas. Fue entonces cuando decidí renunciar al restaurante después de más de un año, porque mi proyecto era quedarme en Francia”, dijo.

Tras renunciar a ‘Le Grand Coeur’, empezó a ayudar a sacar las basuras de su edificio, cuando una de sus vecinas le sugirió la idea de ponerse a cocinar. Al mismo tiempo, Juan David había visto que se vendían muchas empanadas y preparaciones típicas en las páginas de Facebook de ‘Colombianos en París‘, por lo que decidió unirse a esa tendencia mientras se organizaba.

“Yo aprendí a hacer chorizos en Argentina, entonces decidí irme con algo bien profesional, porque a los productos que veia les hacía falta eso: una profesionalización, y una forma de hacerla diferente. Averigué para conseguir los equipos y fue fácil, entonces le enseñé a mi papá para que me ayudara, y comenzamos en noviembre de 2017 con tres kilos de carne en el apartamento donde vivíamos“, explicó.

Juan David con su papá, Jaime Castillo. Crédito: Sebastián Montes/Forbes

Mientras Juan David empezaba a vender sus chorizos por la página de Facebook, haciendo las entregas él mismo, contó su historia de emprendimiento para que alguien lo apoyara. Fue así cuando empezaron a llamarlo y empezó un voz a voz que lo dio a conocer.

Sin embargo, sentía que aún le faltaba afianzarse todavía más. Fue ahí cuando incluyó un factor adicional a su estrategia de posicionamiento: contar las historias de sus clientes, idea unida a su pasión por escribir. “Me gusta contar chistes y hacer publicidad de forma poco tradicional, sin hacer lo mismo que los demás”, aseveró.

En la cocina, Juan David aprendió que la creatividad es no copiar, lo que le ha llevado a tratar de hacer todo de manera independiente. Así había nacido “El man de los chorizos”.

La expansión

Toda esta estrategia le llevó a ir creciendo la clientela, hasta que lo llamó Felipe Camargo, dueño de un café colombiano llamado ‘Delirio’, cerrado hoy en día, y del restaurante ‘Selva‘. Justamente él fue la primera persona que empezó a vender los chorizos en su restaurante y puso al “man” en la carta. Eso generó confianza en la clientela y la gente que no lo conocía.

Para entonces, a comienzos de 2018, tenía poquitos clientes, lo que le ayudaba a hacer las entregas mientras estudiaba y trabajaba. En esas fechas lograba vender de 10 a 20 paquetes de cinco chorizos por semana, con un precio de €10. “No había una semana que no tuviera clientes, y no ha habido un día donde no haya tenido, por lo menos, una entrega de chorizos”, destacó.

Con la consolidación de la marca, pasó de tres a 50 kilos de carne semanales, por lo que tuvo que salir del apartamento y buscar una nueva base de producción. Fue poco después cuando una de sus clientes le habló de ‘Au Bon Boeuf Boucherie‘, también conocida como “la carnicería de los colombianos”, que acababa de abrir en 2019.

Juan David Castillo y Alejandro Restrepo. Crédito: Sebastián Montes/Forbes

Su dueño, Alejandro Restrepo, colombiano que lleva viviendo 14 años en París, no solo le propuso vender los chorizos en la carnicería, sino producirlos allí mismo. Fue así como se volvió su principal cliente, así como su primer punto de venta, lo que aumentó los pedidos. Desde entonces, la venta se incrementó a 70 kilos semanales, que fue subiendo hasta llegar a 200 kilos por semana en la actualidad.

Aparte de la carnicería, Juan David consiguió recientemente un contrato con la cadena de supermercados ‘Intermarché, la primera que le abrió las puertas y en la que puede vender sus productos. De momento, está ubicado en las sucursales de los barrios 5 y 15 de París, así como en la comuna Thiais, en los suburbios meridionales de la capital francesa. Al mismo tiempo, está explorando la posibilidad de tomar otras tres sedes para septiembre.

“El man de los chorizos” también vende en una tienda llamada ‘Latino Shop‘, y trabaja con clientes particulares y profesionales, que incluyen supermercados y restaurantes. Este último nicho, donde tiene 18 compradores, adquieren hasta 700 paquetes semanales.

Nuevas oportunidades

El desarrollo de la marca y el producto se ha gestado a través de las redes sociales, con perfiles en Facebook e Instagram que operan desde 2018 por consejo de una de sus clientas. “La gente viene a ver las historias, a comprar o a hacer eventos, fiestas, festivales, donde he podido apoyar el emprendimiento de Alejandro. Nos hemos ayudado reciprocamente”, añadió.

Los productos de Juan, exhibidos en las tiendas de París . Crédito: Sebastián Montes/Forbes

Con respecto a la pandemia de Covid-19, Juan David reconoce que fue y sigue siendo una gran oportunidad, porque le permitió crecer las ventas. “Fue una oportunidad impresionante porque no dejamos de vender. El sector de la alimentación no paró nunca, tuvimos derechos de comercializar los productos, y ahí fue donde nos volcamos 100% a los domicilios”, subrayó.

En cuanto a su portafolio, anunció que desde hace más seis meses cuenta con nuevos productos. Además de la morcilla, que llega a complementar la oferta de embutidos iniciada con el chorizo, también sacó una gama de tres sabores de chimichurri (salsa picante, menta y natural), hechos con aceite de oliva proporcionado por un amigo que lo produce en Sicilia, isla ubicada al sur de Italia.

Además de desarrollar franquicias de productos cocinados y de fortalecer el mercado francés, su siguiente objetivo es empezar a hacer distribución en todo el continente, sobre todo en lugares donde haya presencia de latinos. Entre los países que más le llaman la atención están España, Suiza, Bélgica, Alemania e Italia, que son las naciones fronterizas con Francia.

Las metas de Juan David son cada día más grandes, y él mismo reconoce que no quiere parar, pues desde que puso un pie fuera de Colombia, no ve ningun límite a sus sueños. Así las cosas, la leyenda del “man de los chorizos” apunta a agrandarse tanto o más que los superhéroes que hoy dominan los cines del mundo.

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