Diseñar estrategias claras para mejorar la satisfacción de los colaboradores se ha convertido en punto clave en el contexto poscovid. Cambios en los niveles de productividad y de compromiso con la organización son algunos de los resultados.

La felicidad organizacional es ya una ventaja competitiva. Invertir en la salud mental de los colaboradores, dicen los expertos, es una de las mejores decisiones. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) por cada dólar destinado a programas de prevención se obtiene un retorno de 4 dólares, además del fortalecimiento de la marca del empleador y de la experiencia del cliente.

Casalimpia, dedicada a servicios de limpieza en hospitales y centros de salud, ya avanza por este rumbo. Felipe Estrada, presidente de esta firma explicó por qué decidió invertir en la felicidad de sus 16.000 colaboradores. La meta es integrar los pilares de amor, apoyo y perdón dentro del clima organizacional de la empresa. “Debemos querer a nuestro compañero, ayudarlo con dedicación y trabajo en equipo, perdonarlo y entender que siempre estamos trabajando por el mismo objetivo”.

En cuanto a las acciones que se tomarán para alcanzar ese objetivo, Estrada contó que incluirán a la junta directiva y se establecerá el “Decálogo de principios para una Casalimpia feliz y con espíritu de equipo”, que tiene herramientas que complementan la felicidad como una “materia de vida”, para verdaderamente “aprender” a ser felices.

¿Por qué es importante?

Sylvia Ramírez, experta en felicidad, liderazgo y marca personal y autora del libro ‘Felicidad a prueba de oficinas’, define la gestión de la felicidad como la habilidad de cada persona de “identificar qué siente en el momento exacto en que lo está sintiendo y saber qué hacer con eso”. Para la experta, el objetivo de una estrategia de gestión de la felicidad es ofrecer herramientas para dejar de reaccionar y, en lugar de esto, empezar a tomar decisiones ante los desafíos del día a día.

“Una estrategia sólida de gestión de la felicidad se traduce en un mejor clima laboral, estimula el desarrollo de productos de mayor innovación e incrementa las posibilidades de mantenerse vigentes por más años y gozando de una excelente reputación comercial”, explica Ramírez.

El objetivo de este trabajo es aprender a tomar mejores pequeñas decisiones, ya que su sumatoria establece el nivel de excelencia de un equipo.

La tarea podría estar a cargo del área de Recursos Humanos, pero la experta cree que una estrategia de gestión de la felicidad será exitosa y sostenible, si empieza con una fase de concientización en la que cada miembro de la compañía comprenda por qué le conviene asumir la responsabilidad de su propia felicidad. Los líderes deberán entregar herramientas y tomar medidas para que cada colaborador acceda a programas de formación en

liderazgo personal e inteligencia emocional. “Si solo se insiste en que cada uno es responsable de su bienestar, pero no se ofrecen herramientas prácticas, la frustración colectiva estará garantizada. La gestión de la felicidad es una responsabilidad individual en la que es indispensable el apoyo organizacional”, puntualiza.

Luego, la empresa debe tener en cuenta que la gestión de la felicidad, como una vertical fundamental, requiere inversiones en infraestructura, dinero, tiempo y energía. En infraestructura, menciona Ramírez, “porque el espacio que habitamos tiene un impacto directo sobre nuestra felicidad; en tiempo y dinero, porque los resultados serán progresivos y requerirán del acompañamiento de expertos; y en energía, porque prestar atención a una persona, hacerla sentir vista y reconocida, está en la base del andamiaje interno de la felicidad duradera”.

¿Cómo saber si lo necesito?

¿Se suelen mostrar los logros como resultados individuales? ¿Se culpa a los demás ante un fracaso? ¿Se desiste de proyectos o se evaden responsabilidades individuales? Responder estas preguntas es clave para dignosticar la felicidad. “Porque cuando la estrategia de la felicidad funciona, los logros tienden a ser colectivos y los fracasos no son motivo de vergüenza sino fuentes de aprendizaje”, detalla.

Por eso, identificar el vínculo emocional de los trabajadores es clave. Para hacerlo, fíjese en si las acciones y decisiones de sus colaboradores reflejan cierto grado de honorabilidad hacia la compañía.

En el contexto poscoronavirus, en donde el estrés y el agotamiento han afectado a un gran porcentaje de las personas, la gestión de la felicidad toma aún más importancia. El estudio ‘¿Estamos agotados los colombianos?’, de la firma FTI Consulting, por ejemplo, reveló que 7 de cada 10 trabajadores quieren cambiar de empleo por episodios de estrés crónico que no fue gestionado oportunamente. Las señales son claras.

“En un contexto tan emocionalmente demandante como el que creó el coronavirus, sería desproporcionado pretender que un líder deba garantizar la felicidad de cada uno de los miembros de su equipo. Ahora bien: que no pueda garantizarla no significa que no pueda promoverla”, dice la experta.

Hay que crear espacios de formación, en los que cada trabajador comprenda cuáles han sido y están siendo sus desafíos emocionales a nivel personal e institucional y cómo podría solventarlos. Esto, concluye Ramírez, sin perder de vista una consigna superior: “la primera manifestación de liderazgo que un ser humano debe tener ha de ser en relación consigo mismo”.

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