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Emprendedores

El éxito de un influencer fitness que factura US$1 millones al mes y tiene su propia planta industrial

Este empresario ha montado toda una cadena de negocio entorno del fitness. En su planta de Armenia produce suplementos nutricionales y ya abrió operaciones en México y Ecuador.

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Farid Naffah tocó fondo con las bebidas alcohólicas, pero el deporte lo volvió a sacar a flote, no solo ayudándolo a recuperar su salud sino volviéndolo en un próspero industrial en una de las regiones más golpeadas por el desempleo: Armenia, Quindío.

Proscience es la marca que hoy está promoviendo y que consiste en un portafolio de 22 productos elaborados en su propia planta industrial de Armenia; pronto serán 35 productos, gracias al nacimiento de su línea de alimentos. Todo esto ha ocurrido en menos de una década de historia.

“Yo era un niño rico que tuvo muchas comodidades, pero cuando mi familia entró en crisis me di cuenta que no tenía nada”, recuerda el joven empresario.

Logró concluir sus estudio de Ingeniería Agroindustrial en la Universidad Gran Colombia de Armenia, pero lo picó el bicho de la música. Entonces migró a República Dominicana para intentar con el reggaeton. Fracasó y tuvo que volver a Colombia, aunque el ambiente nocturno de la rumba ya entonces lo había contagiado del mal hábito del alcohol.

De nuevo en su país, logró conseguir empleo como profesional para un proyecto patrocinado por la Cámara de Comercio de su ciudad e Innpulsa.

“Entonces me vi nuevamente en el círculo del alcohol: lo que me ganaba me lo gastaba en bebida”, dice. Era necesario un giro radical en su vida y el motivo perfecto le llegó cuando recibió la noticia que su esposa estaba en embarazo. Recuerda que en ese momento sintió alegría, pero al mirar hacia atrás, se dio cuenta de que no había tenido éxito hasta el momento.

“Me di cuenta de que yo no había hecho nada. Nisiquiera tenía un carro para ir a llevar a mi esposa para que tuviera a mi hija en el hospital”, recuerda.

Llega al mundo fitness

El cambio implicaba, primero que todo, cuidar de su estado físico, porque los excesos con el alcohol le estaban pasando factura. Así que se decidió a entrar al gimnasio: “Era necesario para mí, empezar desde cero. Entonces arranqué una rutina de lunes a domingo sin faltar un solo día y no volví a tomar”, comentó Naffah.

La sorpresa que se llevó es que en ese contexto había muchas cosas que tenían que ver con su carrera, la ingeniería agroindustrial. “Yo sabía de química orgánica, de física y vi que esto del fitness tenía una faceta de ciencia exacta por temas como la alimentación, el impacto del ejercicio en el cuerpo, etc”. Pero empezó a advertir que a pesar de ello, la mayoría de los practicantes de esta disciplina se guiaban por lo que se decía en los pasillos de los gimnasios.

Farid Naffah ha realizado también actividades filantrópicas desarrollando un nuevo complejo nutricional que dona a los colegios y escuelas públicas de su región. Además ha donado gimnasios al aire libre en parques de su ciudad.

“Pepito decía ‘no coma carbohidratos’ pero otro decía que el ejercicio se debía hacer así… En la realidad lo que ocurría es que muchas personas tomaban decisiones acerca de su entrenamiento y su dieta solo basados en rumores”, aseguró mientras que recordaba que alguna vez algún entrenador le dijo que envolverse la cintura en plástico ayudaba en los procesos de adelgazamiento, porque esa práctica ayudaba a quemar grasa. Ese era el tipo de cosas que consideraba injustificadas para una actividad seria como el fitness.

Entonces inició su otra faceta: la de influencer en temas de salud y entrenamiento bajo la consigna de decir solo cosas “basadas en evidencia”, pues al fin de cuentas, por su formación, él tenía conocimientos y fundamentos científicos.

Al principio, sus clientes eran las mismas personas que iban a los gimnasios. Se convirtió en su asesor personalizado.

Pero pronto se le acabó el tiempo porque tenía turnos de asesoría entre las 5 de la mañana y las 8 de la noche. Eso era más complicado, porque la demanda por sus servicios seguía creciendo.

Entonces encontró una salida para ayudarles a quienes no podía por razones de horario: escribir libros. Ya tiene 10 títulos en los que aborda temas como Ayuno intermitente, Nutrición inteligente y Fitness para mujeres, entre otros. Son cartillas de trabajo para quienes quieren lograr una vida saludable y sacar músculo.

La venta de estos impresos le dio mucha capacidad de apalancamiento, lo que lo catapultó junto con el desarrollo de una estrategia de redes sociales basada en Instagram donde ya tiene un millón de seguidores.

“Todo esto ayudó a consolidar mi carrera como una de las voces con más credibilidad que divulgaba información sobre fitness”, comenta.

Pero lo suyo no era simplemente una estrategia de marketing digital. Él quería abarcar todas las facetas del negocio, empezando por la comercialización y llegando inclusive hasta la producción industrial de suplementos, porque al fin de cuentas tenía la formación profesional para hacerlo.

Ya entonces solo su trabajo como influencer le empezó a generar flujo de caja por los buenos ingresos.

“Ya tuve para comprar el carro con el que ir al hospital para recibir a mi hija”, dice entre risas.

El comerciante fitness

Gracias a sus mejores finanzas, pensó en invertir, trayendo importadas materias primas de suplementos alimenticios desde China para comercializar en Colombia. Empezó así su faceta como comerciante.

Entonces el negocio se le estaba volviendo redondo: era entrenador personal, que ofrecía también los suplementos necesarios para ayudar en el proceso de acondicionamiento físico y entregaba información confiable sobre las rutinas fitness.

“Gané credibilidad. Yo ofrecía información basada en evidencia para los procesos de acondicionamiento y bajo esos mismos criterios, traía de China productos que le servían a las personas”.

El capítulo industrial

Así que vino el siguiente paso: volverse industrial produciendo con esas materias primas en Colombia y lanzando su marca de productos fitness elaborada en su propia planta.

Convocó a otros dos inversionistas y junto con su esposa crearon la firma Proscience que aunque nació en Bogotá en 2019, se trasladó para la capital del Quindío, por cuenta de beneficios tributarios que ofrece Armenia. La operación allí empezó este año.

“Yo monté Proscience con $700 millones de mi bolsillo más lo recursos de los otros inversionistas. La materia prima es muy costosa, porque un kilo de proteína puede valer $200.000 y para nuestros procesos industriales necesitamos un stock de 1.000 kilos”, explicó.

Así que hicieron su primer intento durante la feria Fitness de Medellín de 2019 adonde llegaron con una producción inicial de 500 unidades que era el stock para un mes: lo vendieron en un día. Entonces enfrentó las vicisitudes de todo industrial: cómo manejar la cadena de suministro y garantizar el stock suficiente para los clientes.

Consiguió más recursos gracias a sus asesorías y coaching fitness y en menos de dos meses retanqueó todo su stock de materia prima y lograron normalizar la producción.

Desde entonces se han propuesto vender más de millón de dólares al mes y lo han conseguido con creces, dice.

El proceso de crecimiento no se ha detenido. Además de aumentar las ventas, tuvo que expandir sus facilidades de producción: empezaron con una planta de 250 metros cuadrados y hoy ya van en una línea de producción de 3.000 metros cuadrados.

Eso lo ha enfrentado con su faceta de empresario, porque dice que hasta hace un par de años era solo un comerciante.

Montar la planta ha sido un desafío edificante. Por ejemplo, la pandemia evidenció cómo es posible que haya problemas universales de suministro.

“La crisis de salud les mostró a los chinos que uno de los grandes aliados para reducir la mortalidad en covid es la proteína de suero de leche. Así que 7.000 millones de personas más hoy están interesados en ese producto que es una de las bases para los suplementos alimenticios que producimos. Así que los chinos con esa demanda desabastecieron el mundo de proteína de suero de leche”, explica.

A esto se sumó el colapso de la cadena de suministro por la falta de contenedores y los trancones en los puertos. “Antes pagábamos fletes entre 5.000 y 7.000 dólares; hoy están entre 20.000 y 22.000 dólares”, recuerda.

Como si fuera poco, se dio la devaluación del peso porque el dólar llegó a los $4.000. Así las cosas, la adquisición de materias primas se volvió en una de las más difíciles tareas en las actuales circunstancias.

La estrategia fue muy agresiva e invirtieron mucho en adquirir materias primas sin importar el precio, porque el precio más alto que se puede pagar es no tener producto para los clientes. Hoy tienen un stock suficiente para atender la demanda.

El plan de crecimiento sigue. Ya está listo para abrir operaciones en México y Ecuador. Para abastecer el mercado mexicano estableció un contrato de maquila con una planta en Estados Unidos que enviará el producto hacia México.

“Ese es un mercado muy interesante, porque allá el negocio fitness está en las mismas condiciones de como recogí el fitness hace 7 años en Colombia.

A esto hay que sumarle su labor filantrópica. Diseñó un suplemento alimenticio similar a la bienestarina para donarlo a escuelas y colegios públicos para ayudar en la alimentación de los niños de su departamento. Además ha donado gimnasios al aire libre para parques de su ciudad porque cree, pues así lo ha evidenciado él mismo, que el deporte es un factor decisivo para formar buenos seres humanos.

La historia de Naffah es un relato de éxito de alguien que vio en el fitness una posibilidad para crecer en muchas líneas de negocio. Ha vivido un interesante proceso de transformación que lo llevó a consolidar un proyecto empresarial sólido. Hoy recoge los frutos de una decisión de vida que le ha sacado mucho músculo… emprendedor.

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