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Economía y Finanzas

¿Qué esperar de los negocios en 2022?

La reducción en las ayudas monetarias y fiscales, así como la crisis global de suministros y el comportamiento de la inflación en las principales economías del mundo, plantean un panorama retador para los negocios el próximo año. Los expertos han destacado la resiliencia de las empresas durante la pandemia como demostración de que saldrán adelante.

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La pandemia de Covid-19 dejó como resultado dos años donde los sectores público y privado se vieron obligados a encontrar nuevas formas de hacer negocios. El cierre de fronteras, los confinamientos y la recesión económica de 2020, junto al rebote y la reactivación de 2021 mostraron un claroscuro sumamente atípico que, de alguna manera, demostró que el mundo era capaz de soportar golpes fuertes. No obstante, aún queda una pregunta por responder: ¿seremos capaces de volver a la normalidad?

Antes de aventurarse con una respuesta, hay que tener en cuenta que las empresas enfrentarán al menos tres retos importantes a nivel global para el año entrante: el aumento de la inflación en los costes, un menor impulso en términos monetarios y fiscales, así como el incremento de las tasas de interés.

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El economista jefe de Tressis, Daniel Lacalle, explicó a Forbes que el primer desafío se verá reflejado en un escenario en el que las empresas tendrán dificultades para pagar dicho aumento a los consumidores, quienes serán los que deban asumir el golpe con el precio de los bienes y servicios derivado de esta anomalía.

En el segundo caso, vale la pena resaltar que 2022 tendrá un menor impulso en el aspecto monetario y fiscal, después de las inyecciones registradas en 2020 y 2021. A pesar de ello, Lacalle se mostró confiado en que las empresas saldrán adelante, pues “la prudencia con la que se han llevado a cabo los planes de financiamiento y de inversión les ha permitido demostrar que estaban mucho mejor preparadas que en la crisis de 2009 y 2010”.

Con respecto al aumento de las tasas de interés, que no se verá en las gubernamentales sino en las que las empresas tienen la posibilidad de refinanciar en el mercado de capitales, el economista afirmó que se va a mantener la liquidez de manera muy importante, aunque subrayó que “va a ser más cara”.

“Los mercados de valores responden al hecho y a las expectativas de los beneficios empresariales y a los factores que afectan al descuento de los flujos de caja futuros, como las tasas de interés o el riesgo geopolítico por zonas y sectores”, añadió el profesor de Economía de la Universidad de Stanford, Michael Boskin.

El académico explicó a Forbes que una recuperación económica fuerte es buena para los beneficios empresariales, especialmente una larga y duradera. Para que eso ocurra, consideró indispensable monitorear la inflación.

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A manera de ejemplo, resaltó la pérdida de inflación de la década de 1970, la desinflación de la década de 1980, y mencionó que, cuando la Reserva Federal de EE.UU. (FED) bajó su tipo objetivo a cero en diciembre de 2008, “se esperaba que permaneciera allí nueve meses, no siete años”.

Además de cualquier impulso en el crecimiento y la inflación que se traslade a 2021, aseguró que la producción y distribución de vacunas contra el Covid-19 para muchos países con bajas tasas de inmunización “debería ser una gran ayuda en 2022”.

Si bien todo lo anterior allana el camino para una recuperación sólida de la normalidad en el terreno de los negocios, hay un aspecto más a considerar dentro de los planes que se hagan desde los sectores público y privado: la crisis logística mundial. Con el comercio global bloqueado casi dos años debido a la pandemia, la demanda derivada del rebote económico se ha vuelto inasumible.

Para Boskin, la actual crisis de abastecimiento tiene implicaciones a corto, medio y largo plazo para las decisiones empresariales. En primer lugar, la falta de disponibilidad de productos y trabajadores y el aumento de los costes podrían continuar hasta bien entrado el año 2022. Sin embargo, el catedrático resaltó que, a menos que se produzca otra oleada de Covid-19 por una variante resistente a las vacunas, estos problemas deberían remitir gradualmente en el primer semestre de 2022.

En el mediano plazo, y como aspecto positivo de esta anomalía, muchas empresas consolidarán sus relaciones con los proveedores secundarios y terciarios a los que han recurrido en la actual situación de emergencia.

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A pesar de los estragos actuales, el problema logístico sería menor de lo que parece, en palabras de Lacalle, pues estaríamos viendo lo que se conoce como ‘efecto látigo’. En este escenario, se genera un problema logístico a corto plazo porque se ha reabierto la economía, y no da tiempo a que las cadenas de suministro funcionen de acuerdo a las expectativas. Para el directivo, en 2022 va a ser mucho menos problemático.

A su criterio, lo que sí se debe observar con atención son las consideraciones económicas y geopolíticas a largo plazo, las cuales desembocarían en una diversificación de la dependencia extrema de China hacia geografías más diversificadas.

“Es cierto que hay un efecto de año base que se desprende de los mínimos de la pandemia de 2020 y que algunos problemas de la cadena de suministro disminuirán gradualmente, pero las encuestas de consumidores indican que las expectativas de inflación futura han aumentado considerablemente”, apuntó.

Esto presionaría cada vez más a los bancos centrales para que suban las tasas de interés y así evitar que la inflación se sitúe demasiado por encima del objetivo promedio. “Mientras que las expectativas reveladas en los rendimientos de los bonos a largo plazo han subido mucho menos, el mercado ha obtenido cambios importantes”, detalló.

De otro lado, para nadie es un secreto que 2022 será un año difícil para América Latina, y una de las razones es el endurecimiento de la política monetaria y fiscal. El economista senior para América Latina de S&P Global Ratings, Elías Oliveros, dijo a Forbes que la inflación, ubicada por encima del objetivo de los bancos centrales en las economías principales, seguirá siendo alta al menos hasta la primera mitad de 2022.

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Lo anterior se debe al impacto persistente de las interrupciones de la cadena de suministro en los precios, la reapertura gradual de los sectores de servicios y el aumento mundial del valor de la energía. Esto aumentará la presión para que los bancos centrales latinoamericanos continúen subiendo las tasas de interés.

Además, las medidas de estímulo fiscal que han ayudado a hogares y empresas a amortiguar el golpe de la covid-19 seguirán retirándose gradualmente, reduciendo el apoyo al consumo y a la inversión.

“Esas dos razones son los principales impulsores de que veamos una desaceleración del crecimiento en América Latina desde el 6,5% en 2021 hasta el 2,4% en 2022”, concluyó.

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