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Me despidieron, ¿soy un fracaso?

Ser despedido no es sinómino de ser fracasado, muchas veces es apenas el inicio de un proceso diferente. ¿Por qué?

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Foto: Dreamstime

Esta semana contratamos a alguien que fue despedida de su compañía anterior. 

Cuando le hicimos la oferta dijo “uy, muchas gracias por la oportunidad. Estaba segura que no me iban a contratar por haber contado el motivo de salida de mi trabajo anterior”.

Esta situación me puso a pensar mucho en este problema, sobre todo en la asociación entre fracaso y el ‘haber sido echado’ que tenemos en nuestra sociedad.

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Y es que ser despedido arranca con un golpe durísimo personal. Quienes han pasado por eso, saben lo terrible que es la experiencia. El tener que contarle al hermano/a, a la pareja, a los amigos y decirles en voz alta las palabras ‘me echaron’, usualmente seguido del popular ‘como un perro’. 

El problema más grande, sin duda, es social. Hay un estigma tan profundo a salir por la puerta de atrás que es tabú. No es algo que se cuenta, ni se comenta; no, no, no, no se confiesa. 

Cuando pensé en escribir este artículo quería contar experiencias de [email protected] del mundo de startups y corporativo. Les escribí al WhatsApp de la nada y les pregunté “¿Alguna vez te han echado?” Muchos se rehusaron a contestarme hasta que les dijera el  ‘por qué’ de la pregunta. Otros respondieron a modo de catarsis, como con una herida que sigue abierta, pero que al hablarlo sana un poco. Mis overachievers dijeron cosas como “no, ¡jamás!” con un tono hasta orgulloso, o de ‘cómo se te ocurre’ eso sería imposible. La respuesta menos común fue trivializarlo. 

Les pedí que publicáramos sus historias, pero nadie estaba haciendo fila. De diez solo uno dijo “de una vení, te echo el cuento”. Para la mayoría, cuando alguien es despedido es sinónimo de ‘malo’, ‘incompetente’, de ‘no sirve’. Aplica  tanto para  otros como para sí mismos y no estaban cómodos. 

Me estaba frustrando un poco y pensando, “bueh, otro artículo que no publico, no entiendo cual es el complique”. Y tuve una epifanía: los Bilbaos somos una familia de fracasados. Todos los miembros de mi núcleo familiar: mi papá, mamá, hermano, esposa y yo hemos sido despedidos alguna vez en la vida. 

  • Mamá: en los 90s salió de Tecnoquímicas, una empresa donde había trabajado más de 20 años. No recuerdo bien las circunstancias, pero si el miedo en mi hogar por perder ingresos y la falta de buenas oportunidades. 
  • Papá: como químico farmacéutico vivió una consolidación de producción en Cali toda su carrera. Aunque sobrevivió varias reestructuraciones, fue despedido de Bristol Meyer Squibb, y después con una jubilación temprana en J&J. 
  • Mi hermano: el gran Andrés Bilbao, que muchos conocen (y esto lo digo sin una gota de ironía) fue despedido de una multinacional que produce cartón en Colombia – y otros países.  

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La historia de mi papá y mi mamá no las conozco tan bien, una porque era más chiquito, y la otra porque mi papá evitó dar detalles para evitarme estrés en mi primer año como profesional. Pero los dos echados. 

La de mi hermano es mi historia favorita (en otro artículo les explico por qué). 

Un martes por la tarde, por allá en el 2010 me llama mi hermano Andrés y me dice “Dani a que no adivinas… me echaron”.

Andres llevaba 2 años trabajando como mecánico en la planta. En su afán de seguir creciendo como profesional, arrancó una maestría de finanzas en el Icesi. Pidió permiso en la planta ya que necesitaba llegar tarde un par de días al mes y cambiar unos turnos, pero su manager directo no se lo dio. “El foco tiene que ser la planta, esto es un proceso continuo, tenes que estar pendiente todo el tiempo, además vos apenas estás arrancando Bilbao”. 

Andrés ni corto ni perezoso hizo un cruce con otro ingeniero, cuadró sus turnos y empezó su maestría, a escondidas. Los jefes se dieron cuenta -súmale seguro el problema con autoridad que tenemos en la casa- y al poco tiempo decidieron sacarlo. Lo llamaron a la oficina y le dijeron que no querían que siguiera trabajando (imagínate, semejante subordinación del personaje que le dicen que no y va y lo hace igual) y que además era mejor que renunciara, porque así no se tiraba su hoja de vida. 

Las primeras tres echadas de Bilbaos son corporativas, ahora vamos a las de startups

Mi esposa Vivian salió despedida de Wish en San Francisco. Arrancó volando, después de un año le cambiaron el jefe, este sólo hablaba mal de los procesos ya establecidos y quería desarmar todo lo que habían construido. Vivian que es cualquier cosa menos política, le hizo saber que eso no era aceptable y dañaba al equipo (en vez de lambonear como le enseñan a uno) y pum, te vas de echada. 

Pero el Bilbao que se gana el premio más echado de todos soy yo. Que hasta 2018 no sabía qué era eso, iba nítido. 

El 3 de Julio de 2018, día en que Colombia perdió en octavos de final por penales con Inglaterra, en un mundial que seguro podíamos ganar, ese fatídico día, la eliminación de Colombia fue lo segundo peor que me sucedió. Mi cofundador de la startup que había creado con él desde cero hace dos años, y a la que le había apostado toda mi carrera, me sentó, sacó un pliego de todas las cosas que sentía que hacía mal, y me echó de mi compañía, de mi propia compañía. 

Tan mal estaba haciendo mi trabajo, que convenció al otro miembro de la junta e inversionista principal de sacarme. No fue un vení hablemos, ni pude defender mi perspectiva, fue un “te vas, o te vas”.

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Como verán, los Bilbaos somos una familia de echados, de fracasados. Esto es solo parcialmente cierto, ya que al mismo tiempo, no es por alardear pero mi familia es top: mi mamá es la mujer más inteligente que conozco, y todos esos sesgos en pro de mujeres que tengo, vienen de ella. Mi papá, además de tener una carrera exitosa, es mucho mejor papá de lo que yo voy a poder lograr ser, aunque trataré y trataré. Mi esposa, es de lejos la mejor recruiter que conozco, una profesional consumada, que mantiene la casa (gana muchísimo más que yo), y que el día que salga al mercado va a ser VP de Talento o CPO sin problema. Mi hermano, ayudó a crear Rappi, es un referente en Latam, y ha ayudado a crear 8 emprendimientos en los últimos 3 años incluidos Frubana, OnTop, Morado y varias más.

Quedo yo, que por más echado del startup anterior voy bien. De esa embarrada salió Truora que es la luz de mis ojos y seguirá creciendo. Para quienes no saben que es Truora – escuchen esto – seguro les gusta. 

¡Ay error! Me falta una. La familia tiene una nueva integrante. Agatha Bilbao, quien a sus 5 días de nacida no ha entrado al mundo laboral y por tanto no ha tenido el privilegio de ser despedida. Lo que sí ha hecho muy bien es desvelarme y darme tiempo para escribir esto a las 3 a.m. mientras se duerme.

Estoy convencido que Gigi, como le decimos, va a seguir la larga tradición de fracaso vía despido de los Bilbao, y algún día llamará a su papá a contarle que la sacaron. Cuando suceda, le mostraré este artículo y le diré lo mismo que te digo vos. 

Si fuiste [email protected], recuerda: el juego es largo, si hoy estas abajo, [email protected], deja que duela, aprendes lo que haya que aprender, te sacudís, te paras y para adelante, que lo que hay es trabajo. Esto no te define como persona, ni cómo ser humano o como profesional. Párate y de nuevo al ruedo. 

Te pido un favor. Compartí tu historia de cuando fuiste echado y te levantaste, para que le demos ánimo a quienes estamos pasando por eso.

Contacto:
LinkedIn: Daniel Bilbao
Twitter: @ddbilbao
*El autor es fundador y CEO de la empresa Truora, que tiene como objetivo combatir el fraude en Latinoamérica. Trabajó en la banca de inversión en Wall Street, es consejero y miembro de juntas directivas de varias ‘startups’ y hace angel investing.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes.

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