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El enfoque: la puerta de entrada a la productividad exponencial

Es posible enfocar su energía y atención en algo específico. La clave es saber cómo moldear su propio cerebro. Acá algunas claves para hacerlo.

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Foto: Pexels

Todos los seres humanos tenemos la capacidad de decidir enfocar nuestra energía y atención a algo específico. Este proceso de enfoque  siempre lo vamos a sentir como un esfuerzo, como algo hasta cierto punto incómodo. ¿Por qué? Porque cuando hacemos cosas reflexivas nuestro sistema nervioso ya conoce los patrones y usa una mínima cantidad de energía para ejecutar esas acciones, pero cuando queremos hacer una acción deliberada (nueva) requiere de una buena cantidad de energía.

¡No solamente esto!, sino que para poder entrar en este modo de acción el cerebro segrega adrenalina, que nos hace sentir agitados y estresados. Es decir, el químico que nos mueve a la acción está diseñado para hacernos sentir estresados o agitados.

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Grabemos en piedra este principio: No existe control de mis acciones que no esté precedido por el estrés, ¡punto!

Ojalá esta verdad te haga empezar a cuestionarte algo que está muy metido en la cultura moderna: El estrés es malo. ¡Pues déjame decirte que no! El exceso de estrés es malo, pero la ausencia de estrés también es mala. 

Esto que te acabo de mencionar es extremadamente importante, porque si quieres hacer cualquier cambio en tu vida, sea aprender algo nuevo, cambiar la respuesta hacia ciertos estímulos, crear nuevos patrones de comportamiento, es decir, construir nuevos hábitos; tienes obligatoriamente que entender cómo funciona la neuroplasticidad de tu cerebro.

Esta es la capacidad que tenemos de moldear nuestro cerebro, para que aprenda y desaprenda. Además, siempre va a estar acompañada de estrés, de hecho el estrés es la puerta al cambio. La clave de la neuroplasticidad es que para alcanzarla de forma efectiva va a depender de qué tan despiertos o somnolientos estemos.

Los responsables de los cambios físicos que podemos producir de manera voluntaria en nuestro cerebro son los neurotransmisores, que son los químicos que producimos en nuestro cerebro como la adrenalina y la dopamina. Para aprender algo nuevo y entrar en un proceso creativo necesitamos enfocarnos y para esto debemos estar alertas o muy despiertos. Este estado de alerta (que comúnmente podríamos asociar con estrés) precede al enfoque y por lo tanto es la puerta de entrada para que podamos hacer cambios en nuestro cerebro.

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Es importante que entiendas que la adrenalina es la responsable de este estado de alerta. De esta manera, podemos decir que la adrenalina es el combustible que necesitamos para enfocarnos. El cambio se va a dar en cuanto mayor enfoque le puedas dar a eso nuevo que quieres aprender o a ese nuevo hábito que quieres desarrollar.

El entender esto es clave, porque entonces comprendemos que no es tan agradable la primera sensación de cuando vamos a realizar un proceso que requiere de enfoque. Asimismo, sabemos que esta es la puerta de entrada para que podamos conseguir los objetivos que queremos y que este malestar es momentáneo, pues más adelante va a rendir unos frutos tremendos.

Una vez que logramos introducir un hábito positivo en nuestra vida, este entra a formar parte de los procesos reflexivos del cerebro, y por tanto, generan menos incomodidad. De hecho,  muchas veces el mismo cuerpo nos empieza a pedir que desarrollemos esa nueva acción. Por ejemplo, cuando una persona empieza a comer de forma saludable, o entra en una rutina de ejercicios diaria, va a llegar un momento en que el mismo cuerpo le pide una ensalada o ir a hacer ejercicio.

Otra cosa que tenemos que entender es que los cambios en el cerebro no se producen en el momento que estamos enfocados, es decir, no se producen mientras realizamos una tarea que queremos sea un hábito. De hecho, no se producen mientras estamos despiertos. Los cambios ocurren cuando el cerebro está en estado de descanso total, cuando estamos dormidos o en un estado de relajación profunda. Por ejemplo, grabamos en nuestro cerebro ese idioma nuevo que estamos aprendiendo o ese nuevo patrón de comportamiento cuando estamos durmiendo.

Esto significa que existe una relación muy importante entre el estado de enfoque y el de descanso. Son las dos caras de la moneda de la productividad humana. No existe la una sin la otra. Son los polos opuestos de nuestro estado de atención, pero que se complementan de una manera increíble. Entender esto es la clave principal de la productividad exponencial.

De hecho, existen estudios científicos que nos dicen que la mejor manera de aprender es estudiar durante 90 minutos e inmediatamente tomar una siesta o relajarnos profundamente durante 20 minutos. Está demostrado que esto mejora nuestra capacidad de retención de lo que estudiamos.

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Este cambio entre los estados de enfoque y descanso lo podríamos entender como una especie de marea.  Todos podemos sentir que mientras nos levantamos en la mañana vamos sintiendo un estado más general de alerta, de estar despiertos que va aumentando durante el día. De la misma manera, cuando va llegando la noche nos vamos sintiendo más relajados y somnolientos hasta que eventualmente nos dormimos.

Estos ciclos de 24 horas son los famosos ciclos circadianos. Entonces por sentido común van a existir momentos del día que van a ser óptimos para pensar, enfocarnos y aprender, en donde vamos a tener más energía, y momentos del día en los que vamos a estar cansados y va a ser muy difícil enfocarnos y concentrarnos.

Siendo así, podemos decir que para realmente sacar el máximo provecho a nuestra neuroplasticidad para ser realmente productivos, deberíamos ser capaces de dominar estos estados de alerta y descanso.

Los científicos han descubierto que todo el funcionamiento de nuestro cuerpo está regulado en ciclos de 90 minutos, que se conocen como ciclos ultradianos. Una fuerte prueba de esto es que nuestros ciclos de sueño están divididos en períodos de 90 minutos cada uno. Lo que los científicos identificaron es que cuando estamos despiertos continúan estos ciclos de 90 minutos. Esto quiere decir que, de forma natural estamos diseñados para tener períodos de enfoque óptimo de 90 minutos. 

Cuando vamos a desarrollar una actividad que requiere nuestro enfoque, como por ejemplo, una presentación de negocios o un correo importante, los primeros 5 o 10 minutos de la misma se van a sentir como forzados. Pero con el paso de los minutos vamos mejorando la capacidad de concentrarnos y entramos en un estado óptimo de fluidez hasta que se completan los 90 minutos. Sin embargo, cuando llegamos a ese límite vamos a sentir un declive de esta capacidad de concentración.  

Derivado de esto tenemos dos hacks poderosísimos. El primero es que para tu tarea más importante, esa que requiere de enfoque y concentración, debes reservar un bloque de 90 minutos para hacerla. Este bloque yo lo he denominado Sesión de Alta Concentración o SAC. A su vez, para sacarle provecho a este tiempo y que logres entrar en un estado de máxima fluidez o de máxima productividad deberías estar exclusivamente concentrado en esa actividad. Porque si te distraes te va a tomar otros 10 o 20 minutos regresar a ese estado de alta concentración, porque estarías repitiendo el proceso que viviste al comienzo.

El segundo hack es que debes experimentar en poner este bloque o bloques de tiempo en diferentes horas del día, para encontrar tu punto óptimo. Para muchas personas el momento de mayor alerta podría ser las primeras horas de la mañana o al medio día. Es un tema de autoexploración. Ayuda a que reflexiones y te des cuenta en qué momento del día tiendes a sentirte más motivado, con más energía o más ansioso. Ese puede ser el momento óptimo para tu concentración.

Por: Jaime Rubiel*

*El autor es especialista latinoamericano en productividad exponencial y creador del método 4M para formar una nueva generación de Líderes Exponenciales.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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